TAMAÑO LETRA
En Iberoamérica, la juventud está sobre el tapete. O en el ojo del huracán. Así parece testimoniarlo la decisión de consagrar el año 2008 como Año Iberoamericano de la Juventud, y dedicar a este tema la próxima Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, a celebrarse en El Salvador a fines de octubre del presente año. Suma y sigue: el Banco Mundial y la División de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas han aportado muy recientemente informes globales sobre la situación de los jóvenes [*], y el desempleo juvenil consta como problema a abordar en la Declaración de los Objetivos del Milenio, que es hoy agenda obligada en todas partes. Todo esto no es casual: en la calle, el claustro universitario, los gabinetes de gobiernos y en los medios de comunicación circula desde hace tiempo cierto desasosiego frente a la juventud, con interrogantes cada vez más difundidos sobre sus nuevos modos de construir ciudadanía e identidad, los patrones de inclusión y exclusión social que enfrentan los jóvenes, y las formas en que están transitando hoy hacia la vida autónoma.
Motivos, pues, no faltan para que Pensamiento Iberoamericano dedique este número al tema de la juventud. En este marco, hemos querido presentar algunos de los temas y líneas de investigación más relevantes, en torno a los cuales está trabajando y debatiendo intensamente la comunidad intelectual y académica iberoamericana en estos últimos tiempos en el campo de los estudios de juventud. Como se tendrá ocasión de comprobar al leer los textos aquí reunidos, el alcance de este conjunto de cuestiones excede los intereses e incluso obsesiones de quienes, al fin y al cabo, constituyen un pequeño número de científicos sociales especialistas en juventud. Por el contrario, todos ellos son problemas que ostentan un lugar destacado en las polémicas que ocupan a la opinión pública de los países europeos y latinoamericanos, y están también en la base del diseño de políticas dirigidas a la juventud que han sido aplicadas en la mayoría de nuestros países.
No es fácil resumir el estado del arte en estudios de juventud a uno y otro lado del Atlántico. En ambas orillas resuena el oleaje de la migración de jóvenes, en una como tierra de salida y en la otra como tierra de llegada. La construcción de identidades juveniles también pisa fuerte en el debate tanto en la Península Ibérica como en América Latina, no ya como disquisición de idiosincrasia, sino como parte medular en las trayectorias juveniles y en su simbolización de la realidad que les toca vivir. Los eslabones que debieran vincular, en la juventud, el paso de la dependencia a la autonomía no son nada evidentes ni aquí ni allá: sea porque el tránsito es menos fluido que antes o porque pasa por otros códigos, ritmos y mecanismos. Igualdad de oportunidades y negociación de las diferencias en la vida de los jóvenes son anverso y reverso de una misma moneda. Moneda que rueda, también, en la reflexión y en la elaboración de políticas de ambos lados del océano.
De esta complejidad hemos partido. La primera de nuestras tareas como coordinadores del número que ahora se presenta fue definir aquellos temas que considerábamos clave para el objetivo central que nos dimos, a saber, dar cuenta de algunos de los problemas cruciales en torno a los cuales se desarrollan el trabajo investigador y el debate sociopolítico sobre los jóvenes a ambos lados del Atlántico. Desde el comienzo apostamos por ofrecer al lector una pluralidad de miradas que mostraran, precisamente, el interés que está suscitando el análisis de la juventud en las diversas ciencias sociales, el profuso caudal de investigación en el tema y, sobre todo, las inevitables polémicas en torno al significado y a las consecuencias de algunos de los cambios que están afectando a los jóvenes en nuestras sociedades.
La tarea resultó ardua y compleja, pues desde la partida supimos que no podíamos abarcar la diversidad de situaciones que comprende un contexto tan amplio -al tiempo que dispar- como es el de América Latina y la Península Ibérica. Optamos, pues, por comenzar elaborando una primera lista de "cuestiones comunes" que sí parecían ofrecer una base compartida sobre la cual vertebrar distintos problemas y perspectivas de análisis. Tres fueron los grandes tópicos que definimos en ese momento inicial: el logro de la autonomía de los jóvenes en contextos económicos, sociales y políticos en constante transformación; el desafío de la inclusión de los jóvenes en nuestras sociedades iberoamericanas (así como el reverso de la moneda: su exclusión); y, finalmente, un vasto conjunto de problemas vinculados con la inclusión política de los jóvenes, que pueden resumirse bajo el concepto de ciudadanía. Éstas son las cuestiones que se abordan en los tres primeros epígrafes de este número. En ellos, el lector podrá comprobar cómo aparecen los temas clásicos de los estudios juveniles -la educación, la incorporación al mercado de trabajo, el abandono del hogar familiar- desde nuevos prismas de análisis. Los conceptos de transición juvenil, autonomía y ciudadanía son quizá los elementos clave de las propuestas de los autores allí incluidos.
Nos pareció, luego, que este conjunto de artículos debía complementarse con la inclusión de otras dos temáticas que también consideramos de suma relevancia en los estudios de juventud. Ellas conforman las dos últimas partes de este trabajo colectivo. La primera está dedicada a las formas de violencia que afectan a la juventud actual, considerando, pues, no sólo los viejos y nuevos tipos de comportamiento violento de algunos grupos de jóvenes, sino haciendo hincapié también en los estigmas y condenas con las que nuestras sociedades tienden a caracterizar ciertas conductas y culturas juveniles. Por último, creímos significativo incorporar, además, la reflexión en torno a las políticas de juventud. Desde hace ya varias décadas -aunque con ritmos y estilos distintos según los países- los jóvenes han sido considerados como destinatarios relevantes de ciertas intervenciones y políticas públicas. Asistimos, por tanto, a la creación de organismos estatales dedicados a elaborar y poner en práctica dichas políticas, a la incorporación de los estudios de juventud en los centros de educación superior y, con ello, a la formación de profesionales especialistas en el tema. La evaluación de estas políticas, así como el debate sobre la propia razón de ser de las "políticas de juventud", se ha convertido en un campo significativo para el análisis sociopolítico.
Cabe resaltar, por último, que en cada una de las cinco secciones que componen este número de Pensamiento Iberoamericano hemos tenido buen cuidado de incluir textos de autores latinoamericanos e ibéricos. Creemos que con ello se garantiza aun más la pluralidad de perspectivas de estudio.
Toda labor de selección implica, inevitablemente, la exclusión de otros temas destacados que el lector quizá eche en falta. Somos plenamente conscientes de la larga lista de cuestiones que se nos quedan fuera. Pero esta opción se ancla en dos motivos principales. Ante todo, porque estamos convencidos de que nada de lo incorporado a este número es irrelevante; por el contrario, están todos aquellos temas sobre los que más se ha centrado la investigación social en los últimos años y que, al tiempo, han estado más presentes en los debates de la opinión pública. Por otro lado, en los mismos artículos presentados recurren inexorablemente otras problemáticas centrales en estudios de juventud, tales como la migración, las culturas juveniles y los nuevos significados del consumo.
A fin de respetar la diversidad de realidades que viven los jóvenes, hemos querido mantener un equilibrio entre miradas desde la Península Ibérica y desde América Latina. La multiplicidad de temas y de perspectivas ha sido la constante de nuestro trabajo de coordinación, lo que se refleja igualmente en la selección de los autores que participan en este número monográfico. Una rápida ojeada a sus biografías académicas evidencia que hemos tenido la fortuna de contar con especialistas en el estudio de la juventud, provenientes de diversos países y que trabajan en grupos o instituciones académicas de muy distinta naturaleza. Y, si bien el análisis sociológico es el dominante, las contribuciones de otras disciplinas desde las cuales se trabaja sobre la juventud -la economía, la psicología, la ciencia política o la antropología- también están presentes en sus escritos. Éste es el momento para agradecer públicamente a todos los autores, no sólo por acceder a colaborar en este número, sino además por la generosa disposición a aceptar nuestras sugerencias y comentarios sobre sus trabajos.
Una vez presentada la estructura del número, y justificada la elección de los temas que se han incorporado al mismo, pasamos a la que se suele considerar la parte central de una introducción de este tipo: realizar una breve presentación de cada uno de los artículos, destacando sus principales contribuciones. O, lo que es lo mismo, trataremos de elaborar una breve guía que facilite su lectura.
Dos son los textos que se han recogido en la sección titulada "Jóvenes, autonomía y modernidad". En el primero de ellos, Néstor García Canclini, en su artículo "Los jóvenes no se ven como el futuro: ¿serán el presente?", enfatiza las formas contrastantes e inéditas con que la juventud latinoamericana, y sobre todo mexicana, recrea el sentido de la autonomía, la flexibilidad y la integración social. Respecto de lo primero, si en la "modernidad clásica" el tránsito hacia vidas autónomas parecía confluir el acceso al empleo, la capitalización de la educación adquirida y el matrimonio (o la formación de una nueva familia), hoy los jóvenes resignifican la autonomía y le incorporan otros referentes. Uno de ellos es la conectividad digital y la convergencia de diversos medios en el "mundo digital", a través de la cual devienen actores, comunican a audiencias más amplias, sintetizan a la carta sus preferencias sensoriales en general, y gestionan estrategias de vida. El consumo tanto material como simbólico se vuelve entre jóvenes un espacio privilegiado para afirmar identidad propia y construir sensibilidades y estilos de vida.
La flexibilidad entre jóvenes tiene la doble cara de la plasticidad y la precariedad. García Canclini destaca el lado luminoso y el lado sombrío. En el primero, propone como ejemplo el caso de tantos artistas jóvenes que de manera capilar producen y comunican lo que hacen con nuevos recursos tanto materiales como formales. Del lado oscuro están las grandes masas de jóvenes que sólo acceden a empleos muy precarios en el sector informal, los jóvenes desplazados por conflictos armados, y muchos jóvenes migrantes que deben reconstruir sentido y vida lejos de su lugar y mundo de origen. Entre la flexibilidad y la precariedad se ubica la informalidad en el consumo, donde la juventud se las arregla a su manera, y recurre más a puestos de venta pirata, mercados populares, de ropa y artículos de segunda mano, que a tiendas formales y centros comerciales.
En su forma de asumir la modernidad los jóvenes latinoamericanos construyen sus vidas desde las cenizas de la modernidad clásica: ni la órbita política les merece confianza como campo de negociación de proyectos, ni el futuro les resulta diáfano como el tiempo reservado por la sociedad para ellos. En este marco, en las nuevas generaciones se exacerban tendencias de las sociedades actuales: más información e interacción con baja integración social, aceleración del cambio y pérdida de arraigo temporal tanto en el pasado como el futuro, baja influencia de la institucionalidad clásica con apropiación flexible de recursos heterogéneos, desigualmente distribuidos. En esta desigualdad, señala el autor, al investigador le cabe relevar las condiciones múltiples y conflictivas de diversos grupos de jóvenes en los procesos de cambio sociocultural.
El tema de la construcción de autonomía está también muy presente, desde la perspectiva española y europea, en el texto de Almudena Moreno, "Rasgos característicos de la transición a la vida adulta de los jóvenes españoles en el marco comparado europeo". La autora considera las transiciones de los jóvenes a la vida adulta en el seno de los contextos en los que éstos gestionan sus procesos de independencia. No obstante, ella defiende que la creciente individualización que los caracteriza obliga a hablar cada vez más de itinerarios vitales definidos por un aumento de los riesgos y de la incertidumbre, un giro significativo que está marcando los estudios sobre juventud en los últimos años.
Sobre estas bases, analiza de forma sistemática el impacto de los principales factores -familiares, institucionales, socioeconómicos y culturales- en las tendencias de continuidad y de cambio que parecen marcar el proceso de entrada de los jóvenes en el mundo adulto. Consciente del peso de las especificidades de los contextos nacionales en los ritmos y formas en los que se conquista la independencia económica y la familiar, el análisis enmarca el caso español -el eje central del artículo- dentro del entorno europeo.
Existe un notable acuerdo entre los estudiosos en admitir que, a lo largo de las últimas décadas, se está produciendo una cierta convergencia en las transiciones de buena parte de los jóvenes europeos. Los determinantes socioeconómicos son señalados como la principal causa de que las transiciones se dilaten, como consecuencia de la mayor duración de la etapa de la educación formal, y también de unas mayores dificultades de ingreso en un mercado de trabajo, caracterizado por una considerable precariedad en el empleo de muchos jóvenes. Pero, a pesar de describir algunas de estas tendencias, el artículo se concentra esencialmente en presentar algunas de las peculiaridades del caso español. Para dar cuenta de las diferencias con las que los jóvenes españoles adquieren su autonomía -sobre todo con respecto a los de los países del norte de Europa- se defiende que son los factores institucionales y los culturales los más relevantes. En concreto, son las políticas puestas en práctica por el modelo del Estado de Bienestar implantado en España, junto con una "cultura familiarista de la dependencia", las que explican las mayores dificultades de los jóvenes españoles en culminar sus procesos de transición.
El desafío de la inclusión y la amenaza de la exclusión de los jóvenes españoles y latinoamericanos es el elemento común de los cuatro artículos que conforman el segundo de los apartados. Las dinámicas de inclusión social entre jóvenes latinoamericanos recorren hoy surcos contradictorios, y las brechas que condenan a la exclusión se reproducen de una generación a la siguiente. Tal es el planteo central del primer texto, el de Martín Hopenhayn -"Inclusión y exclusión social en la juventud latinoamericana"-, a partir de la más reciente información estadística procesada de las encuestas de hogares de los países de América Latina.
Respecto de las contradicciones de la inclusión social, Hopenhayn contrasta la situación de la juventud con la del mundo adulto. Mientras los primeros ostentan hoy más años de educación formal, y un desarrollo mucho más dinámico en uso de nuevos medios de procesamiento de información y comunicación, ven menos reflejado este aumento de capital humano en oportunidades efectivas de empleo. Así, el desempleo juvenil en todos los países al menos duplica el desempleo adulto, y los jóvenes acceden al empleo con menos cobertura de seguridad social y menor continuidad laboral. Por otro lado, la juventud no ve que este mayor manejo de información y mayor participación en redes a distancia se traduzca en más presencia en instancias de poder, sobre todo del poder plasmado en las instancias deliberativas consagradas (gobiernos, partidos, parlamentos). Finalmente, la juventud encarna de manera exacerbada otra disonancia que atraviesa toda la sociedad, a saber, una expansión exponencial del consumo simbólico frente a un aumento mucho más restringido del consumo material. Baste para esto último comparar el ritmo acelerado de expansión de los nuevos medios de información y comunicación, con el ritmo de reducción de la pobreza, mucho más lento. Todo esto plantea interrogantes sobre la inclusión, aunque como señala García Canclini en su artículo, probablemente los jóvenes buscan integrarse en nuevos espacios vinculados al consumo simbólico, a la conectividad y a nuevas estrategias de vida.
La exclusión, en cambio, se hace más evidente al comparar grupos de jóvenes entre sí. Puede comprobarse, por ejemplo, hasta qué punto están correlacionados la educación y los ingresos: jóvenes de familias de mayores ingresos logran mucha más escolaridad que sus coetáneos en el otro extremo; jóvenes en familias de origen con alto capital educativo tienen logros muy por encima de los demás; jóvenes rurales y de minorías étnicas están muy por debajo en escolaridad que el resto; y nuevamente, el nivel educativo de los jóvenes y el quintil de ingresos de origen parecen decisivos en la calidad del empleo al que pueden acceder. Así, en lugar de que la educación opere como contrapeso a la estructura de clases y desempeñe un rol igualador, sigue ejerciendo una función de estratificación y reproducción de las desigualdades.
Pero no todo, señala Hopenhayn, es para lamentar. Con todo, los logros educativos se expanden en todos los estratos y sectores juveniles, el empleo juvenil ha aumentado en estos últimos años de crecimiento económico sostenido, y la conectividad y el consumo cultural son campos de apropiación por los jóvenes para repensar sus formas de inclusión social.
En la otra orilla del Atlántico, se está prestando cada vez más atención al surgimiento de nuevos riesgos para la exclusión social de los jóvenes. La realidad de lo que algunos autores denominan la "España inmigrante" no sólo ha hecho necesario que el análisis social considere el impacto de los flujos migratorios en el mercado de trabajo, las políticas de bienestar o el sistema educativo (por citar solamente algunas cuestiones de especial relevancia), sino que ha contribuido a hacer visible la existencia de otro tipo de riesgos y de problemas sociales, algunos de los cuales cuentan, no obstante, con una larga historia en España. Éste es el punto de partida de Iñaki Santa Cruz y Olga Serradell quienes, en su artículo "Jóvenes en la Europa multicultural: la superación del racismo a través del éxito educativo. El caso de las Comunidades de Aprendizaje", abordan la exclusión social que genera el vínculo que se establece entre racismo y fracaso escolar. Se trata, pues, de un trabajo que pertenece a la que podríamos denominar una "primera generación" de estudios sociológicos en España que profundizan en este tipo de cuestiones, hasta hace poco marginales en los trabajos sobre juventud y desigualdad social.
El texto se divide claramente en dos partes. En la primera de ellas, los autores introducen las principales contribuciones y líneas de debate académico en torno a algunos problemas asociados con la construcción de una "Europa multicultural". La preocupación por hacer frente a la pervivencia de viejas expresiones de racismo -contra los gitanos o los judíos, en particular- se une a la más reciente expresión de diferentes formas de "islamofobia". Una de las aportaciones de este texto es mostrar cómo en distintos países europeos son los jóvenes de ciertos grupos étnicos o religiosos -junto con las mujeres- quienes se han convertido en actores relevantes en la reformulación de sus tradiciones y en la construcción de nuevas "identidades híbridas".
En todo caso, Santa Cruz y Serradell no se apartan del objetivo central de su artículo: mostrar cómo el racismo se introduce en el sistema educativo y acaba contribuyendo a la marginación y exclusión social. Un punto que comparten con otro de los textos incluidos en este número, el de José Machado Pais. El mayor fracaso escolar de estos jóvenes, claramente demostrado por distintos estudios europeos, no es sino una forma clara de reproducción de la desigualdad social frente a la cual se están dando ciertas respuestas desde el sistema educativo. Y éste es el foco de la segunda parte del artículo en la que, tras proporcionar evidencia empírica de este tipo de desigualdad, se le da la vuelta al argumento para presentarnos una experiencia educativa concreta -aplicada ya desde hace unos años en España- que parece estar teniendo resultados esperanzadores, contribuyendo a superar la vinculación entre diversidad cultural, fracaso escolar y exclusión. Se trata de las "Comunidades de Aprendizaje", cuyos principios y líneas de trabajo fundamentales se exponen en las últimas páginas de este texto.
Los rasgos característicos del acceso de los jóvenes españoles al empleo es el tema central del artículo "De las políticas de transición en Europa a las clases de transiciones y transiciones de clase en España", de Lorenzo Cachón. Aparecen en este texto dos de los argumentos que han definido en los últimos años la investigación sobre juventud en España. En primer lugar, Europa surge inevitablemente como el marco de referencia natural tanto para dar cuenta de las grandes tendencias de evolución, como para señalar las particularidades del caso español. De hecho, una parte de la información que se aporta proviene de una investigación de ámbito europeo acerca de los dispositivos de inserción profesional de los jóvenes. En segundo lugar, el autor se inscribe dentro de lo que podríamos denominar el "paradigma de las transiciones juveniles", hegemónico desde hace ya algunos años en los estudios sobre juventud, al menos en Europa. En este sentido, la incorporación en el mercado de trabajo -o, más concretamente, el acceso al empleo- se entiende como una de las claves que definen las oportunidades y obstáculos a los que se enfrentan los jóvenes en su incorporación al mundo adulto.
La primera parte del artículo está dedicada a exponer aquellos factores comunes que parecen haber influido de forma determinante en el acceso al empleo de los jóvenes europeos en las últimas décadas, sin olvidar el impacto de algunas diferencias nacionales significativas que definen variadas formas de articulación entre la formación y la obtención del primer empleo y, paralelamente, el surgimiento de diferentes políticas nacionales de transición profesional de los jóvenes. Se establece, así, el telón de fondo en el que analizar las transformaciones del mercado de trabajo de los jóvenes en España durante los últimos treinta años. Pero en esta segunda parte, Cachón no se limita a presentar las principales transformaciones que han sufrido el mercado de trabajo, el sistema educativo y las políticas que afectan a ambos, sino que incorpora un tercer elemento decisivo en su análisis: la constitución de la "España inmigrante". Para el autor, no es posible comprender los cambios en la incorporación al empleo de los jóvenes españoles sin tomar en cuenta el impacto que, desde comienzos de los años noventa, han tenido los flujos de trabajadores inmigrantes, en un contexto marcado también por la reducción de las cohortes de jóvenes, debido a la fuerte caída de la natalidad.
Sobre estas bases el autor es capaz de establecer una tipología de modos de transición a la vida activa en España. Los elementos comunes a dichos procesos son su dilatación, el aumento de la complejidad y la precarización. Pero quizá lo más significativo sea la defensa de la heterogeneidad de los jóvenes -de acuerdo con su origen social, género, nivel educativo y etnia- en la configuración de distintos patrones de transición. En concreto se nos recuerda que, en el caso español, el origen social y el origen inmigrante son dos factores clave que siguen definiendo patrones muy similares de los tradicionales de la clase obrera.
Finalmente, el último texto que compone este segundo apartado aborda el problema de las nuevas promesas y amenazas para el desarrollo de la juventud que augura la sociedad de la información. Así se infiere del artículo de Cristancho, Guerra y Ortega, "La dimensión joven de la conectividad en América Latina: brechas, contextos y políticas", en el que, desde una aproximación más cuantitativa, se muestran los patrones con que la juventud latinoamericana accede y utiliza las tecnologías de información y comunicación (TIC), en base a información de las encuestas de hogares de algunos países de América Latina. El trabajo evalúa ritmos de penetración de tecnologías tales como el computador y la telefonía móvil, contrastando jóvenes y no jóvenes, y jóvenes de grupos socioeconómicos y niveles educativos diversos.
Como muestra el artículo, la dimensión de "promesa juvenil" se hace evidente porque los jóvenes son mucho más diestros y dinámicos en incorporar tecnologías de información y comunicación (TIC) que los mayores, y sus modos de apropiación diversifican los sentidos de estas mismas TIC en los más variados campos. La brecha generacional para ciertas tecnologías es una perspectiva que ha llevado a acuñar ciertos términos como "infantilización de las redes": piénsese que las tecnologías de la comunicación, sobre todo internet, resultan más apropiables y recreables en los más jóvenes entre los jóvenes. La juventud, además, privilegia la comunicación, la información y el entretenimiento entre sus preferencias de uso.
Pero la dinámica hacia la sociedad de la información, como señalan los mismos autores, también es una amenaza en la medida que las brechas de acceso a conectividad entre los jóvenes en América Latina todavía son marcadas en la mayoría de los países, en claro perjuicio de los jóvenes con menos educación, menos urbanizados y de menores ingresos. Si se piensa que los desconectados de hoy son los analfabetos de ayer, la diferencia entre estar y no estar inmerso en las dinámicas de la sociedad de la información puede ser abismal en las opciones de empleo, participación y poder.
Por lo mismo, las políticas de conectividad tienen que apuntar a revertir estas brechas, sobre todo a través de la dotación de infraestructura y conectividad en el sistema educacional y en los sistemas de capacitación de jóvenes. Cristancho, Guerra y Ortega señalan que si bien en América Latina hay programas de cobertura universal en educación, todavía los enfoques resultan anacrónicos en la medida que no se incorporan nuevos modos de aprender, procesar información y sintetizar conocimiento en las rutinas pedagógicas; y sigue siendo muy alto el número de alumnos por computador en las escuelas. Por otro lado, los programas de innovación y apoyo en investigación y desarrollo benefician sólo a un sector de la juventud, que es el que más ha incorporado los TIC en sus rutinas y que rara vez proviene de familias de bajos recursos -alumnos graduados de disciplinas científicas e ingenierías-.
La construcción de las bases de la pertenencia cívica y de la implicación política de los jóvenes es el tema común de los tres artículos que componen el tercer epígrafe de este volumen, titulado "Ciudadanía, participación y sentido de la pertenencia: jóvenes europeos y latinoamericanos". Tal y como se comprueba en otros trabajos incluidos en este número, tras buena parte de la investigación actual sobre los jóvenes subyace la preocupación por conocer si las formas en las que las nuevas generaciones se incorporan al orden social establecido -lo que muchos autores llaman las nuevas transiciones juveniles- están afectando a los ritmos y modos en los que éstos se convierten en sujetos sociales y políticos relevantes. De hecho, en apenas tres décadas, se ha pasado de una concepción bastante difundida de la juventud como un grupo esencialmente innovador y comprometido, a una visión de unos jóvenes crecientemente individualistas y alejados de la vida social y política de sus comunidades de pertenencia.
Es en este contexto en el cual, desde hace aproximadamente una década, ha ido difundiéndose la reflexión acerca del binomio juventud-ciudadanía. Y no se trata sólo de un empeño de la investigación académica, sino que también es una cuestión abordada por ciertas intervenciones públicas en muchos países, entre ellos buena parte de los miembros de la Unión Europea.
Ésta es la perspectiva adoptada en el artículo de María Luz Morán y Jorge Benedicto, "Los jóvenes como actores sociales y políticos en la sociedad global". Dos son las cuestiones principales que se abordan, defendiendo siempre la idea de los jóvenes como "ciudadanos en construcción". En primer lugar, los autores presentan los principales debates y argumentos que ha producido la notable investigación realizada sobre las diferentes formas de participación política de los jóvenes europeos. En este punto, insisten en presentar las razones por las que no existe un acuerdo claro en las interpretaciones acerca de los cambios de la implicación cívica juvenil y de las consecuencias de los mismos. Esta primera parte del trabajo incorpora también la referencia a los rasgos de la participación política de los jóvenes en España, caracterizada por esta aparente contradicción entre el alejamiento de la política convencional, la mayor implicación en ciertas actividades de protesta y algunas experiencias minoritarias, pero muy significativas, en el seno de organizaciones y repertorios de una "nueva política".
La última parte del texto se dedica a otra cuestión relevante, aunque en este caso menos estudiada que la anterior: las representaciones de la ciudadanía entre los jóvenes. Es decir, el modo en que éstos conciben la pertenencia a su comunidad política, así como los significados que atribuyen a su propia implicación en ella. Se trata, en suma, de considerar la forma en que los jóvenes logran transformarse en sujetos políticos, se entienden a sí mismos como actores sociales y políticos relevantes y, por lo tanto, adquieren las capacidades que hacen posible el ejercicio de los derechos y deberes asociados a su condición de ciudadanos.
En su artículo "Dimensiones de la participación en las juventudes contemporáneas latinoamericanas", Dina Krauskopf aborda distintas dimensiones de la participación de la juventud en América Latina. Desde la perspectiva política, advierte que las organizaciones de gobierno reconocen cada vez más que las juventudes requieren de participar en los procesos sociales que afectan a sus vidas y sociedades, pero también constata que las perspectivas de dicha participación son diversas según la forma y el contenido de tales políticas. El tono adultocéntrico, afirma la autora, hace más difícil encontrar mediaciones políticas para los cambios culturales que protagonizan los jóvenes. Los sesgos partidarios en que prevalecen lógicas de cooptación hacen a los jóvenes especialmente refractarios. Todo esto urge a tender puentes intergeneracionales como condición del diálogo y la colaboración, donde el espacio para jóvenes como productores culturales, con sus propios códigos y visiones, sea efectivo y percibido como tal.
La democracia requiere de la participación juvenil para vincular a los jóvenes con dinámicas reconocidas de acción colectiva, y recrear esas mismas dinámicas. Krauskopf afirma que las instituciones del Estado, tan mal valoradas por los jóvenes, tienen que abrirse a las demandas y aspiraciones juveniles, y a los cambios en tales demandas y aspiraciones. Ante la creciente individualización y el descentramiento de la política como eje articulador de la participación social, las juventudes contemporáneas buscan la participación en órbitas que están a distancia de la política estatal y pública: grupos de encuentro, foros sociales, iniciativas comunitarias, movimientos locales juveniles, grupos de repulsa, voluntariado juvenil, alianzas entre jóvenes, ecologistas e indigenistas. Y en ello los jóvenes apuestan a lo político como espacio escindido y exterior respecto de las instituciones clásicas de la política.
Por último, la autora señala la importancia para la participación juvenil de contar con espacios de reflexividad, donde sean los propios jóvenes quienes generen conocimiento para incidir en la deliberación pública y propiciar cambios en sus vidas. En este marco se inscribe el proyecto Kellog-FLACSO que financia investigaciones colectivas de jóvenes en América Latina, y que apunta a fortalecer la autoproducción de saberes que refuercen la participación y el protagonismo juveniles.
La participación y la ciudadanía están también muy ligadas al sentido de pertenencia en que los jóvenes se sienten simbólicamente arraigados en la sociedad. En su artículo titulado "Sentido de pertenencia en la juventud latinoamericana: identidades que se van y expectativas que se proyectan", Guillermo Sunkel parte de la base que este sentido puede medirse o evaluarse desde perspectivas e indicadores variables, tales como la forma e intensidad con que ellos mismos se sienten vinculados a proyectos colectivos, valores tradicionales, estructuras e instituciones. Sobre la base de la información del Latinobarómetro, única encuesta de opinión de la población latinoamericana para todos los países que se aplica periódicamente, Sunkel pone de relieve algunas tendencias en estos ámbitos.
Por una parte, llama la atención el debilitamiento en los jóvenes de tres fuentes clásicas de identificación con la sociedad, a través de las cuales se ha elaborado históricamente el sentido de pertenencia: la identidad nacional, la identidad política y la identidad religiosa. La información muestra que el sentido de pertenencia está menos arraigado en jóvenes que en adultos en la mayoría de los países de América Latina, cuando se observa el grado de adhesión a estos referentes seculares de identificación. Con todo, una proporción importante de jóvenes aún se siente parte de esa comunidad imaginada que es la nación, pero tienen baja participación en partidos políticos, votan menos que los adultos, y se identifican con la religión en menor proporción que éstos (y practican cada vez menos la religión que profesan).
El sentido de pertenencia también se hace palpable en la confianza en el futuro, pues las expectativas respecto del porvenir indican, aunque indirectamente, hasta qué punto los jóvenes se sienten reconocidos en la estructura social. Curiosamente, advierte Sunkel, mientras se debilitan referentes clásicos de identificación que hacen a la cohesión social, esto no parece desanimar mucho a los jóvenes en su proyección futura, por más que ese futuro resulte difuso en sus contenidos. El Latinobarómetro muestra más confianza en el futuro en jóvenes que en adultos, y lo mismo ocurre con las perspectivas más optimistas de movilidad intergeneracional. Más allá del hecho de que objetivamente los jóvenes tienen más futuro que los adultos (por cierto, más expectativa de vida), esta mayor confianza puede explicarse por el hecho de que están mejor dotados para los requerimientos productivos, comunicacionales y de organizaciones flexibles que demanda la sociedad de la información. Importa destacar, como lo hace Sunkel, que la pertenencia de los jóvenes gira más en torno a su movilidad hacia delante que su arraigo hacia atrás.
No se puede ocultar que los jóvenes siempre han sido considerados como unos actores "incómodos", no sólo en las imágenes estereotipadas que tienden a reproducir los medios de comunicación, sino también en una buena parte de la investigación social. La asociación, muchas veces perversa, entre juventud y violencia se convierte así en un tema ineludible para el análisis sociológico. Pone en evidencia los déficits de ciudadanía y de inclusión social, que muchos jóvenes procesan o intentan resolver desde sus propias mediaciones. En nuestro caso, a este tema están dedicados dos artículos.
En el primero de ellos -"Las múltiples fronteras de la violencia: jóvenes latinoamericanos entre la precarización y el desencanto"-, Rossana Reguillo señala que sólo la comprensión de la multidimensionalidad que caracteriza a las violencias y a la diversidad de escenarios y mundos juveniles, permite salir de los reduccionismos, sean éstos normativos, epidemiológicos o abiertamente autoritarios, con que se tiende a identificar juventud y violencia. El texto plantea una perspectiva en la que dichas violencias pueden entenderse como parte de las dinámicas de paralegalidad en que muchos jóvenes habitan, generan estrategias de vida, consumen y tejen relaciones sociales. Pero, a su vez, esta paralegalidad se nutre de un contexto de violencia estructural en que la juventud, o parte de ella, vive desde que nace.
La violencia estructural nos habla de cómo los jóvenes son violentados por la falta de acceso al empleo y al bienestar, o directamente porque devienen víctimas de violencias exógenas, sea de las policías, los ejércitos, los enfrentamientos armados, el narcotráfico o el crimen transnacional. La precarización y el desencanto son anverso y reverso en tantos guiones biográficos que vinculan, y rompen a la vez, el paso de la infancia a la adolescencia y de ésta a la adultez. Para ilustrarlo, Reguillo incorpora al texto una historia de vida, como pueden ser muchas otras, de un "marero" (miembro de una "mara", pandilla violenta) que sale expulsado de El Salvador a los seis años, y a partir de allí vive un peregrinaje en que cada estación es, también, una lección de violencia y un aprendizaje en distintos códigos de violencia. El niño pierde a sus padres y hermanos en la huída de El Salvador, y ya a los catorce años es miembro de la Mara Salvatrucha en Los Ángeles. Más tarde deja su huella en una cárcel mexicana, se entrena a matar en la frontera guatemalteca, y así se va construyendo a sí mismo entre víctima y victimario. A cada frontera, un nuevo código y una nueva cicatriz.
Las conclusiones que Reguillo extrae de la historia de vida permiten completar su mapa conceptual. El punto de llegada de la violencia es la articulación de la historia de vida con la red del narcotráfico. El planteo de la autora es que la violencia en jóvenes centroamericanos se entiende desde la transcodificación de signos. Por ejemplo, la violencia "marera" se superpone con la violencia del tráfico de drogas. El sentido de la transcodificación de las violencias juveniles, afirma, es importar y exportar códigos, reglas, pautas y mecanismos, que operan en marcos de significado diferentes y hasta en fronteras diferentes, pero que encuentran su nicho de significación en un lenguaje más amplio que ratifica que la violencia es lengua franca que todos son capaces de descifrar.
La transcodificación remite también al concepto de máscara que da el título al segundo artículo de esta sección. En "Jogos de máscaras e ‘Escolas do Diabo'", José Machado Pais plantea cómo algunos estilos juveniles operan con cierta frecuencia como máscaras; es decir, como una forma sutil de resistencia al orden dominante. Este argumento, objeto de debate académico entre los estudiosos de las culturas juveniles, le sirve al autor como punto de partida para aproximarse al objeto central de su texto, que no es sino una reflexión acerca de las respuestas de ciertos jóvenes a la violencia simbólica a la que se encuentran sometidos.
De este modo, el autor retoma un tema clásico de la perspectiva antropológica -el de las máscaras- para tratar de captar los significados que se esconden tras ciertos ritos o juegos juveniles, y tras ciertas formas de expresión de la violencia ejercida por algunos grupos de jóvenes. El papel de la máscara -que permite disfrazar y ocultar no sólo el rostro de quienes la portan sino que también facilita la expresión de comportamientos transgresores de las normas socialmente aceptadas- se vincula, en la primera parte del artículo, con los estudios sobre culturas juveniles y, más concretamente, con el empleo del concepto de "tribu". Al menos en el contexto de los estudios sobre jóvenes, dicho término ha sido empleado como ejemplo de "communitas" definida por vínculos sociales producidos en condiciones de liminalidad, indeterminación y carencia de repertorios. No obstante, la tribu es capaz de generar marcos de convivencia que garantizan la constitución de afirmaciones identitarias.
Sobre esta base, Machado Pais presenta dos estudios de caso, aparentemente muy distintos pero que constituyen ambos ejemplos del uso de las máscaras como estrategias empleadas por grupos de jóvenes para dar respuesta a unas condiciones de vida sentidas como excluyentes y creadoras de marginación. El primer caso es el de ciertos rituales llevados a cabo tradicionalmente en el medio rural por adolescentes en la Península Ibérica: las "festas dos rapazes" en Portugal y el "rito de los carochos" en España. El texto analiza los principales cambios de estos ritos en el caso portugués, como respuesta a la percepción de los grandes cambios que están afectando a la vida de los jóvenes de las aldeas. El segundo ejemplo es el de la violencia que surge en algunas escuelas de los barrios más degradados de las periferias urbanas, en donde se concentra un alto porcentaje de alumnos procedentes de familias inmigrantes o de etnia gitana; unas escuelas que han sido denominadas "escuelas del diablo". Pero, más que estudiar el tipo de comportamientos que se producen en estas escuelas, lo que le interesa realmente al autor es mostrar el círculo vicioso que se establece entre una violencia que se presume y da por descontada, el origen étnico de los alumnos y su fracaso escolar.
Así, el autor reivindica la significativa presencia de los juegos de máscaras en las culturas juveniles en distintos contextos, así como la relevancia de analizarlos en tanto que representaciones de estilos de vida que pueden transformarse en armas de resistencia a la dominación y violencia sufrida por estos jóvenes en su vida cotidiana.
El apartado que concluye este número está dedicado, como señalamos antes, a la reflexión sobre las políticas de juventud. Lo componen dos textos escritos, respectivamente, por un sociólogo español y otro uruguayo. La preocupación por estas políticas es el hilo conductor que guía toda la argumentación de Andreu López Blasco en su artículo "Jóvenes en España a las puertas de la participación social y económica". Sin embargo, el lector no debe esperar un análisis convencional del tipo de políticas puestas en práctica a lo largo de las últimas décadas en España y en distintos países europeos con el objetivo de afrontar los que, al fin y al cabo, se suelen considerar como los principales problemas para la integración de los jóvenes en la sociedad de los adultos: la incorporación al mercado de trabajo, el acceso a la vivienda, y la formación profesional. Por el contrario, lo que expone el autor es un complejo razonamiento que, partiendo de las principales transformaciones que está sufriendo la juventud en la sociedad española y de los consiguientes cambios en sus transiciones a la edad adulta, acaba por proponer las bases de lo que él denomina unas "políticas de transición integradas".
Así, López Blasco recupera buena parte de las tesis que ha ido estableciendo en su ya larga trayectoria de estudioso de las transiciones de los jóvenes en Europa para abrir nuevas líneas de investigación y debate. Para ello, parte de una constatación certera al tiempo que heterodoxa: ¿hasta qué punto tiene sentido que nos sigan interesando los jóvenes en España, cuando el verdadero reto con el que se van a enfrentar los poderes públicos en un futuro muy cercano es el de un país muy envejecido? Unas sociedades, española y europeas, con porcentajes muy significativos de personas de la tercera edad, que ya han salido del mercado de trabajo, que son pensionistas, y que tendrán inevitablemente altas tasas de dependencia. En el caso español, además, los jóvenes no sólo pierden peso demográficamente, sino que son también más diversos debido al importante aumento de las personas de origen inmigrante en estos grupos de edad.
Y, a partir de aquí, el autor trata de convencernos de que hablar de jóvenes sigue teniendo más sentido que nunca en la medida en que nos esforcemos por cambiar la perspectiva de nuestra mirada sociológica. Y ello supone, para él, analizar al menos dos cuestiones distintas. En primer lugar, trabajar siempre entendiendo a los jóvenes como sujetos activos en sus propias transiciones a la edad adulta, siendo por lo tanto capaces de establecer distintas estrategias para gestionar -con mayor o menor éxito- su incorporación al mundo social y económico. De aquí la importancia de considerar los costes de la dilatación de dicha entrada que, en muchos casos, es una decisión que realiza el joven de forma individual, con el apoyo de su familia. En palabras del propio autor, el problema reside en evaluar las consecuencias de la pérdida de capital social que conlleva no facilitar a los jóvenes posibilidades reales para su participación social y económica plena.
El impacto del proceso de globalización para la generación de jóvenes españoles constituye un paso más adelante en el análisis. Sus oportunidades y riesgos producen ganadores y perdedores de la globalización pero, en todo caso, para el autor existe una consecuencia indeseada que no debe ocultarse: la reducción del peso político de las generaciones jóvenes en los procesos democráticos de representación de sus intereses.
En este contexto, y siempre teniendo presentes los rasgos de las transiciones juveniles de los jóvenes españoles, es donde se hace pertinente presentar una propuesta política precisa: la superación de las tradicionales políticas de juventud a favor de políticas de transición integradas cuyo objetivo debe ser reforzar las habilidades de las personas para que éstas puedan tomar decisiones. A esta propuesta está dedicada la última parte del trabajo.
En el caso latinoamericano las políticas de juventud son más incipientes y requieren todavía consolidarse institucionalmente. En este marco, el artículo de Ernesto Rodríguez -"Políticas públicas de juventud en América Latina: experiencias adquiridas y desafíos a encarar"- presenta una visión crítica de los enfoques predominantes y las soluciones institucionales que han prevalecido hasta la fecha. En materia de enfoques, el autor establece una tipología de los imaginarios de las políticas nacionales orientadas a la población joven, distinguiendo políticas basadas en integración social, en prevención de riesgos y atención a población en riesgo, en derechos de la juventud, en la idea-fuerza del capital social como criterio de promoción de la juventud, y finalmente en la idea de jóvenes como protagonistas del desarrollo. Esta diversidad de enfoques, señala el autor, no es lineal en el tiempo ni sincrónica en las políticas públicas de los diferentes países; más bien constituye la topografía del imaginario político público cuando se trata de pensar cómo abordar las problemáticas y las potencialidades de la juventud. En su perspectiva crítica, Rodríguez afirma que prevalecen sesgos "adultistas" y "juvenilistas", ambos contraproducentes: el primero infantiliza a los jóvenes y los convierte en objeto de intervención desde los espacios de autoridad y apoyo adultos, mientras el segundo supone que los jóvenes deben hacerse cargo, sin considerar la importancia de la intervención dialogada entre ambas generaciones.
En cuanto al desarrollo institucional, las críticas de Rodríguez se basan en la evaluación comparada de las políticas, legislaciones, instituciones e instrumentos que los gobiernos de América Latina han construido y puesto en marcha en las últimas dos décadas. Entre las principales críticas destaca el lugar difuso de los institutos de juventud, consagrados a ejecutar planes sectoriales que no les corresponde o a celebrar eventos a escala local, en lugar de coordinar distintos estamentos de política sectorial y territorial que afectan a la juventud. También señala que las leyes de juventud prestan poca utilidad, y más bien desvían la atención de otras leyes donde es importante que se explicite el impacto sobre los jóvenes (como la precarización del empleo o la privatización de la seguridad social).
El autor propone dar mayor consistencia a los mecanismos de información. Observatorios y Encuestas de Juventud, señala, deben apuntar a dar continuidad y comparabilidad a los indicadores (en el tiempo y entre países), ser información útil para la ejecución de políticas, y contar con mayor rigor técnico.
Éstas son, pues, las piezas que integran este tablero de la juventud que hemos querido acuñar en la colección de artículos que presentamos. Advertimos, nuevamente, que no son todas las piezas que el tablero reclama. Pero sí concurren en perfilarlo y mostrar muchas de las posibles jugadas sobre ese tablero, en un juego donde a ratos son los jóvenes quienes mueven las piezas, y a ratos son ellos las piezas que la sociedad mueve o traba. En este doble juego, los artículos presentados dejan desafíos planteados respecto de cómo repensar políticas de juventud para abordar las transiciones emergentes desde la dependencia a la autonomía, de la educación al empleo, del hogar de origen al hogar por constituir; respecto, también, de cómo reducir las brechas en capacidades y oportunidades que hoy atraviesan a la generación de jóvenes; de cómo vincular la institucionalidad juvenil con las formas de participación, ciudadanía y pertenencia de los jóvenes; y cómo abordar el tema de la violencia en que la juventud es víctima y victimaria, y dónde las causas y las mediaciones son múltiples.
Esperamos, pues, que este número de Pensamiento Iberoamericano alimente el debate. Sobre todo en esta inflexión política en que la juventud, como dijimos al comienzo, está sobre el tapete y en el ojo del huracán.
Notas:
- [*]. Usamos aquí el genérico masculino para hacer más fluido el texto, en el entendido que nos referimos a jóvenes de ambos sexos. Con el mismo criterio usamos el genérico masculino "lector" para referirnos a lectores y lectoras. (Nota de los editores.)
http://www.pensamientoiberoamericano.org/articulos/3/91/0/miradas-cruzadas-sobre-la-juventud-en-iberoamerica.html


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