TAMAÑO LETRA
Resumen: La discusión en América Latina sobre las nuevas prácticas juveniles de participación social, y el
reconocimiento de la participación como un derecho ciudadano, llevan a reconocer la importancia de la participación de los jóvenes en relación con la democracia, el sistema político, las modalidades de institucionalización y legitimación de la participación, la resolución de las distancias generacionales y la redistribución del poder político y económico. En el contexto de la aceleración de los cambios sociales, se analizan prácticas sociales y formas de asociatividad juvenil emergentes. Éstas demandan espacios abiertos, equitativos y plurales. También requieren el reconocimiento de las dimensiones culturales y subjetivas en la vida de los jóvenes, de su capital cognitivo y de sus pautas de asociatividad. Todo ello implica negociar nuevas normas organizativas e innovar las modalidades de promoción de la acción colectiva. Especial énfasis se presta a la construcción de conocimiento por parte de grupos de jóvenes, como forma de desarrollar la capacidad de comprender y modificar su propia situación.
Palabras clave: participación juvenil, participación ciudadana, cambios culturales, espacio público, políticas de juventud
Abstract: Latin American debate on emerging youth patterns of social participation, as well as recognition of participation as a citizen’s right, have led to acknowledge the importance of youth participation in relation to democracy, the political system, the institution and legitimacy of participation, the narrowing of generational gaps, and the redistribution of economic and political power. Within the framework of accelerated social changes, the article examines social practices and emerging forms of youth association that claim for open spaces, more equitable and plural. Such practices and forms should consider cultural and subjective dimensions of youth life, as well as the promotion of knowledge and creative forms of youth association. The former implies negotiating new ways of organization, and innovating in mechanisms that promote collective action. The article stresses the importance in building of knowledge by groups of youngsters, as a means of empowering and developing the capacity to understand and transform their situation.
Keywords: youth participation, citizen participation, cultural changes, public space, youth policies
Resumo: A discussão na América Latina sobre as novas práticas juvenis de participação social, e o reconhecimento da participação como um direito cidadão, levam a reconhecer a importância da participação dos jovens em relação com a democracia, o sistema político, as modalidades de institucionalização e legitimação da participação, da resolução das distâncias geracionais e a redistribuição do poder político y econômico. No contexto da aceleração das mudanças sociais, se analisam práticas sociais e formas de associatividade juvenis emergentes. Essas demandam espaços abertos, eqüitativos e plurais. Também requerem o reconhecimento das dimensões culturais e subjetivas na vida dos jovens, do seu capital cognitivo e de suas pautas de associatividade. Tudo isso implica negociar novas normas organizativas e inovar as modalidades de promoção da ação coletiva. Especial ênfase se presta à construção de conhecimento por parte de grupos de jovens, como forma de desenvolver a capacidade de compreender e modificar sua própria situação.
Palavras clave: participação juvenil, participação cidadã, mudanças culturais, espaço público, políticas de juventude
La importancia de la participación juvenil ha tomado crecientes proporciones en América Latina. Tres son las principales vertientes de abordaje del tema. Por un lado la perspectiva de identidad, que presta especial atención a la emergencia de nuevas sensibilidades, expresiones y producción de sentido entre jóvenes. Por otro lado, la corriente derivada de los avances en la perspectiva de derechos, que privilegia la participación ciudadana de las juventudes desde sus propias condiciones de existencia, y busca contextualizar la participación juvenil en el marco de la profundización de la vida democrática de sus sociedades. Una tercera vertiente son los estudios de participación política juvenil, en cuyo seno se evalúa la adhesión de la juventud a los espacios consagrados de la política, tal como la afiliación a partidos, las inclinaciones electorales y la valoración que los jóvenes hacen de las instituciones [1].
En este trabajo nos referiremos a la participación social de las juventudes contemporáneas, que incluirá principalmente las dos últimas vertientes. Claramente la acepción más tradicional de cultura política o participación política ha quedado muy reducida como ámbito de comprensión de la participación social juvenil. Las concepciones más convencionales de cultura política surgen en el contexto de un modelo de Estado que se hace cargo de amplias funciones en la sociedad, y de paradigmas de juventud que la entienden como relevo generacional, o fase preparatoria de un futuro adulto, sin considerar que estas perspectivas se han visto superadas por las transformaciones del Estado, la velocidad de los cambios sociales y sus consecuencias en las relaciones generacionales, las trayectorias de vida y la hibridación de identidades. Esta visión tradicional es, en buena medida, la responsable de interpretaciones que desembocan en el difundido concepto de apatía o desafección juvenil por la política.
1. Transformaciones en las juventudes contemporáneas
Los jóvenes están asentándose en el presente, presienten el futuro y encarnan los cambios más fuertes de la modernidad. La estabilidad ha dejado de fundarse en secuencias predeterminadas, espacios geográficos delimitados y proyectos unívocos. Ya no se trata de una continuidad lineal en las trayectorias, sino de sentidos que se expresan en estrategias de vida y uso de recursos que se abren en un abanico profuso de alternativas. En la constitución de los proyectos influye la individualización del sentido y de las estrategias de vida, la reformulación de metas en el camino, el valor creciente de la intensidad frente a la permanencia, y el horizonte de corto plazo para validar metas con resultados palpables.
Los recorridos existenciales se han hecho flexibles y diversificados. Las distancias generacionales con los adultos se modifican y resignifican. En el contexto actual de prolongación de la vida y cambios acelerados de la misma, de rápida obsolescencia de los conocimientos y de los medios para adquirirlos, así como de los nuevos referentes temporales y espaciales, la identidad juvenil ya no se organiza con los elementos propios del concepto de moratoria introducido por Erikson en 1974 (aún popular hoy). Los nuevos patrones de estructuración de la vida social y del mercado laboral, así como las crecientes capacidades juveniles, hacen que la postergación y tiempo de espera implícitos en la moratoria vean debilitada su justificación, y evidencien más fuertemente las desventajas de la marginación en la toma de decisiones y en el acceso a posiciones que valoricen las capacidades y búsquedas de los jóvenes.
Las identidades de los jóvenes se han recreado y diversificado, y no pueden considerarse sujetos en transición. Requieren de participación que los valide en su calidad de sujetos (Krauskopf, 2005) y articule reconocimiento simbólico con promoción material. La idea de que los jóvenes luchan sólo por metas simbólicas y no se involucran en el logro de sus propias condiciones materiales no puede sostenerse. En este marco, un ejemplo que ha impactado la vida política en Chile son las influyentes luchas de los estudiantes de secundaria por derogar la ley de educación remanente de la dictadura y sus actuales movilizaciones por una nueva ley acorde con la democratización real de la educación. Tales movilizaciones han llevado al debate sobre las características de la educación pública, y a alianzas entre estudiantes secundarios con profesores, padres y estudiantes universitarios. No sólo demandan visibilidad pública a un actor secularmente ocluido por edad (adolescentes), sino acceso efectivo a una mejor educación y a una distribución más igualitaria de oportunidades para adquirir capacidades.
Hemos señalado que la comprensión de las juventudes ya no puede enfatizar la mera preparación y transición a la adultez, más aún en sociedades donde las mutaciones demográficas, culturales y productivas colocan a la juventud en la tensión entre retracción y protagonismo. En este marco, los jóvenes hacen sus síntesis flexibles, propias y originales de modelos, identificaciones e ideales que nuestras sociedades (y el mundo adulto) ofrecen. Esto tiene que expresarse en la participación con un sentimiento positivo de identidad. Los jóvenes no pueden eximirse del compromiso en las acciones, pues tal dilación/oclusión posterga la ciudadanía responsable y el reconocimiento social de los jóvenes como sujetos.
En estas mediaciones de modelos y referentes simbólicos los jóvenes también hacen sus propias mediaciones respecto de la política y lo político. Para ellos, por tanto, las fronteras entre subjetividad y política, y entre lo cultural y lo político, no son tan claras ni estancas. Su perspectiva en ello difiere de las instituidas por los adultos o por generaciones anteriores. A su manera problematizan su identidad en función de las identidades colectivas más extensas; y a su modo también, problematizan la participación a la luz de la memoria histórica sobre la participación juvenil (ver cuadro 1).
La construcción de lo juvenil se da en contextos con mayor o menor grado de multiculturalidad y multilocación, con una distribución muy desigual de voz y de recursos, donde los jóvenes latinoamericanos de hogares con altos ingresos se parecen más a los jóvenes acomodados de otros países que a los jóvenes pobres de su propio país (Krauskopf, 2005). Del otro lado de la línea divisoria, la mayor parte de los jóvenes lucha contra la escasez en gratificaciones y la falta de canales para incidir en las decisiones que les afectan. En contraste, acceden con mayor fluidez a participar en formas colectivas de transgresión y autoafirmación en los márgenes y extramuros. Guell (2007) concluye que muchos jóvenes están obligados a trabajar sus autonomías y dependencias sin disponer de un sentido adecuado de tiempo, y sin espacios públicos incluyentes que reconozcan la pluralidad juvenil en las formas de sociabilidad.
Las adversidades parecen subyacer como parte constitutiva de la identidad juvenil. En conectividad es cierto que la juventud es mucho más protagonista que los adultos, pero nuevamente las brechas por ingresos y educación entre los mismos jóvenes limita a los más pobres en este recurso que hoy se reconoce como decisivo para la elaboración de redes, la mediación cultural y la gestión de poder. En la cultura, los atavismos del patriarcado sobreviven y discriminan por edad y género, lo que también permea la identidad y las representaciones sociales de los sujetos juveniles. Pobreza, precariedad territorial y laboral, inestabilidad afectiva, desarraigo existencial, violencia política y social, invisibilidad del sufrimiento y del dolor, hostilidad policial, son experiencias que la juventud popular reconoce como parte de sus trayectorias biográficas.
2. Perspectivas de la participación
En un sentido básico, la participación se expresa cuando adolescentes y jóvenes contribuyen activamente en los procesos y actividades de sus vidas y ámbitos con capacidad para decidir, intervenir en las decisiones o influir en ellas. Así, la participación deja de ser un concepto unívoco, ahistórico y desvinculado de otras dimensiones. Existen importantes relaciones para el análisis de la participación en cuanto a la relación de las juventudes con la democracia, el sistema político, la orientación a la inclusión, los canales existentes para la propuesta de iniciativas, las modalidades de institucionalización y legitimación de la participación, la resolución de las distancias generacionales y las formas de asociatividad.
Si bien las organizaciones de gobiernos reconocen cada vez más que las juventudes requieren participar en los procesos sociales que afectan a sus vidas y sociedades, las perspectivas de dicha participación son diversas según la forma y el contenido de las políticas de gobierno [2]. Muchas veces se confunde la participación con la consulta dirigida, la transmisión de información unidireccional (Hart, 1993) o la creación de una ley para la juventud. El sesgo adulto-céntrico hace más difícil encontrar mediaciones políticas para los cambios culturales que protagonizan los jóvenes. En los sesgos partidarios prevalecen lógicas de cooptación, frente a las cuales los jóvenes son especialmente refractarios. Todo esto hace urgente tender puentes intergeneracionales como condición del diálogo y la colaboración, donde el espacio para los jóvenes como productores culturales, con sus propios códigos y visiones, no sea meramente ritual. El camino es de ida y vuelta, y también de abajo hacia arriba.
En buena medida, las dificultades para una real inclusión de los jóvenes en canales de participación e incidencia tienen como trasfondo la resistencia a aceptar una redistribución generacional del poder político y económico, y a replantear las bases de la autoridad en nuestras sociedades. La participación involucra una relación de equidad y democratización intergeneracional (Krauskopf, 2003). Los jóvenes tienen un papel central como co-gestores para enriquecer el espacio de la acción pública y el desarrollo democrático. Fomentar la participación juvenil en el diseño, la gestión, el monitoreo de las acciones de su interés y la evaluación de políticas, permite, además, revertir la desconfianza juvenil hacia la institucionalidad y reducir las brechas de comunicación y ciudadanía entre generaciones.
También las formas de asociatividad juvenil condicionan los niveles de participación. La información de las encuestas para distintos países latinoamericanos indica, por ejemplo, altos niveles de asociatividad juvenil en torno a las prácticas religiosas y deportivas. El porcentaje de creyentes practicantes declina a medida que el nivel socioeconómico disminuye. En relación a las asociaciones deportivas, la presencia es mayoritariamente masculina, empieza en la adolescencia y propende más al ejercicio individual y la competitividad que a la creación de lazos o ideales comunes (CEPALOIJ, 2004). En las últimas décadas se han destacado los estudios sobre tribalización con que se destacan grupos informales urbanos como los graffiteros, skaters, ocupas, pokemones y otros [3]. Tales grupos construyen códigos de diferenciación en la elaboración de procesos identitarios, vías para intervenir en el espacio público local, referentes de pertenencia, modos de cohesión estético-éticos y sus propias alternativas de vinculación a modelos globales. Salir del anonimato con visibilidad y empoderamiento incluye interacciones violentas, transgresoras, apariencias desafiantes, defensa de la territorialidad del cuerpo (tatuajes por ejemplo) y de los espacios que hacen suyos (Krauskopf, 1996).
Otra opción valorada por los jóvenes es la participación en asociaciones de voluntarios. Se expresa en motivaciones éticas donde la gratificación se nutre tanto de aportar bienestar a los demás como de ser reconocidos en ese rol. Se trata de conciliar el esfuerzo personal con el aprendizaje mutuo, desarrollar gratificantes relaciones intrageneracionales e intergeneracionales, visualizar el efecto práctico de los esfuerzos propios y vincularse de modo más horizontal con las organizaciones (Hopenhayn, 2007).
Por todo lo anterior, la participación juvenil no sólo requiere ser entendida desde su relación respecto del sector adulto. También deben reconocerse las formas propias de empoderamiento [4] que construyen los jóvenes y las transformaciones que se han dado en la expresión de los contenidos de la participación juvenil. En la participación con autonomía los jóvenes inician la acción, desarrollan proyectos y propuestas propias, fijan objetivos, metodologías, se expresan si es necesario con sus códigos, y buscan apoyo, asesoría y acompañamiento adulto cuando lo requieren (Krauskopf, 2003).
La participación asume carácter de compromiso cuando los jóvenes reciben y proveen información con retroalimentación para mejorar objetivos y resultados. El empoderamiento es más efectivo cuando son consultados para establecer, priorizar y definir objetivos, tomar decisiones, coordinarse con otros y ser co-responsables de los resultados. Desde esta perspectiva tienen elementos importantes para compartir y dar a conocer a las otras generaciones.
3. Participación juvenil en la democracia
La democracia requiere de la participación juvenil para vincular a los jóvenes con dinámicas reconocidas de acción colectiva, y recrear esas mismas dinámicas. Las instituciones del Estado, que tanta desconfianza y distancia despiertan entre los jóvenes, tienen que abrirse a las demandas y aspiraciones juveniles, y a los cambios en tales demandas y aspiraciones. La colaboración intergeneracional para la toma de decisiones, la solución de los problemas y la promoción de iniciativas no es sólo tema de la vida cotidiana y de la sociedad civil. Tiene que encarnar en las lógicas institucionales de los gobiernos que operan en relación a los jóvenes, tanto en políticas sectoriales (educación, salud) como trasversales (género, etnia, violencia, drogas). Así se avanza en ciudadanía activa y en ejercicio de derechos por los jóvenes. La participación rompe así la tendencia de las políticas a visualizar a los jóvenes como meros beneficiarios o voluntarios en roles residuales. Pero reconocerle derechos a la juventud no es fácil en la vida política latinoamericana. Guell (2007) señala que, faltos los jóvenes de espacios abiertos y plurales para trabajar sus reconocimientos y sociabilidades, no sorprende la percepción adversa que muchos jóvenes tienen respecto de lo público, la política y las instituciones, pues no perciben el vínculo con sus experiencias reales. Si esos recursos fallan, ser joven se hace cuesta arriba y la democracia puede ver mermada su legitimidad.
El cambio histórico que se ha dado con la inclusión democrática de niños y adolescentes en la Convención de los Derechos de la Niñez (1989) junto con los procesos para la reciente ratificación de la Convención Iberoamericana de los Derechos de la Juventud, son avances significativos. Pero entre el de jure y el de facto las distancias son grandes, sobre todo cuando implican cambios culturales y valorativos. En el imaginario social adulto la juventud no goza de buena prensa y tiene a sufrir diversas estigmatizaciones. Las políticas no han sido muy proclives a abrir canales de expresión y procesamiento de demandas para la juventud. En este contexto, la resistencia juvenil a través de la desconexión activa connota la ausencia de propuestas realmente incluyentes para estos actores. Más aún, lo político en la juventud se expresa también bajo la forma de prescindencia respecto de la política. La omisión hace hablar respecto de lo omitido.
En esto caben las distinciones entre la política y lo político. Ya hace cuatro años se decía que la desafección por la política va de la mano de una reconcepción de lo político en los jóvenes latinoamericanos (CEPAL-OIJ, 2004). Como si los jóvenes estuviesen convencidos que las instancias de compromiso apropiadas para tener mayor control sobre sus vidas, y sobre las decisiones que las gobiernan, no pasan por los convencionales espacios de deliberación política, sino por otros sistemas de redes y de asociación. El escepticismo frente a las instituciones va de la mano con la participación reorientada hacia espacios de la sociedad civil. Ante la creciente individualización y el descentramiento de la política como eje articulador de la participación social, las juventudes contemporáneas buscan la participación en órbitas que están a distancia de la política estatal y pública: grupos de encuentro, foros sociales, iniciativas comunitarias, movimientos locales juveniles, voluntariado juvenil, alianzas entre jóvenes, ecologistas e indigenistas. Se observa un incipiente y paulatino aumento de la participación en estos temas, preferentemente en los jóvenes de quince a veinticinco años (CEPAL-OIJ, 2004).
Más aún, las encuestas de juventud en América Latina muestran la resistencia de los jóvenes a participar en los comicios electorales. Muchos perciben el sistema político y de partidos como alejado de las demandas juveniles, sin compromiso con una mayor igualdad. Una minoría tiene preferencias político-ideológicas y el porcentaje de militantes es muy reducido. En Chile, de acuerdo a datos de 2000, sólo el 30,9% de los y las jóvenes afirmó estar inscrito en los registros electorales. Con todo, el rechazo a la política no implica rechazo a la democracia. En la Cuarta Encuesta Nacional de Juventud de Chile (2003), los jóvenes afirmaron que la democracia era preferible, pero que, como régimen de gobierno, debía perfeccionarse (CEPAL, 2004). En Costa Rica, la Primera Encuesta Nacional de Juventud (2007) muestra que un 70% de los jóvenes entre treinta y treinta y cinco años apoyan definitivamente a la democracia como el mejor sistema político que existe, un 65,30% de los jóvenes entre veinticinco y veintinueve años, un 63,60% entre los de dieciocho y veinticuatro años, y un 55,10% de los jóvenes entre quince y diecisiete años.
Pero este divorcio entre la política y lo político, así como las formas de participación juvenil en que operan lógicas de repulsa, rechazo y autoafirmación, también exacerban la percepción negativa de la sociedad respecto de los jóvenes. El Latinobarómetro (2007) lo verifica a través de sus encuestas de percepción aplicadas en casi todos los países de América Latina. Así, el conflicto con los jóvenes ocupa el tercer lugar en prioridad, con un 64%, superado sólo por el conflicto entre ricos y pobres (75%), y empresarios y trabajadores (72%). Esto no es inocuo y vuelve a plantear obstáculos para el reconocimiento y la incidencia de los jóvenes en los proyectos de sociedad.
4. Los descentramientos de la participación
En el marco de la resistencia a la institucionalización política, los jóvenes se descentran en múltiples formas y contenidos de participación que no coinciden con los mecanismos consagrados de representatividad. Se da, así, cierta asincronía con la oferta de participación de las estructuras partidarias. Nuevas modalidades más coyunturales y específicas son las que reflejan el compromiso político participativo de las juventudes, donde las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC) son decisivas para recrear formas de participación, espacios de referencia y generación de pautas de asociatividad juvenil por el expediente de redes interactivas.
Como se ha sugerido, las prácticas juveniles privilegian el componente estético, lo que implica la reinvención de las formas de presentarse al mundo, la intensificación de las sensaciones y la producción de nuevas expresiones artísticas. También se le asigna prioridad en la participación a los estilos de vida, y en este marco se inscriben muchas iniciativas de organizaciones juveniles que se manifiestan a favor de un mayor pluralismo y en contra de las censuras que imponen a sus opciones vitales. La dimensión ética de las relaciones sociales es otro tópico que motiva a participar, y cuaja en movilizaciones compuestas sobre todo por jóvenes para impugnar la corrupción, la injusticia social, la impunidad y el atropello a grupos discriminados. Finalmente, todo lo anterior está re-situado en las nuevas formas de entender lo político, en cuyo marco los jóvenes han internalizado la idea de que las relaciones de poder se juegan en una multiplicidad de espacios y no se restringen a las instituciones del Estado.
En mayor medida que los adultos, los jóvenes tienden a pensar globalmente y actuar localmente, y muestran mayor fluidez para ir y volver entre lo global y lo local, lo personal y lo político, el "de arriba hacia abajo" y "de abajo hacia arriba". Priorizan la acción inmediata y los resultados palpables de la acción colectiva e individual, y prefieren vínculos desjerarquizados donde la diversidad y las singularidades son valores centrales. Redes vinculantes y flexibles, y afirmación de la autonomía y la identidad constituyen referentes casi cotidianos de la participación juvenil. De ahí que las organizaciones donde el individuo queda "anulado en pro de lo colectivo masificado han dejado de ser de interés para las nuevas generaciones. Las redes de jóvenes buscan fungir como facilitadoras y no como centralizadoras" (Serna, 1998: 50).
Las nuevas modalidades asociativas integran una multiplicidad social que dentro de su diversidad interna busca canales de comunicación y acción articuladas. Sin soslayar la razón instrumental (pues los jóvenes son pragmáticos a su modo), la combinan con la apuesta por la creatividad en los recursos de movilización, y con la reflexividad en los procesos de participación. A su manera reconstruyen la consistencia entre medios y fines, a la vez que objetan esa falta de consistencia en la política convencional. Las clásicas asimetrías, tanto materiales como simbólicas, se combaten desde formas innovadoras de uso de comunicación y conocimiento. En ello las nuevas tecnologías permiten re-concebir la escala de la información, las fronteras entre lo público y lo privado, y las formas en que estos ámbitos se apropian y elaboran. Descentramiento y descentralización coinciden en lógicas de grupos juveniles que se vinculan y juntan fuerzas para promover la acción colectiva en el terreno económico, cívico y cultural (Lash, 2005).
5. La participación juvenil en la construcción de saberes
El cambio en el lugar que ocupa la juventud reclama a su vez un cambio en oportunidades para ejercer protagonismo y materializar las potencialidades juveniles en el desarrollo social. Existe entre los jóvenes un capital cognitivo que no circula y no se reconoce, mientras prevalece en los sistemas educativos un capital cultural desactualizado que se reproduce ritualmente y bloquea las formas emergentes en las que los jóvenes construyen sus saberes. De ahí la importancia de habilitar espacios y opciones de participación juvenil en la producción de sus propias "epistemes". Ser sujetos, y no sólo objetos de conocimiento, es prioridad en el reconocimiento que la sociedad debe hacer de la participación de los jóvenes. Éstos están capacitados para ser agentes de reflexividad ampliada, vale decir, promotores del conocimiento de sus sociedades y sus comunidades para tener la oportunidad de investigar e incidir en las propuestas de sociedad con sus propias visiones y destrezas. En este sentido, puede entenderse la participación juvenil en la articulación de tres vértices, a saber, la agencia para el cambio, la agencia para el conocimiento, y la agencia para incidir en el entorno a partir de las propias capacidades (ver figura 1).
Si en la participación juvenil un objetivo central es habilitar y capacitar para la incidencia y la intervención, las estrategias de participación juvenil tienen que abrirse a la construcción de conocimiento por parte de los propios jóvenes. La juventud ha sido particularmente activa en pensar cómo democratizar tanto el acceso como la producción de conocimientos, sobre todo a partir de las posibilidades que brindan las redes interactivas a distancia. Críticos del copyright, de la apropiación privada del conocimiento, de la mercantilización de los saberes y de la privación del acceso a información, muchos jóvenes integran iniciativas para romper relaciones dominantes en el campo del conocimiento. La autoconstrucción, democratización y liberación de los conocimientos aparece cada vez más como práctica y referente ideal en el discurso de muchos jóvenes. Para ello internet es clave. Pero también lo son las opciones que los jóvenes encuentran para ser apoyados, y hasta financiados, en la producción de conocimientos que promueve mayor autocomprensión y mayores vínculos entre conocimientos producidos, incidencia en lo político y habilitación para propiciar transformaciones.
Desde esta perspectiva quisiéramos destacar en la parte final de estas páginas una iniciativa que se nutre precisamente de este supuesto. Tal iniciativa aspira a brindar un sitio para que jóvenes de América Latina y el Caribe con diversa formación y experiencia puedan investigar y debatir desde sus posiciones, subjetividades y estrategias con la asesoría de sus pares y de expertos. De esta forma se espera abrir espacios en que el conocimiento y la acción colectiva se nutran mutuamente, desde y para los jóvenes.
6. Proyecto Colectivo Latinoamericano de Jóvenes Promotores en Juventud
El Proyecto tiene por objetivo promover entre los propios jóvenes una mayor vinculación entre ellos como agentes de conocimiento y como actores de cambio. Busca contribuir al conocimiento y calidad de vida de las juventudes latinoamericanas, visibilizar sus aportes y favorecer su participación en el desarrollo de políticas públicas y programas sociales de juventud. La articulación regional de los jóvenes del Colectivo apunta a romper aislamientos, producir encuentros de conocimiento mutuo, reforzar la capacidad para posicionarse como jóvenes en el marco del desarrollo de sus sociedades e influir en el desarrollo de políticas públicas y programas.
El proyecto es financiado por la Fundación Kellog y está dirigido desde la Sede de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en Chile. Inició las actividades en abril de 2007 y se involucraron las diez Sedes de FLACSO, cubriendo el Cono Sur, el nordeste de Brasil, Centroamérica, Caribe, la Región Andina y México. Se desarrolla en diecisiete países, en algunos con apoyo del Fondo de Población de Naciones Unidas y otras instancias de cooperación. Cuenta con una Junta Internacional a la que pertenecen el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), la Organización Iberoamericana de la Juventud, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Secretaria General de FLACSO y cuatro jóvenes de diversos países, con importante liderazgo, dos de ellos indígenas. La página web del proyecto (www.colectivojuventud. org) ha sido una vía extraordinaria de fortalecimiento del Colectivo. Las actividades realizadas en los países se presentan en la página y cada uno de los diecisiete países involucrados tiene un canal. Los jóvenes, desde las más diversas y remotas zonas del continente han asumido este espacio con intensidad. El tipo de relaciones institucionales que ha establecido el Colectivo con organismos nacionales e internacionales abre un abanico de posibilidades para incidir en términos institucionales y de políticas públicas. El sitio web tiene registradas ciento setenta organizaciones de o para jóvenes dispuestas a apoyar al Colectivo. Están siendo sistematizadas en un inventario.
Se adjudicaron sesenta y cuatro becas de investigación para jóvenes sobre jóvenes, pensando en promover la creación de colectivos juveniles que fortalezcan la construcción de saberes, seleccionando a jóvenes cuyo interés en el conocimiento no sea sólo de tipo académico, sino que brinde voz a los sectores juveniles y exprese una visión comprometida con las dinámicas en las que están insertos. El material recibido en el proceso de postulación de proyectos de investigación constituye en sí mismo un acopio sustancial en la dinámica conocimiento- incidencia de los propios jóvenes.
Entre la diversidad temática de los proyectos presentados tienen alta presencia los temas relacionados con derechos, ciudadanía, participación social y política. También destacan proyectos de investigación en educación, trabajo, migraciones, género, sexualidad, salud sexual y reproductiva. La interculturalidad es un leitmotiv en muchos proyectos, en cuyo marco se busca profundizar en la dimensión étnica y rural de los jóvenes, en las expresiones artísticas y culturales, y en el componente comunicacional. Finalmente hay muchos proyectos que los jóvenes levantaron en relación con políticas de juventud.
Entre los métodos de investigación propuestos por los jóvenes destacan herramientas tales como encuestas, entrevistas, focus group, videos, fotografías, talleres, festivales, teatroforo, investigación documental y performances. Muchos de los proyectos se desarrollan por grupos de jóvenes, y algunos apoyados por sus propias redes juveniles. Las investigaciones se efectúan en escuelas, universidades, plazas públicas, calle, metro, zonas de conflicto armado, instituciones gubernamentales, zonas mineras, zonas rurales, zona amazónica y asentamientos indígenas.
El Proyecto muestra que la pertenencia a colectivos es parte de las culturas juveniles y fortalece los espacios para desarrollar e intercambiar ideas y conocimientos desde su propia perspectiva juvenil. El principal resultado es la activación exitosa de un espacio que no existía para la participación- investigación de jóvenes, contando con colectivos nacionales de jóvenes en el ámbito de la producción colectiva de conocimiento en materias relativas a la propia juventud. El marco de un Colectivo Latinoamericano y del Caribe, con amplia participación de diversas juventudes en la región, fortalece y estimula el avance en sus saberes y su comunicación desde una perspectiva propia y fundamentada en herramientas de investigación vigentes y novedosas.
El empoderamiento en la producción de conocimientos es una piedra angular para la intervención e incidencia de los propios jóvenes. Ganan legitimidad y credibilidad en sus entornos al contar con el reconocimiento de un Concurso avalado por FLACSO. Esta experiencia constituye un precedente, además, de colaboración intergeneracional, pues incluye instancias de asesoría y debate, con apoyos técnicos en el acompañamiento. En cuanto tal, sirve de precedente y como experiencia de colaboración entre jóvenes y no jóvenes.
7. Reflexiones finales
El periodo juvenil y la representación del tiempo de ser joven difieren entre sociedades, estratos socioeconómicos y culturas. Se modulan según formas de producir, participar y expresarse. En la actualidad, jóvenes y adultos enfrentan desafíos de flexibilidad frente a los cambios. La incertidumbre es un dato a incorporar, y en ese marco no hay futuro seguro y predefinido que otorgue a los jóvenes un horizonte claro a partir del cual construir sus proyectos. Para darle a la incertidumbre un signo positivo, la incidencia importa, por lo cual es importante redistribuir poder y recursos. En esta redistribución, la participación y la colaboración intergeneracional son vitales, en tanto valoricen las formas en que la juventud potencia su ejercicio ciudadano con su disposición a construir conocimientos y propiciar la innovación.
La valoración de metas palpables, del componente estético de la vida, de la subjetividad y de lo político en esa subjetividad, de los cambios culturales, así como de la aspiración a nuevas relaciones intergeneracionales, son parte del sentido de vida de las personas jóvenes. En estos ámbitos los jóvenes construyen signos y símbolos, redes y vínculos, muchas veces impugnando o interpelando la institucionalidad, y ejercen a su modo la participación, los derechos y la autoafirmación de identidad. En estos ámbitos las juventudes demandan un reconocimiento a su contribución social. Para potenciar esta contribución y ese reconocimiento, la construcción compartida de saberes es una modalidad fundamental de participación juvenil. Empodera y capacita para la incidencia y el protagonismo en las dinámicas del desarrollo.
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Notas:
- [1]. Usamos el genérico masculino para referirnos tanto a las como a los jóvenes, a fin de abreviar y hacer más fluida la lectura (nota de los editores).
- [2]. Ver al respecto el artículo de Ernesto Rodríguez en esta publicación.
- [3]. Ver al respecto el artículo de José Machado Pais en esta publicación.
- [4]. La palabra "empoderamiento" es un anglicismo tomado del concepto "empowerment" de difícil traducción. Por lo general denota habilitación para incidir e influir en decisiones o bien dotación de capacidades para organizarse, gestionar recursos y devenir actor frente a otros actores.
http://www.pensamientoiberoamericano.org/articulos/3/82/0/dimensiones-de-la-participacion-en-las-juventudes-contemporaneas-latinoamericanas.html


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