TAMAÑO LETRA
Resumen: Los estudios realizados parecen confirmar el hecho de que, en el contexto europeo, se observa cierta convergencia en los procesos de transición a la vida adulta de los jóvenes europeos. Este proceso ambivalente se caracteriza por la precarización de los empleos y el retraso de la adquisición de la independencia económica y familiar como resultado del denominado proceso globalizador e individualizador. Sin embargo, para el caso español se detecta la existencia de ciertos rasgos característicos del proceso de transición a la vida adulta que tienen que ver, por una parte, con la configuración del modelo de Estado de bienestar, y por tanto con las políticas ideadas en ese contexto y con el mercado laboral; y, por otra parte, con la cultura familiarista que sigue siendo un elemento distintivo de las estrategias adoptadas por los jóvenes españoles. La conjunción de todos estos factores explica algunos de los rasgos idiosincrásicos que definen el contradictorio proceso de transición a la vida adulta de los jóvenes españoles, caracterizado por la dependencia familiar y la precarización en un contexto de creciente individualización. En este artículo se analiza, desde una perspectiva comparada a nivel europeo, los principales determinantes que están caracterizando la adquisición de la autonomía económica y familiar de los jóvenes españoles. Con tal fin se profundizará en la situación económica y laboral de los jóvenes como elementos determinantes de este proceso. Paralelamente se vinculará la precariedad económica y laboral que experimentan los jóvenes en su periplo hacia la consecución de la autonomía con la incidencia que han tenido las políticas desarrolladas por el Estado del bienestar, y la importancia de la familia no sólo como agente proveedor de recursos a los jóvenes sino como espacio de socialización en una cultura familiarista de la dependencia. El objetivo último es, por tanto, dibujar un marco contextual interpretativo que nos permita delimitar las características que definen el proceso de adquisición de autonomía de los jóvenes españoles en un marco comparado europeo.
Palabras clave: transiciones juveniles, familiarismo, Estado de bienestar, individualismo
Abstract: Different studies seem to confirm that in the European context there is a certain degree of convergence of the processes of transition to adult life of young Europeans. The precarization of employment and the delay of economic and family independence, as a result of the so-called globalization and individualization processes, characterize this ambivalent process. However, in the case of Spain, the existence of certain characteristic traits of the transition process to adult life stands out. These characteristics are related to the development of the Welfare State, and as a result, to the policies developed in this context, to the labour market and to the familistic culture, a factor that is still very important for the strategies adopted by young Spanish people. The sum of all these factors explains some of the idiosyncrasies that define the contradictions of the transition process to adult life among young Spanish people, a process characterized by family dependence and precariousness in a context of growing individualization. This article analyzes the main factors that haracterize the acquisition of economic and family independence of young Spanish people from a comparative European perspective. With this in mind, we will study the economic and labour situation of young people as determining factors in this process. At the same time, we will link economic and labour precariousness undergone by young people during their journey towards independence to the incidence of policies developed by the Welfare State and the importance of family, not only as providers of resources for young people, but also as a place of socialization in the framework of the familistic culture of dependence. Therefore, the main objective is to draw a contextual and interpretational framework that will allow us to highlight those characteristics that define the process of acquisition of independence of young Spanish people in a comparative European context.
Keywords: youth transitions, familism, Welfare State, individualism
Resumo: Os estudos realizados parecem confirmar o fato de que, no contexto europeu, observa-se certa convergência nos processos de transição à vida adulta dos jovens europeus. Este processo ambivalente caracteriza-se pela precarizaçáo dos empregos e da demora na aquisição da independência econômica e familiar como resultado do processo de globalizador e individualizador. No entanto, para o caso espanhol detecta-se a existência de certos traços característicos do processo de transição àvida adulta que tem a ver, por uma parte, com a configuração do modelo do Estado de bem-estar, e portanto com as políticas idealizadas neste contexto e com o mercado de trabalho; e, por outra parte, com a cultura familiarista que continua sendo um elemento diferenciador das estratégias adotadas pelos jovens espanhóis. A conjunçáo de todos estes fatores explica alguns dos traços idiossincráticos que definem o contraditório processo de transição à vida adulta dos jovens espanhóis, caracterizado pela dependência familiar e a precarizaçáo em num contexto de crescente individualização. Neste artigo se analisa, desde uma perspectiva comparada a nível europeu, os principais determinantes que estão caracterizando a aquisição da autonomia econômica e familiar dos jovens espanhóis. Com este objetivo se aprofundará na situação econômica e laboral dos jovens como elementos determinantes deste processo. Paralelamente se vinculará a precariedade econômica e laboral que experimentam os jovens no seu périplo em direção a obtenção da autonomia com a incidência que háo tido as políticas desenvolvidas pelo Estado do bem-estar, e a importância da familia náo somente como agente proovedor de recursos aos jovens também como espaço de socialização numa cultura familiarista da dependência. O objetivo final é, portanto, desenhar um marco contextual interpretativo que permita delimitar as características que definem o processo de aquisição de autonomia dos jovens espanhóis num marco comparado europeu.
Palavras clave: transições juvenis, familiarismo, estado de bem-estar, individualismo
I. Los contextos de las transiciones a la vida adulta: principales enfoques teóricos
La transición a la vida adulta es el resultado de experiencias vitales según las cuales el joven adquiere la independencia económica, constituye la formación de un hogar independiente y, en muchos casos, inicia o consolida las relaciones de pareja. Este complejo proceso de adquisición de la independencia depende de múltiples factores entre los que se encuentran el contexto institucional, la situación del mercado laboral, del mercado de la vivienda y de la propia cultura familiar. El camino por el que transitan los jóvenes hacia la vida adulta es incierto, en muchos casos reversible (trayectorias "yo-yo") [1], precario y fundamentado en la cotidianidad del momento. Tal y como señala Machado Pais (2007: 32), incluso hasta resulta problemático referirse al concepto de "transición" a la vida adulta, ya que la transición implica cierto grado de linealidad, y el camino por el que transitan hoy los jóvenes se caracteriza por la reversibilidad y la discontinuidad. El concepto de frontera que marcaba la edad, en la actualidad ha perdido parte de su significado. Resulta más apropiado referirse al proceso de transición como una condición "entre dos fronteras" o un "estado liminar" (al margen).
En el análisis de este proceso convergen varias situaciones que definen los contextos en los que el joven gestiona su proceso de independencia: uno se refiere al contexto global en el que las condiciones socioeconómicas referidas a la incertidumbre del mercado laboral y a la economía globalizada dibujan la denominada "sociedad de riesgo" o "sociedad líquida", en la que el joven desarrolla su propia representación de la transición a la vida adulta. Por otro lado se encuentra el contexto institucional (denominado "welfare regime" o "transition regime"), en el cual se dirimen las políticas sociales destinadas a favorecer los procesos de autonomía de los jóvenes. En relación con el contexto institucional, la cultura (valores y normas adquiridos a través del proceso de socialización) incide de forma significativa en el proceso de independencia. El caso paradigmático lo ejemplifican España e Italia, donde la cultura "familiarista", entendida como una forma de solidaridad e independencia intergeneracional en contextos institucionales de limitada atención a las cuestiones familiares, la transición a la vida adulta se ha entendido como un proceso que se inicia y realiza en la familia. Finalmente nos encontramos con las condiciones estructurales que determinan al joven, tales como la condición de clase social, la pertenencia a una minoría étnica, etc.
No se podría entender adecuadamente la complejidad de este fenómeno y la diversidad de situaciones a las que se enfrenta el joven sin tener en cuenta todos estos factores contextuales. Cada vez adquiere más relevancia entre los investigadores la tesis del "individualismo" para explicar la multiplicidad de opciones que se le presentan al joven en un marco en el que las transiciones han dejado de ser exclusivamente lineales, basadas fundamentalmente en la transición de la educación al mercado laboral, ya que se presuponía que los jóvenes, tras ser formados en unas determinadas destrezas, eran capaces de asumir responsabilidades profesionales, familiares y sociales propias de los adultos (López Blasco, 2006b: 79). Ahora más bien se trata de transiciones en las que el joven decide cuando y cómo "conectarse" o "desconectarse" a la vida adulta en función de sus preferencias y de las posibilidades que le ofrece el entorno profesional y económico de riesgo en el que vive. Esto ha llevado a numerosos investigadores a referirse al retraso generalizado en el proceso de emancipación de los jóvenes europeos, cuando más bien se trata de procesos encubiertos de emancipación dentro de la familia, o simplemente de procesos "reversibles". Por tanto, el concepto de emancipación está siendo sustituido por el de "itinerarios vitales" para referirse a los fenómenos que definen las trayectorias de los jóvenes en un mundo globalizado y de riesgo (Comás, 2007).
Sin embargo, y a pesar de la tendencia convergente, resultado del proceso globalizador e individualizador que parece detectarse en las trayectorias seguidas por los jóvenes europeos, también se aprecian diferencias destacables en esas tendencias emancipadoras en función del contexto institucional, cultural y familiar en el que vive el joven.
Los conceptos de individualización y riesgo se han convertido en elementos centrales en la investigación sobre las transiciones de los jóvenes en Europa en los últimos años, y para ello se han desarrollado múltiples modelos causales basados en el análisis de los factores individuales y estructurales que explican la transición de los jóvenes a la vida adulta en los distintos países europeos (Billari, 2001). La mayoría de estos análisis se fundamentan en el hecho de que la denominada "modernidad tardía" ("late modernity") se caracteriza por el incremento de la individualización y la reflexividad. Estos términos son utilizados por Beck- Gernsheim (2002) y Bauman (2003) para referirse a la emergencia de las "elecciones personales" como una nueva forma de intimidad en la que los ciudadanos tienen mayor capacidad de reaccionar ante los determinantes estructurales que en el pasado, convirtiéndose en los protagonistas de su biografía personal y social. En este contexto emergente de las denominadas "biografías elegidas" ("choices biographies"), se entiende que los individuos toman sus propias decisiones y dirigen sus propias vidas más allá de los determinantes estructurales que definían en el pasado las biografías estándar tales como la clase social, el contexto institucional, el género o la etnicidad. Esta definición de la nueva modernidad abre las puertas a un nuevo concepto denominado "biografías auto-negociadas" ( "self-negotiated biographies") (Beck y Beck-Gernsheim, 2002; Cieslik y Pollock, 2002). En el análisis de las transiciones esto implica que, en un contexto en el que las estructuras sociales tienen cada vez menor relevancia, los jóvenes se ven forzados a tomar decisiones en un entorno de riesgo, lo que puede contribuir a aumentar el estrés y el bloqueo ante la toma de decisiones.
Este marco interpretativo hay que completarlo añadiendo que, si bien es cierto que los jóvenes dirigen y gestionan sus propias trayectorias vitales con mayor autonomía que en el pasado, sin embargo estas acciones siguen estando sujetas a determinantes institucionales, socioeconómicos y culturales que inciden en sus acciones, diferenciando claramente unas trayectorias de otras. A este respecto los análisis comparados que conjugan el concepto de "Estado de bienestar" ("welfare regime") con la idea de "curso vital" ("life-course") suponen una herramienta interpretativa de gran utilidad para explicar las diferencias observadas en las trayectorias de transición a la vida adulta de los jóvenes europeos.
Desde esta perspectiva se entiende que los jóvenes definen la transición a la vida adulta en un entorno caracterizado por la creciente individualización y globalización, pero al mismo tiempo el alcance de la gestión de sus vidas depende de factores tales como las políticas sociales desarrolladas por los Estados, la clase social, el género, la etnia de pertenencia, el contexto socioeconómico, la familia y los valores culturales. Este último elemento no por ser más difícil de objetivar es menos importante. Los trabajos de Castles (2004), Fernández (2006) y Fortin (2005) han puesto de relieve cómo las diferencias observadas en los procesos de abandono del hogar familiar o la división del trabajo familiar por género se explican en función de normas y valores asociados con las diferencias culturales existentes entre naciones que generalmente suelen estar vinculados con las características del "régimen de bienestar".
La introducción del concepto de "curso vital" en lugar del concepto de "transiciones" supone asumir la diversidad de trayectorias así como la naturaleza fragmentaria y reversible de las mismas, ya que se parte de la idea de que los jóvenes transitan en su camino hacia la vida adulta en un largo proceso indeterminado y fragmentario, en el que ellos se relacionan con el entorno y con su propia intimidad a través de un camino de ida y vuelta (trayectorias "yo-yo") (Machado Pais, 2007; EGRIS, 1999; Holdsworth y Morgan, 2006). Por tanto las transiciones ya no se caracterizan por la "linealidad" sino por la "liminalidad", es decir, se trata de procesos que se definen por encontrarse "entre dos estados o situaciones reversibles".
II. El proceso de transición a la vida adulta en los diferentes contextos nacionales e institucionales
Es obvio que las transiciones entendidas como un proceso continuado a lo largo de la vida del joven ("life course") difieren de unos contextos nacionales a otros. De hecho numerosas investigaciones han puesto de manifiesto que los regímenes de bienestar tienen una incidencia diferencial en la definición de las biografías de los jóvenes, ya que los Estados de bienestar deciden sobre la institucionalización de los recursos y las oportunidades a través de las políticas sociales y de juventud.
Partiendo de la ya clásica tipología de regímenes de bienestar definida por Esping Andersen (2000), el IARD (2001) se ha referido a la tipología de Estados de bienestar de Gallie y Paugam (2000) para describir los modelos de políticas de juventud desarrollados por los diferentes Estados de bienestar. De acuerdo con esta tipología, los Estados de bienestar europeos se han clasificado en torno a diferentes clusters por los cuales se definen como "socialdemócrata" (países escandinavos), "liberal" (países anglosajones), "modelo conservador" (modelo centrado en el empleo propio de los países del centro de Europa) y el denominado modelo "sub-institucionalizado" (países mediterráneos).
En los Estados de bienestar denominados "socialdemócratas", los jóvenes consiguen la independencia en una etapa más temprana que en otros países europeos. Esto se debe fundamentalmente a las numerosas oportunidades de empleo y a la próspera economía, combinadas con un generoso Estado de bienestar en políticas económicas de emancipación destinadas a los jóvenes que están en la etapa de formación. Aunque las ayudas económicas no son por sí mismas suficientes para cubrir los costes de la independencia residencial, sí que al menos procuran una base sólida junto con otras fuentes de ingresos para lograr la independencia del joven. En estos países las políticas sociales se centran fundamentalmente en el individuo, lo que junto con las políticas educativas, escasamente segmentadas, dan prioridad a las "elecciones personales". Un buen ejemplo de estas acciones son las políticas de género. Esto incentiva que los jóvenes puedan tomar sus decisiones en un contexto social y económico más favorable para ello que en otros países. Los padres tienen un rol muy limitado en el proceso de emancipación de los jóvenes, aunque en los últimos años ha aumentado la edad media en la que los jóvenes abandonan el hogar de los padres en un país como Dinamarca (Biggart y Walter, 2006). Sin embargo, en el contexto de una larga tradición de un potente desarrollo del Estado de bienestar centrado en el individuo, la sociedad civil tiene un papel muy activo en las políticas de juventud, y el Estado y las instituciones de la sociedad civil cooperan en la definición e implementación de las políticas de juventud. Estos datos nos pueden ayudar a entender el modelo cultural que conjuga la construcción participativa (colectiva) y biográfica (individual) existente en los países socialdemócratas, combinando unas generosas políticas estatales de recursos y oportunidades destinadas a los individuos con la participación de la sociedad civil en la definición de las políticas públicas, lo que ha posibilitado la temprana independización económica y parental de los jóvenes de estos países (Böhnisch et al., 2002).
En el régimen de bienestar liberal, cuyo máximo exponente es Reino Unido, los jóvenes tienen un elevado grado de independencia económica con escaso apoyo económico de las familias de origen gracias al empleo y a las ayudas sociales. El Estado de bienestar británico es muy limitado y se ha caracterizado por la prioridad al mercado frente al Estado o la familia. Esta primacía otorgada al mercado laboral como la principal vía para lograr la independencia ha generado situaciones adversas para muchos jóvenes, que abandonan muy pronto el hogar familiar y el sistema educativo y se refugian en la economía informal, lo que en muchos casos deriva en situaciones de exclusión social. En estos regímenes de bienestar hay una tradición de abandonar el hogar familiar tras los estudios elementales, por lo que las actitudes hacia la educación son meramente instrumentales. Esta situación ha generado un entorno de incertidumbre y creciente riesgo en el que los jóvenes se las "apañan" como pueden para definir sus biografías personales de transición a la vida adulta (Biggart, 2004). El sistema educativo se caracteriza por la organización comprensiva hasta los dieciséis años. Se ha desarrollado un modelo de formación profesional flexible que combina la formación académica con la formación ocupacional. El mercado laboral se caracteriza por un elevado grado de flexibilización y por estar débilmente regulado en términos de cualificación.
En el régimen de bienestar conservador las ayudas al estudio, el apoyo familiar y el empleo desempeñan un papel fundamental en la transición de los jóvenes a la vida adulta. Por ejemplo, en Alemania no hay tradición de ayudas sociales destinadas a favorecer la independización de los jóvenes ya que están en cierta medida estigmatizadas. El camino "normal" para conseguir la autonomía es a través de la consecución de un trabajo cualificado, lo que concede gran importancia al sistema educativo en el proceso de transición a la vida adulta. El Estado interviene sólo en situaciones en las que la familia no puede garantizar la formación de los jóvenes. Es habitual que las familias apoyen económicamente a los jóvenes cuando las ayudas al estudio son insuficientes para garantizar la independencia del joven. Sin embargo, la dependencia familiar es percibida por los jóvenes y por la propia sociedad como un fracaso de la transición a la vida adulta. En lo que se refiere al sistema educativo nos encontramos con un modelo dualizado y rígido de educación que se corresponde con un mercado laboral altamente regulado. Nos encontramos pues en estos países ante un entorno de creciente riesgo en el que algunos jóvenes logran la cualificación deseada y la integración en el mercado laboral a través de lo que se considera "transición normal", mientras que otros jóvenes tienen serias dificultades para lograr por sí mismos la dependencia y autonomía deseada, debido a la segmentación y rigidez tanto del sistema educativo como del mercado laboral.
Por último, en el régimen de bienestar denominado "sub-protector" ("sub-protective"), donde se incluyen los países mediterráneos como España, Italia y Portugal, el limitado desarrollo de un marco institucional de apoyo económico a los jóvenes, la precariedad del mercado laboral orientado fundamentalmente hacia la figura del varón sustentador, y los desajustes existentes entre el sistema educativo y el mercado laboral, convierten a la familia en la principal agencia para lograr la autonomía e independencia. La conjunción de estos factores ha contribuido a que los jóvenes tengan elevados ratios de desempleo y de precariedad laboral en trabajos inestables, que en la mayoría de los casos no se corresponden con su formación y que están escasamente retribuidos, lo que les convierte en un colectivo dependiente de sus familias y con limitadas expectativas de lograr la independencia residencial y económica. En estos países, las políticas de juventud pueden ser definidas por la incongruencia existente entre las reformas comprensivas y los déficits estructurales existentes en su implementación. Autores como Castles (2002), Ferrera (1996), Moreno (2004), Flaquer (2002) y Moreno Mínguez (2007) consideran que en los Estados del bienestar del sur de Europa, a diferencia de los conservadores, liberales y socialdemócratas, existe un escaso desarrollo institucional de determinadas políticas destinadas a las familias y los jóvenes, lo que ha contribuido a reproducir el modelo cultural familiarista de solidaridad y dependencia intergeneracional, en el que las familias han asumido en el ámbito privado el bienestar de jóvenes, ancianos y niños. De hecho, el denominado régimen de bienestar "sub-protector" propio de los países del sur de Europa (España, Italia y Portugal) se ha caracterizado por un déficit estructural en el desarrollo de las políticas de juventud. Esto, unido al desajuste existente entre la educación y el mercado laboral durante largos períodos, el elevado desempleo y el incremento de la precariedad laboral, ha favorecido la dependencia familiar de los jóvenes (IARD, 2001; López Blasco, 2006a).
En definitiva, el "régimen de bienestar", a través de las políticas sociales y de juventud, puede contribuir a dilatar o facilitar las transiciones de los jóvenes y moldear las aspiraciones de estos en cuanto a la formación, el empleo, las relaciones de pareja, las relaciones de género y la independencia familiar. Este análisis comparado ha evidenciado las diferencias existentes en las transiciones de los jóvenes entre los diferentes regímenes de bienestar. En los países del norte de Europa la cultura de la independencia temprana -favorecida por las generosas políticas públicas de emancipación destinadas al individuo- ha dado lugar a una biografía de las transiciones marcadas por el limitado papel de las familias, el protagonismo del Estado y la temprana emancipación de los jóvenes, quienes han conseguido acoplar de forma favorable sus aspiraciones al entorno de riesgo en el que se producen las transiciones. Por el contrario, en los países del sur de Europa, las limitadas ayudas públicas, unidas a la cultura de la dependencia familiar en un contexto de crecientes riesgos e incertidumbres, han generado cierto desacople entre las aspiraciones de los jóvenes y las posibilidades reales de conseguir la autonomía, lo que explica en parte lo que se conoce como retardo y prolongación del proceso de transición a la vida adulta de los jóvenes en países como España, Italia y Portugal.
1. Independencia familiar
Uno de los rasgos que definen las diferencias entre los diversos regímenes de bienestar en Europa en el proceso de transición a la vida adulta de los jóvenes se refiere a la denominada tardía independización de los mismos en el sur de Europa con respecto a otros países del entorno europeo. Los datos existentes al respecto nos permiten contrastar estas premisas y contextualizar este proceso en los diferentes países europeos.
La forma de convivencia ha sido un indicador muy utilizado para comparar el grado de autonomía alcanzado por los jóvenes. A este respecto, destaca el hecho de que los jóvenes del sur de Europa con edades comprendidas entre los dieciocho y los treinta y cinco años continúan viviendo en un elevado porcentaje en casa de sus padres: el 40% en España, el 41% en Portugal y el 64% en Italia según los datos de la European Quality of Life Survey de 2003. Si bien es verdad que a mayor edad menor es el porcentaje de jóvenes dependientes, en el caso de los países del sur de Europa el porcentaje es más elevado que para los jóvenes del resto de los países europeos en todos los grupos de edad. Por el contrario, la opción de vivir en solitario es una elección minoritaria entre los jóvenes de la Europa del sur, mientras que en países como Dinamarca, Suecia o Alemania se trata de una estrategia muy extendida entre los jóvenes. De hecho, el 37% de los suecos y el 33% de los alemanes se inclinan por esta opción de convivencia frente a tan sólo el 5% de los españoles o el 8,5% de los italianos. Se observan ciertas diferencias por género, ya que los datos indican que en los países del sur de Europa las mujeres jóvenes abandonan antes el hogar familiar que los varones, tendencia que es mucho más acusada en los países del norte de Europa. En estos países, las generosas políticas familiares de conciliación de la vida familiar y laboral, así como las políticas laborales de integración de la mujer en el mercado laboral, han facilitado la independencia y autonomía de la mujer, mientras que en los países del sur de Europa el menor porcentaje de mujeres jóvenes que viven en el hogar familiar se puede deber a razones muy distintas, ya que se independizan para casarse o formar una familia, lo que sería una forma de prolongación del modelo de varón sustentador.
Un dato que sustenta esta hipótesis es el hecho de que las mujeres abandonan en mayor medida que los hombres el hogar familiar para formar una pareja o una familia en todos los países europeos, siendo más del doble este porcentaje para los países de Italia, España, Portugal y Grecia. En cualquier caso, estos datos nos permiten constatar el hecho ya mencionado anteriormente de que la edad de emancipación de los jóvenes es bastante más temprana en los países del norte de Europa que en el sur. Tanto es así que a los veintinueve años el 90% de las mujeres y el 73% de los hombres daneses han abandonado el hogar familiar para formar una pareja, mientras que tan sólo lo han hecho con este fin el 12% de los hombres y el 24% de las mujeres jóvenes en España.
En lo que se refiere al caso específico español, los datos existentes confirman la tendencia indicada por otras fuentes estadísticas internacionales. En 2004, el 68,1% de los jóvenes vivía en casa de sus padres frente a tan sólo el 18% que estaba casado o viviendo en pareja. Si bien es verdad que a mayor edad menor es el porcentaje de jóvenes residiendo en casa de sus padres, aún así sigue siendo muy elevado el porcentaje de jóvenes de veinticinco a veintinueve años residiendo en casa de sus padres (47,3%).
Otro dato que se refleja la dependencia familiar de los jóvenes en Europa del sur se refiere al número de jóvenes que residen en casa de sus padres viviendo en pareja, y estando divorciados/separados después de haber pasado por una ruptura familiar. En los países del sur de Europa el 25% de los jóvenes residen con su pareja en el hogar de los padres, de los cuales el 13% están casados, mientras que esta forma de residencia es poco habitual entre los países del norte de Europa (tan sólo el 4% de los jóvenes). Lo mismo se puede decir con respecto a los divorciados y separados, que en un porcentaje muy elevado regresan al hogar familiar después de una ruptura familiar en los países del sur de Europa. Por lo tanto, estos datos constatan el hecho de que el contexto familiar sigue siendo un referente fundamental en la vida de los jóvenes, incluso cuando estos han formado una pareja.
En el caso concreto de España hay que resaltar el hecho de que, a pesar de que la dependencia familiar de los jóvenes sigue siendo una característica propia de las transiciones de los jóvenes, sin embargo en los últimos años se ha observado un relativo incremento en las tasas de autonomía y principalidad de los jóvenes. Ésto puede estar indicando un cambio de tendencia generalizado o simplemente una mejora de las condiciones estructurales en cuanto al empleo y los salarios, lo que pudiera haber posibilitado que mayor número de jóvenes hayan optado por la independencia familiar. Los datos permiten constatar por tanto que la tendencia de años anteriores se ha empezado a estabilizar e incluso a invertir desde 1996. Entre algunos investigadores se advierte de que se trata de una tendencia estructural que ejemplifica un nuevo estilo de vida de los jóvenes y de sus familias en España (Requena, 2006). Sin embargo, ese cambio de tendencia puede estar evidenciando la implementación de una lógica no lineal en las transiciones de los jóvenes como respuesta a los crecientes riesgos que se ciernen sobre el mercado laboral y la situación económica, lo que estaría haciendo cambiar las percepciones subjetivas de los jóvenes ante el empleo, la formación y la independencia o autonomía familiar. Es decir, la prolongación de la dependencia familiar ya no se entendería como una etapa de "espera" ante la posible mejora de la situación laboral y económica, como en el pasado, sino como una "trayectoria fallida" ante un entorno en el que el riesgo, la precariedad y la incertidumbre se han convertido en constantes.
2. Independencia económica
La independencia familiar suele estar casi siempre asociada con la independencia económica, aunque podemos encontrar casos en los que se produce la independencia familiar con la dependencia económica familiar. Nos encontramos pues con diferentes formas de autonomía económica. La independencia económica relativa se obtiene a través de las ayudas públicas (de estudio, vivienda, etc.) y a través de la familia, y, por otro lado, la independencia económica total se obtiene a través del empleo. El análisis referido a la edad y a la forma de conseguir la independencia económica es más difícil de medir ya que existen múltiples fuentes de obtención de ingresos. Según el Informe de Juventud de 2004, en España tan sólo el 24% de los jóvenes tienen autonomía completa, es decir, viven exclusivamente de sus propios ingresos, mientras que el 21% vive parcialmente de recursos propios con ayuda de la familia y de la pareja. La gran mayoría de los jóvenes (el 69%) son dependientes y viven de los recursos de otros. Si bien es verdad que se ha producido un ligero incremento en la emancipación económica de los jóvenes desde 1984, esta se debe fundamentalmente al cambio experimentado en la estructura de edad y no a un cambio de tendencia. Si estos datos los vinculamos con los referidos a la independencia familiar, podemos afirmar que en España se mantiene la tendencia de la dependencia económica y familiar de los jóvenes, frente a la temprana adquisición de la autonomía familiar y económica de los jóvenes del norte Europa.
A este respecto, la comparación de los datos referidos a las fuentes de donde los jóvenes obtienen los ingresos constata la hipótesis señalada en este artículo de que las generosas políticas públicas destinadas a los jóvenes en los regímenes de bienestar del norte de Europa favorecen la temprana independencia económica y por tanto familiar de los jóvenes, mientras que las limitadas prestaciones destinadas a los jóvenes en los países del sur de Europa, como España e Italia, son un factor más a tener en cuenta en la explicación de la dependencia económica de los mismos y del retraso de la edad de abandono del hogar familiar. En los países del norte de Europa la familia desempeña un papel muy limitado en todo el proceso de independización económica, mientras que en otros países, como España, Italia o Grecia, la familia juega un papel determinante en la adquisición de la independencia económica. En el cuadro siguiente relativo a las principales fuentes de ingresos de los jóvenes europeos se pueden apreciar las diferencias entre países señaladas anteriormente. Mientras que tan sólo el 5% de los jóvenes daneses, el 6% de los suecos, o el 17% de los finlandeses, obtienen sus recursos económicos de algún familiar, el 49% de los jóvenes griegos, el 50% de los italianos y el 34% de los españoles obtienen los ingresos de algún familiar. También es preciso destacar que el 48% de los españoles dice tener como principal fuente de ingresos el trabajo regular, siendo por tanto este porcentaje superior a la media de la Europa de los quince (44%), aunque se refiere fundamentalmente al grupo de edad de veinticinco a veintinueve años. Destacan también las diferencias observadas en las ayudas recibidas para la formación y los ingresos procedentes del desempleo y la Seguridad Social. En España el porcentaje de jóvenes que responden tener como principal fuente de ingresos las ayudas del Estado, vía ayudas de formación, desempleo y Seguridad Social, es del 5% en Italia y del 2% en Grecia, mientras que en Dinamarca es del 27%, en Finlandia del 28% y en Suecia del 42%.
Estos datos evidencian las claras diferencias existentes en los gastos sociales que destinan los países de norte de Europa a la autonomía económica de los jóvenes en relación con los países del sur de Europa, donde el Estado ha centrado sus esfuerzos redistribuidores fundamentalmente en el colectivo de la tercera edad. Estos datos nos están informando de la debilidad institucional del Estado de bienestar en materia de apoyo económico a los jóvenes.
III. Los contextos familiares y laborales en las transiciones de los jóvenes a la vida adulta
Tal y como se ha mencionado anteriormente los procesos de las transiciones han cambiado, pasando de ser lineales a ser reticulares a través de un dilatado proceso ("life course") en un marco de crecientes riesgos e incertidumbres. En este proceso intervienen numerosos factores entre los que se destacan el mercado laboral, la formación, la posición en la estructura social y la cultura familiar. El interrogante que se plantea es cómo los jóvenes gestionan la transición a la vida adulta combinando la acción individual reflexiva (agencia) con los determinantes objetivos (estructura). En el apartado anterior se analizó la incidencia que tiene el contexto institucional de los regímenes de bienestar en la adquisición de la independencia familiar y económica de los jóvenes en los diferentes países europeos. En este apartado nos proponemos analizar la incidencia de los factores laborales, formativos y culturales en los procesos diferenciados de transición a la vida adulta de los jóvenes europeos. En el caso de los países del sur de Europa, los factores socioeconómicos tienen un relevante papel en la explicación de la tardía transición. Los elevadas tasas de desempleo juvenil, la precariedad e inseguridad laboral, unidas a un sistema formativo tradicionalmente segmentado, prolongado y excesivamente rígido, el costoso acceso a la vivienda en propiedad y de alquiler, así como la limitada ayuda pública destinada a los jóvenes, han convertido a la familia en la principal instancia proveedora de bienestar a los jóvenes (Jurado Guerrero, 2001; Baizán, 2002). Por lo tanto, el distintivo modelo de transición a la vida adulta de los jóvenes del sur de Europa está claramente asociado con factores estructurales que limitan en parte las posibilidades de adquirir la autonomía. Sin embargo, los factores subjetivos culturales también tienen un papel destacado en la explicación de estas pautas transicionales, ya que se asocian con un modelo de familia que enfatiza la importancia de la solidaridad familiar e intergeneracional (familiarismo) como un rasgo cultural característico de estos países (Moreno Mínguez, 2007; Saraceno, 2001).
La mayoría de los investigadores coinciden en señalar que la nueva economía globalizada ha cambiado el contexto del mercado laboral y la forma de relacionarse con el mismo. Los jóvenes europeos hoy se enfrentan a un mercado laboral desregularizado y precario que nada tiene que ver con el mercado laboral en el que transitaron sus padres (Sennet, 1998; 2006). Hoy los jóvenes son más proclives a estar desempleados, a ocupar empleos precarios y temporales. Sin embargo, los jóvenes tienen unos niveles de cualificación y formación mayores en general que sus padres, lo que no les garantiza encontrar un empleo acorde con su formación.
En lo que respecta al indicador de la tasa de desempleo juvenil, en España era del 18,6% para el grupo de edad de quince a veinticuatro años para el año 2006, siendo esta una tasa intermedia, pero elevada si lo comparamos con la de Dinamarca (7,6%) o la de los Países Bajos (5,6%). En cualquier caso, la tasa se sitúa por encima de la media para la Europa de los veintisiete. Para el siguiente grupo de edad esta tasa se reduce sustancialmente para España (10,4%), siendo prácticamente similar a la tasa de Finlandia (8,2%) y Suecia (9,1%). Incluso en el caso de los varones la tasa de desempleo juvenil en este grupo de edad en España es más reducida (7,8%) que en Finlandia (8,2%) o Suecia (8,5%). Nuevamente en este indicador destacan las diferencias existentes por género, ya que las mujeres en todos los grupos de edad tienen tasas de desempleo más elevadas que los hombres, y esta diferencia es muy acusada en España, siendo la diferencia de siete puntos porcentuales en el grupo de edad de quince a veinticuatro años y de seis puntos porcentuales en el grupo de veinticinco a veintinueve años, mientras que en países como Finlandia o Reino Unido son prácticamente similares. Estos datos ponen de manifiesto que la incidencia del desempleo es muy diferente en los distintos países europeos. A este respecto es preciso destacar el hecho de que se produce un descenso durante el período 1997-2003, en particular en aquellos países que habían tenido elevadas tasas de desempleo en 1997, como en el caso de España, Italia y Portugal. Aunque en estos países en el último período se produce una reducción considerable, sin embargo el desempleo, fundamentalmente de las mujeres, sigue siendo muy elevado.
Sin duda, un factor a tener en cuenta en la situación laboral y económica de los jóvenes europeos es la temporalidad en el empleo. Es un indicador más de la precariedad laboral que caracteriza al mercado laboral, cada vez más globalizado. Sin embargo, a pesar de ser una tendencia generalizada en toda Europa, los países del sur de Europa soportan un elevado grado de temporalidad en el empleo juvenil, lo que incrementa en estos países el riesgo de marginalización y exclusión social de los jóvenes. Los datos parecen constatar que la temporalidad en el empleo se ha extendido sustantivamente en aquellos países con elevadas tasas de desempleo juvenil, como en el caso de España, en la década de los noventa.
Los datos comparados europeos sobre la temporalidad en el empleo corroboran la tesis de Sennet relativa a la precarización del empleo de los jóvenes en Europa. Los países con mayor porcentaje de jóvenes con empleos precarios temporales son España (65%), Suecia (59%), Alemania (57,1%) y Francia (51,5%), y los países con menor incidencia de la temporalidad entre los jóvenes son Reino Unido (12%), Irlanda (7%) o Grecia (25%). La incidencia diferencial de la precariedad ocupacional de los jóvenes entre los distintos países europeos puede ser debida, entre otros factores, a la configuración de los mercados laborales y a las políticas laborales adoptadas por cada país. En el caso concreto de España, la temporalidad es muy elevada debido a que las distintas reformas laborales llevadas a cabo por los distintos gobiernos han favorecido este tipo de empleo a través del fomento de las empresas de trabajo temporal. Por sexo, se observa que la temporalidad es mayor entre las mujeres jóvenes en casi todos los países de referencia, aunque las mayores diferencias se observan en Suecia, Finlandia o Italia. Sin embargo en países como Alemania, Austria o Dinamarca la temporalidad es mayor entre los hombres.
Los efectos de la nueva economía están teniendo un claro reflejo en la complejidad de las trayectorias formativas/laborales de los jóvenes. Estas están dejando de ser lineales, ya que la nueva economía exige otro tipo de destrezas relacionadas con la capacidad de obtener mayor autonomía en relación con la automotivación, la responsabilidad y la capacidad de gestionar y resolver creativamente. Por lo tanto, ya no se trata de acumular conocimientos y experiencia de forma lineal (formación que se da en el sistema educativo tradicional), sino de diversificar las capacidades de forma transversal a través de la adquisición de experiencias en varios contextos. Esto explicaría en parte que las cualificaciones obtenidas en el sistema educativo no se correspondan con el tipo de empleo esperado, porque las demandas del mercado no están cambiando al mismo ritmo que el sistema de cualificaciones del sistema educativo. Estos fenómenos han dado lugar a lo que se conoce como el "desajuste formativo/laboral" que se ejemplifica en la "sobre-educación" y en la "falta de formación y cualificación profesional". Según los datos de la OCDE (2006) para las cohortes jóvenes de más edad, la entrada en el mercado laboral acorde con su formación es más fácil que para las cohortes más jóvenes. En relación con las diferencias observadas entre países, se constata el hecho de que España es uno de los países donde más elevada es la asociación entre edad y desajuste laboral, es decir, entre las cohortes de jóvenes se observa un elevado desajuste entre formación y empleo conseguido. Por el contrario, en Finlandia no se observa ninguna asociación entre la edad y la probabilidad de experimentar desajuste laboral en relación con la formación (OCDE, 2006).
El acceso a la vivienda es otro factor determinante en las transiciones de los jóvenes a la vida adulta, fundamentalmente en España, donde existe una cultura de la propiedad que explica que los jóvenes se decanten fundamentalmente por la compra de vivienda en lugar de por el alquiler (Castles y Ferrera, 2005; Mulder y Billari, 2006). En las últimas décadas la vivienda ha adquirido un protagonismo notable como factor limitador de la autonomía residencial de los jóvenes españoles, debido al incremento constante del precio de la vivienda, lo que unido a la precariedad laboral y a las reducidas ayudas institucionales en favor de los jóvenes, ha contribuido en cierta forma a retardar la emancipación de los jóvenes españoles. Un informe reciente del Banco de España subraya la influencia del precio de la vivienda y la tendencia a la compra de la vivienda como variables claves para explicar el retraso de la edad media del abandono del hogar paterno en comparación con países como Alemania, Reino Unido o Francia. Este mismo informe resta importancia al incremento de la temporalidad en el empleo juvenil como un factor suficientemente significativo para explicar el retraso en la emancipación de los jóvenes españoles (El País, 30/04/08). Los datos ofrecidos por el OBJOVI corroboran en parte esta tesis, ya que el valor actual de una vivienda libre equivalía a 12,7 años el salario medio anual de una persona joven en España, mientras que hace diez años equivalía a seis veces el salario anual de un joven. En el cuadro siguiente se puede observar la evolución ascendente que ha tenido el coste de acceso a la vivienda para una persona joven y para un hogar joven desde 1999. Una persona joven tendría que aportar más de la mitad de su salario, el 67,8%, para sufragar las cuotas del primer año de hipoteca y un hogar joven el 42,6% de todos sus ingresos. Más complicado lo tendrían las mujeres jóvenes y las personas de dieciocho a veinticuatro años, dado que su menor renta les exigiría tener que desembolsar más del 75% de su salario para pagar una vivienda en propiedad (OBJOVI, 2007).
El hecho combinado de la cultura de la propiedad y el elevado precio de la vivienda desmotivan en parte a muchos jóvenes a alquilar una vivienda e iniciar así el proceso de transición a la vida adulta. Tal y como se puede constatar en el siguiente cuadro, la tenencia de la vivienda en propiedad no es sólo algo propio de las generaciones de más edad sino también de los jóvenes, ya que del total de hogares encabezados por personas de dieciséis a veintinueve años, el 59,7% están formados por jóvenes que tienen una vivienda en propiedad frente a tan sólo el 21,6% de los hogares jóvenes en régimen de alquiler a precio de mercado. A este respecto hay que señalar que el elevado precio del alquiler es otro factor desalentador para los jóvenes, ya que tan sólo el 2,7% de los hogares jóvenes disfruta de un alquiler a precio inferior al de mercado. Otro dato destacable es el hecho de que un 16% de los jóvenes tiene una vivienda en cesión gratuita, seguramente propiedad de la familia. Este es un dato más que expresa la solidaridad y apoyo económico familiar a los jóvenes.
Estos datos ponen de manifiesto que en los países del sur de Europa convergen una serie de circunstancias anexas a la condición laboral y formativa de los jóvenes que no se producen con la misma intensidad en otros países europeos. Estas condiciones hacen referencia a la precariedad en el empleo, la desigualdad de género, el elevado desempleo en términos comparados, el elevado desajuste entre formación y demanda laboral, y el elevado precio de la vivienda, factores que explicarían en parte las dificultades añadidas que tienen los jóvenes para decidirse a abandonar el hogar familiar.
Sin embargo, y unido a los factores estructurales mencionados anteriormente, se hallan los factores subjetivos o culturales que inciden en la capacidad que tienen los jóvenes para gestionar y afrontar las nuevas situaciones de riesgo que presenta el entorno. De acuerdo con Simpson y Cieslik (2007), la forma en la que se utilizan las habilidades y experiencias que han adquirido los jóvenes a lo largo de su vida en los diferentes contextos familiares y formativos pueden orientar, facilitar o contraer las experiencias personales de las transiciones de los jóvenes.
En el caso de los países del sur de Europa, resulta obvia la conjugación de factores estructurales y familiares en la explicación de las transiciones de los jóvenes. En lo que respecta a este último factor, destaca el hecho de que los jóvenes españoles conceden gran relevancia a la institución familiar como principal agencia de protección, ayuda y de socialización. Esto ha dado lugar a que en estos países la solidaridad familiar como forma cultural se haya convertido en un pilar básico del modelo socioeconómico y de bienestar (Fernández, 2006; Moreno Mínguez, 2007).
Un ejemplo de la incidencia del familiarismo en las biografías transicionales de los jóvenes españoles es el elevado porcentaje de jóvenes con empleo que siguen residiendo en el hogar familiar. Mientras que en otros países el acceso a un empleo, y por tanto a unos recursos económicos, propicia la independencia económica y residencial, en los países del sur de Europa el empleo no es sinónimo de emancipación, ya que muchos jóvenes optan por continuar en el hogar de los padres. Según los datos del gráfico siguiente, el 51% de las mujeres jóvenes y el 50% de los hombres jóvenes con un empleo residen con sus padres, mientras que estos porcentajes son comparadamente más reducidos en el resto de los países analizados. El estudio cualitativo realizado por Holdsworth y Morgan (2006: 89) para varios países europeos ha puesto de manifiesto el hecho de que experiencias de independencia dentro de la familia de origen son poco habituales entre los jóvenes de los países del norte de Europa, mientras que son frecuentes en España. Por otra parte, también han observado que entre los jóvenes noruegos y británicos emerge una intensa percepción de que la familia limita la independencia y autonomía personal, al contrario que sus homólogos españoles, quienes son capaces de prolongar su estancia en el hogar familiar incluso cuando son económicamente independientes porque consideran que tienen cierta autonomía e independencia dentro del hogar familiar de origen. Bien es verdad que esta percepción es muy diferente por clase social, ya que los jóvenes procedentes de familias con pocos recursos económicos se emancipan antes que otros jóvenes de clases más acomodadas, entre otras razones porque el espacio de la residencia habitual es muy reducido para tener de facto una independencia real, y porque estos hechos suelen estar asociados con una autoridad paterna más rígida (Becker et al., 2005).
Un ejemplo más de la importancia que tiene el familiarismo para los jóvenes españoles se puede observar en el siguiente gráfico. Los jóvenes españoles, italianos, portugueses y griegos serían los que en mayor porcentaje acudirían a un miembro de la familia en caso de un problema personal serio, mientras que para los jóvenes del norte de Europa, la familia como red de solidaridad y apoyo tiene menor relevancia que en los países del sur de Europa. De hecho, en estos países los amigos tienen un papel destacado en caso de tener un problema personal serio. El hecho de que los jóvenes del norte de Europa abandonen a edades muy tempranas el hogar familiar podría explicar que los amigos se conviertan en una red de solidaridad y relacional complementaria a la familia en mayor medida que en los países del sur de Europa. Estas tendencias están asociadas con la importancia del familiarismo y del individualismo en cada régimen de bienestar, entendidos éstos como un conjunto de valores y normas que dan forma a una determinada cultura y, por tanto, a una forma de relacionarse con el entorno y con la familia.
Tal y como se ha constatado, la incidencia de los factores estructurales (provisión del Estado de bienestar, mercado laboral, formación, vivienda, etc.) en la definición de las biografías transicionales de los jóvenes varía en cada país y en cada régimen de bienestar, dependiendo del contexto cultural de referencia en que los jóvenes inscriben sus percepciones y prácticas. La "independencia" es definida y percibida de diferente forma por los jóvenes españoles que por los noruegos, ya que para los primeros el proceso de adquisición de autonomía está vinculado con la "idea" de familia y con la solidaridad familiar, mientras que para los jóvenes noruegos la familia está ausente del proyecto individual de lograr la independencia (Holdsworth y Morgan 2006: 93). De hecho, los jóvenes españoles se refieren a la independencia como una condición que se puede adquirir dentro de la propia familia de origen gracias a que viven en un régimen de "welfare family" [2].
IV. Conclusión: los efectos de la globalización, la cultura familiar y el régimen de bienestar en el proceso de transición a la vida adulta en el caso español
Desde una perspectiva histórica, el nexo funcional entre abandonar el hogar familiar, la independencia y la transición a la vida adulta se ha convertido en un factor de cambio social fundamental en la sociedad occidental, en contraposición con el pasado más inmediato, donde la transición a la vida adulta se entendía más como un cambio de interdependencias que como un simple logro de la independencia y autonomía personal (Jones y Wallace, 1992; Brannen, Lewis, Nilsen y Smithson, 2002). Por lo tanto, las formas de transición a la vida adulta se han hecho más "fluidas" (Bauman, 2002), flexibles y plurales, por lo que ya no existe una vinculación tan directa como en el pasado entre abandono del hogar familiar e independencia. Tanto es así que por ejemplo para los jóvenes del sur de Europa el vínculo funcional entre independencia residencial y "ser independiente" resulta poco apropiado. Tal y como se recoge en el trabajo cualitativo de Holdworth y Morgan (2006), los jóvenes españoles que viven en casa de sus padres no tienen independencia residencial, pero sin embargo muchos de ellos entienden que son "independientes", y por otro lado los jóvenes que no viven en casa de sus padres se perciben a sí mismos como independientes, pero definen su independencia en formas diferentes a cómo lo hacen los jóvenes británicos o noruegos, ya que la solidaridad y dependencia familiar es un elemento constitutivo fundamental en su "independencia".
Por tanto, el concepto de "biografía elegida" ("choice biography") está reemplazando al término de "biografía estándar" ("standard biography") en la interpretación de las transiciones a la vida adulta, entendidas estas como un proceso prolongado y continuado a lo largo de la vida del joven. Los cambios producidos en el contexto institucional de los regímenes de bienestar, así como en el empleo y en la educación, hacen que el comportamiento de los individuos sea poco previsible. De esta forma las decisiones y elecciones individuales de los jóvenes se convierten en elementos claves para explicar la diversidad de prácticas y estrategias que emplean los jóvenes para responder y reaccionar ante los determinismos estructurales.
Este artículo ha evidenciado la existencia de una tendencia globalizada en las transiciones a la vida adulta de los jóvenes europeos marcada por la precariedad laboral, la incertidumbre y los riesgos asociados a la educación, el empleo o la vivienda, en un contexto de creciente individualización en el que los jóvenes son cada vez más los protagonistas en la toma de decisiones sobre sus propias vidas, frente a la estandarización que caracteriza a las transiciones en el pasado. Sin embargo, en el caso de los países del sur de Europa, y más concretamente en España, se observan tendencias que definen un modelo concreto de transición a la vida adulta de los jóvenes en lo que se refiere a la incidencia de la globalización, la cultura familiar y el régimen de bienestar.
Los efectos de la globalización se han dejado sentir fundamentalmente en la precariedad laboral de los jóvenes españoles, ya que el desempleo, el desajuste entre la formación y el empleo, y los reducidos salarios tienen en España unos índices más elevados que en el resto de Europa. Por otra parte, el contexto institucional del "régimen de bienestar mediterráneo" caracterizado históricamente por las reducidas políticas de ayuda a los jóvenes, ha hecho junto con los otros factores mencionados anteriormente que el retraso en la emancipación y en la adquisición de la independencia haya sido una constante en España desde 1984, aunque en los últimos años se observa cierto cambio de tendencia (Billari et al., 2001, 2004).
La pregunta que suscitan estos análisis es cómo están reaccionando los jóvenes españoles ante esta situación y cómo está incidiendo en el proceso de transición a la vida adulta. Si bien los jóvenes españoles son partícipes de los efectos del individualismo y de la globalización en sus prácticas y acciones de adaptación y respuesta a los determinismos estructurales, sin embargo el peso de la cultura familiarista de solidaridad y dependencia familiar siguen siendo fundamentales para explicar cómo entienden la independencia, la autonomía y, en definitiva, la transición a la vida adulta.
El principio de "reversibilidad" que define los procesos de transición a la vida adulta de los jóvenes europeos en lo que se refiere a la educación, el mercado laboral y la formación de la familia, es aplicable también a los jóvenes españoles. En una sociedad de estructuras sociales cada vez más líquidas y flexibles, los jóvenes entienden su vida como un devenir marcado por el riesgo, la incertidumbre, la precariedad y la reversibilidad. De hecho son conscientes de que su condición de estudiantes, de empleados, de solteros, de independientes/ dependientes de sus familias son todas ellas situaciones transitorias y reversibles. La diferencia entre los jóvenes españoles y los jóvenes europeos es que los primeros contextualizan todas estas posibles situaciones en el entorno familiar, lo que en cierta medida reduce la percepción del riesgo y denota un significado diferente de la "independencia" que se asocia generalmente con el contexto familiar de la dependencia.
Los jóvenes españoles, al contrario que los jóvenes del norte de Europa, reaccionan ante la precariedad laboral, los cambios en los itinerarios formativos y el elevado precio de la vivienda asumiendo que una etapa del proceso de adquisición de la independencia se produce en el hogar familiar, teniendo como referente el apoyo económico y la solidaridad familiar de los padres. Por el contrario, los jóvenes europeos entienden esto como un proceso de dependencia que limita la autonomía e independencia personal. Los jóvenes europeos utilizan las ayudas institucionales públicas (en sus diferentes modalidades dependiendo del país) destinadas a este colectivo para gestionar su propia independencia y hacer frente a los riesgos económicos, laborales y formativos de la globalización, porque entienden que la adquisición de la independencia no es compatible con la dependencia familiar. Si bien es cierto que se han diversificado los caminos para lograr la independencia entre los jóvenes europeos, en el caso de los jóvenes españoles persiste en parte la reproducción de la cultura familiarista de la dependencia, en la que el Estado y las Administraciones (limitadas ayudas destinadas a los jóvenes), el mercado (precariedad y rigidez), y el sistema educativo (prolongación de los estudios y rigidez de las cualificaciones), han contribuido a que los jóvenes inicien su proceso de transición a la vida adulta dentro de los interiores familiares, en lo que se ha llamado el proceso de "adquisición de la independencia dentro del contexto de la dependencia familiar". Esto se ha producido en un contexto familiar tradicional en el que los jóvenes han interiorizado a través del proceso de socialización una serie de normas y valores asociados con el familiarismo y con el modelo familiar de varón sustentador, que se proyecta sobre la sociedad en forma de desigualdad de género en el mercado laboral, en la familia a través de la desigual división del trabajo familiar, la dependencia familiar y en las diferentes formas de participación social.
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Notas:
- [1]. Este concepto ha sido utilizado en sociología de la juventud en el ámbito de la red internacional EGRIS para definir los comportamientos sociales de los jóvenes que se caracterizan por ser cada vez más fluidos, discontinuos y reversibles en un continuo camino de ida y vuelta. Se trata de estilos de vida que responden más a deseos y a motivaciones personales que a determinismos normativos. Para más información ver: EGRIS (2001), Machado Pais (2000; 2007).
- [2]. Concepto utilizado por Machado Pais (2007: 32) para referirse a los apoyos financieros que reciben los jóvenes de sus familias para estimular el consumo como una forma percibida de independencia.
http://www.pensamientoiberoamericano.org/articulos/3/76/0/rasgos-caracteristicos-de-la-transicion-a-la-vida-adulta-de-los-jovenes-espanoles-en-el-marco-comparado-europeo.html


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