Pensamiento Iberoamericano
Número 1

Cohesión social: una visión desde América Latina

Eugenio Tironi y Bernardo Sorj

Universidad Católica de Chile - Centro Edelstein de Investigaciones Sociales

Número de páginas: 1
1

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Resumen: Este artículo es la versión preliminar del marco conceptual del proyecto Nueva Agenda de Cohesión
Social en América Latina, elaborado por el CIEPLAN y el Instituto Fernando Henrique Cardoso.
Argumentamos que la cohesión social asume características propias en cada sociedad y momento
histórico. Esto exige un esfuerzo de construcción teórica y empírica, capaz de dar cuenta de las especificidades
de las sociedades latinoamericanas, lo que representa a su vez una oportunidad de superar
cierto énfasis unilateral en las dimensiones económicas que caracterizó el pensamiento social
latino-americano en las últimas décadas. En la primera parte se hace un breve análisis de la noción
de cohesión social promovida por la Unión Europea, y se discute su aplicabilidad en América Latina.
En la segunda parte se intenta identificar el tipo de cohesión social que se ha dado en Latinoamérica
vis-a-vis Europa y los Estados Unidos, donde predominaron en la construcción de la cohesión social
el estado y el mercado, respectivamente. La tercera parte se aboca a distinguir algunas tendencias
que afectan la cohesión social en la región. En la cuarta parte y final, se formulan algunos lineamientos
e hipótesis que pueden ayudar a orientar una agenda de investigación multidisciplinaria sobre
la cohesión social en América Latina.

Palabras clave: Cohesión social, Europa, Estados Unidos, América Latina

Abstract: This article is the preliminary version of the conceptual framework for the New Agenda for Social
Cohesion in Latin America project, developed by CIEPLAN and the Fernando Henrique Cardoso
Institute. Its main argument is that social cohesion has particular characteristics depending on each
society and historical momentum. This requires an effort to elaborate a theoretical and empirical
framework, able to reflect the specificities of Latin American societies and at the same time to offer
the opportunity to overcoming the unilateral emphasis on economic dimensions that characterized
most of the Latin American social thinking from the last decades. The first part presents a brief
analysis of the social cohesion concept developped by the European Union and its applicability in
Latin America. In the second part the authors try to identify the Latin American social cohesion characteristics
compared to European and United States cases where the social cohesion development
was dominated by the State for Europe and Market for the United States. In the third part the
authors discuss some tendencies that effect on social cohesion in the region. In the fourth and final
part, some hypotheses are formulated in order to guide a multidisciplinary investigation agenda for
social cohesion in Latin America.

Keywords: Social cohesion, Europe, United States, Latin America

Resumo: Este artigo é a versão preliminar do marco conceitual do projeto Nova Agenda de Coesão Social na
América Latina, elaborado pelo CIEPLAN e o Instituto Fernando Henrique Cardoso. Argumentamos
que a coesão social assume características próprias em cada sociedade e momento histórico. Isto
exige um esforço de construção teórica e empírica, capaz de dar conta das especificidades das
sociedades latino-americanas, o que representa pela sua vez uma oportunidade de superar certa
ênfase unilateral nas dimensões econômicas que caracterizou o pensamento social latinoamericano
nas últimas décadas. Na primeira parte se faz uma breve análise da noção de coesão
social promovida pela União Européia, e se discute sua aplicabilidade na América Latina. Na
segunda parte tenta-se identificar o tipo de coesão social que se é dado na América Latina vis-àvis
a Europa e os Estados Unidos, onde predominaram na construção da coesão social o estado e o
mercado, respectivamente. A terceira parte pretende distinguir algumas tendências que afetam a
coesão social na região. Na quarta parte e final, se formulam algumas linhas e hipóteses que
podem ajudar a orientar uma agenda de pesquisa multidisciplinar sobre a coesão social na
América Latina.

Palavras clave: Coesão social, Europa, Estados Unidos, América Latina

Introducción

Que un grupo de individuos llegue a convertirse en una colectividad aglutinada en torno a un todo mayor a la suma de las partes, no es en absoluto baladí. Una larga tradición de pensamiento surge precisamente de la afirmación que esta cohesión es un logro, no el resultado automático de la naturaleza humana, del designio divino o de la mano invisible del mercado. La cohesión social se construye, se desarrolla y, si todo sale bien, se estabiliza en el tiempo; pero también se agota y, muchas veces, se quiebra. ¿Cómo sucede todo esto? ¿Qué permite que un conjunto de individuos acepten vivir en un orden colectivo que les reportará beneficios evolutivos, pero también sacrificios individuales? ¿Y cómo y por qué, a contramano, sus lazos sociales se erosionan y resquebrajan?

América Latina tiene problemas críticos: crecimiento económico inestable, pobreza y desigualdad, corrupción y violencia, ineficacia de los aparatos estatales, olas crecientes de emigración, entre muchos otros. Pero un énfasis unilateral en las dificultades no permite comprender como, a pesar de éstas, las sociedades latinoamericanas continúan funcionando y, muchas con razonables niveles de cohesión. Sin caer en apologías conservadoras resultaría saludable una inversión analítica en función de identificar los enormes recursos positivos de las sociedades latinoamericanas. Comparado a la mayoría de las regiones del mundo, éstas cuentan cuenta con una alta homogeneidad lingüística y religiosa, una tradiciónmente. Inclusive a nivel económico, las bajas tasas de crecimiento del ingreso per capita no dejan ver el esfuerzo enorme de países que, en medio siglo, cuadriplicaron su población. A esto se suma la capacidad de los individuos en Latinoamérica de producir sentido y desplegar estrategias de supervivencia y de solidaridad, lo que da lugar a un rico y vital tejido social.

¿Cuáles son -parafraseando al Presidente F.H. Cardoso- las "formas elementales de la cohesión social" en América Latina que aún subsisten, cuáles están afectadas por procesos de erosión o mutación irreversibles, y cuáles son las formas emergentes? [1] Una reflexión al respecto es más que pertinente, luego de un período en que las sociedades latinoamericanas han experimentado drásticas transformaciones, algunas de las cuales han derrumbado (voluntaria o involuntariamente) ciertas relaciones sociales de tipo tradicional sobre las que reposaba históricamente la cohesión social en muchos países de la región, sin ofrecer alternativas estables o inclusivas desde un punto de socio-económico, ni tampoco desde un punto de vista

institucional y simbólico. Esta cuestión ocupó un lugar central -de la mano, es cierto, del tema del conflicto social- durante gran parte del siglo veinte latinoamericano [2]. No obstante perdió peso a partir de los años setenta, con la hegemonía de un paradigma según el cual la cohesión social (o su ruptura) resulta automáticamente de la operación (o dislocación) del mercado, y del funcionamiento (o desajuste) de las instituciones públicas. La reflexión acerca de las construcciones simbólicas y los consensos básicos en base a los cuales se construye la imagen colectiva de "lo que somos y hacia dónde vamos" quedó así al margen de la corriente intelectual dominante de las últimas tres décadas. Esto corrió en paralelo con la colonización de la sociología por la economía y/o la ciencia política, y el predominio de una cierta tradición intelectual que asocia el estudio de los patrones socio-culturales de larga duración con una visión conservadora de la dinámica social.

La ausencia de una reflexión sobre cómo se construye la cohesión social en una región sometida a acelerados procesos de modernización quizás contribuya a explicar el surgimiento de respuestas populistas o fundamentalistas en diferentes países de América Latina o, al menos, la débil resistencia popular que éstas encaran. Por eso son tan importantes las contribuciones recientes realizadas por el BID y, en particular por la CEPAL a través de su libro Cohesión social. Inclusión y sentido de pertenencia en América Latina y el Caribe, que marca un hito en una reflexión que recién ahora se retoma en América Latina [3].

El problema de la cohesión social no es sólo un tema a estudiar; es también un problema a constituir, lo cual supone que quienes lo encaren adopten un punto de vista fundado en valores y contenidos normativos. Este artículo se hace cargo de este condicionamiento, y lo que busca es sumarse a un esfuerzo intelectual más amplio que se desarrolla en la región en este mismo sentido. En la primera parte se hace un breve análisis de la noción de cohesión social promovida por la Unión Europea, y discute acerca de su aplicación en América Latina. En la segunda parte se intenta identificar el tipo de cohesión social que se ha dado en Latinoamérica vis-a-vis Europa y los Estados Unidos. La tercera parte se aboca a distinguir algunas tendencias que afectan la cohesión social en la región. En la cuarta parte y final, se formulan algunos lineamientos para orientar una agenda de investigación sobre la cohesión social en América Latina.

I. El concepto de cohesión social:

orígenes, características y limitaciones

La pregunta acerca de cómo se mantienen unidas las sociedades es un asunto tan antiguo como la historia del pensamiento humano, y cada época ha tenido su forma específica de responderla. En cierto modo, esta es la pregunta que está en el origen de una disciplina particular: la sociología. Sin embargo, el uso contemporáneo del concepto de cohesión social se disemina en gran medida a partir de las elaboraciones de la Unión Europea (UE), la cual busca elaborar un discurso político que salvaguarde los valores, ideas e instituciones que dan origen al llamado "modelo social europeo", así como definir un horizonte deseable para las naciones que constituyen la UE o quieren integrarse a ella. Su definición de cohesión social, hoy ampliamente conocida, es "la capacidad de una sociedad de asegurar el bienestar de todos sus miembros, minimizando disparidades y evitando la polarización. Una sociedad cohesionada consiste en una comunidad de individuos libres que se apoyan en la búsqueda de estos objetivos comunes bajo medios democráticos". [4]

El concepto de cohesión social de la UE se contrapone casi explícitamente a lo que, generalizando, se podría denominar el "modelo estadounidense". A diferencia del caso europeo, en los Estados Unidos la cohesión social no se funda tanto en el Estado como en la sociedad civil, la ética individual y el mercado -que es el principal mecanismo de distribución del bienestar y el reconocimiento. Su promesa no es la igualdad o la fraternidad, sino la movilidad social asociada al mérito y al esfuerzo (el "sueño americano"). Va de suyo que la cohesión social es natural y altamente probable, y se pierde sólo en circunstancias excepcionales; en particular por efecto de las tensiones raciales. Esto es distinto en Europa, donde la cohesión social no está dentro de lo natural ni de lo probable: prueba de ello es que se ha fracturado numerosamente en su historia, sea mediante guerras, revoluciones o genocidios. El concepto europeo de cohesión social tiene como referencia la "cultura de derechos sociales" [5]. Cohesión social equivale a integración social mediante el acceso garantizado legalmente a diferentes funciones y recursos sociales que provee el Estado. La cohesión, por ende, no viene dada de antemano (de la naturaleza del individuo o de la sociedad civil), sino que se crea políticamente mediante la sanción legal de derechos que el Estado tiene la obligación de asegurar, independientemente de cualquier vínculo natural o tradicional.

Las actuales preocupaciones de la UE sobre la cohesión social tienen un trasfondo histórico concreto. El "modelo social europeo", fundado como se dijo en la garantía estatal de diversos derechos civiles, políticos, sociales, culturales, económicos, etc., enfrenta incertidumbres y complejidades de nueva índole que pueden conducir a fenómenos de "desintegración" o "fragmentación" [6]: la "globalización" que deslocaliza la producción y debilita a las empresas nacionales; los "valores neoliberales" que incentivan la competencia y el individualismo; la inflexibilidad al cambio por efectos del así llamado "exceso" de capital social; la erosión de la familia nuclear patriarcal basada en el hombre proveedor; la creciente ola de inmigración intra y extra europea. Esto, entre muchos otros procesos del mismo tipo, ha inducido a cambios en los patrones tradicionales de integración y producción de bienestar basados en la interacción de Estado, el mercado, el trabajo asalariado, la familia, y la sociedad civil [7]. Las consecuencias son nuevas divisiones y tensiones en la sociedad que, en el corto plazo, conducen a conflictos violentos (como los que azotaron las banlieu francesas el 2005) y, en el largo plazo podrían conducir al colapso del "modelo social europeo" y al tipo de cohesión social que reposa sobre éste.

Lo anterior ha conducido a que la "cultura de derechos" europea admita que los agentes encargados de la cohesión social están cambiando, y que es necesario redefinir la distribución de responsabilidades. Si bien la responsabilidad principal sigue recayendo en el Estado, la cohesión social pasa a ser el resultado de un esfuerzo más amplio que incorpora más centralmente a la familia, el mercado y la sociedad civil, incluyendo en ésta última a las empresas. La cohesión social, por lo tanto, no está referida solamente a las políticas públicas contra la exclusión social, sino también a otras dimensiones que generen sentimientos de solidaridad y permitan postular fines y responsabilidades comunes: confianza, asociatividad, acceso equitativo a la información, tolerancia, multiculturalidad, entre otras. Este tránsito a un sistema de cohesión social más abierto y donde participan más agentes, ha sido descrito como el paso de un "Estado de Bienestar" a una "Sociedad del Bienestar" [8].

¿Tiene sentido introducir en el debate latinoamericano esta reflexión promovida por la UE, volviendo en cierto modo sobre temas que estuvieron presentes en el pensamiento desarrollista de los años 50 y 60? La respuesta es definitivamente sí. Si se tienen en cuenta las transformaciones que han experimentado los patrones históricos de organización social en muchos de sus países, abrir ahora un debate sobre las formas de cohesión social en las sociedades de América Latina parece, más que pertinente, indispensable. Ahora bien, ¿es posible aplicar el instrumental conceptual y operacional desarrollado en la UE a la realidad latinoamericana [9]? Esto merece dudas. De partida, en Latinoamérica no hay ni ha habido nada parecido al "modelo social europeo", y por ende no hay un estado de cosas previo que evocar, mantener o recuperar. Pero lo más importante es advertir que la "cultura de derechos" en que descansa la noción europea de cohesión social ha sido históricamente escasa en esta región, por lo que difícilmente podría la cohesión social fundarse sobre aquella.

Es importante no pasar por alto tampoco ciertas características y limitaciones del concepto de cohesión social elaborado por la UE. Como subrayara Pedro Güell este no es un concepto académico construido para ser contrastado empíricamente; se trata más de un concepto (un "framming concept") que surge de foros políticos con la finalidad de consensuar una estratégica común frente a un problema histórico particular ya mencionado: el debilitamiento del "modelo social europeo" [10]. El valor de este concepto, por lo mismo, radica en su ambivalencia, no en su claridad conceptual; en su capacidad evocativa y normativa, no en su rigor científico: esto es lo que le permite "enmarcar" acuerdos estratégicos entre opciones que, sin un concepto de estas características, resultarían opuestas y hasta enfrentadas.

Para decirlo de otro modo, el concepto de cohesión social europeo surge de la necesidad de crear un espacio de convergencia entre las dos grandes tradiciones políticas que han dominado y siguen dominando el paisaje político de este continente, y que comparten entre sí el propósito de mantener, aunque con reformas, el "modelo social europeo". Estas tradiciones son la social-demócrata, con su énfasis en el Estado, la política y los derechos, y la socialcristiana, con su acento en la familia, la sociedad civil y la vida comunitaria. En suma, la noción europea de cohesión social tiene un origen y una función política; y esto es necesario asumirlo así para no pedirle al concepto algo que éste no puede ofrecer.

Lo anterior conduce a descartar la simple adaptación a la situación de América Latina del concepto de cohesión social y las herramientas para alcanzarlo elaborado por la UE. La tarea es más bien tomar sus aportes en función de construir un concepto que pueda incorporar las formas históricas que la cohesión social ha tomado en esta región.

II. La cohesión social en América Latina:

una mirada comparada

Una breve reflexión sobre América Latina desde una perspectiva comparada permite de inmediato iluminar las diferencias de esta región con Europa, así como con Estados Unidos, en lo que respecta a su "modelo" de cohesión social.

Grosso Modo existen dos puntos de vista para abordar el asunto de la cohesión social [11]: aquel según el cual ésta es un acontecimiento extremadamente improbable, que requiere por lo tanto ser construido y preservado minuciosamente; y aquel que, al revés, estima que la cohesión social es algo extremadamente realizable, y lo improbable es que las sociedades se desorganicen hasta el extremo de perder sus estructuras básicas de integración y solidaridad. La primera -como se sugirió antes- es la visión europea; la segunda la estadounidense [12].

A lo largo de su historia las sociedades civiles europeas, en numerosas ocasiones, han revelado su incapacidad para procurarse a sí mismas los fundamentos de su propia cohesión, los que debieron ser asegurados por el Estado. El presupuesto de la modernidad europea es, pues, que la cohesión social sólo se vuelve probable a través del Estado. En el caso estadounidense lo que prevalece es el mito de la creación de una sociedad nueva, basada en hombres iguales, libres e independientes, que tienen ante sí un territorio, extenso, rico e inexplorado, donde la cohesión social reposa naturalmente en la sociedad civil, el mercado y las asociaciones, con un Estado que cumple con velar por el orden y con aplicar las decisiones de la comunidad. El mercado se yergue como el principal mecanismo de distribución del bienestar y el reconocimiento, sobre la base de la promesa de movilidad social vinculada al mérito y al esfuerzo en un contexto de igualdad de oportunidades altamente idealizado (el "sueño americano"). Las circunstancias excepcionales en que la cohesión social se puede perder tienen que ver, primordialmente, con los conflictos raciales.

El presupuesto europeo de la improbabilidad de la cohesión social es menos visible en América Latina. Aunque la violencia ha estado presente a lo largo de toda su historia -hasta la actualidad-, no comparte con el viejo continente la experiencia de quiebres dramáticos y agonísticos del orden social. Ha habido y siguen habiendo diferencias y conflictos, desde luego; pero la cuestión relevante es si tales diferencias, como ha sucedido en la historia europea en forma recurrente, adquieren magnitudes críticas, lo que no ha sido la regla en Latinoamérica.

En gran parte de América Latina la diferenciación étnica fue neutralizada, con mayor o menor intensidad, por el mestizaje. La diferenciación religiosa fue prontamente superada por el modelo de evangelización latinoamericano, después de la discusión acerca del estatuto del alma indígena. La más reciente fractura de la unidad religiosa, con la emergencia del pentecontalismo desde mediados del siglo XX, no ha tenido un carácter traumático. La diferenciación política ha sido mitigada por un modelo de autoridad que sigue la tradición paternalista del patronazgo, el caciquismo y el populismo,que son todas formas de autoridad que se legitiman en el intercambio de favores y en la lealtad. Latinoamérica es un continente que -como siempre recuerda Alain Touraine- no ha tenido revoluciones políticas (salvo quizás la revolución mexicana), ni un radicalismo político de larga duración con sustento popular [13]. Lo que ha tenido son guerrillas armadas, que se asocian a la debilidad del Estado para integrar a las poblaciones rurales a los beneficios del desarrollo y para ejercer su dominio sobre el territorio, y violación a los derechos humanos por parte de los propios Estados contra sus ciudadanos -lo cual no contribuyó a legitimar el orden institucional, sino todo lo contrario.

En América Latina la experiencia del hambre no ha tenido tampoco el dramatismo que tuvo en la historia europea en los períodos de guerra, aunque en ciertas regiones, como el nordeste brasilero, lo fue hasta hace pocas décadas. Al igual que en los Estados Unidos, esto fue posible en gran medida por su baja densidad poblacional, especialmente en el mundo agrario. La entrada de los pobres en la ciudad fue sostenida por las políticas de subsidios del populismo, especialmente las políticas de control de precios. Ambos modelos -patronazgo en el campo y populismo en la ciudad- estaban basados en la lógica de la reciprocidad de favores y gasto a cambio de lealtades. Si bien esta lógica aplacó el problema del hambre extrema, por cierto tuvo otros efectos: entre otros, ineficiencia económica, déficit fiscal, inflación, atraso en la constitución de los mercados y corrupción.

Hay otras diferencias que pueden adquirir magnitudes críticas, como las diferencias entre naciones. El ejemplo paradigmático es la hecatombe del sistema de estados nacionales europeos en el siglo XX. En este plano las diferencias con América Latina son evidentes: con algunas leves y no comparables excepciones (Paraguay, Chile y Bolivia), la belicosidad entre Naciones y la pugna por cambios en las fronteras nacionales han sido escasas si se compara con cualquier otro continente [14].

Lo anterior lleva a pensar que, en la mayoría de la región latinoamericana, históricamente la cohesión social ha sido un hecho probable y estable en el tiempo. Pero con la excepción de algunos países del Cono Sur, difícilmente puede considerarse al Estado como el principal agente de la cohesión social, a diferencia de lo que ocurre en Europa. No obstante, aquí el orden tampoco se asegura reflexivamente desde la denominada "sociedad civil" en el sentido de los Estados Unidos, con la centralidad que éste le otorga a la propiedad, la ética individual, las asociaciones, y sobretodo al mercado. El punto de partida de América Latina es diferente. Una hipótesis a investigar sería que, en su caso, la cohesión social se ha sustentado básicamente en el plano de la cultura y la reciprocidad, con elementos como la comunidad, el mestizaje, la religiosidad, las relaciones familiares, el patronazgo, el caciquismo, el populismo, entre otros. Sin sustituirlos, estos elementos ocupan un lugar más central que el Estado, la sociedad civil o el mercado, al menos si se le compara con las trayectorias de Europa o los Estados Unidos.

Si se observa el papel del Estado en América Latina, se verá que éste no ejerce siquiera su dominio sobre partes importantes del territorio, incluyendo áreas de las grandes metrópolis donde sus agentes no pueden ingresar. No consigue tampoco implementar efectivamente el sistema legal y, en muchos casos, no es capaz de garantizar la demanda básica que los ciudadanos hacen al Estado: asegurar su seguridad personal; al punto que la inseguridad se ha transformado en casi todos los países en la principal preocupación de la población. En cuanto al mercado, éste juega un rol relevante en la creación de la cohesión social en América Latina; pero está lejos de ocupar el papel que ejerce en los Estados Unidos. Los elevados niveles de pobreza, las grandes diferencias en la distribución del ingreso, la poca movilidad social y el escaso acceso a la propiedad, tienden a imputársele a la acción del mercado; al tiempo que los valores asociados al mismo (competición, ambición, individualismo) generan fuertes resistencias de tipo cultural en sociedades que -como se dijo-descansan fuertemente en vínculos comunitarios de lealtad y reciprocidad. A esto hay que sumar que existe un importante porcentaje de la población cuya experiencia de mercado se desenvuelve en el mundo informal, sin acceso a leyes sociales ni protección a los riesgos de ningún tipo. Respecto al mundo de las asociaciones voluntarias, éste no juega tampoco un rol importante en América Latina, aunque crecientemente se están articulando movimientos desde la sociedad civil, en particular en la defensa de los derechos humanos, étnicos y ambientales.

III. ¿Qué está ocurriendo con la cohesión social en América Latina?

Algunas hipótesis

Si la cohesión en América Latina depende primordialmente de los vínculos sociales que tienen como soporte la cultura, entonces es fundamental observar qué está pasando con ellos como efecto de tendencias tales como la urbanización, la extensión de las relaciones de mercado, los cambios en el rol de la política y del Estado, la inserción de las economías en los procesos de globalización, la masificación de los medios de comunicación, las mutaciones en la familia y en el rol de la mujer, la transformación de la auto-representación de los grupos étnicos, la aceleración y diversificación de los flujos migratorios, entre otros.

América Latina se caracteriza por presentar altos niveles de desigualdad [15]. Ésta no sólo se expresa en los ingresos y el bienestar, sino también en la capacidad de su población para absorber o mitigar los riesgos y shocks externos(desempleo, enfermedad, retiro, etc.). No obstante lo anterior, lo que se observa es un cierto grado de tolerancia respecto a esta situación, lo que probablemente esté asociado a las elevadas expectativas de movilidad social que prevalecen en casi todos los países de la región [16]. En efecto, los estudios recientes de movilidad ocupacional y de ingresos a nivel intra e inter generacional revelan que las sociedades latinoamericanas están lejos de ser inmóviles: ellas muestran altos niveles de movilidad, aunque ésta se concentra preferentemente al interior de los grupos medios [17].

Como observa Patricio Meller, los patrones y expectativas de movilidad social en América Latina se explican fundamentalmente por el funcionamiento del mercado del trabajo y la educación [18]. De ahí que los problemas observados en los mercados laborales latinoamericanos son preocupantes: la mayoría de los trabajadores gana salarios bajos, los diferenciales de remuneraciones entre mano de obra calificada y no calificada son muy elevados y cada vez mayores, la probabilidad de pérdida del empleo es alta y sólo unos pocos trabajadores tienen mecanismos de seguros contra este riesgo. En cuanto a la educación, las familias de menores ingresos se resignan a que la actual generación no podrá cambiar sustancialmente su situación actual, pero esperan que la siguiente podrá lograrlo mediante una educación que les permitirán obtener mejores puestos de trabajo, mayores ingresos y más elevados niveles de consumo. En la medida que estas mayores expectativas se vean frustradas por el tipo de empleos que obtienen los jóvenes de los quintiles de menores ingresos, que cuentan ya con niveles educacionales mucho mayores que sus padres, puede producirse una significativa reducción del nivel de tolerancia respecto del statu-quo.

Las sociedades latinoamericanas son hoy predominantemente urbanas. De las 20 ciudades con más de 12 millones de habitantes en el planeta, cuatro están en Latinoamérica: Ciudad de México, Sao Paulo, Buenos Aires y Río de Janeiro [19]. Pero las ciudades de la región han crecido a ritmos muy desiguales. Lo que se ha creado es lo que algunos han llamado la ciudad dual: una cosmopolita, instruida y de clase media, y otra marginalizada, empobrecida y desencantada. Al igual que en Europa y los Estados Unidos, desde los años 50 y 60 en los países más desarrollados de América Latina la "cuestión social" se intentó mitigar a través del "soluciones urbanas". El resultado son extensas urbanizaciones creadas por el Estado, habitadas exclusivamente por las capas más empobrecidas, sin vida social, cultural ni económica propia, desconectadas de toda dinámica urbana, con elevados niveles de violencia y criminalidad y, en muchos casos, dominadas por el narcotráfico.

En América Latina, las redes familísticas han jugado históricamente un rol fundamental en la cohesión social, frente a Estados, mercados y sociedades civiles débiles. Diversos procesos en curso, en el marco de la llamada modernización e individuación, han conducido a grandes cambios en los hogares y familias en la región [20]. La estructura de los hogares se ha transformado, con aumentos en los hogares unipersonales y aquellos con jefatura femenina. Se ha debilitado la familia extensa, pero también el modelo de familia nuclear con hombre proveedor, que hoy representa apenas el 36% del total. La reducción de la fecundidad y los cambios en las relaciones de género y la auto-percepción de la mujer ha originado una caída en el tamaño promedio de los hogares, lo que permitió aumentar la participación laboral de la mujer e incrementar los ingresos monetarios de los hogares. La migración internacional también ha modificado la composición de los ingresos familiares por efecto de las remesas, y el papel mismo de las redes familiares en la provisión de bienestar. Hay un aumento en uniones consensuales y nacimientos fuera del matrimonio, así como un incremento en las separaciones y divorcios, con las dificultades subsiguientes para la sustentabilidad económica de las familias mono-parentales y el desarrollo de los niños. Al mismo tiempo el aumento de la expectativa de vida plantea mayores necesidades en materia de financiamiento y cuidado de los ancianos. Estas transformaciones de la familia hacen que quizás no pueda seguir ejerciendo el rol que ejerció históricamente en la creación de la cohesión social en las sociedades latinoamericanas; lo que coincide, sin embargo, con una inflación de expectativas sobre la misma ante los déficits que muestran otros soportes, como el Estado, el mercado y la sociedad civil en general.

Algo semejante ocurre con la educación. Como lo recuerda Carlos Peña, "mediante la educación las sociedades reproducen y configuran lo que pudiéramos llamar su conciencia moral, un puñado de valores y de principios que configuran su identidad. Esta función de la educación se acentuó especialmente en el período de formación de los estados nacionales" [21]. Durante el siglo XIX y parte importante del XX, las élites latinoamericanas "intentaron, mediante la escuela, generalizar códigos comunicativos, valores, hábitos y una memoria común que dieran forma a una comunidad política relativamente homogénea: la Nación". En los proyectos republicanos, la escuela fue "un instrumento de homogenización cultural"; y por sí misma ella se constituyó en un espacio imaginario en el que los alumnos, al igual que los ciudadanos, recibían un trato igualitario, con independencia de sus orígenes familiares o sociales [22]. Esta función se encuentra en crisis por una serie de factores, donde sobresalen las transformaciones en los principios de autoridad, los nuevos sistemas de comunicación e información y, sobretodo, los cambios experimentados en el campo de la educación [23]. Junto con su masificación, el foco de la educación escolar en Latinoamérica se ha desplazado desde la formación de capital social a la formación de capital humano para cumplir conlas expectativas individuales de movilidad social. A esto se suma que el sistema escolar tampoco sabe cuál de los diferentes relatos disponibles en el actual paisaje ideológico-si los más vinculados al interés individual, los más vinculados al Estado o los más vinculados a una comunidad determinada- son los adecuados a la hora de justificar y desarrollar su acción.

La implementación de políticas públicas que fomentan arreglos institucionales más descentralizados probablemente lleva a un sistema educacional con resultados menos cohesivos. Adicionalmente, si se analizan las reformas curriculares de los noventa en varios países de la región, se observará un debilitamiento del rol de la escuela como formadora de la identidad nacional, la cual es desplazada por el rol de formación de capital humano en función de satisfacer crecientes expectativas de movilidad social individuales. Los currículos, en efecto, enfatizan la formación instrumental y de competencias, dejando en un segundo plano la llamada formación "moral" o "republicana"; esto es, ciertos valores y disposiciones constructivas respecto al orden socio-político y socioeconómico. Ahora bien, si no hay una construcción cultural de la nación en el sistema escolar, en su sentido más profundo de comunidad de origen y destino, se corre el riesgo de multiplicar vía la escuela las tendencias disolventes de "lo común", ya presentes tanto en la lógica del mercado como en el clima cultural valorizador de la diversidad [24]. A todo esto se suma que las capacidades de socialización y de formación de la escuela están siendo erosionadas por las transformaciones de la familia, por un lado, y por el impacto de la TV y de las tecnologías de la información y el conocimiento (TIC), que abren las puertas a una cultura digital al interior de la cual la autoridad del profesor (y con ello la de la escuela) resulta severamente debilitada.

En el plano político, y tal como lo reporta el informe del PNUD del 2004, "La Democracia en América Latina", en muchos países de la región se observa una escasa capacidad del Estado democrático para hacer operar el Estado de Derecho e, incluso, para asegurar el control y dominio del territorio donde reinan otros tipos de legalidad dictadas por el narcotráfico, el caciquismo, las bandas, la corrupción o el clientelismo [25]. Aún en países donde el sistema legal tiene alcance nacional, este es aplicado con sesgos discriminatorios contra minorías étnicas, o mayorías tales como mujeres y pobres. En América Latina, junto a la pobreza económica existe una pobreza legal, que se relaciona con la negación de derechos civiles a los grupos más desfavorecidos, tales como protección contra la violencia o el acceso igualitario a las agencias de gobierno y a la justicia. Lo que hay, en suma, es una severa desigualdad de derechos y de garantías por parte del Estado.

A todo lo señalado antes se suma otro fenómeno que puede ser grave para la cohesión social: lo que Carlos Peña llama la pérdida de la dimensión deliberativa de la democracia, de manera que la política queda reducida, de una parte, a la astucia para conseguir la adhesión de los votantes (tarea que está a cargo de los políticos profesionales), y de otra a la pericia del policy maker [26]. Esto transforma la participación ciudadana en un mero ejercicio de agregación de preferencias, y reduce el papel de los partidos políticos al de simples agencias seleccionadoras de candidatos, despojándoles de su rol tradicional como agentes de una democracia deliberativa capaz de nutrir la cohesión social. Esto mismo ha promovido, también, el desplazamiento de la política por la public policy, concebida como actividad técnica exclusiva de expertos. Esto ha conducido a que las políticas públicas y hasta los programas sociales sean diseñados únicamente en función de su eficacia en asistir a grupos desfavorecidos o vulnerables, dejando de lado el hecho que ellos son también un "cemento" social"; que pueden ser "pegajosos", en tanto cohesionan a los miembros de una comunidad con aquellas visiones, símbolos e instituciones más generales que la sostienen. Probablemente como reacción ante el clientelismo populista, que hizo de esta dimensión "pegajosa" el objetivo último de las políticas públicas, lo cierto es que ahora se ha llegado al extremo opuesto: a una lógica tecnocrática indiferente a la forma como ellas se materializan - a lo que el Presidente Cardoso llamara el "como fare"- e insensible a la opinión de los grupos beneficiados [27].

En la totalidad de los países de América Latina se ha verificado en los últimos años un impresionante incremento en las tasas de escolaridad, lo cual podría contribuir a reducir los niveles de tolerancia al patrón histórico de desigualdad en la distribución del bienestar, de los derechos, del poder político y del reconocimiento. Se ha producido, así mismo, una ampliación del campo de la acción individual ante el debilitamiento de las normas, valores y lazos colectivos, en un contexto en que lo social ha sido cada vez más penetrado por el mercado. En muchos países las instituciones públicas y el sistema político son impotentes para asumir el papel de sustentación del pacto social entre ciudadanos libres e iguales, a través de la imposición de la ley y de la protección social. El resultado de esta amalgama de factores podría conducir a la erosión de aquellas condiciones básicas en que descansaba la cohesión social en Latinoamérica, lo cual plantea serias interrogantes para el futuro.

IV. Lineamientos para una agenda de investigación. Conclusión

A efectos de contar con una definición amplia de la cohesión social que facilite el diseño de una agenda de investigación sobre la misma en América Latina, ella puede ser definida provisoriamente como la capacidad dinámica de una sociedad democrática para absorber el cambio y el conflicto social mediante una estructura legitima de distribución de sus recursos materiales y simbólicos, tanto a nivel socio-económico (bienestar), socio-político (derechos) y sociocultural (reconocimiento), a través de la acción combinada de mecanismos de asignación como el Estado, el mercado, la familia, la sociedad civil y las redes comunitarias.

De tal definición se deriva que la cohesión social es un fenómeno multidimensional, y su comprensión requiere necesariamente una aproximación multidisciplinaria, pues involucra indicadores sociales, políticos, económicos y culturales. Dicho lo anterior, se pueden adelantar los siguientes lineamientos para la confección de una agenda de investigación sobre cohesión social en Latinoamérica [28].

La cohesión social es un fenómeno histórico y dinámico que responde siempre a un propósito normativo contingente. Toda sociedad genera alguna forma de cohesión. Los mecanismos para alcanzarla cambian de acuerdo con la historia. La evolución de la humanidad ha conocido diversas formas y mecanismos de organización y estabilidad social estables en largos períodos de tiempo. Dicho de otro modo no existe una teoría universal sobre cohesión social aplicable a cualquier realidad social en cualquier momento del tiempo y en función de cualquier agenda normativa. Por lo mismo, lo que interesa analizar es la mayor o menor cohesión social de una sociedad en función de determinados objetivos. En este caso lo que interesa es desarrollar un concepto y un programa de cohesión social (I) apropiado a la evolución histórica y estado actual de las sociedades de América Latina, (II) que dote a los individuos de capacidades para operar como agentes autónomos, con un sistema de prestaciones mínimas de carácter universalista y no contributivo respecto a ciertos bienes primarios, y (III) que fortalezca los valores y practicas democráticas como forma de resolver conflictos sociales y avanzar en el bien común.

No hay un "modelo único" de cohesión social: cada sociedad construye un modelo asociado a sus circunstancias históricas específicas. No hay un modelo "bueno" o adecuado, y otro "malo" o inadecuado de cohesión social. Un ejemplo claro de lo anterior es el contraste entre dos modelos: el estadounidense, cuyo eje central de integración social es el mercado y la movilidad social a través de éste (el "sueño americano"), y el modelo europeo-continental que se articula sobre la base de un Estado de Bienestar con un fuerte componente redistributivo, y la garantía de derechos sociales universales. Miradas las cosas desde América Latina, es natural la comparación con esos dos modelos, generalmente estilizados y un poco idealizados; pero hay que ser cuidadosos en que tal comparación no se transforme en una explicación por carencias; es decir, que todo se explicaría porque le "faltarían" tales o cuales atributos del modelo europeo o estadounidense. De lo que se trata no es evaluar cuan lejos o cuan cerca está esta región de esos modelos paradigmáticos, sino cuál es el "modelo" apropiado para afianzar su cohesión social a partir de su inconfundible trayectoria histórica.

La cohesión social resulta de una peculiar articulación entre el rol del Estado, del mercado, de las familias, de la sociedad civil y de las relaciones comunitarias. El peso relativo, las características propias y las dinámicas de interacción de estos agentes, instituciones o espacios sociales, configuran diferentes modelos, mecanismos y resultados en la asignación y distribución de los recursos materiales y simbólicos. Esto refuerza el carácter relativo del concepto de cohesión social, pues cada sociedad enfatiza, en cada momento histórico, diferentes dimensiones. Respecto a Latinoamérica, una hipótesis a explorar sería que, desde una perspectiva histórica, la cohesión social ha descansado primordialmente en las relaciones comunitarias y su sustrato cultural. A diferencia de Europa en América Latina no es el Estado el principal baluarte de la confianza en el orden social; pero el orden tampoco se asegura reflexivamente desde lo que se llama "sociedad civil" (o economía o propiedad), en el sentido estadounidense.

La oposición analítica a la cohesión social es la desintegración social o la anomia, no la exclusión social. En el sentido clásico de Durkheim, la anomia resulta de una sociedad incapaz de ofrecer a los individuos un marco normativo externo que ponga limite a sus deseos y pasiones, los lleve a sentirse partes de un todo, y conforme al cual puedan organizar rutinariamente sus vidas [29]. La anomia y la desintegración -así como su antítesis, la cohesión- son fenómenos sistémicos que involucran a la sociedad como un todo. Esto es diferentes a la inclusión social -y su opuesto: la exclusión-, con el cual muchas veces se confunde la cohesión social. La inclusión o exclusión se refieren a un asunto más limitado, como es el acceso relativo de ciertos grupos a los recursos sociales y/o al bienestar que resulta de ellos, así como a las percepciones que tienen los individuos o grupos, a partir de lo anterior, de su posición relativa dentro del ordenamiento social.

Los grados de desigualdad y movilidad social son básicos para comprender el fenómeno de la cohesión social. Existe amplia evidencia empírica sobre los altos niveles de desigualdad de América Latina en comparación con otras sociedades del mundo. Esto se expresa en múltiples dimensiones: ingresos, incorporación al mercado laboral, acceso a la educación, salud y otros bienes y servicios públicos, acceso a la tierra y otros activos productivos, funcionamiento de los mercados de créditos y laborales formales, participación e influencia política. Los efectos disruptivos de la desigualdad sobre el orden social y el bienestar de las personas son conocidos [30]; pero altos niveles de desigualdad pueden no tener efecto des-cohesionador, por ejemplo, si están acompañados de altas expectativas de movilidad social ascendente sostenidas tanto en procesos objetivos como en percepciones -como se da, por ejemplo, en el caso estadounidense-. Por lo mismo es necesario pasar desde la medición transversal sobre el estado de las diferencias entre diversos agregados sociales, al estudio longitudinal de las trayectorias individuales de las personas u hogares en el tiempo respecto de su bienestar y nivel de desarrollo; y estudiar también sus percepciones en relación a sus patrones de movilidad pasada y sus expectativas en relación a su movilidad futura [31]. El estudio de los componentes objetivos y subjetivos de la movilidad social es lo que permite conectar la desigualdad con la cohesión social.

Para comprender el fenómeno de la cohesión social hay que ir más allá de los mecanismos institucionales. Los análisis orientados por la oposición incluidos/excluidos induce a considerar los mecanismos institucionales (como empleo, educación y políticas sociales), y en algunos casos la familia y la etnia, como los factores básicos (cuando no únicos) de cohesión, dejando de lado otras formas asociativas dentro de las cuales los individuos encuentran solidaridad y sentido para sus vidas. Junto con analizar esos mecanismos institucionales, es preciso identificar las dinámicas de los tradicionales universos de sentido y pertenencia, como las religiones, el partido político, el sindicato, el barrio, así como de diversos grupos de afinidad que surgen en la actualidad en torno a la música, el deporte, el consumo de drogas, las pandillas, Internet, la emigración, etc. Estas formas asociativas, algunas de las cuales funcionan al margen de (o no directamente subordinados a) las grandes instituciones socializadoras y las políticas culturales tradicionales, son mediadores claves en las relaciones entre el individuo, el mercado y el Estado, y por lo mismo potentes generadores de cohesión social.

La cohesión social en los tiempos modernos no puede ser disociada del cambio y del conflicto social. Las sociedades modernas están en mutación constante, generando procesos de desintegración de las formas de sociabilidad establecidas, abriendo paso al mismo tiempo a nuevos mecanismos de integración, donde la participación y demandas de los ciudadanos juega un papel central. En las democracias más establecidas, como las europeas o la estadounidense, la legitimidad del conflicto social y la existencia de canales para la resolución demandas es considerado un acquis. Este no es el caso en América Latina, donde los sistemas políticos presentan enormes limitaciones y terminan fácilmente vehiculizando soluciones autoritarias. En el caso latinoamericano, por lo tanto, hay que prestar especial atención a los procesos de cambio y a los mecanismos de expresión y resolución del conflicto social.

La cohesión social depende críticamente del grado de legitimidad política del orden social. Un alto grado de legitimidad de las diferencias sociales y de los mecanismos de distribución y asignación de los recursos materiales y simbólicos puede mitigar el potencial crítico de tales diferencias o de un patrón cerrado de movilidad social. Desde un punto de vista democrático, indicadores de esta legitimidad son la confianza en las instituciones o el grado de participación democrática en sus dos sentidos: como concurrencia, es decir la participación en el proceso de toma de decisiones, bajo la premisa que los intereses de cada uno se contabilizan al tiempo de adoptar la decisión de que se trate; y la participación como diálogo o como deliberación, lo que implica aportar un punto de vista basado en creencias y argumentos en el proceso previo a forjar una decisión [32]. Pero ojo: la legitimación política de un determinado patrón de cohesión social no implica necesariamente la existencia de un régimen democrático -como lo prueba elocuentemente la experiencia de la Alemania nazi-. Democracia o rule of law, y cohesión social, son fenómenos diferentes.

En democracia, la cohesión social está condicionada por los mecanismos de movilización simbólica y política de los ciudadanos, los cuales establecen las condiciones de posibilidad de las políticas públicas. Una visión de la cohesión social estrechamente focalizada en las políticas públicas, sin una comprensión de los grupos sociales a los cuales se dirigen, corre el riesgo de olvidar que las sociedades democráticas modernas se mueven por visiones o proyectos de sociedad con las cuales la mayoría de los ciudadanos logra identificarse, y gracias a ellas sentir que la democracia es un valor central para sus vidas. Si bien la pobreza, la desigualdad, la falta de movilidad, la inseguridad, son un sustrato fundamental a partir de las cuales se construyen las dinámicas políticas, lo que en última instancia destruye la cohesión social en democracia son ideologías, movimientos o líderes políticos que movilizan y polarizan la imaginación y el debate público, conduciendo al desplome de las instituciones democráticas y del orden social. De aquí la necesidad de incorporar a la reflexión sobre la cohesión social el análisis de los modelos y discursos políticos.

La velocidad de los cambios a los que ha sido sometida una sociedad tiene efectos relevantes para la cohesión social. En el caso de América Latina, por ejemplo, es plausible la hipótesis que su tipo de cohesión social predominante puede verse amenazada por la reducción de la tolerancia a la desigualdad o por un desbordamiento de las expectativas de movilidad social por efecto de la escolarización, más que por una reducción en las oportunidades objetivas de acceso a los recursos materiales y simbólicos. Es particularmente relevante observar lo que ocurre en las elites políticas, económicas, religiosas, educativas, intelectuales, pues es sabido que éstas juegan un rol fundamental en la definición de los umbrales de tolerancia de las sociedades hacia el tipo de orden que las organiza.

La cohesión social no se quiebra como efecto mecánico de la "explosión de expectativas". El desbordamiento de expectativas no implica necesariamente una crisis del orden social. Tampoco se traduce necesariamente en un aumento de las demandas al sistema político: si así fuese, considerando los índices de desigualdad y pobreza en América Latina, sus sistemas democráticos ya habrían sido ampliamente superados. Como lo sugiere una numerosa literatura al respecto, es preciso observar las diversas formas como se canalizan, traducen o reconvierten las inquietudes y expectativas individuales en universos de sentido construidos al margen del sistema político (con su consecuencia en el surgimiento de la apatía política), de la legalidad (con la irrupción de la criminalidad) o incluso fuera de las sociedades nacionales (vía emigración). La famosa tesis de Huntington de que las democracias en los países en desarrollo son desbordadas por el exceso de demandas sociales, sólo se aplica en los casos en que estas demandas encuentran canales político-ideológicos capaces de presionar y poner en jaque al sistema político y, de ahí, el orden social en su conjunto [33].

Las crisis de la cohesión social son multicausales. Una crisis de legitimidad puede provocarse por cambios incrementos de los niveles de desigualdad objetivos, por un bloqueo de los mecanismos de movilidad social, por una reducción en los niveles de tolerancia subjetiva a la desigualdad, por una frustración de las expectativas de movilidad social, o simplemente por efecto de la perdida de confianza (natural o inducida por ciertas elites) en las instituciones.

El estudio de las percepciones subjetivas de la población es indispensable para la comprensión del fenómeno de la cohesión social. Como puntualiza CEPAL, la cohesión social se define dialécticamente, y en uno de sus polos están "las respuestas, percepciones y disposiciones de la ciudadanía" [34]. Esto vuelve necesario conocer, mediante encuestas y otros instrumentos semejantes, las percepciones subjetivas de la población respecto a dimensiones tales como: la legitimidad de las diferencias socio-económicas; las perspectivas percibidas de movilidad intra e inter-generacional; los niveles de polarización étnica, religiosa, social, territorial y política; los sentimientos de alienación y/o pertenencia y de discriminación; los grados de temor, inseguridad y vulnerabilidad, y su origen; los niveles de confianza en redes familiares e instituciones estatales; el sentimiento de pertenencia nacional; la legitimidad otorgada al régimen político, entre muchos otros factores que inciden críticamente sobre la cohesión social

La cohesión social se puede analizar al menos en tres escalas: macro, meso y micro. La macro-escala es aquella del imaginario simbólico de una nación: el grado de identificación que permite a cada individuo sentirse parte de un nosotros; de un mundo común ante el cual todos, más allá de sus diferencias, se pueden referir; aquello que induce a los miembros de una comunidad a sacrificar algunos derechos individuales en aras de ser admitido en una comunidad mayor. La meso-escala es aquella que toma aquellos imaginarios y los traduce estratégicamente en políticas e instituciones capaces de satisfacer las necesidades de los ciudadanos y de formalizar -al mismo tiempo- los valores que rigen a una comunidad y sus formas de asociatividad. En último lugar, la microescala son las prácticas sociales de los individuos y sus estrategias de construcción de identidades, sentidos y lazos sociales.

Estos son algunos lineamientos que podrían enriquecer una agenda de investigación que ya está en marcha en América Latina, y cuyos resultados podrían aportar a dar inteligibilidad a loscambios que experimenta la región, así como una orientación estratégica a las políticas públicas que apuntan a su desarrollo en democracia.


Notas:

  • [2]. Ver Germani, Gino (1968). Política y Sociedad en una época en transición: de la sociedad tradicional a la sociedad de masas, Buenos Aires:Paidos. También Cardoso, Fernando Henrique y Faletto, Enzo (1970). Dependencia y Desarrollo en América Latina, México: Siglo XXI.
  • [3]. BID (2004), "Social Cohesion in Latin America and the Caribbean; Analysis, Action, and Coordination" Documento preparado por el Sustainable Development Department bajo la supervisión de Antonio Vives, Manager a.i. Sus autores son Marco Ferroni, Mercedes Mateo y
  • [4]. Council of Europe. (2005). "Concerted development of social cohesion indicators.Latina y el Caribe. Libro dirigido por Ernesto Ottone y coordinado por Ana Sojo. Methodological guide", Council of Europe Publishing.http://www.coe.int/T/E/social_cohesion/ social_policies/03.Strategy_for_Social_Cohesion/.
  • [5]. Lo que viene a continuación se basa en una aportación de Biehl, Andrés. (2007). "Aproximación Europea al concepto de Cohesión Social". Documento CIEPLAN, elaborada en el marco del proyecto Nacsal.
  • [6]. European Committee for Social Cohesion (2004)."Revised Strategy for Social Cohesion". Estrasburgo: I.6. Ver también Esping-Andersen, Gosta et al.(2002), Why We Need a New Welfare State, Oxford, GB: Oxford University Press.
  • [7]. Esping Andersen, Gosta (1990). The Three Worlds of Welfare Capitalism, New Jersey, EE.UU:Princeton University Press; Esping Andersen,Gosta (1999). Social Foundations of Post-Industrial Economies, Oxford, GB: Oxford University Press. Ver también Sapir, André (2005), "Globalisation and the Reform of European Social Models", presentación en ECOFIN Informal Meeting, Manchester, 9 de septiembre.
  • [8]. Council of Europe. (2005). "Concerted development of social cohesion indicators. Methodological guide", Council of Europe Publishing.
  • [9]. El instrumental operacional está constituido básicamente por los indicadores de Laeken, definidos por la UE el 2001, y que transformaron la cohesión social en un objetivo a alcanzar y, al mismo tiempo, en un programa a ejecutar. Al respecto ver CEPAL (2007), Capítulo II.
  • [10]. Intervención de Pedro Güell en Seminario Interno de Trabajo de CIEPLAN en el marco de Nacsal. 9 de noviembre de 2006, Santiago de Chile
  • [11]. Lo que viene a continuación está extraído de Valenzuela, Eduardo. "Notas sobre fundamentoshistóricos de la cohesión social en América Latina", CIEPLAN, Documento de trabajo elaborado en el marco de Nacsal. Octubre 2006, CIEPLAN, Santiago de Chile. Ver también Cousiño, Carlos y Valenzuela, Eduardo (1994). Politización y Monetarización en América Latina. Santiago de Chile: Cuadernos del Instituto de Sociología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
  • [12]. La literatura acerca de las diferencias entre las sociedades europeas y la norteamericana es extraordinariamente rica y abundante. Como
  • [13]. Ver Touraine, Alain (1988). La Parole et le Sang. Politique et Societé en Amérique Latine. Paris. Éditions Odile Jacob. También Portes, Alejandro y Hoffman, Nelly (2003). "Las estructuras de clase en América Latina: composición y cambios durante la época neoliberal", Serie Políticas Sociales Nº68. División de Desarrollo Social. CEPAL.
  • [14]. Zenteno, M. (1997). "Blood and Debt: War and Taxation in Nineteenth-Century Latin America". American Journal of Sociology. Volume 102 Number 6 (May 1997): pag. 1565-1605.
  • [15]. Ver CEPAL, 2007, Capítulo III. También Gasparini, L., Haimovich, F., Pacheco, A. (2006), "Mercados Laborales y Cohesión Social en América Latina". Trabajo realizado en el CEDLAS para el proyecto Nacsal.
  • [16]. Graham Carol, y Stefano Pettinato (1999), "Assessing Hardship and Happiness: Trends in Mobility and expectations in the new Market Economies". Center on Social and Economic Dynamics, Working Paper No. 7.
  • [17]. Ver en Pérez Bannen, Sebastián. (2007). "Apuntes de movilidad y cohesión social en América Latina". CIEPLAN, Documento de trabajo elaborado el marco de Nacsal.
  • [18]. Meller, Patricio (2007). "Mercado del Trabajo y Cohesión Social", CIEPLAN, Documento de trabajo elaborado en el marco de Nacsal.
  • [19]. Tironi, Eugenio y Manuel Tironi (2006). "Cohesión social y cuestión urbana. La experiencia europea y una agenda de reflexión para América Latina", Santiago de Chile: Documento CIEPLAN no publicado.
  • [20]. Lo que viene a continuación se basa en aportes de Larrañaga, Osvaldo (2007)."Familia y Cohesión Social en la actual América Latina", Documento de trabajo elaborado el marco de Nacsal. Ver García B y O Rojas: "Recent transformationsin Latin American families: a sociodemographic perspective", El Colegio de México, sin fecha.; Arriagada, Irma. 2002. "Cambios y desigualdad en las familia latinoamericanas". Santiago: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), División de Desarrollo Social. Todas las tendencias que a continuación se exponen admiten diferencias según estrato
  • [21]. Carlos Peña González, (2006). "Notas sobre algunos problemas de la cohesión social (Borrador)". CIEPLAN, Documento de trabajo elaborado en e
  • [22]. Schnapper, Dominique (2001), La Comunidad de los Ciudadanos, Acerca de la Idea Moderna de Nación, Madrid: Alianza Editorial.
  • [23]. Lo que viene está basado en Cox, Cristián. (2007). "Educación y Cohesión Social, Conceptos e ideas iniciales de un proyecto". CIEPLAN, Documento de trabajo elaborado en el marco de Nacsal.
  • [24]. Ver Cox, C., Lira, R., Gazmuri, R. (2007). "Currículos escolares y sus orientaciones sobre historia, sociedad y política: significados para la cohesión
  • [25]. PNUD (2004), La Democracia en América Latina. Hacia una Democracia de ciudadanas y ciudadanos. Buenos Aires: Alfaguara.
  • [26]. Peña González, Carlos, op. cit.
  • [27]. Intervención del Presidente F. H. Cardoso en Seminario Internacional CIEPLAN e iFHC, "¿Misión Imposible?, Crecimiento Económico y Cohesión Social en América Latina". Miércoles 26 de julio de 2006. Casa Piedra, Santiago, Chile.
  • [28]. Estos lineamientos, de hecho, son los que han guiado el trabajo de los diferentes investigadores que han contribuido al proyecto Nueva Agenda de Cohesión Social en América Latina (Nacsal), dirigido por CIEPLAN (Chile) y el iFHC (Brasil).
  • [29]. Durkheim, Emile (1983), Le Suicide. Paris: Presse Universitaire de France. También Steven Lukes (1973), Emile Durkheim. His Life and Work: A Historical and Critical Study. Great Britain: Pinguin Books.
  • [30]. Wilkinson, Richard G. (2005), The Impact of Inequality. How to make sick societies healthier. New York: The New Press.
  • [31]. Ver al respecto Graham y Pettinato, op. cit. También Birdsall, Nancy and Graham, Carol (2000). New Markets, New Opportunities?. Economic and Social Mobility in a Changing World. Washington, Brookings Institution Press.
  • [32]. Peña González, op. cit.
  • [33]. Huntington, Samuel P. (1986), Political order inchanging societies, New Haven: Yale University Press.
  • [34]. CEPAL (2007), op. cit
  • [].

Pensamiento Iberoamericano

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