TAMAÑO LETRA
Mientras nos vamos acercando a los dos siglos de vida independiente en gran parte de América Latina, resulta evidente que la región sigue estando lejos de alcanzar los niveles de bienestar propios de las áreas más desarrolladas del mundo. Los cambios estructurales de las últimas dos décadas han sido ciertamente importantes, sobre todo en las orientaciones de la política económica, pero aún están por verse sus efectos sobre el crecimiento y la cohesión social. En una perspectiva histórica de larga duración -la longue durée de F. Braudel- se han sucedidos distintos ciclos de modernización, unos a otros, en "larga duración" sin que ninguno de ellos haya logrado que la región deje atrás las fuerzas centrípetas de un atraso que ha cambiado sus formas, pero ha conservado gran parte de la sustancia. Una mezcla cambiante de los mismos factores, y en particular, la baja calidad de las instituciones, la elevada segmentación social, la vulnerabilidad ante el cambiante contexto internacional, la aguda heterogeneidad productiva, la escasa capacidad de ahorro, la fragilidad democrática y las grandes masas de personas condenadas a la pobreza. América Latina es un "Lejano Occidente" cíclicamente atravesado por cambios que, sin embargo, no alteran un cuadro general del que los rasgos señalados son los trazos esenciales.
Los procesos de desarrollo parecen, en parte, indescifrables. No hay fórmulas fijas, y dependen del equilibrio variable de factores que se ajustan en contextos históricos cambiantes. Por ello, es difícil determinar por qué América Latina, a pesar de registrar avances en varios ámbitos, se resiste a emprender la andadura que conduce a la elusiva meta del desarrollo. Si se observa la región con perspectiva histórica, encontramos aceleraciones y frenazos bruscos, en distintos ciclos políticos, y dificultades para establecer rumbos firmes de convergencia interna e internacional. Pareciera que los cambios no pudieran inducir un circuito de retroalimentación capaz de establecer y consolidar mecánicas, automatismos y "círculos virtuosos" de naturaleza endógena. En ese escenario destacan dos continuidades en estrecha relación simbiótica: la baja calidad institucional y la aguda segmentación social, antes primordialmente rural, ahora crecientemente urbana ¿Cuál es la variable independiente? ¿Existe un "primum mobile" en el que se pueda incidir para eliminar los obstáculos que se han interpuesto históricamente al crecimiento sostenido, a la cohesión social y a la sostenibilidad ambiental? En tal caso, ¿cuál es? Tal vez no exista ninguno, sino una maraña de concausas que, con el tiempo, se han hecho más resistentes al cambio.
Una cosa es cierta: el pasado sigue gravitando sobre el presente como recordatorio de tareas incumplidas o cumplidas de manera no satisfactoria. En la segunda mitad del siglo XIX la región protagoniza un prolongado ciclo de consolidación institucional conservando estructuras económicas semicoloniales; en las décadas centrales del siglo XX se activa una brusca aceleración
industrial sobre bases agrarias quebradizas y, desde hace dos décadas, se enfrenta al reto de acelerar procesos de regionalización en un contexto global en el cual el estado nacional pierde centralidad, al mismo tiempo en que, sin embargo, ese mismo estado aún no es capaz de cumplir la tarea de la integración nacional. En otros términos, pareciera que América Latina es empujada cíclicamente a dar nuevos pasos adelante, sin haber consolidado los pasos previos.
Una historia antigua que sigue actual.
Esta reflexión ha estado presente en la preparación de este primer número de la nueva época de Pensamiento Iberoamericano, que pretende realizar una radiografía del presente a través de temas que establecen al mismo tiempo cuestiones críticas no resueltas y retos para el futuro inmediato. El momento parece oportuno. Quedaron atrás paradigmas que, a menudo, fueron elevados a la categoría de dogmas, como el "Consenso de Washington". Éste pudo corregir excesos monetarios o fiscales de la etapa anterior, pero no resolvió, y en algunos casos agravó, los problemas clásicos del desarrollo latinoamericano, ahora en un escenario de globalización más exigente. Sin embargo, no ha aparecido ningún modelo dominante, lo que abre oportunidades para enfoques más pragmáticos y que respondan en mayor medida a las condiciones de la región. Es un momento de agendas abiertas y no de consensos cerrados.
Lo que pretende este número es analizar, de manera abierta, la agenda del desarrollo. Esa agenda se ha ampliado al incorporar cuestiones como la seguridad ciudadana o los flujos migratorios, que expresan cómo América latina se inserta en las complejas dinámicas de la globalización. Entre las aportaciones que se incluyen se encuentra el ensayo sobre el presente económico de la egión y sus perspectivas en un contexto de reformas estructurales que quedan en la espera (J.L. Machinea) y un ensayo sobre el presente regional en la óptica de las experiencias más exitosas
de salida del atraso en otras partes del mundo (U. Pipitone). También se aborda el regionalismo y su papel como estrategia de desarrollo y de mejora de la inserción internacional, del TLC de América del Norte al Mercosur (J.A. Sanahuja y L. Valls). Siguen contribuciones sobre un abanico de aspectos críticos del presente regional, que van de la pobreza (A. Ayuso) a los procesos
migratorios (E. Ruiz), de la condición de la mujer (M. Lamas) a los problemas de la seguridad ciudadana (F. Carrillo-Flórez). Hace falta mencionar el artículo sobre uno de los casos latinoamericanos más interesantes en años recientes tanto en términos de crecimiento económico como de consolidación institucional, el de Chile (E. del Campo).
El número ha incluido las cuestiones del medio ambiente y de la energía (M. Schaper, S. Beltrán y E. Zapater), que plantean el desafío crítico del desarrollo sostenible, y la necesidad de establecer redes energéticas capaces de alimentar un nuevo ciclo de crecimiento económico.
Que esta número pueda ver la luz se debe a la colaboración de los autores y autoras que, con distintas procedencias dentro del mundo iberoamericano, han contribuido con su esfuerzo y reflexión, que los coordinadores quieren agradecer. Ese agradecimiento también se extiende a los co-directores de la nueva etapa de Pensamiento Iberoamericano, Rosa Conde y Juan Pablo
de Laiglesia, y a Ignacio Soleto y Alfonso Gamo, del Centro de Estudios para América Latina y la Cooperación Internacional (CeALCI) de la Fundación Carolina, por su invitación a asumir esta
tarea, y su apoyo entusiasta en todo el proceso.
Confiamos que este número inaugural de la revista pueda ser un instrumento útil para un nuevo ciclo de reflexiones sobre la realidad y las perspectivas de una región del mundo que no puede dejar de tener el desarrollo, la lucha contra la pobreza, la conservación del medio ambiente y la gobernanza democrática como cuestiones centrales de su presente y futuro inmediato.
http://www.pensamientoiberoamericano.org/articulos/0/19/0/introduccion.html


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