TAMAÑO LETRA
De uno de esos sectores se ocupan Massiel Guerra y Valeria Jordan. En su trabajo titulado “Políticas Públicas de Sociedad de la Información en Iberoamérica: ¿una misma visión?” abordan el sector de las TIC, de gran incidencia en el conocimiento y la innovación y que ha experimentado un desarrollo espectacularmente rápido, sorprendiendo a los gobiernos y a la sociedad. La irrupción de estas Tecnologías de la Información y la Comunicación, en un momento en que aún no se habían desarrollado otras áreas fundamentales, obligó a reformular las políticas tradicionales, para hacer frente a unas tecnologías instrumentalmente transversales que imponen importantes retos a la gestión pública. La agenda de política en TIC, dicen las autoras, tienen que materializarse en acciones concretas que debe plasmarse en una estrategia definida y planificada. Dicha estrategia pasa por coordinar el sector público, las empresas privadas, los miembros de la sociedad civil, entre otros, promoviendo alianzas estratégicas y dotando los recursos necesarios, sin los cuales sería difícil avanzar rápida y sostenidamente.
Cecilia Castaño Collado y Ana M. González Ramos también abordan el papel de las TIC, pero con una perspectiva distinta. Parten de la base de que uno de los retos más importantes para todos los sectores de la economía y áreas de conocimiento, en especial para las ramas más innovadoras, es la incorporación plena de las mujeres. La Encuesta de Innovación Tecnológica, que permite conocer algunas características de los recursos humanos empleados en actividades innovadoras, muestra que las mujeres siguen siendo muy escasas en el sector TIC, aunque mejoran su posición en las ramas de alta tecnología. Las autoras afirman que existen obstáculos en el reclutamiento y la promoción de las mujeres en las empresas innovadoras del sector TIC, pero en algunas áreas ya se están adoptando nuevos comportamientos. Las áreas TIC, con culturas más cercanas a la organización tradicional del sector industrial, son poco favorables a la incorporación de las mujeres en términos de igualdad con los varones. Por el contrario, el sector de servicios de tecnología punta es el más innovador tanto en las actividades desarrolladas como en la composición de sus recursos humanos.
Una perspectiva diferente abordan Roberto Feltrero y Eduardo de Bustos. En “Usuarios e innovación: la apropiación de la tecnología como factor de desarrollo epistémico” examinan los nuevos modelos de innovación distribuida, autogestionada y autónoma que aparecen en la sociedad del conocimiento, utilizando como ejemplo de gran éxito las comunidades de software libre que se apropian de ciertos recursos tecnológicos para la producción del conocimiento, adaptándolos y transformándolos para organizarse y trabajar en sus comunidades virtuales. La apropiación de las tecnologías digitales por las comunidades de científicos está poniendo al alcance de los ciudadanos todo tipo de recursos de científicos que pueden promover nuevas formas de innovación social también en este campo, cuyo modelo de participación e innovación científica podría ayudar a cerrar las actuales brechas en la producción de conocimiento (entre países pobres y ricos, por ejemplo) pues, por un lado, posibilita la independencia y capacidad de las comunidades científicas para acometer los proyectos necesarios en cada contexto y, por otro, democratiza la ciencia de modo que la ciudadanía puede disponer de, y aplicar en la vida diaria, sistemas y recursos científicos de análisis, crítica y control de los riesgos. Pero, además, ese tipo de participación directa en los procesos de innovación puede propiciar que los propios ciudadanos se conviertan en nuevas fuentes de innovación que amplíen el rango y los objetivos de la investigación científica, garantizando la relevancia de sus resultados para la sociedad.
Finalmente, Eulalia Pérez Sedeño aborda una innovación conceptual y de perspectiva que, a su juicio, ha contribuido enormemente al conocimiento y la innovación, hasta el punto de variar, no sólo los contenidos mismos de ese conocimiento y la concepción misma de muchas (o partes de) disciplinas, sino, sobre todo, la vida misma de muchas personas. El concepto o perspectiva de “género” ha permitido comprender que el acceso controlado a recursos y oportunidades está determinado socialmente por conductas, valores y actitudes, que no tienen que ver con el sexo biológico, sino con normas o comportamientos sociales y culturales que atribuyen a las mujeres un estatuto de inferioridad, en muchas ocasiones legal, social e intelectual. La privación del conocimiento, con todo lo que eso lleva consigo, no sólo ha supuesto una injusticia social, sino que ha privado a la humanidad de los talentos y recursos de una de sus mitades, algo que las economías actuales han reconocido no se pueden permitir.
La historia de nuestros países parece tener una deuda pendiente con los procesos de modernización, en especial en ciencia y tecnología. En periodo de crisis como el actual, es necesario profundizar en dichos procesos y corregir sus defectos, en especial atendiendo los nichos ecológicos y sus contextos, para que no se corra un peligro bastante habitual: pretender estar de vuelta sin haber hecho el camino de ida. En ciencia, tecnología e innovación, se le puede añadir, además, otro peligro. Porque este conocimiento no será innovador, la innovación será hueca o vacía, si no consigue la plena igualdad de todos los seres humanos, si no distribuye la riqueza de manera justa y equitativa, de manera que afecte por igual a hombres y mujeres, a países del norte y del sur, de centro y periferia y a todas las razas.


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