Pensamiento Iberoamericano
Número 4

Cimarronaje y afrocentricidad: los aportes de las culturas afroamericanas a la América Latina contemporánea

José Jorge de Carvalho

Universidad de Brasilia

Número de páginas: 5

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II. Una Diáspora escindida

De lo anterior se deprende que la identificación construida entre los afroestadounidenses y afroiberoamericanos no podría ser sino una compleja, contradictoria y hasta esquizofrénica relación, por el doble vínculo que implica, tal como teorizado por Gregory Bateson. Por un lado, los Estados Unidos proponen, promueven y construyen las bases de la unidad de la Diáspora e invitan a los afrodescendientes negros de Iberoamérica a que se sientan hermanados con los afrodescendientes negros norteamericanos. Por otro lado, la nación norteamericana afirma siempre su diferencia y singularidad, reservándose inclusive el derecho de actuar unilateralmente cada vez que siente amenazado su poder. De este modo, los afroestadounidenses (que no pueden dejar de asumirse como parte de la nación norteamericana) se presentan simultáneamente como semejantes y como distintos de los afroiberoamericanos.

Podemos detectar esa ambivalencia y esos conflictos de identificación al percibir los distintos modos como el evento de Durban es narrado y evaluado por la intelectualidad negra iberoamericana [5]. En Brasil, que llevó la más grande delegación a Sudáfrica, se emplea hasta ahora un mínimo de énfasis respeto a la salida de la delegación norteamericana de la Conferencia. Ya en el caso de Uruguay, el boicot es criticado con vehemencia. Romero Rodríguez, director de Organizaciones Mundo Afro, y un importante liderazgo continental, hizo la siguiente evaluación:

“El racismo es muy perverso: por una conferencia con el tema de racismo ... EEUU quedó aislado ... [y] es la quinta conferencia de la que se levantan. Se levantaron y se fueron. No votaron las acciones para nosotros. Eso significa menos recursos económicos.” (citado en Ferreira 2003:74).

Las respuestas brasileña y uruguaya ilustran dos actitudes distintas que he podido identificar hasta ahora. Probablemente el tema regresará con nueva intensidad después de la realización de Durban II en abril de 2009 en Ginebra.

El imaginario diseminado por la industria cultural norteamericana enfatiza el surgimiento de un momento “pos-racial” de la historia de los Estados Unidos. Dicho en otros términos, el establishment blanco se propone construir un momento nuevo en que supuestamente queda resuelto el llamado “problema negro”, conflicto racial que se había vuelto dramático en los años sesenta con los grandes enfrentamientos públicos y sobre todo con los asesinatos de varios líderes negros, como Malcolm X y Martin Luther King. Esa gran lucha estaría ahora superada con la elección de Obama y se pretende que la nación pueda marchar ahora unificada, por primera vez en su historia. Tal marcha unificada puede significar que la cuestión racial no deberá ser más invocada como presupuesto de diferencia. Y toda la imagen de diferencia –simbólica, estética, política, espiritual, hasta ambiental– de la Diáspora africana en el Nuevo Mundo con que fueron construidas las comunidades afroiberoamericanas con sus tradiciones culturales específicas ya no coincide con la nueva imagen que el sistema quiere proyectar de los afronorteamericanos, ahora plenamente integrados (por lo menos simbólicamente) al proyecto capitalista occidental de dominación global.

Toda la nueva movilización por ciudadanía y por la afirmación de los valores culturales de las comunidades afroiberoamericanas pasa por una crítica profunda del mito de la democracia racial y por una toma de posición firme de que nuestras sociedades son racistas en su constitución; y más aún, que ese racismo todavía está vigente de un modo inequívoco en toda Iberoamérica. Serán justamente aquellos que se oponen a las políticas públicas de acción afirmativa para la población negra que se utilizarán de esa metáfora de una sociedad pos-racial para acusarnos de anacronismo: ¡todavía hablamos de racismo cuando la novedad de Obama es abolir la raza! [6]

Barack Obama es la persona de fenotipo negro que se volvió más poderosa, quizás en todo el mundo, en los últimos cinco siglos. Ese largo y letal período de la historia humana fue marcado por la consolidación del sistemamundo, como lo teorizó Immanuel Wallerstein; por la consolidación de la propia idea de Occidente y de América, como lo teorizó Aníbal Quijano; por la consolidación del capitalismo y el colonialismo como forma general de organización de la sociedad y la economía, cuyo ensayo social y económico de confinamiento de la fuerza de trabajo en las fábricas fueron, como lo teorizó Eric Williams, las plantations, construidas a partir del siniestro régimen de la trata de esclavos africanos; y por la consolidación del racismo característico de la modernidad capitalista, lo que he teorizado bajo el concepto de “racismo fenotípico” [7].

Inserta en esa gran moldura, la figura de Obama está plagada de ambigüedades. En primer lugar, porque su biografía no está conectada ni con la lucha de los descendientes de esclavos en el Nuevo Mundo ni mucho menos con las luchas africanas de liberación del colonialismo y el racismo. En este sentido, él no se asemeja al perfil biográfico de un Nelson Mandela, que sufrió opresión racial, exilio y encarcelamiento y aún así llegó a presidente de Sudáfrica; y ni se compara con la de Toussaint L´Ouverture, quien nació esclavo y llegó a ser el primer Jefe de Estado negro de un país del Nuevo Mundo. Sin embargo, independientemente de su biografía, Obama está asociado fenotípicamente a los afrodescendientes. O sea, aunque sea descendiente de africanos y no de ex-esclavos de origen africano, Obama es posicionado mediáticamente como un norteamericano de fenotipo negro, y por ello es asimilado a la comunidad afroamericana –y así pasa a participar, por una vía indirecta, de la Diáspora africana en el Nuevo Mundo–.

En una primera lectura, la imagen de Obama se presenta como extremamente positiva para los jóvenes negros de la Diáspora: a despecho de las grandes contradicciones encarnadas en su persona, transmite la idea de que todas las posibilidades se abren ahora para los negros, por lo menos en el campo del poder (tan codiciado en nuestra época) [8]. Por otro lado, en la medida en que es presidente del país más poderoso de las Américas y que mantiene una relación claramente opresora con Iberoamérica, su presencia, como líder de Estados Unidos, impone de nuevo una relación de subalternidad con los afroiberoamericanos en, por lo menos, dos planos. En primer lugar, porque el impulso de identificación hacia él significa una reafirmación de la saga norteamericana como la saga dominante de la Diáspora, ofuscando las contradicciones internas y relaciones opresivas entre negros y blancos en aquél país. En segundo lugar, hay una dialéctica imperialista entre el Norte y el Sur de la Diáspora que no será desmontada por Obama: él, un hombre negro, está en la posición de ejercer poder y opresión sobre los negros de Iberoamérica [9].

Desde el punto de vista del pensamiento iberoamericano, entonces, Obama invirtió el sentido del imaginario negro anti-esclavista y anti-racista. Durante los últimos 500 años, el fenotipo negro estuvo asociado a los oprimidos por el colonialismo y el capitalismo: en líneas generales, ser negro ha significado hasta recientemente posicionarse en el lugar del oprimido. A partir de ahora, ser negro en el espacio diaspórico significará no solamente estar en el lugar de comando, de jefatura, sino también en el lugar del ejercicio de la opresión, de la explotación, de la violencia militar más intensa. Por supuesto, hablamos aquí de hipótesis y suposiciones, basados en la trayectoria de Obama hasta ahora. Todavía no sabemos qué tipo de diálogo él establecerá con los afroiberoamericanos. La expectativa hacia a él es muy grande y estamos hablando de un espacio imaginario, capaz de suscitar proyecciones e identificaciones a veces conflictivas con relación a la coyuntura histórica.

Resumiendo, la diferencia está en que hasta ahora, en general, la perspectiva de todos los líderes de la Diáspora era la perspectiva anti-hegemónica, anti-opresora, anti-imperialista, descolonizadora. En eso coincidieron los líderes cimarrones que construyeron comunidades, como Zumbí, Benkos Bioho, Makandal; los artistas e intelectuales que formularon el cimarronaje cultural y la perspectiva afrocéntrica, como Abdias do Nascimento y Zapata Olivella; y finalmente los políticos que alcanzaron la condición de jefes de Estado también en la perspectiva descolonizadora y anti-imperialista, como L´Ouverture y Mandela. Ahora, la inversión radical de la imagen del hombre afroamericano producida por Obama exige una reconceptualización profunda del sentido actual de la Diáspora africana en las Américas. Es un cambio de poder sin precedentes en la historia del capitalismo moderno, construido con base en el régimen de la esclavitud y que generó lo que llamo de racismo fenotípico, que una persona con el fenotipo del oprimido ocupe el puesto máximo de poder hasta ahora ocupado exclusivamente por personas con el fenotipo del opresor. Será bajo el telón de fondo de esa coyuntura de conflictos, ambivalencias y expectativas inmensas en las áreas de la políticas, la economía y las relaciones raciales que deberemos interpretar los aportes específicos y actuales de las culturas afroamericanas en América Latina.

III. El cimarronaje como una marca de las culturas africanas en Iberoamérica

Como dicho arriba, las tradiciones culturales afroamericanas siempre tuvieron, desde el inicio de la esclavitud en las Américas, una postura contra-hegemónica. El primer ejemplo de ello fue la lucha por romper con el sistema esclavista, conocida desde el siglo XVI como cimarronaje: la fuga constante de las plantaciones o de las minas para reconstruir comunidades en régimen de libertad. Las comunidades de cimarrones empezaron ya en las primeras décadas del tráfico atlántico y, lo que es más importante: surgieron simultáneamente en todos los países de las Américas y del Caribe, independientes una de la otra.

De este modo, la historia de Afroiberoamérica es tanto la historia del régimen de esclavitud cuanto la historia de la lucha contra la esclavitud. Prácticamente en todos nuestros países se rinde culto a la memoria de los grandes líderes cimarrones y de las comunidades que ellos fundaron o en las cuales vivieron [10]. En Brasil, el quilombo de Palmares es la referencia mayor de los afrobrasileños. Precisamente, la fecha nacional afrobrasileña, que hasta hace menos de dos décadas atrás era el día 13 de mayo (en homenaje al día de la abolición de la esclavitud y a la memoria de la Princesa Isabel, autora de la llamada Ley Áurea, de 1888), se desplazó, como resultado victorioso de la presión del movimiento negro, al día 20 de noviembre, fecha en que se recuerda la muerte del gran líder cimarrón Zumbí, el último y más importante líder de Palmares, asesinado en 1695 [11]. El 20 de noviembre es ya feriado municipal en decenas de ciudades brasileñas y hay presión política para transformarlo en feriado nacional, reconociéndolo oficialmente como el Día de la Consciencia Negra. En muchas ciudades brasileñas hay grupos de músicos de las periferias urbanas, sea de hip hop, de funk, o inclusive de géneros musicales más tradicionales, que se presentan como parte del concepto político más general definido como “actitud quilombola” (actitud cimarrona). Hay también una red de poetas y escritores negros que se organiza alrededor de los Cadernos Negros, iniciados en 1978, y que son divulgados ahora por el grupo Quilomboje (Cimarronaje Hoy).

De la misma forma, para los afrocolombianos anti-racistas de hoy –artistas, intelectuales y activistas– el símbolo principal de lucha por igualdad y ciudadanía es el Palenque de San Basilio, comunidad cimarrona viva más antigua de toda Afroamérica, fundada, como Palmares, en el siglo XVII. Paralelamente, la principal figura inspiradora para la militancia política y cultural afrocolombiana es la de Benkos Bioho, quien fue el héroe máximo de la resistencia cimarrona representada por el Palenque de San Basilio. En Colombia, el Movimiento Cimarrón (Movimiento Nacional por los Derechos Humanos de la Población Negra) es, junto con el Proceso de las Comunidades Negras (PCN) uno de los dos grupos más importantes de movilización y presión para el establecimiento de políticas públicas para los afrocolombianos, como la Ley 70, derivada de la Constitución, que trata de los territorios negros, de la formación de profesores para enseñar la Cátedra de Estudios Afrocolombianos y las acciones afirmativas para negros en las universidades [12].


Notas:

  • [5]. De hecho, las publicaciones sobre Durban, sean analíticas o sencillamente informes de tono periodístico o más personal, son hasta ahora sorprendentemente escasas, tanto en los Estados Unidos como en Iberoamérica. El libro
  • [6]. En Brasil, el grupo de académicos que se oponen a las cuotas para negros en las universidades retoman ese modelo freyreano para desmovilizar la lucha por igualdad racial: raza no existe, dicen ellos; luego, nadie es negro; luego, no puede haber cuotas para negros! Esa posición está bien representada en el libro de Peter Fry (2005). Ver también el Manifiesto Anti-Cuotas (2008) de su grupo y nuestra respuesta en el Manifiesto Pró-Cuotas (2008).
  • [7]. Ver Wallerstein (1975), Quijano (1993), Williams (1973) y Carvalho (2007).
  • [8]. Para las consecuencias políticas de la mera presencia de una persona negra en cuanto signo en un espacio antes asociado a las personas blancas, ver Segato (2007).
  • [9]. He discutido largamente el fenómeno Obama con el negro sociólogo Sales Augusto dos Santos, quien utiliza la distinción entre un intelectual negro y un negro intelectual en su tesis de doctorado (ver Santos 2007). Esa distinción señala, a pesar de las coincidencias de opinión, un clivaje epistémico entre nosotros dos. Presento mi primera formulación de este tema en diálogo constante con los demás integrantes de nuestro grupo de Brasilia de la lucha por las acciones afirmativas, Rita Segato, Sales Augusto, Carlos Henrique Siqueira, Luís Ferreira, Gustavo Amora y Ernesto de Carvalho, entre otros. En su momento, cada uno de ellos habrá de presentar su lectura propia de la nueva coyuntura generada por la presidencia de Obama.
  • [10]. Las comunidades formadas por esclavos que huyeron del régimen de servidumbre forzada recibieron nombres diversos en el Nuevo Mundo: quilombos en Brasil, palenques en Colombia, cumbes en Venezuela, maroons en Jamaica y demás países de lengua inglesa y cimarrones en el Caribe español. Los términos cimarrón y cimarronaje se impusieron en la literatura de lengua española sobre el tema, incluso por tener sus equivalentes en inglés (maroons) y en francés (marronage).
  • [11]. Rindo aquí mi homenaje al muy noble poeta y activista negro Oliveira da Silveira, de Porto Alegre, quien fue el líder del movimiento, en los años setenta, por conmemorar el 20 de noviembre como día nacional de la conciencia negra. Tristemente, Oliveira da Silveira, con quien mantuve relaciones de gran cordialidad, falleció mientras yo escribía en presente texto, el 1 de enero de 2009.
  • [12]. Sobre la Ley 70 y todo el movimiento de reivindicaciones políticas y culturales para los afrocolombianos, ver Arocha (2004) y Mosquera, Pardo & Hoffman (2002).
Número de páginas: 5