Pensamiento Iberoamericano
Número 4

Cimarronaje y afrocentricidad: los aportes de las culturas afroamericanas a la América Latina contemporánea

José Jorge de Carvalho

Universidad de Brasilia

Número de páginas: 5

BUSCAR



TAMAÑO LETRA



Resumen: El artículo propone, en primer lugar, una interpretación de los aportes de las culturas africanas en Iberoamérica con énfasis en sus valores políticos y estéticos específicos y un análisis de sus predicamentos y conflictos actuales. Por un lado, la III Conferencia Mundial contra el Racismo de Durban, Sudáfrica, en 2001, posibilitó una efervescencia política y una fuerte afirmación cultural en Afroiberoamérica; por otro lado, esa misma Conferencia provocó una ruptura en la unidad de la Diáspora afroamericana en la medida en que la delegación norteamericana abandonó el evento, quitando solidaridad a los afroiberoamericanos en su lucha por reparaciones. Esa ruptura puede intensificarse ahora con la llegada al poder del primer presidente negro de Estados Unidos, dada la ambivalencia y las contradicciones de su simbolismo en el contexto geopolítico de las relaciones entre el país imperial y nuestros países. Más allá de ese conflicto actual, el discurso político y cultural de la Diáspora afroiberoamericana siempre ha sido contra-hegemónico en relación a la dominación capitalista racista en el Nuevo Mundo y dos elementos fundamentales de ese discurso son discutidos con detalle: el cimarronaje cultural, como una actitud de resistencia al racismo y al intento, surgido en la esclavitud y que nunca ha cesado, de silenciar la voz específica de los afroiberoamericanos; y la afrocentricidad, actitud epistemológica que afirma la riqueza y los valores alternativos de las expresiones culturales, tanto las tradicionales como las contemporáneas, de África y Afroamérica.

Palabras clave: culturas afroamericanas, cimarronaje cultural, afrocentricidad, diáspora afroamericana, racismo

Abstract: This essay first of all proposes an interpretation of what the African cultures have brought to Ibero-America, emphasising in particular their political and aesthetic values, and providing an analysis of current predicaments and conflicts. On the one hand, the third International Conference against racism –in Durban, South Africa in 2001– generated a certain level of political enthusiasm and a strong cultural statement in relation to Afro-Ibero-America; on the other hand, the same conference provoked a break in the unity of the Afro-American diaspora, to the extent that the North American delegation abandoned the event, thus withdrawing their solidarity from those Afro-Ibero- Americans who are struggling for reparations. The split may now even intensify, with the arrival in power of the first black president of the United States, given the ambivalence and contradictions of this fact’s symbolism, between the imperial country and our own. Beyond this current conflict, the political and cultural discourse of the Afro-Ibero-American diaspora has always been counter-hegemonic in relation to racist capitalist domination in the New World. Two elements of this discourse will be discussed in detail: cultural maroonism, as an attitude of resistance to racism and to the attempt –which arose with slavery and has never really ended– to silence the particular voice of the Afro-Ibero-Americans; and Afrocentrism, an epistemological attitude which affirms the richness and alternative values proper to the cultural expressions –both traditional and contemporary– of Africa and Afro-America.

Keywords: afro-american cultures, cultural maroonism, afrocentrism, afro-american diaspora, racism

Resumo: O artigo propóe, em primeiro lugar, uma interpretação das aportações das culturas africanas na Ibero - América com ênfase em seus valores políticos e estéticos específicos e uma análise de opiniões e conflitos atuais. Por um lado, a III Conferência Mundial contra o racismo de Durban, na África do Sul, em 2001, possibilitou uma efervescência política e uma forte afirmação cultural na Afro-ibero-américa; por outro lado, essa mesma Conferência provocou uma ruptura na unidade da Diáspora afro-americana na medida em que a delegação norte-americana abandonou o evento, tirando solidariedade aos afro-ibero-americanos na sua luta por reparações. Essa ruptura pode intensificar-se agora com a chegada ao poder do primeiro presidente negro dos Estados Unidos, dada a ambivalência e as contradições de seu simbolismo no contexto geopolítico das relações entre o país imperial e nossos países. Para além desse conflito atual, o discurso político e cultural da Diáspora afro-ibero-americana sempre foi contra-hegemônico em relação à dominação capitalista racista no Novo Mundo e dos elementos fundamentais desse discurso sáo discutidos com detalhe: a cimorragem cultural, como uma atitude de resistência ao racismo e ao intento, surgido na escravidão e que nunca cessou, de silenciar a vos específica dos afro-ibero-americanos; e a afrocentricidade, atitude epistemológica que afirma a riqueza e os valores alternativos das expressões culturais, tanto as tradicionais como as contemporâneas, da África e Afro - América.

Palavras clave: culturas afroamericanas, cimarronagem cultural, afrocentricidade, diáspora afro-americana, racismo

Pensar en los aportes de las culturas afroamericanas a la América Latina actual significa hacer que muchos símbolos culturales y estrategias de lucha política para las comunidades negras de Iberoamérica, como el cimarronaje y la afrocentricidad, decantados a lo largo de cinco siglos, sean ahora finalmente incorporados a la gramática general del pensamiento iberoamericano. En dos ensayos anteriores, intenté poner en perspectiva dos frentes de luchas político-culturales que me parecen centrales para la Diáspora afroiberoamericana contemporánea: los procesos de expropiación y explotación comercial de las tradiciones culturales afroamericanas por parte de la industria de entretenimiento y de grupos de artistas y productores blancos; y la lucha por las acciones afirmativas para la inclusión de estudiantes negros en las universidades [1].

Para dar continuidad ahora a la discusión, que podemos llamar sustantiva, sobre las culturas afroamericanas, dos presupuestos teóricometodológicos y políticos deben ser por lo menos enunciados. En primer lugar, aclarar que el campo de la cultura no se separa del campo más amplio del poder capitalista contemporáneo y tiene implicaciones económicas, sociales y ecológicas, por un lado; jurídicas, por el otro; y también del orden de la espiritualidad, entendida en sus dimensiones cosmológicas, míticas y religiosas. En segundo lugar (y ello es particularmente relevante para el caso de la Diáspora africana en el Nuevo Mundo), no olvidar la enorme tensión actual entre el Norte y el Sur del mundo. Esa tensión, generada por varios procesos interconectados, como las desigualdades producidas por el capitalismo, el militarismo y una variante del racismo en escala global y las luchas por la descolonización, condiciona las posibilidades de un mayor o menor crecimiento de esas expresiones culturales a la vez que es reflejada por ellas.

Una agenda muy actual para la promoción y desarrollo de las tradiciones africanas, y que une los presupuestos enunciados, es la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad Cultural de la UNESCO, de 2005. Sin embargo, la implementación de los diversos puntos muy positivos en ellas contemplados -como el acceso a los medios de comunicación, el estímulo a las producciones locales y regionales, los derechos de propiedad colectivos de los géneros de arte afroamericanos, entre otros- depende de un ambiente favorable de intercambio y cooperación entre los países de las Américas. Conflictos de interés sobre el control de la producción cultural y su difusión pueden salvar o tornar ineficaz la Convención como instrumento jurídico de avance para los pueblos afroamericanos.

La Convención de la Diversidad Cultural de la UNESCO se conecta actualmente con un evento de proporciones mundiales: la Conferencia de Examen de la Implementación de la Declaración y el Programa de Acción de Durban (llamada Durban II), a realizarse en Ginebra en abril de 2009. Y esa misma Durban II, cuyos resultados, como discutiremos más adelante, han de tener un impacto considerable en la vitalidad de la Convención, se conecta con otro evento reciente que sacude todo el imaginario y toda la jerarquía sociopolítica establecidos a lo largo de los cinco siglos de la Diáspora: la ascensión del primer presidente negro del país más poderoso del Nuevo Mundo, en enero de 2009. La gran actualidad de esos eventos, cuya discusión me parece impostergable, condicionó el contenido y el modo de organización del presente ensayo.

I. El impacto de la Conferencia de Durban en Iberoamérica

Hoy en día, uno de los marcos más importantes en la movilización de la militancia y la intelectualidad afroiberoamericanas es, sin lugar a dudas, la Declaración y el Plan de Acción de la III Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, ocurrida en Durban, Sudáfrica, del 31 de agosto al 8 de septiembre de 2001. Aunque la Conferencia se haya concentrado más en la lucha contra el racismo (y en este sentido se podría pensar que estuvo distante de los procesos culturales propiamente dichos), su capacidad de llamar la atención por el problema de los afroamericanos en general terminó por impactar también nuevas formas de expresión cultural y nuevos reposicionamientos de los cultores de las tradiciones simbólicas afroamericanas. Para que no quede dudas, lo que llamo Durban es el gran frente de movimientos de la sociedad civil organizada (movimientos y organizaciones sociales negras e indígenas, principalmente) que presionaron por la existencia de la Conferencia y que fueron los principales protagonistas en la construcción de Plan de Acción y la Declaración finales de la cumbre. Luego, la exposición pública y política alcanzada por los temas de Durban fortalecieron los movimientos negros e indígenas en todos los países de Iberoamérica.

Aún con todas las limitaciones de esas cumbres globales, la presión diplomática alrededor de Durban logró resultados en muchos casos inéditos: los organismos oficiales de los diversos gobiernos trabajaron sus estadísticas y datos agregados y divulgaron los índices sobre salud, empleo, educación, vivienda, propiedad, de sectores de su población autoidentificada como afrodescendientes o negros. Los gobiernos tuvieron que admitir los efectos devastadores del racismo y los medios masivos fueron forzados a abrir espacio para artículos sobre racismo, discriminación y desigualdad racial. En algunos casos, los propios medios tuvieron que enfrentar las críticas a su tratamiento insuficiente, encubridor, cómplice o, muchas veces, su propia participación en las prácticas racistas seculares que condicionaron la profunda desigualdad racial en Afroiberoamérica.

Uno de los principales efectos de Durban hasta ahora me parece ser el impulso que propició a la lucha por las acciones afirmativas en prácticamente todos los países de población afrodescendiente en Iberoamérica que enviaron delegaciones a la conferencia. En el caso de Brasil, particularmente, la lucha por las cuotas para negros en las universidades creció vertiginosamente desde 2001, resultando en lo que considero la mayor revolución en nuestra enseñanza superior desde la consolidación de las universidades públicas en el inicio del siglo XX [2]. La conferencia abrió un espacio sin precedentes para el debate público en los medios de comunicación y la polémica sobre las cuotas pudo llegar finalmente al gran público. Procesos similares están en marcha en Uruguay, Colombia, Ecuador, Venezuela y demás países, no solamente en la lucha por el acceso a las universidades, pero sobre todo en lo que concierne a las acciones afirmativas en el mercado de trabajo.

Concebida para convertirse en el marco principal de combate al racismo a nivel mundial (y muy particularmente en la Diáspora afroamericana), la conferencia sufrió un duro golpe con la salida abrupta e intransigente de Estados Unidos e Israel el día 3 de septiembre de 2001, justamente cuando iban a ser discutidas las reparaciones a los descendientes de esclavos del Nuevo Mundo y a los países africanos. La excusa oficial ofrecida por esos dos países para abandonar la Conferencia fueron sus rechazos a la discusión de las reparaciones por la esclavitud y a la denuncia mundial contra el Estado de Israel por sus crímenes contra los palestinos. Peor aún, tres días después de terminada la conferencia, ocurrió el famoso 11 de septiembre, con la caída del World Trade Center, evento que capitalizó toda la atención del mundo y que debilitó considerablemente el impacto que la declaración de Durban hubiera tenido sin los hechos ocurridos en New York y Washington.

Contar la historia de esas cumbres contra el racismo nos ayuda a comprender las complejidades de la geopolítica alrededor y en el interior de la Diáspora afroamericana y meditar sobre las consecuencias de su división interna. Recordemos. La I y la II Conferencias tuvieron lugar en Ginebra en 1978 y 1983, y el tema central de ambas fue la condenación mundial del régimen de apartheid en Sudáfrica. Por supuesto, con excepción del país condenado, que no envió delegaciones, todos los países africanos y de la Diáspora afroiberoamericana se juntaron en la lucha anti-apartheid. Sin embargo, Estados Unidos influenció a Inglaterra, Canadá y Australia para que se plegaran a ellos, a Sudáfrica e Israel, en el boicot a las dos Conferencias. Precisamente en 1983, Estados Unidos contaba con dos líderes políticos aparentemente fuera de toda sospecha: su presidente era Jimmy Carter, quien había elegido el respeto a los Derechos Humanos como marca de su mandato; y su Embajador frente a las Naciones Unidas era nada menos que Andrew Young, pastor y político negro que había sido compañero de lucha de Martin Luther King. Mientras todos los activistas e intelectuales afroiberoamericanos peleaban en el interior de sus respectivos países por la oportunidad de ir a Ginebra a condenar el apartheid, ¡uno de los grandes militantes negros de los derechos civiles daba la espalda a la II Conferencia Mundial contra el Racismo!

El ciclo de Durban de hecho todavía no se cerró, pues el poderoso lobby sionista norteamericano está presionando a sus países aliados para boicotear Durban II, que será realizada en Ginebra del 20 al 24 de abril de 2009. La amenaza de que Estados Unidos no participaría de Durban II ya era conocida hacía más de año. Sin embargo, se esperaba que, con Obama, Estados Unidos cambiase de posición. Desgraciadamente, para gran sorpresa de toda la comunidad negra de Iberoamérica, Estados Unidos anunció el 29 de febrero de 2009 que no irá a Ginebra (de nuevo, permaneciendo junto a Israel) y en este momento presiona a sus aliados anglosajones y los países europeos para que boicoteen la Conferencia y de hecho la vacíen políticamente [3]. Como condición para su participación, los Estados Unidos exigen que la ONU retire de la agenda de la Conferencia justamente los dos temas que justifican la propia existencia de una cumbre de combate al racismo como ésta: las reparaciones por la trata de esclavos y la cuestión de los crímenes de Israel contra la población palestina. No importa ya si la ONU aceptará vaciar la Conferencia de su contenido para que Estados Unidos participe de ella; ¡lo grave es que el recién elegido presidente negro de un país de trayectoria notoriamente racista amenace retirarse de una Conferencia Mundial de Combate al Racismo!

Esa misma actitud de rechazo y boicot ocurre también con la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO, aprobada en 2005. Mientras el Plan de Durban es solamente una recomendación para los países, la Convención es mucho más contundente, porque pasa a formar parte del ordenamiento jurídico de cada Estado miembro de la ONU que la ratifique. En ese sentido puede tornarse un mecanismo poderoso de protección y promoción de las tradiciones culturales afroamericanas. Obviamente, si todos los países de población y cultura afroamericanas firmaran la Convención, sería posible construir, por primera vez desde el inicio de la esclavitud en el siglo XVI, una red de apoyo mutuo y promoción de las tradiciones culturales afroamericanas en el Nuevo Mundo que fuese capaz de superar su crónica condición de subalternidad y permitir su acceso al espacio público, a los medios de comunicación y a los recursos estatales en pie de igualdad con las expresiones de origen europea o eurocentradas. Desgraciadamente, los Estados Unidos no solamente se niegan a firmar la Convención, como presionan a los países latinoamericanos bajo su mayor influencia (como Colombia, Panamá, República Dominicana, Perú, Chile) para que no la firmen [4].

Dada la complejidad específica de la Diáspora africana en el Nuevo Mundo, se hace necesario aclarar los términos y las categorías de análisis escogidas. Hasta la primera mitad del siglo XX, toda la Diáspora africana en las Américas estuvo unificada por la experiencia de esclavitud y el posterior cuadro de desigualdad y racismo que afectó con igual intensidad a la mayoría de los africanos y afrodescendientes, estadounidenses e iberoamericanos. Cuando nos referimos a este horizonte común, es posible hablar de culturas afroamericanas. Sin embargo, a partir de los años setenta del siglo pasado, una buena parte de los afronorteamericanos inició por un camino de ascensión social, política y económica considerable, mucho mayor que las mayorías de sus semejantes de Iberoamérica, y pasaron paulatinamente a formar parte, ya en número considerable, del proceso de reproducción del propio imperio. A partir de ese momento, la secular unidad de la Diáspora empezó a escindirse y el término afroamericano ya no pudo reflejar las diferencias geopolíticas visibles entre Estados Unidos y todos los demás países del Nuevo Mundo -de allí la necesidad de introducir los términos "afronorteamericanos" (o "afroestadounidenses") y "afroiberoamericanos".


Notas:

  • [1]. Significativamente, esos dos últimos ensayos panorámicos sobre la Diáspora africana en Iberoamérica (Carvalho, 2005 y 2006) también fueron escritos por invitación de Néstor García Canclini, a quien agradezco profundamente por
  • [2]. Rita Segato y yo formulamos, en 1999, la primera propuesta de cuotas para negros e indígenas del país, para la Universidad de Brasilia, propuesta que fue finalmente aprobada en 2003, Desde entonces, he participado de este proceso a escala nacional sistemáticamente (ver Carvalho & Segato, 2002 y Carvalho, 2006).
  • [3]. Ver New York Times, 29/02/2009.
  • [4]. He escrito sobre los temas de la Convención para la Secretaría de Identidad y Diversidad Cultural del Ministerio de Cultura de Brasil (Carvalho, 2007).
Número de páginas: 5