Pensamiento Iberoamericano
Número 4

Diversidad cultural y poder en Iberoamérica

Néstor García Canclini y Alfons Martinell

U. Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y U. de Girona

Número de páginas: 3

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El poder de la diversidad cultural

La diversidad cultural de Iberoamérica es innegable. Pero ¿tiene poder la diversidad? Las ciencias sociales, la literatura, las artes visuales y mediáticas, el periodismo y los debates políticos han revelado la heterogeneidad del mundo llamado iberoamericano y se preguntan qué hacer con ella. ¿Es posible concebir como unidad este universo y desarrollar políticas conjuntas entre España, Portugal y el conjunto de países latinoamericanos? No sólo separan a estas naciones las dos lenguas dominantes -español y portugués-, sino las centenares de lenguas indígenas, las poderosas herencias de origen afroamericano, fronteras nacionales en disputa y las culturas regionales que -tanto en la península ibérica como en América Latina- fragmentan la unidad proclamada por los Estados nacionales.

Las declaraciones de las cumbres de presidentes y ministros de cultura suelen reconocer esa diversidad y al mismo tiempo exaltar vocaciones históricas compartidas. Pero ¿por qué tienen tan poca eficacia los programas de integración? Preguntas semejantes suscitan la Declaración universal sobre la diversidad cultural adoptada por todos los Estados miembros de la UNESCO en 2001 y la Convención sobre la diversidad de expresiones culturales aprobada con abrumadora mayoría en la 33ª Conferencia General de la UNESCO en noviembre de 2005, pero cuya lenta aplicación a procesos específicos muestra una y otra vez más dificultades que logros. De modo análogo, se observan avances cuando las constituciones nacionales llegan a incluir el reconocimiento de "países pluriculturales" en Colombia (1991), Brasil y Ecuador (1998). Sin embargo, la discriminación y los conflictos interétnicos persisten.

Un primer paso conceptual para aclarar esta discrepancia entre declaraciones y procesos sociales ha sido concebir la pretendida unidad de Iberoamérica menos como una identidad común que como un espacio sociocultural. Desde hace unos años, varios estudios postulan que, en vez de buscar una definición esencial de "lo iberoamericano", conviene hablar de un espacio compartido, un espacio cultural y político y socioeconómico en el que conviven muchas identidades y lenguas, itinerarios y audiencias heterogéneas. Se parte de una historia de interacciones que muestran convergencias y conflictos, que se ha ido transformando y permanece abierta a nuevos intercambios entre personas, bienes y mensajes, que puede afianzarse o diluirse según los programas y las capacidades políticas de ejecutarlos. No existe una base biológica ni una única tradición común que garanticen su desenvolvimiento (Garretón y otros, 1999; García Canclini, 1999; Reyes Mate, 1999; Sosnovsky, 1999).

Ni la diversidad, por más que se le atribuya virtudes y riquezas, ni el voluntarismo retórico de la integración tienen el poder de resolver las contradicciones entre lo que nos diferencia y lo que nos aproxima. En rigor, la historia muestra la diversidad como un potencial creativo y también como un abanico de procesos centrífugos. Este volumen no quiere situarse de un solo lado, ni dedicarse a declaraciones bien intencionadas. Propone, en cambio, un diagnóstico de lo que persiste, ha sido reprimido o busca actualizarse en los patrimonios culturales indígenas y afroamericanos, en la interacción de ambos con la presencia ibérica, en las relaciones (desiguales) propiciadas por las industrias culturales entre América y Europa, en los movimientos migratorios y en los cambios educativos.

También analizamos la fortuna y las peripecias de algunos programas emprendidos para integrar culturalmente a Iberoamérica, desde Ibermedia e Iberescena hasta las posibilidades de que la producción mediática y las bibliotecas nos sitúen mejor en la globalización. Se busca, por tanto, ofrecer un panorama actual de la diversidad regional, de las investigaciones y reflexiones sobre estos procesos y sobre emprendimientos públicos, privados y sociales.

En cada uno de los textos incluidos en este volumen se registra la diversidad existente en la región. Así, en el artículo sobre las poblaciones indígenas o pueblos originarios, Miguel A. Bartolomé recuerda que la noción de "indígena" es una construcción histórica colonial, que no abarca a un conjunto homogéneo de actores ni un solo tipo de modificaciones etnopolíticas. No pueden agruparse como un único fenómeno social a los aymara de Bolivia, los mapuche de Chile, los nahuas y mayas de México, los kuna de Panamá y los yanomami de Venezuela. Con frecuencia, éstos y otros pueblos reclaman autonomía territorial y autodeterminación política, lingüística y económica. En países donde los pueblos originarios son minoría, tiende a marcarse más su especificidad cultural y la de sus reclamos políticos en agendas nacionales. En Bolivia, con un 62 por ciento de indígenas o en Guatemala con 40 a 55 por ciento, esos porcentajes tampoco los convierten en sinónimos de bolivianos o guatemaltecos, porque la noción de indígena se desglosa en muchos grupos y porque históricamente sus demandas han sido reprimidas o subestimadas. Quizá, dice el autor, "en la fragmentación está su fortaleza, ya que la ausencia de una estructura centralizada de poder político ha impedido que fueran controlados en forma genérica por el Estado". Sin embargo, la cuestión del poder o la debilidad de la autonomía adopta muchas variantes según sea reconocida, se la conciba como un regreso a la política de reservaciones o se ensayen formas distintas de convivencia entre la soberanía parcial de cada grupo en su ámbito y la hegemonía de las estructuras jurídico-administrativas nacionales. La problemática no se reduce al dominio del territorio o de los apartados institucionales. A veces, las relaciones actuales se configuran como una sociedad de redes (familiares, locales, regionales y transnacionales).

Estas cuestiones presentan un perfil distinto en las poblaciones afroamericanas. Pese a que algunas estimaciones les adjudican el triple de volumen demográfico que los indígenas -unos 150 millones de personas- sus territorios están poco definidos, suelen ser el sector más pobre, con los trabajos peor remunerados, menor organización política y bajo reconocimiento de parte de los Estados. José Jorge de Carvalho examina los procesos más recientes en los que los afrodescendientes están logrando incrementar su ingreso a las universidades públicas y los mercados de trabajo, la difusión de músicas y formas de religiosidad de matriz africana. También examina las limitaciones que implica para la superación del racismo la división entre las posiciones afroiberamericanas, activas participantes en la conferencia mundial contra el racismo y la discriminación (Durban, 2001) y las de los afronorteamericanos, especialmente los representados en el gobierno de Estados Unidos, que se retiró de esa conferencia y anunció que no asistirá a Durban II, el congreso organizado en Ginebra del 20 al 24 de abril de 2009.

El desarrollo moderno de las sociedades iberoamericanas, y su parcial incorporación a procesos globalizadores, va acrecentando la importancia de otras formas de diversidad. A las diferencias étnicas y nacionales se añaden diferencias y desigualdades educativas, movimientos migratorios que generan nuevas fracturas y continuidades entre residentes en distintos países, las conexiones de las industrias culturales y las redes digitales que propician nuevos modos de acceso e intercomunicación pero también diversidades nuevas.

Respecto de la educación, sigue debatiéndose la opción entre la multiculturalidad que forma a cada grupo en su cultura o la enseñanza universalizada que garantiza para todos el acceso a conocimiento y destrezas, a valores compartidos y da sentido de pertenencia al Estado-nación. ¿O es necesaria una visión intercultural que capacite para participar en la coexistencia de mundos de vida diferentes? Martín Hopenhayn examina dos sentidos de lo intercultural: como "conversación entre culturas" que hace posible construir un imaginario de la convivencia de lo múltiple, una gramática compartida de los conflictos, o como referente utópico que enseña a verse con los ojos del otro, enriquecerse con sus formas de amar, alimentarse, producir y comunicar. Hopenhayn advierte sobre la necesidad de trascender la noción estrecha de educación intercultural observada en América Latina -y en parte, podría agregarse, en España- que se concentra en el bilingüismo; es preciso también conciliar saberes exógenos y endógenos, "reformular contenidos curriculares para la deconstrucción del etnocentrismo (por ejemplo, mostrando distintos relatos de la historia, cánones diversos en corrientes artísticas según culturas, distintas formas de aproximarse a la naturaleza). Implica también promover actitudes básicas de interlocución y apertura al otro, y afirmar como riqueza y no como amenaza la diversidad de opiniones y visiones de mundo". Una distinción clave de su texto propone "educar en la interculturalidad, desde la interculturalidad y con interculturalidad".

A los importantes esfuerzos por mantener unos sistemas educativos de acuerdo con las necesidades de su entorno se contraponen, por diferentes causas, unas dinámicas de emigración de capital humano muy importante desde hace unas décadas en América Latina. A partir del análisis de un caso concreto, Adela Pellegrino y Andrea Vigorito nos plantean el fenómeno de la emigración calificada como una pérdida significativa para el continente latinoamericano que incide notablemente en la vida cultural y en el potencial del aporte de diversidad cultural. La falta de políticas institucionales de estímulo al retorno y la incorporación de esta diáspora, debilita los sistemas nacionales de ciencia y se pierden posibilidades de una mayor relación con los países receptores que podrían generar procesos de cooperación muy importantes y un estímulo al desarrollo socio económico y científico en los países latinoamericanos.

En el análisis de los procesos de las políticas culturales nacionales hacia procesos de cooperación e integración en el ámbito cultural, los artículos de Juan Luís Mejía Arango y Mercedes Giovinazzo nos presentan dos perspectivas evolutivas en Latinoamérica y Europa, las cuales nos permiten observar las grandes diferencias entren el predominio de un proceso de integración política real en Europa y un proceso de evolución de una posible fundamentación en procesos políticos más claros. El documentado estudio sobre la evolución de las políticas culturales en América Latina nos permite valorar el enorme trabajo realizado por los diferentes agentes sociales que intervienen en estos procesos, y por una sociedad civil e intelectual muy importante que ha permitido disponer de acuerdos multilaterales que pueden tener una gran repercusión de futuro. Una valoración de estos procesos nos evidencia la madurez de la funPor otro lado, la cooperación cultural europea presenta unas diferencias muy significativas ya que ha ido acompañada de un proceso de integración política importante. A pesar de estas potencialidades no se esconde que la respuesta a una agenda de cooperación cultural no puede dirigirse solamente desde la institucionalidad de la Unión Europea, sino desde una mayor preocupación de los Estados y de una mayor participación de la sociedad civil. Estos procesos evidencian avances importantes a pesar que la cultura no ha sido una prioridad en la política de la Comisión y del Parlamento Europeo lo que ha provocado una cierta distancia entre el sector cultural y la gobernanza cultural europea.

Todos los asuntos de la diversidad y la interculturalidad se han replanteado en la medida en que las industrias audiovisuales y las tecnologías digitales van acercando a las sociedades y engendrando a la vez nuevas diferencias y desigualdades, ya no principalmente territoriales o de origen histórico sino según el acceso a los nuevos bienes y mensajes. Varios textos incluidos en este volumen muestran que el estilo declarativo de los antiguos acuerdos de intercambio o integración entre los países americanos, y entre éstos y los europeos, fueron adquiriendo un carácter más concreto y operativo en tanto tuvieron que asumir las condiciones particulares del cine, la televisión y otras zonas de la comunicación. Octavio Getino registra esos avances, pero también anota que el ideario de la solidaridad fue reemplazado por la competencia; la integración política y la diversidad nacional o regional cedieron lugar a una visión economicista; los objetivos de igualdad y justicia perdieron importancia ante nuevas agendas de negociación comercial. No obstante, existen experiencias de integración como la del MERCOSUR, creado en 1991, que a partir de 1995 fue desarrollando reuniones especializadas en cultura y comunicación, dando a las industrias culturales, especialmente el cine y el audiovisual, espacios para incentivar la cooperación, los intercambios internos y con la visión europea.


Número de páginas: 3