Miradas cruzadas sobre la juventud en Iberoámerica
Martín Hopenhayn y María Luz Morán
CEPAL y Universidad Complutense de Madrid
TAMAÑO LETRA
Sobre estas bases, analiza de forma sistemática el impacto de los principales factores -familiares, institucionales, socioeconómicos y culturales- en las tendencias de continuidad y de cambio que parecen marcar el proceso de entrada de los jóvenes en el mundo adulto. Consciente del peso de las especificidades de los contextos nacionales en los ritmos y formas en los que se conquista la independencia económica y la familiar, el análisis enmarca el caso español -el eje central del artículo- dentro del entorno europeo.
Existe un notable acuerdo entre los estudiosos en admitir que, a lo largo de las últimas décadas, se está produciendo una cierta convergencia en las transiciones de buena parte de los jóvenes europeos. Los determinantes socioeconómicos son señalados como la principal causa de que las transiciones se dilaten, como consecuencia de la mayor duración de la etapa de la educación formal, y también de unas mayores dificultades de ingreso en un mercado de trabajo, caracterizado por una considerable precariedad en el empleo de muchos jóvenes. Pero, a pesar de describir algunas de estas tendencias, el artículo se concentra esencialmente en presentar algunas de las peculiaridades del caso español. Para dar cuenta de las diferencias con las que los jóvenes españoles adquieren su autonomía -sobre todo con respecto a los de los países del norte de Europa- se defiende que son los factores institucionales y los culturales los más relevantes. En concreto, son las políticas puestas en práctica por el modelo del Estado de Bienestar implantado en España, junto con una "cultura familiarista de la dependencia", las que explican las mayores dificultades de los jóvenes españoles en culminar sus procesos de transición.
El desafío de la inclusión y la amenaza de la exclusión de los jóvenes españoles y latinoamericanos es el elemento común de los cuatro artículos que conforman el segundo de los apartados. Las dinámicas de inclusión social entre jóvenes latinoamericanos recorren hoy surcos contradictorios, y las brechas que condenan a la exclusión se reproducen de una generación a la siguiente. Tal es el planteo central del primer texto, el de Martín Hopenhayn -"Inclusión y exclusión social en la juventud latinoamericana"-, a partir de la más reciente información estadística procesada de las encuestas de hogares de los países de América Latina.
Respecto de las contradicciones de la inclusión social, Hopenhayn contrasta la situación de la juventud con la del mundo adulto. Mientras los primeros ostentan hoy más años de educación formal, y un desarrollo mucho más dinámico en uso de nuevos medios de procesamiento de información y comunicación, ven menos reflejado este aumento de capital humano en oportunidades efectivas de empleo. Así, el desempleo juvenil en todos los países al menos duplica el desempleo adulto, y los jóvenes acceden al empleo con menos cobertura de seguridad social y menor continuidad laboral. Por otro lado, la juventud no ve que este mayor manejo de información y mayor participación en redes a distancia se traduzca en más presencia en instancias de poder, sobre todo del poder plasmado en las instancias deliberativas consagradas (gobiernos, partidos, parlamentos). Finalmente, la juventud encarna de manera exacerbada otra disonancia que atraviesa toda la sociedad, a saber, una expansión exponencial del consumo simbólico frente a un aumento mucho más restringido del consumo material. Baste para esto último comparar el ritmo acelerado de expansión de los nuevos medios de información y comunicación, con el ritmo de reducción de la pobreza, mucho más lento. Todo esto plantea interrogantes sobre la inclusión, aunque como señala García Canclini en su artículo, probablemente los jóvenes buscan integrarse en nuevos espacios vinculados al consumo simbólico, a la conectividad y a nuevas estrategias de vida.
La exclusión, en cambio, se hace más evidente al comparar grupos de jóvenes entre sí. Puede comprobarse, por ejemplo, hasta qué punto están correlacionados la educación y los ingresos: jóvenes de familias de mayores ingresos logran mucha más escolaridad que sus coetáneos en el otro extremo; jóvenes en familias de origen con alto capital educativo tienen logros muy por encima de los demás; jóvenes rurales y de minorías étnicas están muy por debajo en escolaridad que el resto; y nuevamente, el nivel educativo de los jóvenes y el quintil de ingresos de origen parecen decisivos en la calidad del empleo al que pueden acceder. Así, en lugar de que la educación opere como contrapeso a la estructura de clases y desempeñe un rol igualador, sigue ejerciendo una función de estratificación y reproducción de las desigualdades.
Pero no todo, señala Hopenhayn, es para lamentar. Con todo, los logros educativos se expanden en todos los estratos y sectores juveniles, el empleo juvenil ha aumentado en estos últimos años de crecimiento económico sostenido, y la conectividad y el consumo cultural son campos de apropiación por los jóvenes para repensar sus formas de inclusión social.
En la otra orilla del Atlántico, se está prestando cada vez más atención al surgimiento de nuevos riesgos para la exclusión social de los jóvenes. La realidad de lo que algunos autores denominan la "España inmigrante" no sólo ha hecho necesario que el análisis social considere el impacto de los flujos migratorios en el mercado de trabajo, las políticas de bienestar o el sistema educativo (por citar solamente algunas cuestiones de especial relevancia), sino que ha contribuido a hacer visible la existencia de otro tipo de riesgos y de problemas sociales, algunos de los cuales cuentan, no obstante, con una larga historia en España. Éste es el punto de partida de Iñaki Santa Cruz y Olga Serradell quienes, en su artículo "Jóvenes en la Europa multicultural: la superación del racismo a través del éxito educativo. El caso de las Comunidades de Aprendizaje", abordan la exclusión social que genera el vínculo que se establece entre racismo y fracaso escolar. Se trata, pues, de un trabajo que pertenece a la que podríamos denominar una "primera generación" de estudios sociológicos en España que profundizan en este tipo de cuestiones, hasta hace poco marginales en los trabajos sobre juventud y desigualdad social.
El texto se divide claramente en dos partes. En la primera de ellas, los autores introducen las principales contribuciones y líneas de debate académico en torno a algunos problemas asociados con la construcción de una "Europa multicultural". La preocupación por hacer frente a la pervivencia de viejas expresiones de racismo -contra los gitanos o los judíos, en particular- se une a la más reciente expresión de diferentes formas de "islamofobia". Una de las aportaciones de este texto es mostrar cómo en distintos países europeos son los jóvenes de ciertos grupos étnicos o religiosos -junto con las mujeres- quienes se han convertido en actores relevantes en la reformulación de sus tradiciones y en la construcción de nuevas "identidades híbridas".
En todo caso, Santa Cruz y Serradell no se apartan del objetivo central de su artículo: mostrar cómo el racismo se introduce en el sistema educativo y acaba contribuyendo a la marginación y exclusión social. Un punto que comparten con otro de los textos incluidos en este número, el de José Machado Pais. El mayor fracaso escolar de estos jóvenes, claramente demostrado por distintos estudios europeos, no es sino una forma clara de reproducción de la desigualdad social frente a la cual se están dando ciertas respuestas desde el sistema educativo. Y éste es el foco de la segunda parte del artículo en la que, tras proporcionar evidencia empírica de este tipo de desigualdad, se le da la vuelta al argumento para presentarnos una experiencia educativa concreta -aplicada ya desde hace unos años en España- que parece estar teniendo resultados esperanzadores, contribuyendo a superar la vinculación entre diversidad cultural, fracaso escolar y exclusión. Se trata de las "Comunidades de Aprendizaje", cuyos principios y líneas de trabajo fundamentales se exponen en las últimas páginas de este texto.
Los rasgos característicos del acceso de los jóvenes españoles al empleo es el tema central del artículo "De las políticas de transición en Europa a las clases de transiciones y transiciones de clase en España", de Lorenzo Cachón. Aparecen en este texto dos de los argumentos que han definido en los últimos años la investigación sobre juventud en España. En primer lugar, Europa surge inevitablemente como el marco de referencia natural tanto para dar cuenta de las grandes tendencias de evolución, como para señalar las particularidades del caso español. De hecho, una parte de la información que se aporta proviene de una investigación de ámbito europeo acerca de los dispositivos de inserción profesional de los jóvenes. En segundo lugar, el autor se inscribe dentro de lo que podríamos denominar el "paradigma de las transiciones juveniles", hegemónico desde hace ya algunos años en los estudios sobre juventud, al menos en Europa. En este sentido, la incorporación en el mercado de trabajo -o, más concretamente, el acceso al empleo- se entiende como una de las claves que definen las oportunidades y obstáculos a los que se enfrentan los jóvenes en su incorporación al mundo adulto.
La primera parte del artículo está dedicada a exponer aquellos factores comunes que parecen haber influido de forma determinante en el acceso al empleo de los jóvenes europeos en las últimas décadas, sin olvidar el impacto de algunas diferencias nacionales significativas que definen variadas formas de articulación entre la formación y la obtención del primer empleo y, paralelamente, el surgimiento de diferentes políticas nacionales de transición profesional de los jóvenes. Se establece, así, el telón de fondo en el que analizar las transformaciones del mercado de trabajo de los jóvenes en España durante los últimos treinta años. Pero en esta segunda parte, Cachón no se limita a presentar las principales transformaciones que han sufrido el mercado de trabajo, el sistema educativo y las políticas que afectan a ambos, sino que incorpora un tercer elemento decisivo en su análisis: la constitución de la "España inmigrante". Para el autor, no es posible comprender los cambios en la incorporación al empleo de los jóvenes españoles sin tomar en cuenta el impacto que, desde comienzos de los años noventa, han tenido los flujos de trabajadores inmigrantes, en un contexto marcado también por la reducción de las cohortes de jóvenes, debido a la fuerte caída de la natalidad.
Sobre estas bases el autor es capaz de establecer una tipología de modos de transición a la vida activa en España. Los elementos comunes a dichos procesos son su dilatación, el aumento de la complejidad y la precarización. Pero quizá lo más significativo sea la defensa de la heterogeneidad de los jóvenes -de acuerdo con su origen social, género, nivel educativo y etnia- en la configuración de distintos patrones de transición. En concreto se nos recuerda que, en el caso español, el origen social y el origen inmigrante son dos factores clave que siguen definiendo patrones muy similares de los tradicionales de la clase obrera.
Finalmente, el último texto que compone este segundo apartado aborda el problema de las nuevas promesas y amenazas para el desarrollo de la juventud que augura la sociedad de la información. Así se infiere del artículo de Cristancho, Guerra y Ortega, "La dimensión joven de la conectividad en América Latina: brechas, contextos y políticas", en el que, desde una aproximación más cuantitativa, se muestran los patrones con que la juventud latinoamericana accede y utiliza las tecnologías de información y comunicación (TIC), en base a información de las encuestas de hogares de algunos países de América Latina. El trabajo evalúa ritmos de penetración de tecnologías tales como el computador y la telefonía móvil, contrastando jóvenes y no jóvenes, y jóvenes de grupos socioeconómicos y niveles educativos diversos.
Notas:


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