Miradas cruzadas sobre la juventud en Iberoámerica
Martín Hopenhayn y María Luz Morán
CEPAL y Universidad Complutense de Madrid
TAMAÑO LETRA
En Iberoamérica, la juventud está sobre el tapete. O en el ojo del huracán. Así parece testimoniarlo la decisión de consagrar el año 2008 como Año Iberoamericano de la Juventud, y dedicar a este tema la próxima Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, a celebrarse en El Salvador a fines de octubre del presente año. Suma y sigue: el Banco Mundial y la División de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas han aportado muy recientemente informes globales sobre la situación de los jóvenes [*], y el desempleo juvenil consta como problema a abordar en la Declaración de los Objetivos del Milenio, que es hoy agenda obligada en todas partes. Todo esto no es casual: en la calle, el claustro universitario, los gabinetes de gobiernos y en los medios de comunicación circula desde hace tiempo cierto desasosiego frente a la juventud, con interrogantes cada vez más difundidos sobre sus nuevos modos de construir ciudadanía e identidad, los patrones de inclusión y exclusión social que enfrentan los jóvenes, y las formas en que están transitando hoy hacia la vida autónoma.
Motivos, pues, no faltan para que Pensamiento Iberoamericano dedique este número al tema de la juventud. En este marco, hemos querido presentar algunos de los temas y líneas de investigación más relevantes, en torno a los cuales está trabajando y debatiendo intensamente la comunidad intelectual y académica iberoamericana en estos últimos tiempos en el campo de los estudios de juventud. Como se tendrá ocasión de comprobar al leer los textos aquí reunidos, el alcance de este conjunto de cuestiones excede los intereses e incluso obsesiones de quienes, al fin y al cabo, constituyen un pequeño número de científicos sociales especialistas en juventud. Por el contrario, todos ellos son problemas que ostentan un lugar destacado en las polémicas que ocupan a la opinión pública de los países europeos y latinoamericanos, y están también en la base del diseño de políticas dirigidas a la juventud que han sido aplicadas en la mayoría de nuestros países.
No es fácil resumir el estado del arte en estudios de juventud a uno y otro lado del Atlántico. En ambas orillas resuena el oleaje de la migración de jóvenes, en una como tierra de salida y en la otra como tierra de llegada. La construcción de identidades juveniles también pisa fuerte en el debate tanto en la Península Ibérica como en América Latina, no ya como disquisición de idiosincrasia, sino como parte medular en las trayectorias juveniles y en su simbolización de la realidad que les toca vivir. Los eslabones que debieran vincular, en la juventud, el paso de la dependencia a la autonomía no son nada evidentes ni aquí ni allá: sea porque el tránsito es menos fluido que antes o porque pasa por otros códigos, ritmos y mecanismos. Igualdad de oportunidades y negociación de las diferencias en la vida de los jóvenes son anverso y reverso de una misma moneda. Moneda que rueda, también, en la reflexión y en la elaboración de políticas de ambos lados del océano.
De esta complejidad hemos partido. La primera de nuestras tareas como coordinadores del número que ahora se presenta fue definir aquellos temas que considerábamos clave para el objetivo central que nos dimos, a saber, dar cuenta de algunos de los problemas cruciales en torno a los cuales se desarrollan el trabajo investigador y el debate sociopolítico sobre los jóvenes a ambos lados del Atlántico. Desde el comienzo apostamos por ofrecer al lector una pluralidad de miradas que mostraran, precisamente, el interés que está suscitando el análisis de la juventud en las diversas ciencias sociales, el profuso caudal de investigación en el tema y, sobre todo, las inevitables polémicas en torno al significado y a las consecuencias de algunos de los cambios que están afectando a los jóvenes en nuestras sociedades.
La tarea resultó ardua y compleja, pues desde la partida supimos que no podíamos abarcar la diversidad de situaciones que comprende un contexto tan amplio -al tiempo que dispar- como es el de América Latina y la Península Ibérica. Optamos, pues, por comenzar elaborando una primera lista de "cuestiones comunes" que sí parecían ofrecer una base compartida sobre la cual vertebrar distintos problemas y perspectivas de análisis. Tres fueron los grandes tópicos que definimos en ese momento inicial: el logro de la autonomía de los jóvenes en contextos económicos, sociales y políticos en constante transformación; el desafío de la inclusión de los jóvenes en nuestras sociedades iberoamericanas (así como el reverso de la moneda: su exclusión); y, finalmente, un vasto conjunto de problemas vinculados con la inclusión política de los jóvenes, que pueden resumirse bajo el concepto de ciudadanía. Éstas son las cuestiones que se abordan en los tres primeros epígrafes de este número. En ellos, el lector podrá comprobar cómo aparecen los temas clásicos de los estudios juveniles -la educación, la incorporación al mercado de trabajo, el abandono del hogar familiar- desde nuevos prismas de análisis. Los conceptos de transición juvenil, autonomía y ciudadanía son quizá los elementos clave de las propuestas de los autores allí incluidos.
Nos pareció, luego, que este conjunto de artículos debía complementarse con la inclusión de otras dos temáticas que también consideramos de suma relevancia en los estudios de juventud. Ellas conforman las dos últimas partes de este trabajo colectivo. La primera está dedicada a las formas de violencia que afectan a la juventud actual, considerando, pues, no sólo los viejos y nuevos tipos de comportamiento violento de algunos grupos de jóvenes, sino haciendo hincapié también en los estigmas y condenas con las que nuestras sociedades tienden a caracterizar ciertas conductas y culturas juveniles. Por último, creímos significativo incorporar, además, la reflexión en torno a las políticas de juventud. Desde hace ya varias décadas -aunque con ritmos y estilos distintos según los países- los jóvenes han sido considerados como destinatarios relevantes de ciertas intervenciones y políticas públicas. Asistimos, por tanto, a la creación de organismos estatales dedicados a elaborar y poner en práctica dichas políticas, a la incorporación de los estudios de juventud en los centros de educación superior y, con ello, a la formación de profesionales especialistas en el tema. La evaluación de estas políticas, así como el debate sobre la propia razón de ser de las "políticas de juventud", se ha convertido en un campo significativo para el análisis sociopolítico.
Cabe resaltar, por último, que en cada una de las cinco secciones que componen este número de Pensamiento Iberoamericano hemos tenido buen cuidado de incluir textos de autores latinoamericanos e ibéricos. Creemos que con ello se garantiza aun más la pluralidad de perspectivas de estudio.
Toda labor de selección implica, inevitablemente, la exclusión de otros temas destacados que el lector quizá eche en falta. Somos plenamente conscientes de la larga lista de cuestiones que se nos quedan fuera. Pero esta opción se ancla en dos motivos principales. Ante todo, porque estamos convencidos de que nada de lo incorporado a este número es irrelevante; por el contrario, están todos aquellos temas sobre los que más se ha centrado la investigación social en los últimos años y que, al tiempo, han estado más presentes en los debates de la opinión pública. Por otro lado, en los mismos artículos presentados recurren inexorablemente otras problemáticas centrales en estudios de juventud, tales como la migración, las culturas juveniles y los nuevos significados del consumo.
A fin de respetar la diversidad de realidades que viven los jóvenes, hemos querido mantener un equilibrio entre miradas desde la Península Ibérica y desde América Latina. La multiplicidad de temas y de perspectivas ha sido la constante de nuestro trabajo de coordinación, lo que se refleja igualmente en la selección de los autores que participan en este número monográfico. Una rápida ojeada a sus biografías académicas evidencia que hemos tenido la fortuna de contar con especialistas en el estudio de la juventud, provenientes de diversos países y que trabajan en grupos o instituciones académicas de muy distinta naturaleza. Y, si bien el análisis sociológico es el dominante, las contribuciones de otras disciplinas desde las cuales se trabaja sobre la juventud -la economía, la psicología, la ciencia política o la antropología- también están presentes en sus escritos. Éste es el momento para agradecer públicamente a todos los autores, no sólo por acceder a colaborar en este número, sino además por la generosa disposición a aceptar nuestras sugerencias y comentarios sobre sus trabajos.
Una vez presentada la estructura del número, y justificada la elección de los temas que se han incorporado al mismo, pasamos a la que se suele considerar la parte central de una introducción de este tipo: realizar una breve presentación de cada uno de los artículos, destacando sus principales contribuciones. O, lo que es lo mismo, trataremos de elaborar una breve guía que facilite su lectura.
Dos son los textos que se han recogido en la sección titulada "Jóvenes, autonomía y modernidad". En el primero de ellos, Néstor García Canclini, en su artículo "Los jóvenes no se ven como el futuro: ¿serán el presente?", enfatiza las formas contrastantes e inéditas con que la juventud latinoamericana, y sobre todo mexicana, recrea el sentido de la autonomía, la flexibilidad y la integración social. Respecto de lo primero, si en la "modernidad clásica" el tránsito hacia vidas autónomas parecía confluir el acceso al empleo, la capitalización de la educación adquirida y el matrimonio (o la formación de una nueva familia), hoy los jóvenes resignifican la autonomía y le incorporan otros referentes. Uno de ellos es la conectividad digital y la convergencia de diversos medios en el "mundo digital", a través de la cual devienen actores, comunican a audiencias más amplias, sintetizan a la carta sus preferencias sensoriales en general, y gestionan estrategias de vida. El consumo tanto material como simbólico se vuelve entre jóvenes un espacio privilegiado para afirmar identidad propia y construir sensibilidades y estilos de vida.
La flexibilidad entre jóvenes tiene la doble cara de la plasticidad y la precariedad. García Canclini destaca el lado luminoso y el lado sombrío. En el primero, propone como ejemplo el caso de tantos artistas jóvenes que de manera capilar producen y comunican lo que hacen con nuevos recursos tanto materiales como formales. Del lado oscuro están las grandes masas de jóvenes que sólo acceden a empleos muy precarios en el sector informal, los jóvenes desplazados por conflictos armados, y muchos jóvenes migrantes que deben reconstruir sentido y vida lejos de su lugar y mundo de origen. Entre la flexibilidad y la precariedad se ubica la informalidad en el consumo, donde la juventud se las arregla a su manera, y recurre más a puestos de venta pirata, mercados populares, de ropa y artículos de segunda mano, que a tiendas formales y centros comerciales.
En su forma de asumir la modernidad los jóvenes latinoamericanos construyen sus vidas desde las cenizas de la modernidad clásica: ni la órbita política les merece confianza como campo de negociación de proyectos, ni el futuro les resulta diáfano como el tiempo reservado por la sociedad para ellos. En este marco, en las nuevas generaciones se exacerban tendencias de las sociedades actuales: más información e interacción con baja integración social, aceleración del cambio y pérdida de arraigo temporal tanto en el pasado como el futuro, baja influencia de la institucionalidad clásica con apropiación flexible de recursos heterogéneos, desigualmente distribuidos. En esta desigualdad, señala el autor, al investigador le cabe relevar las condiciones múltiples y conflictivas de diversos grupos de jóvenes en los procesos de cambio sociocultural.
El tema de la construcción de autonomía está también muy presente, desde la perspectiva española y europea, en el texto de Almudena Moreno, "Rasgos característicos de la transición a la vida adulta de los jóvenes españoles en el marco comparado europeo". La autora considera las transiciones de los jóvenes a la vida adulta en el seno de los contextos en los que éstos gestionan sus procesos de independencia. No obstante, ella defiende que la creciente individualización que los caracteriza obliga a hablar cada vez más de itinerarios vitales definidos por un aumento de los riesgos y de la incertidumbre, un giro significativo que está marcando los estudios sobre juventud en los últimos años.
Notas:
- [*]. Usamos aquí el genérico masculino para hacer más fluido el texto, en el entendido que nos referimos a jóvenes de ambos sexos. Con el mismo criterio usamos el genérico masculino "lector" para referirnos a lectores y lectoras. (Nota de los editores.)


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