Jóvenes en España a las puertas de la participación social y económica. Estrategias individuales y respuestas políticas.
Andreu López Blasco
AREA, EGRIS, Valencia
TAMAÑO LETRA
Los supuestos que tenemos al llevar a cabo un determinado estudio también condicionan en gran parte las informaciones que se podrán extraer del mismo. Si se intentaran producir resultados comparables, aunque utilizáramos preguntas siempre iguales, el sentido de las respuestas podría ser distinto, ya que el contexto de las condiciones de vida es cambiante.
Quien quiera informarse sobre los resultados de una investigación sobre la situación vital, y la configuración y la planificación de la vida que se espera, no puede basarse sólo en informaciones sobre algunos datos aislados del contexto social, como por ejemplo, en las titulaciones educativas conseguidas o en la edad de los jóvenes cuando abandonan el hogar familiar. Es importante saber bajo qué condicionamientos diferentes se han alcanzado estas transiciones y qué significado tienen en el contexto social.
La integración de los jóvenes con cualificaciones profesionales bajas, de aquellos que muestran pocas aspiraciones, o de los que tienen poca confianza en su rendimiento y poca resistencia para, en momentos determinados, "arrimar el hombro", es motivo de una gran preocupación para muchos países. Esta falta de integración significa que una gran parte del potencial de las generaciones jóvenes, en el ámbito social y económico, permanece inactivo y un porcentaje significativo de jóvenes tiene que ser mantenido, a través de redes sociales y mediante transferencias públicas.
Desde el punto de vista socioeconómico, las desventajas que observamos en la sociedad son mayores cuanto mayor es la proporción de personas de una cierta edad que, bien por jubilación o pre-jubilación, ya no están disponibles para el proceso productivo, y cuya asistencia también tiene que ser garantizada a través de los ingresos de las generaciones jóvenes. Los investigadores y los políticos hablan de la "debilidad de la tasa de reemplazo demográfico" y cuando lo hacen, no se refieren sólo al descenso de nacimientos, sino también al capital productivo de las generaciones jóvenes, que retrasa su disponibilidad para entrar en el mercado laboral.
Un número considerable de jóvenes que se encuentran en formación es mantenido total o parcialmente por el hogar familiar o a través de transferencias desde el mismo. Los largos periodos de formación, las largas fases de transición hacia una ocupación estable, los requisitos más elevados y los costes necesarios para mantener un hogar (vivienda, electrodomésticos, ocio), las relaciones de pareja inestables, etc., han contribuido o incluso hecho necesario un periodo de asistencia económica más largo a través de la familia.
Extraña que las sociedades que tienen que enfrentarse al envejecimiento de su población no hagan más esfuerzos para que los jóvenes tengan un lugar en la sociedad, dando al mayor número de ellos un grado de cualificación mínimo, y apoyando y fomentando las cualificaciones y transiciones hacia el empleo, de forma que el capital de las generaciones jóvenes sea utilizable antes y de un modo más eficaz.
Cuando se habla de "juventud" en círculos políticos o científicos, se está hablando casi siempre de jóvenes de hasta treinta años. Se trata de la fase de entrada de los jóvenes adultos en el empleo y, a través de cursos de formación, de su preparación hacia ocupaciones que requieren mayor cualificación.
Las rutas formativas se han hecho más largas, y en no pocos casos tienen que abandonarse para comenzar otras nuevas. Las cualificaciones profesionales tienen que adaptarse a condiciones cambiantes, y, junto a los requisitos institucionales para las rutas formativas y ocupacionales, todavía tienen un papel más relevante el asesoramiento y las orientaciones para aumentar las capacidades que se necesitan para adaptarse a la sociedad del conocimiento. La importancia que, en la sociedad de riesgo, tienen cada vez más las decisiones individuales que deben tomar los jóvenes así como su capacidad para tomarlas, evitando no equivocarse, hace que éstos dependan de instancias externas, del asesoramiento y de ayudas de las familias y/o del Estado.
El peligro de caer en la marginación que sufre un gran número de jóvenes, mencionado anteriormente, hay que tomárselo en serio, ya que la marginación que se inicia al comienzo de la vida puede prolongarse durante toda ella. Más allá de las consecuencias que tiene para la existencia personal y las cargas que supone para la familia de origen, la marginación de un gran número de jóvenes tiene otras consecuencias graves para la sociedad.
Además, el que se dé la marginación de los jóvenes en sociedades con un alto porcentaje de personas mayores, en las que los jóvenes no acceden al capital productivo, dificulta el recambio generacional con las consecuencias que acarrea, principalmente, el aumento de los costes de la seguridad social para las generaciones mayores: los sistemas sociales dependen de las generaciones jóvenes, que a su vez crean unos costes adicionales para el sistema a través de la marginación.
Investigadores, representantes sociales e instituciones políticas de muchos países (países europeos, Canadá, Australia...) se quejan de que un gran número de jóvenes son marginados o fracasan en sus intentos de posicionarse social o profesionalmente en la sociedad. Muchas investigaciones se han ocupado de fenómenos como la larga estancia de los jóvenes en el hogar de los padres, el largo periodo hasta la independencia económica y la creación tardía de un hogar propio o de una relación de pareja que conduzca a la formación de una familia. Algunos informes científicos indican que el retraso en la creación de un hogar propio no puede interpretarse por sí mismo como un problema, mientras no se puedan probar las consecuencias sociales negativas evidentes vinculadas a este hecho.
En los países industriales y socioeconómicos muy desarrollados se necesita cada vez menos fuerza laboral poco o nada cualificada. Además, se obliga en mayor medida a los desempleados a aceptar trabajos ocasionales y temporales mal remunerados. Al mismo tiempo, aumenta la competencia entre los trabajadores cualificados, con nuevas y mayores demandas de cualificación profesional, competencias sociales y disposición a la movilidad regional. En muchos casos, los sistemas sociales y de formación no se han adaptado todavía a estas demandas, resultantes de las nuevas condiciones en el mercado laboral. Por otra parte, estos sistemas no disponen, la mayoría de las veces, de los medios y las estrategias políticas y económicas necesarias para reformarse a sí mismos.
Mientras un gran número de los trabajadores/ as de más edad queda libre a causa de los cambios en el ámbito de la producción (quiebra de empresas, fusiones, cambio de localización, racionalización), y sin alternativas de ocupación, los jóvenes que buscan un trabajo son empleados en las "antecámaras" de la ocupación cualificada y estable, después de un ya de por sí largo periodo de formación: en actividades alejadas de su ámbito de formación, en prácticas, trabajos ocasionales o temporales, o puestos de trabajo limitados a un tiempo o a una actividad con caducidad. Ante esta situación de temporalidad o flexibilidad en los puestos de trabajo, los/las jóvenes intentan conseguir, cuanto antes, un trabajo que les asegure unos ingresos seguros, lo cual les está llevando a buscar un trabajo como "funcionario", aunque tengan que dedicar mucho tiempo y esfuerzos a preparar unas oposiciones.
Mientras la situación de un gran número de jóvenes en las "antecámaras" de una ocupación estable representa un fenómeno muy extendido, algunos países se ven además confrontados con una proporción relativamente alta de jóvenes y jóvenes adultos desempleados.
La competencia por conseguir un puesto de trabajo por un lado, y su vinculación en muchos casos con la exigencia de que sea el mismo trabajador el que pague una seguridad social privada (no financiada por el Estado sino por el empleador) y se ocupe de aportar resortes económicos para la jubilación, aumenta la urgencia que tienen los jóvenes de obtener unos ingresos suficientes y seguridad temprana.
En la situación actual son cada vez más perceptibles los costes que tienen que soportar las familias, las redes sociales y los contribuyentes para cubrir al menos las necesidades existenciales de las personas jóvenes, mientras que no se tiene en cuenta el capital social que se pierde al no facilitarles su participación social y económica. No hay que perder de vista que el retraso de los jóvenes en participar en la vida social y económica aumenta el peligro de que la gente joven entre y permanezca en las zonas de la marginación social y que esta situación sea una carga para la red social.
Los jefes de Estado y gobierno de la UE y la Comisión Europea, impulsaron el "Pacto Europeo por la Juventud" (octubre de 2005) con el objetivo declarado de "colocar a los jóvenes y jóvenes adultos en el centro de la estrategia europea para el crecimiento y la ocupación" [6]. Con este programa político debería mejorarse la ocupación, la integración y el ascenso social de los jóvenes, su formación, su formación profesional, su movilidad y fomentar la conciliación de la familia y el trabajo.
Los objetivos centrales de las políticas de la Comisión Europea fueron concebidos como reacción ante la gravedad de las desigualdades específicas detectadas entre los jóvenes, como por ejemplo la proporción todavía alta de desempleo entre los jóvenes/jóvenes adultos, el porcentaje elevado de jóvenes con títulos educativos bajos, reducidos a la educación obligatoria, con una formación y una preparación insuficiente que los lleva a optar por una vida laboral en la que predominan los trabajos precarios con pocas expectativas de futuro.
¿Dónde se encuentran las generaciones jóvenes en su camino hacia una vida autónoma? ¿Cómo se configura el acceso y la evolución de las rutas formativas en su relación con la cualificación profesional? ¿Qué accesos encuentran los jóvenes a posiciones dentro del proceso productivo de la economía? ¿Cómo se configuran las relaciones de pareja, la autonomía económica y las tareas y necesidades del hogar? ¿Qué influencia tienen los diversos recursos, las condiciones de partida y las experiencias sobre las decisiones de formar una familia propia?
Las preguntas sobre cómo se configura el camino de los jóvenes desde sus familias a la vida independiente, a un puesto autónomo en la vida social y económica, han adquirido una relevancia especial debido a las transformaciones demográficas, políticas, económicas y sociales.
Finalmente nos gustaría llamar la atención sobre la necesidad de ampliar el debate sociológico y político haciendo referencia a la situación de la gente joven en el proceso de globalización
1. ¿Qué significa el proceso de globalización para la generación joven?
Sin querer entrar en el debate sobre qué se entiende por globalización (Giddens, 2007; Beck, 2006), nos referimos aquí al término globalización cuando hablamos de unos acontecimientos que provocan una transformación sustancial en las condiciones y formas de actuación de las instituciones y de los actores individuales. Este proceso se forma y se refleja en los flujos de información transnacional y de know-how ( saber hacer), de transferencias de tecnología transnacional, en los flujos de capital, mercados laborales y producción de bienes, de flujos de exportación en la expansión transnacional de modelos de consumo y de estilos de vida, y en el establecimiento de agencias políticas transnacionales y de identidades políticas multinacionales.
La globalización abre un marco de interacción sobre oportunidades y riesgos, participación y exclusión. Tiene lugar sobre la base y en el contexto de las estructuras económicas y sociales nacionales, que también influyen como posiciones de partida en las oportunidades y los riesgos de las actuaciones, y aunque la globalización se aceptó y fomentó políticamente a través del establecimiento de agencias políticas y económicas transnacionales, no puede dirigir ni configurar el proceso político puesto que tiene, en gran medida, una dinámica técnica y económica.
Notas:
- [6]. Se trata de garantizar a los jóvenes un trato justo. Los gobiernos europeos y la Comisión renuevan sus esfuerzos para reducir las desigualdades de los jóvenes, incluyendo luchar contra el desempleo. En: "Social Agenda 2006: European Year to promote worker' s mobility", Issue nº 12, pp. 22-24.


Imprimir
Descargar PDF