Pensamiento Iberoamericano
Número 3

Las múltiples fronteras de la violencia: jóvenes latinoamericanos entre la precarización y el desencanto.

Rossana Reguillo

ITESO, Guadalajara,, México

Número de páginas: 4

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Pero por otro lado, esta condición de exclusión no agota la explicación, y es peligroso asumir que hay una relación directa entre pobreza y delincuencia, o entre exclusión y violencia juvenil [18]. En cuanto al narcotráfico en particular y el crimen organizado en general, su poder no estriba sólo en poder de muerte, sino principalmente en su poder de alterar y quebrar distintos órdenes sociales.

Las “escenificaciones” de este poder (más que escenas aisladas) ratifican el creciente empoderamiento del narco en diferentes ámbitos de la vida social. Además de la debilidad y la corrupción de las instituciones del Estado, sugieren algo mucho más profundo: la compensación de un vacío, de una ausencia y de una crisis de sentido. Dicho de otro modo, a través de estas continuas escenificaciones se hace visible el desgaste de los símbolos del orden instituido, mientras los actores del narco se van mostrando capaces de generar sus propios símbolos. Tales símbolos no se explican desde la mera oposición legalidad-ilegalidad.

Por ello propongo abrir un tercer espacio analítico: la paralegalidad, que emerge justo en la zona fronteriza abierta por las violencias. No es un orden ilegal lo que aquí se genera, sino un orden paralelo que construye sus propios códigos, normas y rituales. Al ignorar olímpicamente a las instituciones y al contrato social, la paralegalidad se constituye en un desafío mayor que la ilegalidad.

5. A modo de conclusión: desbordes y límites

Sólo la comprensión de la multidimensionalidad que caracteriza a las violencias y la diversidad de escenarios y mundos juveniles, es lo que puede permitir salir de las explicaciones reduccionistas, sean ellas normativas, epidemiológicas o autoritarias, y que no hacen sino atender el agravamiento de los síntomas. La biografía de Fredi, constituye, en este sentido, la interfaz en la que se cruzan y yuxtaponen, en una dinámica incesante, los signos radicalizados del malestar contemporáneo; y que frente al desgaste del lenguaje político encuentra en la violencia su más elocuente lenguaje.

Del exilio violento a las múltiples estrategias de paralegalidad en las que se ha visto inmersa, la biografía de Fredi es una historia de des-apropiaciones [19] del yo y su lucha constante por re-inscribirlo —por la reapropiación—. Este marero nombra sin nombrar la confluencia de la tríada que comanda la “racionalidad” de las violencias en muchos de los escenarios juveniles latinoamericanos: la precarización de la vida, el desencanto como ausencia de confianza o sentido que deriva en un presente perpetuo que sólo se deja evaluar desde el inmediatismo, y una paralegalidad que adviene no sólo como estrategia de supervivencia sino también como un orden capaz de contrarrestar la precariedad y el desencanto.

Como afirmé desde el comienzo, las violencias no se ubican en un más allá, restringido a un espacio-otro, a una heterotopía [20] salvaje y lejana, vinculada a la barbarie por contraposición a la civilización; ellas están aquí, ahora, presentes en un espacio complejo cuya recurrencia pone en evidencia, cuando menos, la falacia de pensarlas como brotes excepcionales [21] que sacudirían de vez en vez el paisaje armónico y pacífico de una pretendida normalidad “normal”.

Las violencias juveniles se instalan justo en el vacío de legitimidad y la ausencia percibida de un proyecto colectivo portador de sentido. Desde ahí, desafían la legalidad. Pero al hacerlo confrontan una ausencia, no una presencia. Y, sin embargo, a esta ausencia de legitimidad se responde con dosis redobladas de legalidad [22], en una espiral punitiva que termina por alimentar las violencias.

Las violencias que protagonizan los jóvenes, ya como víctimas o como victimarios, deben ser calibradas en el contexto de los proyectos sociopolíticos y los modelos económicos contemporáneos. Ellas, me parece, se proyectan sobre un imaginario social al que parece faltarle proyecto colectivo, sobre una sociedad atemorizada por las señales constantes de la ruptura del orden conocido y el declive acelerado de las instituciones, perseguida por la pobreza y la ausencia de un orden inteligible.

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Notas:

  • [18]. En otros trabajos he señalado que estas “asociaciones” tienden a fortalecer los argumentos para criminalizar tanto la pobreza como a los jóvenes, y a ablandar a la opinión pública para la implementación de soluciones autoritarias y violatorias de los derechos humanos. Ver Reguillo, 2000 y 2008.
  • [19]. Por des-apropiaciones me refiero a que en su trayecto de vida, Fredi pierde primero su casa, la certeza de su lugar; en la huída pierde a sus padres; cuando ha logrado tener una mínima idea de familia, al lado de Don Catalino, sus tíos deciden partir. En síntesis esta noción me permite aludir a una subjetividad en continua tensión por constituirse. La inestabilidad en el contexto, en las condiciones, le arrancan la certeza de que ese “yo” hubiera sido el mismo de no haberse presentado la situación que lo lleva brincando hacia delante. Por reapropiación o reinscripción, entiendo el proceso a través del que los actores juveniles precarizados intentan construir una cierta estabilidad, una mínima certeza de lugar, de solidaridad, de lealtades.
  • [20]. Desarrollo este concepto en Reguillo, 2006, que antropológicamente posibilita el análisis de la espacialización de los miedos sociales. Propongo un triple análisis del espacio tópico, que alude al espacio que el actor reconoce como propio y seguro; el espacio heterotópico que es el lugar que representa “el mal”, “el peligro”, la “degradación” y que generalmente, suele asociarse a barrios pobres, a los centros históricos, a las zonas de prostitución, entre otros espacios, y suele estar vinculado en el plano temporal, con la noche, con lo oscuro; el tercer componente del esquema es el espacio utópico que alude a la ciudad ideal, al espacio anhelado.
  • [21]. Una visita cotidiana por la prensa latinoamericana bastaría para desestabilizar la idea de “excepcionalidad”.
  • [22]. Entre otros ejemplos posibles, la “Ley para el combate de las actividades delincuenciales de grupos o asociaciones ilícitas especiales”, de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador, promulgada en el Diario Oficial 65, Tomo 383, o la “Operación Mano Dura y la ley antimaras, propuesto por el Presidente de El Salvador, Francisco Flores, difundido en cadena nacional (radio y televisión) el 23 de julio de 2003. También la convocatoria a la “Cumbre antimaras”, entre los gobiernos de la Región, realizada en junio de 2005. También las obsesivas campañas -a veces exitosas- para la reducción de la edad penal, que se percibe como panacea como tratamiento de shock contra las violencias juveniles y que no hace otra cosa que expresar la lógica punitiva con la que se piensa desde el mundo de las políticas públicas.
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