Pensamiento Iberoamericano
Número 3

Las múltiples fronteras de la violencia: jóvenes latinoamericanos entre la precarización y el desencanto.

Rossana Reguillo

ITESO, Guadalajara,, México

Número de páginas: 4

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Aquí aparece la quinta y última (hasta ahora) de sus fronteras, la frontera invisible [14]. Debe salir de San Salvador y sus homies le ayudan a preparar su retorno a Estados Unidos; él está feliz, sin ninguna nostalgia ni preocupación por dejar atrás ese territorio hostil en el que se convirtió su país, y al que nunca consideró su patria:

"Del grupo que se bajó del tren no conocían a nadie. Pero igual se echaron todos juntos a dormir en ese túnel, con ese saber que da la cultura oral de las migraciones. Todos sabían que era el lugar más seguro pero no sabían porque sabían. En Esquipulas, a las orillas del caudaloso río Suchiate, Fredi había comprado pasaportes mexicanos y había practicado sus ‘sí, jefe', ‘con el perdón de usted', ‘andamos viniendo de Veracruz', por si la migra los apañaba.

Esa noche bajo las vías del tren en Guadalajara, más que miedo lo que tuvo fue un mal presentimiento. Cuando por fin Angelito se durmió agotado por la diarrea, escucharon unas voces fuertes. ‘Ya nos llevó la chingada', pensó Fredi. La migra mexicana estaba haciendo un operativo con los Centauros, una policía especial que viste de negro y actúa en casos extremos. Y es que desde el once de septiembre la migra mexicana está muy dura, les toca ser la primera frontera.

Los formaron en fila. Eran como treinta personas, algunos grandes, la mayoría jóvenes como Fredi y Nayeli. La primera de la fila era una muchacha morena de buen ver. Un Centauro la empujó suavemente con el rifle hasta ponerla al alcance del oficial de migración.

-¿Cómo te llamas?

-Patricia, señor, Estrada. Patricia Estrada, señor.

-¿Eres de aquí?

-¿De Guadalajara, señor?

-No te hagas la lista muchacha, de aquí de México.

-Ah, pos la mera verdad no, señor.

-¿De dónde?

-De Honduras, señor, pero tengo mis papeles, mire.

El oficial le pasó los papeles a otro funcionario. Este los revisó con un visitador de derechos humanos.

-Falsos.

-Sí, falsos. Opinaron ambos y uno volvió a empujar a la muchacha para separarla de la fila.

-¿De dónde eres?

-Pos de aquí mismo, jefe, mexicano soy pues.

-¿Traes tus papeles?

-Ah chingados ¿y a poco necesito papeles para andar por mi país?

El oficial se encabronó y dijo:

-Ya nos salió un abogado...

Y añadió con ironía:

-¡Un defensor de los derechos humanos!

Lo apartaron de la fila y se lo llevaron con la muchacha y otros tres que no habían pasado la prueba.

Fredi apretaba a Angelito que ya ni lloraba por la deshidratación y Nayeli dio el primer paso. -Ayúdenos- le dijo al oficial y señaló el cuerpo desmadejado de su hijo.

-Venimos de Veracruz y vamos a Mochis a ver unos parientes y a buscar trabajo. Nos quedamos sin dinero y el niño se nos está muriendo.

Fredi sacó los pasaportes que bien valieron su precio, porque el Segundo oficial y el visitador, asintieron. El mero oficial les dijo:

-Pos órale, en lo que averiguamos bien, se van de volada con el comandante al Civil, ahí que los atiendan y nos esperan para verificar sus datos.

El Centauro les indicó el camino y ahí tirando sirena se los llevaron derechito al Hospital Civil. Un médico hasta salió a recibirlos. Era un doctorcito amable que revisó al niño con cuidado y verificó que la deshidratación era grave. Lo ingresaron sin mayores interrogatorios.

Fredi se prendió de su escapulario y decidió hablar lo menos posible; Nayeli estaba agotada por la hazaña de haber engañado, por lo pronto, a la migra mexicana. Pero ya no hubo problemas. Seguro esa noche fue de mucho trabajo, porque ni un oficial, ni un Centauro, ni el de derechos humanos se presentaron en el hospital. Ahí estuvo Angelito tres días seguidos recuperándose del rota virus que amenazaba con llevárselo.

En las primeras horas de espera frente a la puerta de la unidad de cuidados intensivos, mientras pensaba en Fredi conoció al Jabón, un bato muy cabal, muy sereno que tenía a su hermana muy grave. Era la niña de sus ojos y estaba a punto de morirse de un riñón que ya no le funcionaba. ‘Un man como debe ser, you know', dice Fredi. Y todo fue empezar a conversar para descubrirse amigos, compas, homies".

En esta última frontera, Fredi da un paso definitivo, el paso mayor y decisivo que habrá de llevarlo a la cárcel de manera irreversible: el "Jabón" era uno de los lugartenientes en la entidad de uno de los capos más temibles en el mundo del narco mexicano, Osiel Cárdenas [15], líder del cártel del Golfo. El "Jabón" logra reclutar a Fredi como sicario para arrebatar la plaza al Cártel de Sinaloa. Aunque sus lealtades siguen perteneciendo a la mara, Fredi se convierte en un eficiente e implacable soldado:

"El Jabón le tomó inmediata simpatía a ese muchacho flaco de ojos verdes que dormitaba en una silla rota del hospital. Además al Jabón, cuyo apodo venía de su habilidad para limpiar la mierda que sus jefes dejaban regada después de un operativo, le urgía hablar con alguien del dolor de su hermanita muriéndose sin que nada pudiera hacer. Nadie más receptivo, más sensible, que un padre preocupado y dolido por su hijo, un padre sin trabajo, ilegal y desesperado.

Y, desde siempre, Fredi, había sido bueno para oír, era una habilidad que una miss en Belmont le elogiaba mucho, en sus clases de literatura. Además el muchacho era duro como él. Tres horas le tomó al Jabón reconocer al Alacrán y rendirle tributo a don Catalino Hernández Preciado, petrolero y asesino de alacranes, maestro y primer homie de Fredi. Cinco horas le tomó reclutar a este mara tan suertudo, que con todo y vieja y chamaco engañó a los pendejos de la migra.

Para las veinticuatro horas de haberse conocido, el Jabón ya hasta le decía a Fredi:

-Pos qué carnal, ¿a qué horas te sales de los ‘Salvapussys' y le entras con hombres de verdad?

Doscientos dólares sacó de su cartera el Jabón y se los dio a Fredi.

-Te me vas a un hotel con tu vieja, te bañas, te duermes, que al cabo el chamaco está bien atendido y yo no me voy a mover de aquí hasta que me traigan nueva razón de mi hermanita. Estos pendejos bailan con dólares y si se ofrece algo p'al chamaco yo me hago cargo, para eso somos los carnales.

Era la primera vez que Fredi oía la palabra ‘carnal', pero su memoria antigua, supo, sintió, que un carnal es un homie y a un homie se le confía hasta el hijo agonizante .

Tan cansados estaban Fredi y Nayeli que aceptaron gustosos el ofrecimiento. Buscaron un hotel cerca y se durmieron, como Angelito en el hospital, más de doce horas seguidas. El pacto estaba sellado.

-Me hacía falta alguien como tú, pinche Alacrán. Un pinche asesino de ojos verdes y con cara de yo no fui.

Todo fue que el Jabón le agarrara confianza a Fredi, para que él empezara a ascender en su nueva ‘clica'. Entregas de mercancía, cobro de cuentas, hacerle de guardaespaldas, hacerle morder polvo a un enemigo incómodo, comprar los boletos para el fútbol, llevarle flores a la hermana que nunca se recuperó. De todo hacía Fredi, mientras Angelito aprendía sus primeras palabras en mexicano.

Todo estaba bien, pero el viaje pendiente. La lealtad de Fredi era con la mara, no con el cartel y aunque estos eran sus patrones, Elei estaba en su corazón como el tatuaje de la mara que después de su primera prueba se grabó en el pecho: ‘por mi madre nací, por la mara muero'".

4. Del caso singular a la interpretación de fondo: violencia y paralegalidad

Los costes relacionados con la violencia representan para América Latina anualmente más del 12% del PIB, cifra que supera el porcentaje de inversión en salud y educación (OPS, 2007). En 2007, el número de ejecutados por el narcotráfico ascendió en México a dos mil doscientos setenta muertos, lo que representaba casi siete personas asesinadas al día. En los primeros cinco meses de 2008, esta cifra se ha incrementado al doble, un promedio de catorce ejecutados por día. El número de muertos lleva a los especialistas a señalar que se trata de una guerra que va perdiendo el Estado mexicano.

Lo relevante en esta última parte en la biografía de Fredi es la articulación que se produce entre su propia historia y la violencia del narcotráfico. Estamos lejos de poder calibrar tal articulación en toda su magnitud que planteo aquí como una confluencia "perversa" entre modos distintos de la violencia, cuyo eje vertebrador es el de la transcodificación. Tal concepto hace referencia a la conservación de un significante ya establecido para introducir un nuevo significado (la violencia "marera" a la que se le superpone la violencia del narco). El sentido de la transcodificación de las violencias es importar y exportar códigos, reglas, pautas y mecanismos, que operan en marcos de significado diferentes y hasta en fronteras diferentes, pero que encuentran su nicho de significación en un lenguaje más amplio que ratifica que la violencia es lengua franca que todos son capaces de descifrar. El viaje de Fredi puede entenderse, metafóricamente (y pasando del caso singular a la interpretación de fondo), como el viaje de los códigos de la violencia, y la resignificación del código en el cruce de cada frontera (literal, y metafórica).

La violencia juvenil en el caso centroamericano, y especialmente salvadoreño, no puede aislarse de los "efectos" de una cultura de la guerra, lenguaje aprendido que deriva en la resolución de conflictos a través del código violento (Estrada, 2006). Ante ello, cabe preguntarse por lo que sucede cuando estas formas aprendidas se encuentran frente a frente con los dialectos del narco. En un momento histórico en que los carteles de la droga en México y en otras partes de la región están disputando fuertemente el control de territorios y nuevas rutas para el trasiego de drogas, una importante estrategia de esta batalla es el reclutamiento de jóvenes. Según algunos especialistas en delincuencia organizada, esto está provocando un escenario de mayor violencia, dada la inexperiencia de los nuevos sicarios (jóvenes que reciben una paga por matar). Se afirma al respecto que "los nuevos sicarios son jóvenes [16] entre los quince y los veinte años", y "los cárteles de la droga han aprovechado la falta de valores e integración familiar para nutrir sus filas delictivas; en regiones como Nuevo Laredo y Matamoros (Tamaulipas), en Badiraguato y Culiacán (Sinaloa), los buenos son los delincuentes y los malos son la policía" (opinión de Paulino Jiménez Hidalgo, investigador de la Academia Superior de Policía en México).

Estos jóvenes ingresan como victimarios a la órbita del narcotráfico, pero también como víctimas. "La vida del narco es un ejemplo para ellos, aspiran al poder económico y al reconocimiento del grupo al que se han integrado (narcotráfico); sin embargo, su inexperiencia se demuestra en la excesiva violencia que ejercen con sus víctimas"; y "la vida útil de los nuevos reclutas es muy corta dentro de una organización de este tipo; son asesinados por los integrantes de una organización antagónica o los meten a la cárcel, por ello aceptan el encargo de cualquier ejecución y la violencia que ejercen es para demostrar su valía" [17].

No comparto la idea de que los jóvenes se "afilien" a las actividades del narcotráfico por la falta de valores y la desintegración familiar, como suelen machacar algunos expertos y muchos políticos. Esta lectura moralizante y psicologista resulta simplista y miope, porque niega, elude o invisibiliza las condiciones estructurales en las que muchos jóvenes intentan armar y construir sus biografías. Y porque desconoce el contexto real en que el narcotráfico opera como mecanismo de empoderamiento de los jóvenes reclutados.

De un lado, está la dificultad real de acceso al mercado formal del trabajo por parte de la juventud que busca oportunidades de empleo para contar con un ingreso propio. En el caso de América Latina y el Caribe, la tasa de desempleo juvenil duplica y hasta triplica el desempleo adulto, según el país, y la tasa de desempleo entre jóvenes de familias de bajos ingresos es mucho mayor que entre jóvenes de sectores más favorecidos. Todo esto plantea una situación de alta vulnerabilidad y obstáculos muy fuertes a la inclusión e inserción juveniles. El problema más fuerte en este sentido lo enfrentan los jóvenes que no estudian ni trabajan, porque la escuela ya no los atiende y el mercado laboral tampoco los integra. Doblemente desafiliados: ¿dónde están, quién se hace cargo de estos jóvenes?


Notas:

  • [14]. Guadalajara, ciudad del centro occidente del país, se ha convertido en un punto de llegada y detención de migrantes centroamericanos.
  • [15]. Hoy extraditado en Estados Unidos.
  • [16]. En Brasil se ha observado en los últimos veinte años un aumento de la violencia juvenil, principalmente por el tráfico de drogas. En ese lapso de tiempo el número de jóvenes encarcelados por crímenes ligados al tráfico de drogas creció de cien en 1980 a mil quinientos ochenta y cuatro en 2000 (Ferraz, 2006).
  • [17]. Ver "Sicarios jóvenes causan violencia". Excelsior, 9/12/2007.
Número de páginas: 4