Pensamiento Iberoamericano
Número 3

Sentido de pertenencia en la juventud latinoamericana: identidades que se van y expectativas que se proyectan

Guillermo Sunkel

CEPAL, Chile

Número de páginas: 3

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En seguida, se puede apreciar que una proporción mayor de jóvenes que de adultos tiene expectativas optimistas respecto al futuro de mediano plazo. Un 75% de los jóvenes latinoamericanos es optimista comparado con un 62% de adultos. La brecha entre expectativas optimistas de jóvenes y adultos es muy significativa en Chile. Pero también es importante en Costa Rica, Uruguay, México, Argentina, Bolivia y Perú. Al respecto, cabe destacar que la categoría adultos acá utilizada (treinta años o más) es amplia, pues incluye desde adultos jóvenes hasta adultos mayores. Por lo tanto, coexisten en esta categoría visiones de futuro diferentes: para los adultos jóvenes queda "mucho futuro por delante" y, por tanto, pueden mejorar sus condiciones de vida mientras que las los adultos mayores el futuro es ahora y, por tanto, difícilmente las condiciones de vida pueden mejorar.

Además de las expectativas de futuro en el mediano plazo el Latinobarómetro tiene una pregunta sobre movilidad social intergeneracional que es una expectativa de futuro de largo plazo. Esta es, "¿cree que sus hijos/as vivirán mejor, igual o peor que como vive usted hoy?". Se observa (gráfico 8) que una proporción significativa de jóvenes espera que sus hijo/as vivirán mejor que ellos en el futuro: el 56% de los jóvenes latinoamericanos es optimista en sus expectativas de movilidad social intergeneracional. Por cierto, esta proporción es menor que aquella que caracteriza a los jóvenes respecto a su propio futuro. En otras palabras, hay una mayor proporción de jóvenes que tiene expectativas optimistas sobre su propio futuro que sobre el futuro de sus hijos/as.

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Se puede apreciar, además, que hay expectativas más optimistas de movilidad social intergeneracional entre los jóvenes que en los adultos: el 56% de los jóvenes espera que sus hijos/as vivirá mejor que ellos en el futuro, comparado con el 50% de adultos. Esta mayor presencia de expectativas optimistas entre los jóvenes se da en casi todos los países de la región con las excepciones de Venezuela, Panamá, Argentina y Bolivia, donde las diferencias son mínimas. El hecho que no haya una mayor proporción de jóvenes que de adultos con expectativas optimistas en el largo plazo en Venezuela y Bolivia puede estar asociado a los procesos políticos que allí tienen lugar, que precisamente presentan una gran incertidumbre respecto al futuro. Por otro lado, en Argentina esta situación puede responder a la volatilidad del crecimiento económico en los años precedentes, lo que también genera un nivel importante de incertidumbre respecto al futuro.

Por último, se puede apreciar que hay grandes diferencias entre países en lo que respecta a las expectativas de movilidad social intergeneracional. El rango va desde un 72% de personas que tiene expectativas optimistas sobre el futuro de largo plazo en Chile hasta un 28% en El Salvador. En una visión de largo plazo, los procesos migratorios de El Salvador pueden representar estrategias familiares de supervivencia a través de las remesas. Por otro lado, la confianza en el futuro en Chile puede estar asociada a un largo periodo de estabilidad económica y política. Pero se requeriría de un análisis más detallado sobre las relaciones entre los procesos psicosociales y las dinámicas políticas y económicas para plantear hipótesis más precisas sobre las diferencias en los países de la región.

De lo señalado anteriormente se sigue que una gran proporción de jóvenes latinoamericanos -a pesar de todas las dificultades que caracterizan su situación "objetiva" en la actualidad- tiene expectativas optimistas de movilidad social en el mediano y en el largo plazo tanto en términos personales como familiares. Y, por cierto, la generación joven en América es más optimista que la generación adulta.

Una última consideración puede introducir una cierta disonancia o paradoja. Por un lado la juventud muestra mayor expectativa y confianza en el futuro, pero por otro lado, a la hora de ejercer el derecho político del voto, lo hace en menor medida que los adultos. Esto podría llevar a pensar que no hay una clara correlación entre las expectativas de futuro y la confianza en la política como campo de proyectos que inciden en el destino de la vida personal.

El gráfico 9 nos muestra, en este sentido, que los jóvenes votan mucho menos que los adultos en las elecciones. Hay una diferencia de trece puntos porcentuales en el promedio de jóvenes y adultos para América Latina. Un caso singular es Chile donde la proporción de adultos que votó en la última elección más que duplica a la proporción de jóvenes. También los jóvenes votan en mucha menor proporción que los adultos en Paraguay, Colombia, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Nicaragua, Venezuela, República Dominicana, Bolivia y Perú.

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En síntesis, tenemos algunas tendencias a destacar. Por un lado el debilitamiento de las identidades clásicas, que sugiere que si bien éstas no se han disuelto, han dejado de ser estables. Este proceso se manifiesta con más fuerza entre los jóvenes que en los adultos, lo que en principio señala -aunque sería tema de otro trabajo- un cambio en los modos de identificación hacia una pluralidad de identidades tanto en la dimensión local como en la dimensión global de la pertenencia. Por otro lado, el vigor de las expectativas de futuro indica, a pesar de todas las dificultades que caracterizan su situación "objetiva" en la actualidad, que una gran proporción de jóvenes latinoamericanos tiene expectativas optimistas de movilidad social en el mediano y el largo plazo.

Como se dijo, el debilitamiento de las identidades clásicas introduce incertidumbre sobre el futuro entre quienes crecimos cuando esas referencias comunes eran estables. Al parecer no es el caso de los jóvenes, quienes crecieron cuando esas categorías sobre las que se construía el futuro ya se habían vuelto inestables. Dicho de otro modo, ellos no ven el futuro desde la crisis de la categoría de nación o de las identidades políticas. La falta de confianza en la política -por lo menos en los procesos políticos convencionales- indica, además, que para los jóvenes las expectativas de futuro no están asociadas a la oferta de proyectos en el ámbito político.

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Notas:

Número de páginas: 3