Pensamiento Iberoamericano
Número 3

Sentido de pertenencia en la juventud latinoamericana: identidades que se van y expectativas que se proyectan

Guillermo Sunkel

CEPAL, Chile

Número de páginas: 3

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Resumen: En este artículo se examinan los cambios en el sentido de pertenencia de los jóvenes latinoamericanos en la actualidad, bajo el supuesto de que tal sentido es una dimensión subjetiva de la cohesión social. Para ello se desarrolla una aproximación empírica que utiliza información del Latinobarómetro, única encuesta de opinión de la población latinoamericana para todos los países. Se entiende aquí que el sentido de pertenencia es un fenómeno complejo que abarca diferentes aspectos, y aquí se abordan dos de ellos: las identidades clásicas y las expectativas de futuro. En una primera parte se examina el debilitamiento en los jóvenes de tres fuentes identitarias clásicas, a través de las cuales se ha elaborado históricamente el sentido de pertenencia: la identidad nacional, la identidad política y la identidad religiosa. En una segunda parte se analizan las expectativas de futuro de los jóvenes, las que mantienen su vigor a pesar de las dificultades que caracterizan la situación “objetiva” de la juventud en la actualidad. Este recorrido sugiere que el sentido de pertenencia de los jóvenes está más enraizado en el futuro que en el arraigo en la tradición.

Palabras clave: juventud, sentido de pertenencia, identidades, expectativas de futuro

Abstract: This paper examines the changes in the sense of belonging of the Latin American youth, understanding that the sense of belonging refers to the subjective dimension of social cohesion. The
paper takes an empirical approach, using the information of the Latinobarómetro, the only opinion
survey applied in almost all Latin American countries. The sense of belonging of youth is a multidimensional issue which comprises different aspects, of which two will be considered here:
classical identities and future expectations. The first part of the paper is examines the weakening
—among youngsters— of three classical identity sources through which the sense of belonging has
been historically elaborated: national identity, political identity and religious identity. In the second
part the future expectations of the youth are examined. It is argued the sense of belonging of the
youth is embedded in future expectations rather than in tradition.

Keywords: youth, sense of belonging, identities, future expectations

Resumo: Neste artigo se examinam as mudanças no sentido de pertença dos jovens latino-americanos na atualidade, sob a suposição de que tal sentido é uma dimensão subjetiva da coesão social. Para isso se desenvolve uma aproximação empírica que utiliza informação do Latinobarômetro, única pesquisa de opinião da população latino-americana para todos os países. Aqui se entende que o sentido de pertencimento é um fenômeno complexo que abrange diferentes aspectos, e aqui se abordam dois de eles: as identidades clássicas e as expectativas de futuro. Numa primeira parte se examina a debilidade nos jovens de três fontes de identidade clássicas, através das quais se há elaborado historicamente o sentido de pertença: a identidade nacional, a identidade política e a identidade religiosa. Numa segunda parte se analisam as expectativas de futuro dos jovens, as que mantêm seu vigor apesar das dificuldades que caracterizam a situação “objetiva” da juventude na atualidade. Este trajeto sugere que o sentido de pertença dos jovens está mais enraizado no futuro que no arraigo na tradição.

Palavras clave: juventude, sentido de pertença, identidades, expectativas de futuro

1. Cuestión de concepto, cuestión de método

El propósito central de este artículo es examinar los cambios del sentido de pertenencia de los jóvenes latinoamericanos en la actualidad. Entiendo el sentido de pertenencia como el grado de vinculación e identificación que manifiestan los jóvenes con la sociedad (concebida en primer término como el Estado-nación) y con las instituciones y grupos que la conforman (CEPAL, 2007a). La pertenencia es fundamental para la cooperación social, para que las sociedades puedan afrontar las tendencias a la fragmentación, y para afianzar la inclusión y cohesión sociales. Más aún, el sentido de pertenencia “incluye todas aquellas expresiones psicosociales y culturales que dan cuenta de los grados de vinculación e identificación ciudadana con respecto tanto a la sociedad mayor como a los grupos que la integran, elementos que constituyen el adhesivo básico que permite a la sociedad permanecer junta y que, al mismo tiempo, inciden en las reacciones de los actores frente a las modalidades específicas en que actúan los diferentes mecanismos de inclusión- exclusión” (CEPAL, 2007b, pp. 28-29).

Además, el sentido de pertenencia es una dimensión subjetiva de la cohesión social. Está constituido como un conjunto de percepciones, valoraciones y disposiciones. Remite de forma central al tema de las identidades —de la comunidad de pertenencia y de las identificaciones posibles— “que permiten a la sociedad permanecer junta” y a los grupos sociales reaccionar frente a los mecanismos de exclusión. En consecuencia, la pregunta por el “nosotros” es clave a esta temática.

El sentido de pertenencia de los jóvenes es un fenómeno complejo que está constituido por diferentes dimensiones. Entre ellas: las identidades, que remiten a las identificaciones posibles con respecto a la sociedad como a los grupos que la integran; la participación, que es clave para que los jóvenes pueden expresarse o reaccionar ante, por ejemplo, los mecanismos de exclusión social; la comunicación, que ha pasado a ser central en la configuración de la subjetividad juvenil y en la creación de nuevos sentidos de pertenencia desligados del territorio; la discriminación, que incide negativamente en la cohesión social; y las expectativas de futuro, que están mediadas por la percepción de la estructura social.

Este texto se centra específicamente en dos de estas dimensiones: las identidades clásicas y las expectativas de futuro. En la primera parte se examina el debilitamiento de las identidades clásicas; en la segunda la confianza en el futuro. Este recorrido sugiere que el sentido de pertenencia de los jóvenes está más enraizado en la confianza en el futuro que en el arraigo en la tradición.

La fuente de información a utilizar para destacar estas tendencias es el Latinobarómetro, única encuesta de opinión de la población latinoamericana que, además de abarcar un amplio espectro de temas —economía, política, democracia, instituciones, entre otros— provee antecedentes comparables entre países, y tiene una periodicidad anual. Con un cuestionario único adaptado a cada país, se entrevista a alrededor de dieciocho mil personas en muestras representativas de algo más de mil individuos. En la mayoría de los países se utilizan muestras representativas de la población mayor de dieciocho años, lo cual impide que se considere a los adolescentes. Además, no da cuenta de brechas de ingreso y rural-urbanas. Sin embargo, tiene la ventaja de que se aplica en dieciocho países de la región, lo que permite el análisis comparativo; aporta información actualizada (utilizaremos principalmente la ronda de 2007); tiene series de tiempo, lo que permite el análisis de tendencias; y permite comparar jóvenes y adultos.

2. El debilitamiento de las identidades clásicas

En esta sección se abordan las percepciones que los jóvenes tienen de los referentes identitarios clásicos de la modernidad, que han sido las fuentes tradicionales para la elaboración del sentido de pertenencia a la sociedad. En particular, se consideran las percepciones que los jóvenes tienen de tres de estas fuentes clásicas: la identidad nacional, las identidades políticas y las identidades religiosas.

El sentido de pertenencia ha estado vinculado históricamente a ciertas identidades clásicas del mundo moderno que mantuvieron un “monopolio simbólico” hasta aproximadamente dos décadas atrás; la caída del Muro de Berlín es el momento en que este monopolio simbólico comienza a desmantelarse. La construcción de la identidad nacional es paradigmático de un modelo histórico de construcción de identidad de carácter homogenizador, vertical y centralista.

“La nación es un arco de solidaridades, una construcción política e ideacional que postula la existencia de un ‘nosotros’ que entraña un reclamo de lealtad por encima y más allá de otras identidades e intereses y que, si ya no la tiene, frecuentemente busca asentarse o definirse en un territorio delimitado por el Estado” (O’Donnell, 2004, p. 165). Ese “nosotros” es la comunidad nacional que comparte una historia común y se organiza sobre un territorio. Para las elites latinoamericanas del siglo XIX y gran parte del XX, la construcción de los Estados nacionales era sinónimo de integración de la población a la nación, esto es, a un marco institucional y a unos códigos comunes (Iaies y Delich, 2007).

La educación ocupaba un rol central en esta estrategia. Ella debía transmitir a los alumnos un fuerte sentimiento de pertenencia a la nación, por encima de filiaciones e identidades particulares. La escolarización masiva, que concentró buena parte del esfuerzo público en educación a lo largo del siglo XX, consiste en la expansión de las coberturas, primero en primaria y hacia fines del siglo, en secundaria; la socialización en los valores de la vida urbana y la transmisión de saberes mínimos para la integración social y laboral. Como se ha señalado, “la lengua escrita, el cálculo y los saberes vinculados a la historia y la geografía nacionales, fueron los principales componentes de estos diseños. Sobre todo, dichos saberes eran los únicos admitidos y se impartían por encima de todo contexto cultural; es por esto que garantizaban, efectivamente, que en todas las escuelas y todas las aulas del país, todos los niños hicieran lo mismo” (Iaies y Delich, 2007, p. 15).

En una comparación de los currículos oficiales, desde la perspectiva de la formación sobre la sociedad y la ciudadanía, Cox ha señalado que, históricamente, el referente crucial para la construcción de la comunidad respecto a la cual niños y jóvenes son educados para que sientan como propia es la nación. Sin embargo, “los currículos de los noventa en Latinoamérica se ubican claramente en otra perspectiva respecto a la nación, el Estado y el patriotismo. Llama la atención cuán tenue es la presencia de la nación como referente de lo colectivo. Y cuán problemática es esta ausencia, porque si no hay una construcción cultural de la nación en el sistema escolar, en su sentido más profundo de comunidad de origen y destino, se está ante el riesgo de tendencias disgregadoras de lo común, fuertemente presentes tanto en la lógica del mercado como en el clima cultural valorizador de la diversidad” (Cox, 2008, p. 32).

¿Qué ocurre, entonces, con los jóvenes actualmente en relación con el sentido de pertenencia a la nación? El Latinobarómetro incluye algunos indicadores sobre este asunto [1]. Uno de ellos es la “proporción de personas que dice que (su país) es mejor que los otros países” que recoge la valoración del país en términos comparativos [2]. En primer lugar, se observa (gráfico 1) que el promedio de jóvenes latinoamericanos que dice estar de acuerdo que su país “es mejor que los otros países” es del 63% como promedio para América Latina [3]. Si bien esta proporción se mantiene alta en la actualidad, lo que puede estar condicionado por el carácter de la pregunta, lo relevante es que el sentido de nación está menos arraigado entre los jóvenes que en los adultos. Al respecto, destaca que la distancia que separa a jóvenes y adultos en la valoración de lo nacional es mayor en los grandes países latinoamericanos: Argentina, México y Brasil. El sentido de lo nacional también tiene menor arraigo en los jóvenes colombianos, costarricenses, chilenos, uruguayos, guatemaltecos, peruanos y paraguayos. Por cierto, todavía hay países latinoamericanos en que la edad no discrimina en la valoración de lo nacional. Pero la tendencia es que este sentido tiende a debilitarse con las nuevas generaciones.

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Otro indicador de sentido de pertenencia a la nación es “igualdad de trato que hay (en el país) me llena de orgullo”. Este indicador recoge la valoración del país, pero esta vez en relación al tema de la igualdad en las relaciones sociales. Lo relevante aquí (gráfico 2) es que la proporción de jóvenes que se siente orgullosa de su país en relación a la igualdad de trato es baja. El promedio para América Latina es del 44% comparado con el 63 % de jóvenes que están de acuerdo con la afirmación “en general mi país es mejor que los otros países”. La proporción de jóvenes que se siente orgullosa de su país en relación a la igualdad de trato tiene una baja significativa en varios países latinoamericanos. Por ejemplo, mientras un 33% de los jóvenes paraguayos está de acuerdo con la afirmación “en general mi país es mejor que los otros países”, un 24% está de acuerdo con la afirmación de que la “igualdad de trato que hay en (país) me llena de orgullo”. En Chile la proporción disminuye del 61% al 28%; en Brasil del 59% al 33%; en Argentina del 48% al 34%; y en Colombia del 67% al 42%.

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Se puede afirmar, entonces, que si bien el sentido de pertenencia está menos arraigado en los jóvenes que en los adultos, lo que indica una tendencia a que está perdiendo su centralidad, sin embargo este no ha desaparecido. En una proporción importante los jóvenes de los distintos países aún se sienten parte de esa “comunidad imaginada” que es la nación, si bien no se sienten particularmente orgullosos sobre el tema de la igualdad [4]. Ello es una clara manifestación de lo que se ha denominado “el déficit simbólico de la política”. Pero además, es una señal del debilitamiento del “nosotros”. Como se ha señalado: “Las referencias comunes que daban forma a la sociedad, es decir, a sus marcos simbólicos de referencia y comprensión, sin haberse disuelto por completo, han dejado de ser estables” (Quevedo, 2008).

Una segunda fuente de identidad clásica es la política. “La política, en otra época, tenía básicamente dos significaciones: por un lado, era un importante camino de acceso a determinados bienes y niveles de vida, a través del Estado, y por otro, era el lugar donde se unía y se combinaba la subjetividad con la integración a un proyecto colectivo, donde la persona se identificaba con la sociedad, con la idea de nación. La política permitía obtener beneficios… y daba sentido a la vida de las personas, individual y colectivamente” (Garretón, 1999, p. 22). En esa doble dimensión —instrumental y simbólica— donde “la subjetividad se combinaba con la integración a un proyecto colectivo” la política era un lugar privilegiado de construcción de identidad. Y en particular, las organizaciones políticas (los partidos) ocupaban ese lugar privilegiado en la conformación de las identidades políticas. Pertenecer a un partido era también una forma de pertenecer a la nación.

¿Qué ocurre con los jóvenes actualmente en relación a las identidades políticas que establecían el vínculo con un proyecto colectivo y la idea de nación? El Latinobarómetro incluye algunos indicadores al respecto. Uno de ellos es la escala de posicionamiento político a partir de la cual es posible conocer la proporción de personas que se identifican, y de aquellos que no se identifican, políticamente. En primer lugar, se observa (gráfico 3) que el promedio de jóvenes latinoamericanos que se identifica en algún lugar de la escala de posicionamiento político es del 81% como promedio para América Latina. El nivel de identificación política entre los jóvenes se mantiene alto en la actualidad y no hay diferencias significativas respecto de los adultos (79%).


Notas:

  • [1]. Aquí la categoría jóvenes se refiere al tramo entre dieciocho a veintinueve años, por restricciones de la encuesta.
  • [2]. Todos los indicadores de identidad acá considerados suponen una voluntad de identificación, una opción consciente, que pasa por lo racional: “yo me identifico”.
  • [3]. Lamentablemente, la encuesta no entrega elementos que expliquen los factores que determinan las valoraciones de lo nacional en los distintos países.
  • [4]. Para una discusión del concepto, véase: Anderson, Benedict. Comunidades Imaginadas. Fondo de Cultura Económica.
Número de páginas: 3