Pensamiento Iberoamericano
Número 3

Dimensiones de la participación en las juventudes contemporáneas latinoamericanas

Dina Krauskopf

FLACSO Chile

Número de páginas: 3

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La participación asume carácter de compromiso cuando los jóvenes reciben y proveen información con retroalimentación para mejorar objetivos y resultados. El empoderamiento es más efectivo cuando son consultados para establecer, priorizar y definir objetivos, tomar decisiones, coordinarse con otros y ser co-responsables de los resultados. Desde esta perspectiva tienen elementos importantes para compartir y dar a conocer a las otras generaciones.

3. Participación juvenil en la democracia

La democracia requiere de la participación juvenil para vincular a los jóvenes con dinámicas reconocidas de acción colectiva, y recrear esas mismas dinámicas. Las instituciones del Estado, que tanta desconfianza y distancia despiertan entre los jóvenes, tienen que abrirse a las demandas y aspiraciones juveniles, y a los cambios en tales demandas y aspiraciones. La colaboración intergeneracional para la toma de decisiones, la solución de los problemas y la promoción de iniciativas no es sólo tema de la vida cotidiana y de la sociedad civil. Tiene que encarnar en las lógicas institucionales de los gobiernos que operan en relación a los jóvenes, tanto en políticas sectoriales (educación, salud) como trasversales (género, etnia, violencia, drogas). Así se avanza en ciudadanía activa y en ejercicio de derechos por los jóvenes. La participación rompe así la tendencia de las políticas a visualizar a los jóvenes como meros beneficiarios o voluntarios en roles residuales. Pero reconocerle derechos a la juventud no es fácil en la vida política latinoamericana. Guell (2007) señala que, faltos los jóvenes de espacios abiertos y plurales para trabajar sus reconocimientos y sociabilidades, no sorprende la percepción adversa que muchos jóvenes tienen respecto de lo público, la política y las instituciones, pues no perciben el vínculo con sus experiencias reales. Si esos recursos fallan, ser joven se hace cuesta arriba y la democracia puede ver mermada su legitimidad.

El cambio histórico que se ha dado con la inclusión democrática de niños y adolescentes en la Convención de los Derechos de la Niñez (1989) junto con los procesos para la reciente ratificación de la Convención Iberoamericana de los Derechos de la Juventud, son avances significativos. Pero entre el de jure y el de facto las distancias son grandes, sobre todo cuando implican cambios culturales y valorativos. En el imaginario social adulto la juventud no goza de buena prensa y tiene a sufrir diversas estigmatizaciones. Las políticas no han sido muy proclives a abrir canales de expresión y procesamiento de demandas para la juventud. En este contexto, la resistencia juvenil a través de la desconexión activa connota la ausencia de propuestas realmente incluyentes para estos actores. Más aún, lo político en la juventud se expresa también bajo la forma de prescindencia respecto de la política. La omisión hace hablar respecto de lo omitido.

En esto caben las distinciones entre la política y lo político. Ya hace cuatro años se decía que la desafección por la política va de la mano de una reconcepción de lo político en los jóvenes latinoamericanos (CEPAL-OIJ, 2004). Como si los jóvenes estuviesen convencidos que las instancias de compromiso apropiadas para tener mayor control sobre sus vidas, y sobre las decisiones que las gobiernan, no pasan por los convencionales espacios de deliberación política, sino por otros sistemas de redes y de asociación. El escepticismo frente a las instituciones va de la mano con la participación reorientada hacia espacios de la sociedad civil. Ante la creciente individualización y el descentramiento de la política como eje articulador de la participación social, las juventudes contemporáneas buscan la participación en órbitas que están a distancia de la política estatal y pública: grupos de encuentro, foros sociales, iniciativas comunitarias, movimientos locales juveniles, voluntariado juvenil, alianzas entre jóvenes, ecologistas e indigenistas. Se observa un incipiente y paulatino aumento de la participación en estos temas, preferentemente en los jóvenes de quince a veinticinco años (CEPAL-OIJ, 2004).

Más aún, las encuestas de juventud en América Latina muestran la resistencia de los jóvenes a participar en los comicios electorales. Muchos perciben el sistema político y de partidos como alejado de las demandas juveniles, sin compromiso con una mayor igualdad. Una minoría tiene preferencias político-ideológicas y el porcentaje de militantes es muy reducido. En Chile, de acuerdo a datos de 2000, sólo el 30,9% de los y las jóvenes afirmó estar inscrito en los registros electorales. Con todo, el rechazo a la política no implica rechazo a la democracia. En la Cuarta Encuesta Nacional de Juventud de Chile (2003), los jóvenes afirmaron que la democracia era preferible, pero que, como régimen de gobierno, debía perfeccionarse (CEPAL, 2004). En Costa Rica, la Primera Encuesta Nacional de Juventud (2007) muestra que un 70% de los jóvenes entre treinta y treinta y cinco años apoyan definitivamente a la democracia como el mejor sistema político que existe, un 65,30% de los jóvenes entre veinticinco y veintinueve años, un 63,60% entre los de dieciocho y veinticuatro años, y un 55,10% de los jóvenes entre quince y diecisiete años.

Pero este divorcio entre la política y lo político, así como las formas de participación juvenil en que operan lógicas de repulsa, rechazo y autoafirmación, también exacerban la percepción negativa de la sociedad respecto de los jóvenes. El Latinobarómetro (2007) lo verifica a través de sus encuestas de percepción aplicadas en casi todos los países de América Latina. Así, el conflicto con los jóvenes ocupa el tercer lugar en prioridad, con un 64%, superado sólo por el conflicto entre ricos y pobres (75%), y empresarios y trabajadores (72%). Esto no es inocuo y vuelve a plantear obstáculos para el reconocimiento y la incidencia de los jóvenes en los proyectos de sociedad.

4. Los descentramientos de la participación

En el marco de la resistencia a la institucionalización política, los jóvenes se descentran en múltiples formas y contenidos de participación que no coinciden con los mecanismos consagrados de representatividad. Se da, así, cierta asincronía con la oferta de participación de las estructuras partidarias. Nuevas modalidades más coyunturales y específicas son las que reflejan el compromiso político participativo de las juventudes, donde las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC) son decisivas para recrear formas de participación, espacios de referencia y generación de pautas de asociatividad juvenil por el expediente de redes interactivas.

Como se ha sugerido, las prácticas juveniles privilegian el componente estético, lo que implica la reinvención de las formas de presentarse al mundo, la intensificación de las sensaciones y la producción de nuevas expresiones artísticas. También se le asigna prioridad en la participación a los estilos de vida, y en este marco se inscriben muchas iniciativas de organizaciones juveniles que se manifiestan a favor de un mayor pluralismo y en contra de las censuras que imponen a sus opciones vitales. La dimensión ética de las relaciones sociales es otro tópico que motiva a participar, y cuaja en movilizaciones compuestas sobre todo por jóvenes para impugnar la corrupción, la injusticia social, la impunidad y el atropello a grupos discriminados. Finalmente, todo lo anterior está re-situado en las nuevas formas de entender lo político, en cuyo marco los jóvenes han internalizado la idea de que las relaciones de poder se juegan en una multiplicidad de espacios y no se restringen a las instituciones del Estado.

En mayor medida que los adultos, los jóvenes tienden a pensar globalmente y actuar localmente, y muestran mayor fluidez para ir y volver entre lo global y lo local, lo personal y lo político, el "de arriba hacia abajo" y "de abajo hacia arriba". Priorizan la acción inmediata y los resultados palpables de la acción colectiva e individual, y prefieren vínculos desjerarquizados donde la diversidad y las singularidades son valores centrales. Redes vinculantes y flexibles, y afirmación de la autonomía y la identidad constituyen referentes casi cotidianos de la participación juvenil. De ahí que las organizaciones donde el individuo queda "anulado en pro de lo colectivo masificado han dejado de ser de interés para las nuevas generaciones. Las redes de jóvenes buscan fungir como facilitadoras y no como centralizadoras" (Serna, 1998: 50).

Las nuevas modalidades asociativas integran una multiplicidad social que dentro de su diversidad interna busca canales de comunicación y acción articuladas. Sin soslayar la razón instrumental (pues los jóvenes son pragmáticos a su modo), la combinan con la apuesta por la creatividad en los recursos de movilización, y con la reflexividad en los procesos de participación. A su manera reconstruyen la consistencia entre medios y fines, a la vez que objetan esa falta de consistencia en la política convencional. Las clásicas asimetrías, tanto materiales como simbólicas, se combaten desde formas innovadoras de uso de comunicación y conocimiento. En ello las nuevas tecnologías permiten re-concebir la escala de la información, las fronteras entre lo público y lo privado, y las formas en que estos ámbitos se apropian y elaboran. Descentramiento y descentralización coinciden en lógicas de grupos juveniles que se vinculan y juntan fuerzas para promover la acción colectiva en el terreno económico, cívico y cultural (Lash, 2005).

5. La participación juvenil en la construcción de saberes

El cambio en el lugar que ocupa la juventud reclama a su vez un cambio en oportunidades para ejercer protagonismo y materializar las potencialidades juveniles en el desarrollo social. Existe entre los jóvenes un capital cognitivo que no circula y no se reconoce, mientras prevalece en los sistemas educativos un capital cultural desactualizado que se reproduce ritualmente y bloquea las formas emergentes en las que los jóvenes construyen sus saberes. De ahí la importancia de habilitar espacios y opciones de participación juvenil en la producción de sus propias "epistemes". Ser sujetos, y no sólo objetos de conocimiento, es prioridad en el reconocimiento que la sociedad debe hacer de la participación de los jóvenes. Éstos están capacitados para ser agentes de reflexividad ampliada, vale decir, promotores del conocimiento de sus sociedades y sus comunidades para tener la oportunidad de investigar e incidir en las propuestas de sociedad con sus propias visiones y destrezas. En este sentido, puede entenderse la participación juvenil en la articulación de tres vértices, a saber, la agencia para el cambio, la agencia para el conocimiento, y la agencia para incidir en el entorno a partir de las propias capacidades (ver figura 1).

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Si en la participación juvenil un objetivo central es habilitar y capacitar para la incidencia y la intervención, las estrategias de participación juvenil tienen que abrirse a la construcción de conocimiento por parte de los propios jóvenes. La juventud ha sido particularmente activa en pensar cómo democratizar tanto el acceso como la producción de conocimientos, sobre todo a partir de las posibilidades que brindan las redes interactivas a distancia. Críticos del copyright, de la apropiación privada del conocimiento, de la mercantilización de los saberes y de la privación del acceso a información, muchos jóvenes integran iniciativas para romper relaciones dominantes en el campo del conocimiento. La autoconstrucción, democratización y liberación de los conocimientos aparece cada vez más como práctica y referente ideal en el discurso de muchos jóvenes. Para ello internet es clave. Pero también lo son las opciones que los jóvenes encuentran para ser apoyados, y hasta financiados, en la producción de conocimientos que promueve mayor autocomprensión y mayores vínculos entre conocimientos producidos, incidencia en lo político y habilitación para propiciar transformaciones.

Desde esta perspectiva quisiéramos destacar en la parte final de estas páginas una iniciativa que se nutre precisamente de este supuesto. Tal iniciativa aspira a brindar un sitio para que jóvenes de América Latina y el Caribe con diversa formación y experiencia puedan investigar y debatir desde sus posiciones, subjetividades y estrategias con la asesoría de sus pares y de expertos. De esta forma se espera abrir espacios en que el conocimiento y la acción colectiva se nutran mutuamente, desde y para los jóvenes.


Notas:

Número de páginas: 3