Pensamiento Iberoamericano
Número 3

Dimensiones de la participación en las juventudes contemporáneas latinoamericanas

Dina Krauskopf

FLACSO Chile

Número de páginas: 3

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Resumen: La discusión en América Latina sobre las nuevas prácticas juveniles de participación social, y el
reconocimiento de la participación como un derecho ciudadano, llevan a reconocer la importancia de la participación de los jóvenes en relación con la democracia, el sistema político, las modalidades de institucionalización y legitimación de la participación, la resolución de las distancias generacionales y la redistribución del poder político y económico. En el contexto de la aceleración de los cambios sociales, se analizan prácticas sociales y formas de asociatividad juvenil emergentes. Éstas demandan espacios abiertos, equitativos y plurales. También requieren el reconocimiento de las dimensiones culturales y subjetivas en la vida de los jóvenes, de su capital cognitivo y de sus pautas de asociatividad. Todo ello implica negociar nuevas normas organizativas e innovar las modalidades de promoción de la acción colectiva. Especial énfasis se presta a la construcción de conocimiento por parte de grupos de jóvenes, como forma de desarrollar la capacidad de comprender y modificar su propia situación.

Palabras clave: participación juvenil, participación ciudadana, cambios culturales, espacio público, políticas de juventud

Abstract: Latin American debate on emerging youth patterns of social participation, as well as recognition of participation as a citizen’s right, have led to acknowledge the importance of youth participation in relation to democracy, the political system, the institution and legitimacy of participation, the narrowing of generational gaps, and the redistribution of economic and political power. Within the framework of accelerated social changes, the article examines social practices and emerging forms of youth association that claim for open spaces, more equitable and plural. Such practices and forms should consider cultural and subjective dimensions of youth life, as well as the promotion of knowledge and creative forms of youth association. The former implies negotiating new ways of organization, and innovating in mechanisms that promote collective action. The article stresses the importance in building of knowledge by groups of youngsters, as a means of empowering and developing the capacity to understand and transform their situation.

Keywords: youth participation, citizen participation, cultural changes, public space, youth policies

Resumo: A discussão na América Latina sobre as novas práticas juvenis de participação social, e o reconhecimento da participação como um direito cidadão, levam a reconhecer a importância da participação dos jovens em relação com a democracia, o sistema político, as modalidades de institucionalização e legitimação da participação, da resolução das distâncias geracionais e a redistribuição do poder político y econômico. No contexto da aceleração das mudanças sociais, se analisam práticas sociais e formas de associatividade juvenis emergentes. Essas demandam espaços abertos, eqüitativos e plurais. Também requerem o reconhecimento das dimensões culturais e subjetivas na vida dos jovens, do seu capital cognitivo e de suas pautas de associatividade. Tudo isso implica negociar novas normas organizativas e inovar as modalidades de promoção da ação coletiva. Especial ênfase se presta à construção de conhecimento por parte de grupos de jovens, como forma de desenvolver a capacidade de compreender e modificar sua própria situação.

Palavras clave: participação juvenil, participação cidadã, mudanças culturais, espaço público, políticas de juventude

La importancia de la participación juvenil ha tomado crecientes proporciones en América Latina. Tres son las principales vertientes de abordaje del tema. Por un lado la perspectiva de identidad, que presta especial atención a la emergencia de nuevas sensibilidades, expresiones y producción de sentido entre jóvenes. Por otro lado, la corriente derivada de los avances en la perspectiva de derechos, que privilegia la participación ciudadana de las juventudes desde sus propias condiciones de existencia, y busca contextualizar la participación juvenil en el marco de la profundización de la vida democrática de sus sociedades. Una tercera vertiente son los estudios de participación política juvenil, en cuyo seno se evalúa la adhesión de la juventud a los espacios consagrados de la política, tal como la afiliación a partidos, las inclinaciones electorales y la valoración que los jóvenes hacen de las instituciones [1].

En este trabajo nos referiremos a la participación social de las juventudes contemporáneas, que incluirá principalmente las dos últimas vertientes. Claramente la acepción más tradicional de cultura política o participación política ha quedado muy reducida como ámbito de comprensión de la participación social juvenil. Las concepciones más convencionales de cultura política surgen en el contexto de un modelo de Estado que se hace cargo de amplias funciones en la sociedad, y de paradigmas de juventud que la entienden como relevo generacional, o fase preparatoria de un futuro adulto, sin considerar que estas perspectivas se han visto superadas por las transformaciones del Estado, la velocidad de los cambios sociales y sus consecuencias en las relaciones generacionales, las trayectorias de vida y la hibridación de identidades. Esta visión tradicional es, en buena medida, la responsable de interpretaciones que desembocan en el difundido concepto de apatía o desafección juvenil por la política.

1. Transformaciones en las juventudes contemporáneas

Los jóvenes están asentándose en el presente, presienten el futuro y encarnan los cambios más fuertes de la modernidad. La estabilidad ha dejado de fundarse en secuencias predeterminadas, espacios geográficos delimitados y proyectos unívocos. Ya no se trata de una continuidad lineal en las trayectorias, sino de sentidos que se expresan en estrategias de vida y uso de recursos que se abren en un abanico profuso de alternativas. En la constitución de los proyectos influye la individualización del sentido y de las estrategias de vida, la reformulación de metas en el camino, el valor creciente de la intensidad frente a la permanencia, y el horizonte de corto plazo para validar metas con resultados palpables.

Los recorridos existenciales se han hecho flexibles y diversificados. Las distancias generacionales con los adultos se modifican y resignifican. En el contexto actual de prolongación de la vida y cambios acelerados de la misma, de rápida obsolescencia de los conocimientos y de los medios para adquirirlos, así como de los nuevos referentes temporales y espaciales, la identidad juvenil ya no se organiza con los elementos propios del concepto de moratoria introducido por Erikson en 1974 (aún popular hoy). Los nuevos patrones de estructuración de la vida social y del mercado laboral, así como las crecientes capacidades juveniles, hacen que la postergación y tiempo de espera implícitos en la moratoria vean debilitada su justificación, y evidencien más fuertemente las desventajas de la marginación en la toma de decisiones y en el acceso a posiciones que valoricen las capacidades y búsquedas de los jóvenes.

Las identidades de los jóvenes se han recreado y diversificado, y no pueden considerarse sujetos en transición. Requieren de participación que los valide en su calidad de sujetos (Krauskopf, 2005) y articule reconocimiento simbólico con promoción material. La idea de que los jóvenes luchan sólo por metas simbólicas y no se involucran en el logro de sus propias condiciones materiales no puede sostenerse. En este marco, un ejemplo que ha impactado la vida política en Chile son las influyentes luchas de los estudiantes de secundaria por derogar la ley de educación remanente de la dictadura y sus actuales movilizaciones por una nueva ley acorde con la democratización real de la educación. Tales movilizaciones han llevado al debate sobre las características de la educación pública, y a alianzas entre estudiantes secundarios con profesores, padres y estudiantes universitarios. No sólo demandan visibilidad pública a un actor secularmente ocluido por edad (adolescentes), sino acceso efectivo a una mejor educación y a una distribución más igualitaria de oportunidades para adquirir capacidades.

Hemos señalado que la comprensión de las juventudes ya no puede enfatizar la mera preparación y transición a la adultez, más aún en sociedades donde las mutaciones demográficas, culturales y productivas colocan a la juventud en la tensión entre retracción y protagonismo. En este marco, los jóvenes hacen sus síntesis flexibles, propias y originales de modelos, identificaciones e ideales que nuestras sociedades (y el mundo adulto) ofrecen. Esto tiene que expresarse en la participación con un sentimiento positivo de identidad. Los jóvenes no pueden eximirse del compromiso en las acciones, pues tal dilación/oclusión posterga la ciudadanía responsable y el reconocimiento social de los jóvenes como sujetos.

En estas mediaciones de modelos y referentes simbólicos los jóvenes también hacen sus propias mediaciones respecto de la política y lo político. Para ellos, por tanto, las fronteras entre subjetividad y política, y entre lo cultural y lo político, no son tan claras ni estancas. Su perspectiva en ello difiere de las instituidas por los adultos o por generaciones anteriores. A su manera problematizan su identidad en función de las identidades colectivas más extensas; y a su modo también, problematizan la participación a la luz de la memoria histórica sobre la participación juvenil (ver cuadro 1).

La construcción de lo juvenil se da en contextos con mayor o menor grado de multiculturalidad y multilocación, con una distribución muy desigual de voz y de recursos, donde los jóvenes latinoamericanos de hogares con altos ingresos se parecen más a los jóvenes acomodados de otros países que a los jóvenes pobres de su propio país (Krauskopf, 2005). Del otro lado de la línea divisoria, la mayor parte de los jóvenes lucha contra la escasez en gratificaciones y la falta de canales para incidir en las decisiones que les afectan. En contraste, acceden con mayor fluidez a participar en formas colectivas de transgresión y autoafirmación en los márgenes y extramuros. Guell (2007) concluye que muchos jóvenes están obligados a trabajar sus autonomías y dependencias sin disponer de un sentido adecuado de tiempo, y sin espacios públicos incluyentes que reconozcan la pluralidad juvenil en las formas de sociabilidad.

Las adversidades parecen subyacer como parte constitutiva de la identidad juvenil. En conectividad es cierto que la juventud es mucho más protagonista que los adultos, pero nuevamente las brechas por ingresos y educación entre los mismos jóvenes limita a los más pobres en este recurso que hoy se reconoce como decisivo para la elaboración de redes, la mediación cultural y la gestión de poder. En la cultura, los atavismos del patriarcado sobreviven y discriminan por edad y género, lo que también permea la identidad y las representaciones sociales de los sujetos juveniles. Pobreza, precariedad territorial y laboral, inestabilidad afectiva, desarraigo existencial, violencia política y social, invisibilidad del sufrimiento y del dolor, hostilidad policial, son experiencias que la juventud popular reconoce como parte de sus trayectorias biográficas.

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2. Perspectivas de la participación

En un sentido básico, la participación se expresa cuando adolescentes y jóvenes contribuyen activamente en los procesos y actividades de sus vidas y ámbitos con capacidad para decidir, intervenir en las decisiones o influir en ellas. Así, la participación deja de ser un concepto unívoco, ahistórico y desvinculado de otras dimensiones. Existen importantes relaciones para el análisis de la participación en cuanto a la relación de las juventudes con la democracia, el sistema político, la orientación a la inclusión, los canales existentes para la propuesta de iniciativas, las modalidades de institucionalización y legitimación de la participación, la resolución de las distancias generacionales y las formas de asociatividad.

Si bien las organizaciones de gobiernos reconocen cada vez más que las juventudes requieren participar en los procesos sociales que afectan a sus vidas y sociedades, las perspectivas de dicha participación son diversas según la forma y el contenido de las políticas de gobierno [2]. Muchas veces se confunde la participación con la consulta dirigida, la transmisión de información unidireccional (Hart, 1993) o la creación de una ley para la juventud. El sesgo adulto-céntrico hace más difícil encontrar mediaciones políticas para los cambios culturales que protagonizan los jóvenes. En los sesgos partidarios prevalecen lógicas de cooptación, frente a las cuales los jóvenes son especialmente refractarios. Todo esto hace urgente tender puentes intergeneracionales como condición del diálogo y la colaboración, donde el espacio para los jóvenes como productores culturales, con sus propios códigos y visiones, no sea meramente ritual. El camino es de ida y vuelta, y también de abajo hacia arriba.

En buena medida, las dificultades para una real inclusión de los jóvenes en canales de participación e incidencia tienen como trasfondo la resistencia a aceptar una redistribución generacional del poder político y económico, y a replantear las bases de la autoridad en nuestras sociedades. La participación involucra una relación de equidad y democratización intergeneracional (Krauskopf, 2003). Los jóvenes tienen un papel central como co-gestores para enriquecer el espacio de la acción pública y el desarrollo democrático. Fomentar la participación juvenil en el diseño, la gestión, el monitoreo de las acciones de su interés y la evaluación de políticas, permite, además, revertir la desconfianza juvenil hacia la institucionalidad y reducir las brechas de comunicación y ciudadanía entre generaciones.

También las formas de asociatividad juvenil condicionan los niveles de participación. La información de las encuestas para distintos países latinoamericanos indica, por ejemplo, altos niveles de asociatividad juvenil en torno a las prácticas religiosas y deportivas. El porcentaje de creyentes practicantes declina a medida que el nivel socioeconómico disminuye. En relación a las asociaciones deportivas, la presencia es mayoritariamente masculina, empieza en la adolescencia y propende más al ejercicio individual y la competitividad que a la creación de lazos o ideales comunes (CEPALOIJ, 2004). En las últimas décadas se han destacado los estudios sobre tribalización con que se destacan grupos informales urbanos como los graffiteros, skaters, ocupas, pokemones y otros [3]. Tales grupos construyen códigos de diferenciación en la elaboración de procesos identitarios, vías para intervenir en el espacio público local, referentes de pertenencia, modos de cohesión estético-éticos y sus propias alternativas de vinculación a modelos globales. Salir del anonimato con visibilidad y empoderamiento incluye interacciones violentas, transgresoras, apariencias desafiantes, defensa de la territorialidad del cuerpo (tatuajes por ejemplo) y de los espacios que hacen suyos (Krauskopf, 1996).

Otra opción valorada por los jóvenes es la participación en asociaciones de voluntarios. Se expresa en motivaciones éticas donde la gratificación se nutre tanto de aportar bienestar a los demás como de ser reconocidos en ese rol. Se trata de conciliar el esfuerzo personal con el aprendizaje mutuo, desarrollar gratificantes relaciones intrageneracionales e intergeneracionales, visualizar el efecto práctico de los esfuerzos propios y vincularse de modo más horizontal con las organizaciones (Hopenhayn, 2007).

Por todo lo anterior, la participación juvenil no sólo requiere ser entendida desde su relación respecto del sector adulto. También deben reconocerse las formas propias de empoderamiento [4] que construyen los jóvenes y las transformaciones que se han dado en la expresión de los contenidos de la participación juvenil. En la participación con autonomía los jóvenes inician la acción, desarrollan proyectos y propuestas propias, fijan objetivos, metodologías, se expresan si es necesario con sus códigos, y buscan apoyo, asesoría y acompañamiento adulto cuando lo requieren (Krauskopf, 2003).


Notas:

  • [1]. Usamos el genérico masculino para referirnos tanto a las como a los jóvenes, a fin de abreviar y hacer más fluida la lectura (nota de los editores).
  • [2]. Ver al respecto el artículo de Ernesto Rodríguez en esta publicación.
  • [3]. Ver al respecto el artículo de José Machado Pais en esta publicación.
  • [4]. La palabra "empoderamiento" es un anglicismo tomado del concepto "empowerment" de difícil traducción. Por lo general denota habilitación para incidir e influir en decisiones o bien dotación de capacidades para organizarse, gestionar recursos y devenir actor frente a otros actores.
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