Pensamiento Iberoamericano
Número 3

La dimensión joven de la conectividad en América Latina: brechas, contextos y políticas

César Cristancho, Massiel Guerra y Daniela Ortega

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Por cierto, algo hacen los gobiernos, y no todos hacen lo mismo en América Latina. Varía por factores de contexto, si bien una mirada a los sitios web oficiales de cada gobierno arroja tanto patrones comunes como puntos de divergencia. En cuanto a los patrones comunes, en la mayoría de los países de la región no existe una política tecnológica específica para jóvenes y, por ende, la combinación jóvenes-TIC se desprende de una política general o de planes nacionales que no diferencian entre grupos etarios, pese a que en el discurso público muchos de los países destacan el papel de los jóvenes en la incorporación de tecnologías. Otro factor común es que priman las políticas de innovación, generalmente enmarcadas en planes nacionales de ciencia y tecnología. Éstas se desarrollan a través de proyectos de investigación, capacitación y creación de capital humano avanzado, lo que se expresa sobre todo en facilidades para que la población -pero sobre todo para los jóvenes con más de veinte años de edad- puedan acceder a mayores niveles de estudios mediante el otorgamiento de becas. La idea de fondo es que la adquisición de habilidades y herramientas puedan otorgar una plataforma de conocimientos científicos, que se traduzcan en investigaciones que contribuyan al desarrollo. Tal situación permite pensar que las políticas que inciden en la relación entre los jóvenes y las TIC sólo lo hacen indirectamente, y no promoviendo explícitamente aplicaciones a través de las TIC en los espacios, contextos y sentidos de su uso por los jóvenes.

En los puntos de divergencia entre agendas públicas cabe mencionar los marcos que sustentan a estas políticas. En países como El Salvador, Uruguay y Venezuela el marco que sustentan las iniciativas en esta área responden a un Plan Nacional de Desarrollo, mientras que en México y Paraguay responden a una Ley General y en Cuba u Honduras a los lineamientos generales de los ministerios encargados de la coordinación de las iniciativas.

El escenario plantea desafíos de interés. En primer lugar, explicitar una zona de agenda pública en el cruce entre los jóvenes y las TIC, a fin de orientar en alguna medida la apropiación de las TIC por parte de los jóvenes (no en lógica regulatoria, sino promocional), a fin de potenciar su dimensión formativa (¿aunque cómo marcar la línea divisoria entre lo formativo y lo no formativo en el uso juvenil de las TIC?). Por otro lado, contar con un criterio de democratización del acceso, para procurar mayor igualdad en formación de capacidades y oportunidades. El criterio no puede centrarse en la innovación en la frontera del conocimiento, pues a esa zona sólo llegan jóvenes de alto capital educativo que rara vez vienen de hogares de menores ingresos, quedando fuera los segmentos más jóvenes entre los jóvenes.

Hay, no obstante, países que sí han buscado intervenir en la intersección entre las TIC y la juventud. En Cuba, por ejemplo, existe el proyecto Joven Club que tiene como objetivo socializar la enseñanza de computación en jóvenes. También destacan la creación de info-centros para jóvenes en todo Chile, la feria de experimentación científica infantil y juvenil de Honduras, el programa "Aprender Haciendo" de Colombia e incluso a nivel Iberoamericano. De manera que se puede.

V. A modo de conclusión

Los jóvenes son protagonistas en la sociedad de la información y la comunicación. Corren con ventaja en el uso y apropiación de las tecnologías; incluso en América Latina, donde el desarrollo digital está rezagado respecto del mundo industrializado y del sudeste asiático. Están mucho más conectados que los adultos, y lo hacen con más versatilidad, agilidad, capacidad de innovación y desarrollo cotidiano de destrezas.

Esta ventaja juvenil, como se vio, está segmentada en brechas diversas, sobre todo de ingresos y de educación. Pero también por distribución geográfica y por etnia, colocando a jóvenes rurales, indígenas y afro-descendientes en una situación de desventaja relativa. Para revertir estas brechas no basta con crecer económicamente y distribuir frutos: es necesario impulsar con más energías políticas de alto impacto la "democratización digital". Para ello, parece que las políticas de conectividad en el sistema educacional son la vía más directa y más coste-efectiva para llegar en menor tiempo a un mayor número de beneficiarios. Pero para eso hay que enfocarse tanto en los cambios pedagógicos como en dotación de infraestructura; en la actualización de equipos tanto como en su instalación; en la sala de clases tanto como en el laboratorio; en la capacitación docente tanto como en el acceso de los alumnos; en las dinámicas de producción de conocimientos tanto como en la oferta de conocimientos ya constituidos. Finalmente, si bien la escuela es el lugar privilegiado de intervención, dadas las formas de sociabilidad y el uso del espacio de los jóvenes, también hay que pensar en la dotación de acceso en otros espacios públicos -info-centros, cabinas de internet, locales públicos de uso gratuito o subvencionado, masificación del "modelo Negroponte" de computador básico-.

La conectividad juvenil no sólo es cuestión de tecnología sino también del sentido que éstas van adquiriendo al calor de sus múltiples usos por los jóvenes. Éstos se comunican, interactúan, buscan información, trabajan y se desarrollan a través de las TIC. En este sentido, no sólo es cosa de contar con espacios de conectividad, sino de prepararse a que esa conectividad transforme radicalmente los espacios.

Referencias bibliográficas

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Notas:

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