Pensamiento Iberoamericano
Número 3

La dimensión joven de la conectividad en América Latina: brechas, contextos y políticas

César Cristancho, Massiel Guerra y Daniela Ortega

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Además, hay una correlación fuerte entre nivel educativo y uso de TIC, lo cual marca otra brecha que además tiende a coincidir bastante con la de ingresos (pues en América Latina el nivel educativo está segregado en relación bastante directa con el nivel de ingresos de los hogares de los educandos). Para ilustrar esta brecha por educación puede tomarse el uso de la telefonía móvil. En Costa Rica por ejemplo, los jóvenes entre veinte y veinticuatro años que sólo cuentan con educación primaria (primer ciclo), están más de veinte puntos porcentuales por debajo en uso de telefonía móvil de quienes poseen educación secundaria (o bien segundo ciclo de la educación primaria) [3]. En tanto quienes poseen educación post-secundaria alcanzan un nivel de uso del teléfono móvil de 71%, marcando diferencias de casi veintiocho puntos respecto a la categoría educacional que le antecede (educación secundaria completa).

Para el caso de internet la tendencia se mantiene, si bien el uso decrece con la edad, cosa que no necesariamente ocurre con la telefonía móvil. En otras palabras, un joven que posee (o curse) educación terciaria y se encuentre en el tramo etario entre veinticinco y veintinueve años, usa menos internet que otra persona con similar nivel académico, pero perteneciente al tramo entre veinte y veinticuatro años. Un patrón similar se observa en México para el caso del uso del computador. Así, a pesar que la brecha generacional, sigue persistiendo, incluso dentro de los subgrupos juveniles, las diferencias para tecnologías como los computadores e internet. Las diferencias suelen ser menores en la medida que la persona adquiera mayor nivel de educación, es decir, la edad como determinante de uso se vuelve menos relevante cuando las personas cuentan con mayor acumulación de capital humano.

III. Contextos de uso

1. Lugares y actividades

En los países de la región, el lugar donde los jóvenes se conectan a internet varía por país y por subgrupo de edad. A continuación se distinguen los lugares de uso de internet según la edad de la persona en Brasil, Chile, Costa Rica, México y Paraguay (ver gráfico 5).

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Como se observa en el gráfico, mientras la mayor proporción de jóvenes de Costa Rica y México acceden a internet en locales comerciales, en el resto de los países las condiciones o preferencias entre uno u otro lugar no resultan tan marcadas. Adicionalmente, a medida que aumenta la edad, los jóvenes se conectan con mayor frecuencia en el hogar y en el trabajo, en contraposición a los jóvenes entre quince y diecinueve años, que lo hacen preferentemente desde el establecimiento educativo o en un local comercial. En el uso en el hogar, en países como Chile y México las diferencias por rango de edad son más marcadas (más fuerte el uso en el subgrupo 15-19 años) que en Costa Rica, Paraguay y Brasil. La mayor conectividad de subgrupos mayores en el trabajo es casi tautológica, pues su presencia en el empleo también es mucho mayor, como también es redundante que en los jóvenes de quince a diecinueve años la presencia de la escuela sea mucho mayor como lugar de conexión a internet.

Un aspecto importante a mencionar es el posicionamiento de los locales comerciales como lugares frecuentes de conectividad juvenil, sobre todo en países como Costa Rica, México y Paraguay, y de forma especial en los jóvenes de quince a diecinueve años. Tal situación muestra claramente el contexto de los espacios compartidos como parte de los espacios juveniles (locales comerciales o establecimientos educacionales), versus los espacios personales (como el acceso al hogar). Pareciera que al aumentar la edad los jóvenes se posicionan como usuarios de internet desde espacios privados, lo que podría relacionarse con su mayor capacidad adquisitiva, producto del mismo acceso al mercado laboral o de la consolidación económica en sus hogares de origen. En este escenario, los conocidos cibercafés y cabinas de internet han sido una contribución para reducir las brechas de acceso, toda vez que sus tarifas decrecen a medida que aumenta la penetración nacional y se aprovechan las economías de escala.

2. Usos y sentidos de uso

La juventud, en sus primeras etapas, se desarrolla tradicionalmente en dos espacios, el de la educación y el del ocio o la recreación [4]. Las tecnologías forman parte de ambos espacios, aunque en diferentes formas. Se ha visto que las políticas educativas cubren diferencias de acceso a las TIC, especialmente en los jóvenes, mientras que el ocio ha sido el espacio preferencial que poseen los jóvenes para hacer uso de sus aplicaciones. Este espacio se ha reconfigurado en relación a su imagen tradicional: de ser un contexto asociado a entretenimiento y esparcimiento, las TIC han permitido introducir elementos tales como la comunicación, la adquisición indirecta de habilidades, la creatividad y el aprendizaje, entre otros. De hecho, la diferencia entre ocio y educación, como ámbitos asociados respectivamente al esparcimiento y al aprendizaje, se vuelve menos nítida en presencia de las TIC.

Con la irrupción de internet se ha reconfigurado el escenario de las relaciones sociales de los jóvenes respecto a un par de décadas atrás, representando ésta una fuente potenciadora en la socialización, a raíz de la interacción de dos componentes altamente dinámicos en sí mismos: los jóvenes y las TIC. Así, los mensajes de texto, chat, blogs, facebooks y comunidades virtuales en general representan determinadas formas de "hacer las cosas", recreando la noción misma de sociabilidad. Las TIC motivan reagrupaciones de individuos donde se borran las categorías de unidad de espacio y continuidad de tiempo: todo converge en el aquí y ahora. Además, el proceso mismo de uso se desliga de una relación convencional de transmisión de destrezas y conocimientos, pues el usuario, sobre todo si es joven, aprende usando y recrea usando. Un salto cualitativo se da en la autonomía para acceder a la información, conocimiento e interlocución por este mismo expediente.

Como forma de entender los ámbitos en que los jóvenes se relacionan con la tecnología, el gráfico 6 muestra los principales usos de internet para el caso específico de Brasil. Los indicadores se encuentran reflejados en categorías tales como: banca electrónica, compras, interacción con oficinas de gobierno, comunicación, educación y entretenimiento [5], que a su vez se encuentran separados por quintiles de ingreso y tramos de edad. El gráfico muestra que el uso en actividades como banca, compra y gobierno, presentan bajas tasas de participación con respecto al uso en actividades de comunicación, educación y entretenimiento, lo que guarda relación nuevamente con los espacios propios de la juventud. Asimismo, el grupo conformado por los usos en banca, compra y gobierno muestra tasas de participación crecientes en el grupo de jóvenes de mayor edad (de veinticinco a veintinueve años), en comparación con comunicación, educación y entretenimiento, si bien en todos los segmentos de edad (15-19, 20-24 y 25-29 años) es mucho más intensivo el uso en estas últimas tres categorías, para todos los quintiles de ingreso. El patrón brasileño es muy similar a países como Costa Rica y Chile [6]. Al parecer, la relación con las TIC se vuelve más funcional en la medida que se avanza en tramos de edad, lo cual nuevamente es bastante tautológico, por las nuevas esferas de ocupación y responsabilidad que se van adquiriendo al acercarse a la vida adulta.

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Si bien los usos educativos figuran entre los de mayor intensidad, el uso de las TIC en las escuelas todavía es incipiente en muchos países, y están muy poco incorporadas a la sala de clases y la pedagogía. Entre los principales factores limitantes destaca la deficiente alfabetización digital docente, el mantenimiento inadecuado, la baja calidad de los equipos y conexiones, y el mayor sesgo hacia la tecnología que hacia la pedagogía y la didáctica (Fundación Santillana, 2008). Con todo, el caso de Brasil ayuda a entender cómo los jóvenes se relacionan con la tecnología, y el peso que los componentes comunicativos, educativos y recreativos tienen en el uso de internet entre los jóvenes. Además, las comunidades virtuales y la comunicación en internet brinda a la juventud voz y visibilidad políticas, lo que puede ser una señal auspiciosa que contrasta con la idea de que la juventud no se involucra ni se compromete con asuntos de interés público.

Galcerán y Domínguez (1997) señalan que lo relevante no es el cómo se utilicen las tecnologías, sino más bien, en qué se convierten éstas como resultado de los diferentes usos posibles. En países como Brasil, con un altísimo índice de violencia y victimización de jóvenes, la intensidad del entretenimiento en el uso de internet, especialmente en el grupo de edad entre quince y diecinueve años, puede modificar sustancialmente los espacios del ocio juvenil, contribuyendo a mitigar las conductas de riesgo, la sociabilidad en la violencia y el aislamiento social.

En Chile la encuesta de hogares (CASEN, 2006) revela que alrededor de un 60% de los jóvenes entre quince y diecinueve años señalan la comunicación y el entretenimiento como uno de los principales usos de internet [7]. Si bien es cierto que los usos de las tecnologías en la educación aparecen a menudo como la forma más loable de alternativa cultural y la mejor manera de sacar provecho a las TIC, esta idea está construida mirando el futuro por el espejo retrovisor. La educación, bajo el paradigma digital, es distinta en temporalidad, formas y conceptos, y la separación tajante entre tiempo de aprendizaje y tiempo de recreación se hace más borrosa a medida que en el ocio penetran las TIC. En las encuestas de uso, bajo lo que hoy denominamos "entretención" pueden darse muchas aplicaciones que implican desarrollo de destrezas cognitivas, procesamiento de información y construcción de conocimientos. Se dan dinámicas continuas de traducción de tecnología en conocimiento y de conocimiento en tecnología. Nuevos programas surgen de la interacción al interior de las comunidades, de modo tal que el conocimiento cristaliza en programas que a su vez son "síntesis de conocimientos" construidos colectivamente por redes de jóvenes.

Además, existen nuevas aplicaciones del tipo "web 2.0" (e incluso 3.0) o "web de las personas" en internet. En ellas hay un desplazamiento desde la idea de tecnología a la lógica de plataformas tecnológicas, donde distintas tecnologías convergen, y donde el usuario puede, entre otras cosas, administrar sus contenidos, darles una orientación específica dentro de la red y a su vez personalizar portales. Así, los que construyen el modelo web 2.0 son los usuarios. Ejemplos concretos de ello son: Wikipedia, YouTube, Facebook, Second Life, Myspace, etc., aplicaciones que establecen cómo y dónde fluye la comunicación. Es posible que se trate de una nueva "episteme", o una nueva estructura práctico-cognitiva que se impone en todos los ámbitos (personal, laboral/ profesional, empresarial o educativo) moviendo a la sociedad hacia un punto incierto de convergencia (Fumero y Roca, 2007). España es el país de Europa con mayor porcentaje de usuarios de internet que utilizan las tecnologías web 2.0, y especialmente los internautas entre quince y veinticuatro años valoran más este tipo de web que los mayores de veinticinco (Novartis' NetObserver, 2007). Así, las alternativas que ofrece la red apelan a la creatividad e interacción entre los grupos sociales y pone a la juventud en un lugar de protagonismo tanto o más fuerte que en los "gloriosos" años sesenta.

IV. Jóvenes, TIC y políticas públicas

Las TIC son consideradas como una herramienta decisiva para el desarrollo [8], lo que lleva a los gobiernos a incluirlas como materia de política pública. Los jóvenes, por otro lado, también ganan presencia en la agenda pública como un grupo específico que requiere de políticas diferenciadas, tal como se manifiesta en las leyes de juventud y en la creación en todos los países de institutos o secretarías nacionales de juventud. Si a esto agregamos lo que reflejan los datos, vale decir, el mayor protagonismo juvenil en acceso a las TIC, y en intensidad y plasticidad de uso de las mismas, el corolario es inexorable: es decisivo lo que pueda hacerse en materia de conectividad juvenil desde ámbitos de la política pública.


Notas:

  • [3]. OSILAC, 2008. Información extraída del procesamiento de la encuesta de hogar del país, año 2005.
  • [4]. Podrían distinguirse cuatro elementos que se sitúan como "fenómenos significantes en la cultura juvenil": el ocio, la dualización o disociación del tiempo y los espacios, las relaciones grupales y los consumos (FAD, 2005).
  • [5]. Dentro de la lista de indicadores clave recomendados por el partnership para la medición del desarrollo (OSILAC, 2005), hay que tener en cuenta que dentro de las actividades de entretenimiento se incluyen el uso/descarga de videojuegos o juegos para computadora; la descarga de películas, música o programas informáticos; la lectura/descarga de revistas, libros o periódicos electrónicos; y otras actividades de entretenimiento. Así, el entretenimiento incluye sub-categorías que pueden o no estar asociadas a fines de investigación como la lectura/descarga de revistas, de la misma manera a la utilización dentro del trabajo o del estudio, como la descarga de programas informáticos.
  • [6]. Solo en el caso de uso de internet para educación, Chile es distinto al resto de los países porque las preguntas están orientadas sólo a la educación formal y a los cursos de capacitación. Por lo tanto, las tasas de participación son
  • [7]. Estas cifras han sido obtenidas de las encuestas de hogares de los respectivos países (Brasil, 2005 y Chile, 2006). Los porcentajes se encuentran en relación al total de usuarios en cada tramo de edad. Cabe señalar que estas cifras
  • [8]. "Las TIC pueden contribuir al esfuerzo que los países de la región hacen para elevar el ritmo de crecimiento, mejorar la equidad y el bienestar de las personas, profundizar la democracia y aumentar la transparencia del sector público" (Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, 2006).
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