TAMAÑO LETRA
En tercer lugar, si bien la brecha entre consumo simbólico y consumo material recalienta las expectativas, por otro lado el consumo simbólico, a la larga, implica desarrollo de capacidades que pueden influir positivamente en la generación de ingresos y el consumo material. Caso evidente es el de la educación. Otro caso es el desarrollo de destrezas que la sociedad de la información terminará convirtiendo en pasaportes al empleo (como el aprender usando, la atención diversificada, la maleabilidad y plasticidad en el procesamiento de información). Por último está el uso de internet para informarse sobre puestos de trabajo y acceder a redes de relaciones que facilitan la empleabilidad. A modo de ejemplo, y de acuerdo a la Encuesta PISA del año 2006, en Chile el 29% de jóvenes de veinticinco a veintinueve años reconocieron que internet fue su principal fuente de obtención de empleo. Este índice cae a menos del 14% en la población de treinta a treinta y cuatro, y más o menos al 7% en la población ocupada de cuarenta a cuarenta y cuatro años.
Por otra parte, el desempleo juvenil tiende a bajar en lo que va de esta década, de la mano del crecimiento económico. Su descenso beneficia, en diversa medida, a jóvenes de distintos niveles de ingreso. Además, el patrón de crecimiento en esta década está más vinculado a la expansión del empleo productivo que en la década pasada en América Latina. Paralelamente, la expansión de la conectividad empieza ahora a beneficiar a nuevas generaciones en todos los niveles sociales (si bien no homogéneamente), al extenderse el acceso a través del sistema escolar desde la primaria, nivel en que la mayoría de niños y adolescentes (y cada vez más) están escolarizados. Por otro lado, la combinación de menor desempleo y mayor continuidad educativa, en la medida que se mantenga la tendencia, tiende a reducir la desafiliación institucional, vale decir, el porcentaje de jóvenes que no estudia ni trabaja.
Y, por último, la propia juventud está redefiniendo lo que se entiende por inclusión social (García Canclini, 2005). Para muchos jóvenes ésta no radica exclusivamente en el empleo y la educación formal, sino cada vez más en participar de la comunicación a distancia, poder integrarse a nuevos espacios físicos por medio de la migración, gestionar recursos y servicios de manera colectiva a través del uso estratégico de información, participar en redes donde la expresividad y la estética constituyen los campos de reconocimiento recíproco, hacer parte de movimientos sociales y asociaciones de pares generacionales para los más diversos fines. Menos estable y más diversificada, la inclusión recrea entre jóvenes sus alfabetos. Abre el futuro, y lo puebla de incertidumbre.
Referencias bibliográficas
BAUMAN, Zygmunt (2003). Modernidad líquida. (Trad. de Mirta Rosenberg y Jaime Arrambide Squirru). México. Fondo de Cultura Económica.
CASSASUS, Juan (2003). La (des)igualdad educativa. Santiago. LOM.
CEPAL-OIJ (2004). La juventud en Iberoamérica, tendencias y urgencias. Santiago.
CEPAL (2005). Panorama Social de América Latina 2004. Santiago.
CEPAL (2006). La protección social de cara al futuro: acceso, financiamiento y solidaridad. Santiago.
CEPAL (2007). Cohesión social: inclusión y sentido de pertenencia en América Latina. Santiago.
GARCÍA CANCLINI, Néstor (2005). "La modernidad en duda". En Jóvenes Mexicanos. Encuesta Nacional de Juventud 2005 (2007). México. Instituto Mexicano de la Juventud.
HOPENHAYN, Martín (2005). América Latina desigual y descentrada. Buenos Aires. Editorial Norma.
HOPENHAYN, Martín (2000). "Nuevas formas de ser ciudadano: ¿la diferencia hace la diferencia?". Caracas. Revista RELEA nº 11 (mayo-agosto 2000), pp. 109-122.
PNUD (2004). Informe sobre el desarrollo de la democracia en América Latina.
SEN, Amartya (1999). Development as Freedom. Nueva York. Knopf.
Notas:


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