Pensamiento Iberoamericano
Número 3

Rasgos característicos de la transición a la vida adulta de los jóvenes españoles en el marco comparado europeo

Almudena Moreno Mínguez

Universidad de Valladolid

Número de páginas: 5

BUSCAR



TAMAÑO LETRA



A este respecto, la comparación de los datos referidos a las fuentes de donde los jóvenes obtienen los ingresos constata la hipótesis señalada en este artículo de que las generosas políticas públicas destinadas a los jóvenes en los regímenes de bienestar del norte de Europa favorecen la temprana independencia económica y por tanto familiar de los jóvenes, mientras que las limitadas prestaciones destinadas a los jóvenes en los países del sur de Europa, como España e Italia, son un factor más a tener en cuenta en la explicación de la dependencia económica de los mismos y del retraso de la edad de abandono del hogar familiar. En los países del norte de Europa la familia desempeña un papel muy limitado en todo el proceso de independización económica, mientras que en otros países, como España, Italia o Grecia, la familia juega un papel determinante en la adquisición de la independencia económica. En el cuadro siguiente relativo a las principales fuentes de ingresos de los jóvenes europeos se pueden apreciar las diferencias entre países señaladas anteriormente. Mientras que tan sólo el 5% de los jóvenes daneses, el 6% de los suecos, o el 17% de los finlandeses, obtienen sus recursos económicos de algún familiar, el 49% de los jóvenes griegos, el 50% de los italianos y el 34% de los españoles obtienen los ingresos de algún familiar. También es preciso destacar que el 48% de los españoles dice tener como principal fuente de ingresos el trabajo regular, siendo por tanto este porcentaje superior a la media de la Europa de los quince (44%), aunque se refiere fundamentalmente al grupo de edad de veinticinco a veintinueve años. Destacan también las diferencias observadas en las ayudas recibidas para la formación y los ingresos procedentes del desempleo y la Seguridad Social. En España el porcentaje de jóvenes que responden tener como principal fuente de ingresos las ayudas del Estado, vía ayudas de formación, desempleo y Seguridad Social, es del 5% en Italia y del 2% en Grecia, mientras que en Dinamarca es del 27%, en Finlandia del 28% y en Suecia del 42%.

imagenAMC4

Estos datos evidencian las claras diferencias existentes en los gastos sociales que destinan los países de norte de Europa a la autonomía económica de los jóvenes en relación con los países del sur de Europa, donde el Estado ha centrado sus esfuerzos redistribuidores fundamentalmente en el colectivo de la tercera edad. Estos datos nos están informando de la debilidad institucional del Estado de bienestar en materia de apoyo económico a los jóvenes.

III. Los contextos familiares y laborales en las transiciones de los jóvenes a la vida adulta

Tal y como se ha mencionado anteriormente los procesos de las transiciones han cambiado, pasando de ser lineales a ser reticulares a través de un dilatado proceso ("life course") en un marco de crecientes riesgos e incertidumbres. En este proceso intervienen numerosos factores entre los que se destacan el mercado laboral, la formación, la posición en la estructura social y la cultura familiar. El interrogante que se plantea es cómo los jóvenes gestionan la transición a la vida adulta combinando la acción individual reflexiva (agencia) con los determinantes objetivos (estructura). En el apartado anterior se analizó la incidencia que tiene el contexto institucional de los regímenes de bienestar en la adquisición de la independencia familiar y económica de los jóvenes en los diferentes países europeos. En este apartado nos proponemos analizar la incidencia de los factores laborales, formativos y culturales en los procesos diferenciados de transición a la vida adulta de los jóvenes europeos. En el caso de los países del sur de Europa, los factores socioeconómicos tienen un relevante papel en la explicación de la tardía transición. Los elevadas tasas de desempleo juvenil, la precariedad e inseguridad laboral, unidas a un sistema formativo tradicionalmente segmentado, prolongado y excesivamente rígido, el costoso acceso a la vivienda en propiedad y de alquiler, así como la limitada ayuda pública destinada a los jóvenes, han convertido a la familia en la principal instancia proveedora de bienestar a los jóvenes (Jurado Guerrero, 2001; Baizán, 2002). Por lo tanto, el distintivo modelo de transición a la vida adulta de los jóvenes del sur de Europa está claramente asociado con factores estructurales que limitan en parte las posibilidades de adquirir la autonomía. Sin embargo, los factores subjetivos culturales también tienen un papel destacado en la explicación de estas pautas transicionales, ya que se asocian con un modelo de familia que enfatiza la importancia de la solidaridad familiar e intergeneracional (familiarismo) como un rasgo cultural característico de estos países (Moreno Mínguez, 2007; Saraceno, 2001).

La mayoría de los investigadores coinciden en señalar que la nueva economía globalizada ha cambiado el contexto del mercado laboral y la forma de relacionarse con el mismo. Los jóvenes europeos hoy se enfrentan a un mercado laboral desregularizado y precario que nada tiene que ver con el mercado laboral en el que transitaron sus padres (Sennet, 1998; 2006). Hoy los jóvenes son más proclives a estar desempleados, a ocupar empleos precarios y temporales. Sin embargo, los jóvenes tienen unos niveles de cualificación y formación mayores en general que sus padres, lo que no les garantiza encontrar un empleo acorde con su formación.

En lo que respecta al indicador de la tasa de desempleo juvenil, en España era del 18,6% para el grupo de edad de quince a veinticuatro años para el año 2006, siendo esta una tasa intermedia, pero elevada si lo comparamos con la de Dinamarca (7,6%) o la de los Países Bajos (5,6%). En cualquier caso, la tasa se sitúa por encima de la media para la Europa de los veintisiete. Para el siguiente grupo de edad esta tasa se reduce sustancialmente para España (10,4%), siendo prácticamente similar a la tasa de Finlandia (8,2%) y Suecia (9,1%). Incluso en el caso de los varones la tasa de desempleo juvenil en este grupo de edad en España es más reducida (7,8%) que en Finlandia (8,2%) o Suecia (8,5%). Nuevamente en este indicador destacan las diferencias existentes por género, ya que las mujeres en todos los grupos de edad tienen tasas de desempleo más elevadas que los hombres, y esta diferencia es muy acusada en España, siendo la diferencia de siete puntos porcentuales en el grupo de edad de quince a veinticuatro años y de seis puntos porcentuales en el grupo de veinticinco a veintinueve años, mientras que en países como Finlandia o Reino Unido son prácticamente similares. Estos datos ponen de manifiesto que la incidencia del desempleo es muy diferente en los distintos países europeos. A este respecto es preciso destacar el hecho de que se produce un descenso durante el período 1997-2003, en particular en aquellos países que habían tenido elevadas tasas de desempleo en 1997, como en el caso de España, Italia y Portugal. Aunque en estos países en el último período se produce una reducción considerable, sin embargo el desempleo, fundamentalmente de las mujeres, sigue siendo muy elevado.

imagenAMC5

Sin duda, un factor a tener en cuenta en la situación laboral y económica de los jóvenes europeos es la temporalidad en el empleo. Es un indicador más de la precariedad laboral que caracteriza al mercado laboral, cada vez más globalizado. Sin embargo, a pesar de ser una tendencia generalizada en toda Europa, los países del sur de Europa soportan un elevado grado de temporalidad en el empleo juvenil, lo que incrementa en estos países el riesgo de marginalización y exclusión social de los jóvenes. Los datos parecen constatar que la temporalidad en el empleo se ha extendido sustantivamente en aquellos países con elevadas tasas de desempleo juvenil, como en el caso de España, en la década de los noventa.

imagenAMC6

Los datos comparados europeos sobre la temporalidad en el empleo corroboran la tesis de Sennet relativa a la precarización del empleo de los jóvenes en Europa. Los países con mayor porcentaje de jóvenes con empleos precarios temporales son España (65%), Suecia (59%), Alemania (57,1%) y Francia (51,5%), y los países con menor incidencia de la temporalidad entre los jóvenes son Reino Unido (12%), Irlanda (7%) o Grecia (25%). La incidencia diferencial de la precariedad ocupacional de los jóvenes entre los distintos países europeos puede ser debida, entre otros factores, a la configuración de los mercados laborales y a las políticas laborales adoptadas por cada país. En el caso concreto de España, la temporalidad es muy elevada debido a que las distintas reformas laborales llevadas a cabo por los distintos gobiernos han favorecido este tipo de empleo a través del fomento de las empresas de trabajo temporal. Por sexo, se observa que la temporalidad es mayor entre las mujeres jóvenes en casi todos los países de referencia, aunque las mayores diferencias se observan en Suecia, Finlandia o Italia. Sin embargo en países como Alemania, Austria o Dinamarca la temporalidad es mayor entre los hombres.

Los efectos de la nueva economía están teniendo un claro reflejo en la complejidad de las trayectorias formativas/laborales de los jóvenes. Estas están dejando de ser lineales, ya que la nueva economía exige otro tipo de destrezas relacionadas con la capacidad de obtener mayor autonomía en relación con la automotivación, la responsabilidad y la capacidad de gestionar y resolver creativamente. Por lo tanto, ya no se trata de acumular conocimientos y experiencia de forma lineal (formación que se da en el sistema educativo tradicional), sino de diversificar las capacidades de forma transversal a través de la adquisición de experiencias en varios contextos. Esto explicaría en parte que las cualificaciones obtenidas en el sistema educativo no se correspondan con el tipo de empleo esperado, porque las demandas del mercado no están cambiando al mismo ritmo que el sistema de cualificaciones del sistema educativo. Estos fenómenos han dado lugar a lo que se conoce como el "desajuste formativo/laboral" que se ejemplifica en la "sobre-educación" y en la "falta de formación y cualificación profesional". Según los datos de la OCDE (2006) para las cohortes jóvenes de más edad, la entrada en el mercado laboral acorde con su formación es más fácil que para las cohortes más jóvenes. En relación con las diferencias observadas entre países, se constata el hecho de que España es uno de los países donde más elevada es la asociación entre edad y desajuste laboral, es decir, entre las cohortes de jóvenes se observa un elevado desajuste entre formación y empleo conseguido. Por el contrario, en Finlandia no se observa ninguna asociación entre la edad y la probabilidad de experimentar desajuste laboral en relación con la formación (OCDE, 2006).

El acceso a la vivienda es otro factor determinante en las transiciones de los jóvenes a la vida adulta, fundamentalmente en España, donde existe una cultura de la propiedad que explica que los jóvenes se decanten fundamentalmente por la compra de vivienda en lugar de por el alquiler (Castles y Ferrera, 2005; Mulder y Billari, 2006). En las últimas décadas la vivienda ha adquirido un protagonismo notable como factor limitador de la autonomía residencial de los jóvenes españoles, debido al incremento constante del precio de la vivienda, lo que unido a la precariedad laboral y a las reducidas ayudas institucionales en favor de los jóvenes, ha contribuido en cierta forma a retardar la emancipación de los jóvenes españoles. Un informe reciente del Banco de España subraya la influencia del precio de la vivienda y la tendencia a la compra de la vivienda como variables claves para explicar el retraso de la edad media del abandono del hogar paterno en comparación con países como Alemania, Reino Unido o Francia. Este mismo informe resta importancia al incremento de la temporalidad en el empleo juvenil como un factor suficientemente significativo para explicar el retraso en la emancipación de los jóvenes españoles (El País, 30/04/08). Los datos ofrecidos por el OBJOVI corroboran en parte esta tesis, ya que el valor actual de una vivienda libre equivalía a 12,7 años el salario medio anual de una persona joven en España, mientras que hace diez años equivalía a seis veces el salario anual de un joven. En el cuadro siguiente se puede observar la evolución ascendente que ha tenido el coste de acceso a la vivienda para una persona joven y para un hogar joven desde 1999. Una persona joven tendría que aportar más de la mitad de su salario, el 67,8%, para sufragar las cuotas del primer año de hipoteca y un hogar joven el 42,6% de todos sus ingresos. Más complicado lo tendrían las mujeres jóvenes y las personas de dieciocho a veinticuatro años, dado que su menor renta les exigiría tener que desembolsar más del 75% de su salario para pagar una vivienda en propiedad (OBJOVI, 2007).


Notas:

Número de páginas: 5