Pensamiento Iberoamericano
Número 3

Rasgos característicos de la transición a la vida adulta de los jóvenes españoles en el marco comparado europeo

Almudena Moreno Mínguez

Universidad de Valladolid

Número de páginas: 5

BUSCAR



TAMAÑO LETRA



En el régimen de bienestar conservador las ayudas al estudio, el apoyo familiar y el empleo desempeñan un papel fundamental en la transición de los jóvenes a la vida adulta. Por ejemplo, en Alemania no hay tradición de ayudas sociales destinadas a favorecer la independización de los jóvenes ya que están en cierta medida estigmatizadas. El camino "normal" para conseguir la autonomía es a través de la consecución de un trabajo cualificado, lo que concede gran importancia al sistema educativo en el proceso de transición a la vida adulta. El Estado interviene sólo en situaciones en las que la familia no puede garantizar la formación de los jóvenes. Es habitual que las familias apoyen económicamente a los jóvenes cuando las ayudas al estudio son insuficientes para garantizar la independencia del joven. Sin embargo, la dependencia familiar es percibida por los jóvenes y por la propia sociedad como un fracaso de la transición a la vida adulta. En lo que se refiere al sistema educativo nos encontramos con un modelo dualizado y rígido de educación que se corresponde con un mercado laboral altamente regulado. Nos encontramos pues en estos países ante un entorno de creciente riesgo en el que algunos jóvenes logran la cualificación deseada y la integración en el mercado laboral a través de lo que se considera "transición normal", mientras que otros jóvenes tienen serias dificultades para lograr por sí mismos la dependencia y autonomía deseada, debido a la segmentación y rigidez tanto del sistema educativo como del mercado laboral.

Por último, en el régimen de bienestar denominado "sub-protector" ("sub-protective"), donde se incluyen los países mediterráneos como España, Italia y Portugal, el limitado desarrollo de un marco institucional de apoyo económico a los jóvenes, la precariedad del mercado laboral orientado fundamentalmente hacia la figura del varón sustentador, y los desajustes existentes entre el sistema educativo y el mercado laboral, convierten a la familia en la principal agencia para lograr la autonomía e independencia. La conjunción de estos factores ha contribuido a que los jóvenes tengan elevados ratios de desempleo y de precariedad laboral en trabajos inestables, que en la mayoría de los casos no se corresponden con su formación y que están escasamente retribuidos, lo que les convierte en un colectivo dependiente de sus familias y con limitadas expectativas de lograr la independencia residencial y económica. En estos países, las políticas de juventud pueden ser definidas por la incongruencia existente entre las reformas comprensivas y los déficits estructurales existentes en su implementación. Autores como Castles (2002), Ferrera (1996), Moreno (2004), Flaquer (2002) y Moreno Mínguez (2007) consideran que en los Estados del bienestar del sur de Europa, a diferencia de los conservadores, liberales y socialdemócratas, existe un escaso desarrollo institucional de determinadas políticas destinadas a las familias y los jóvenes, lo que ha contribuido a reproducir el modelo cultural familiarista de solidaridad y dependencia intergeneracional, en el que las familias han asumido en el ámbito privado el bienestar de jóvenes, ancianos y niños. De hecho, el denominado régimen de bienestar "sub-protector" propio de los países del sur de Europa (España, Italia y Portugal) se ha caracterizado por un déficit estructural en el desarrollo de las políticas de juventud. Esto, unido al desajuste existente entre la educación y el mercado laboral durante largos períodos, el elevado desempleo y el incremento de la precariedad laboral, ha favorecido la dependencia familiar de los jóvenes (IARD, 2001; López Blasco, 2006a).

En definitiva, el "régimen de bienestar", a través de las políticas sociales y de juventud, puede contribuir a dilatar o facilitar las transiciones de los jóvenes y moldear las aspiraciones de estos en cuanto a la formación, el empleo, las relaciones de pareja, las relaciones de género y la independencia familiar. Este análisis comparado ha evidenciado las diferencias existentes en las transiciones de los jóvenes entre los diferentes regímenes de bienestar. En los países del norte de Europa la cultura de la independencia temprana -favorecida por las generosas políticas públicas de emancipación destinadas al individuo- ha dado lugar a una biografía de las transiciones marcadas por el limitado papel de las familias, el protagonismo del Estado y la temprana emancipación de los jóvenes, quienes han conseguido acoplar de forma favorable sus aspiraciones al entorno de riesgo en el que se producen las transiciones. Por el contrario, en los países del sur de Europa, las limitadas ayudas públicas, unidas a la cultura de la dependencia familiar en un contexto de crecientes riesgos e incertidumbres, han generado cierto desacople entre las aspiraciones de los jóvenes y las posibilidades reales de conseguir la autonomía, lo que explica en parte lo que se conoce como retardo y prolongación del proceso de transición a la vida adulta de los jóvenes en países como España, Italia y Portugal.

1. Independencia familiar

Uno de los rasgos que definen las diferencias entre los diversos regímenes de bienestar en Europa en el proceso de transición a la vida adulta de los jóvenes se refiere a la denominada tardía independización de los mismos en el sur de Europa con respecto a otros países del entorno europeo. Los datos existentes al respecto nos permiten contrastar estas premisas y contextualizar este proceso en los diferentes países europeos.

La forma de convivencia ha sido un indicador muy utilizado para comparar el grado de autonomía alcanzado por los jóvenes. A este respecto, destaca el hecho de que los jóvenes del sur de Europa con edades comprendidas entre los dieciocho y los treinta y cinco años continúan viviendo en un elevado porcentaje en casa de sus padres: el 40% en España, el 41% en Portugal y el 64% en Italia según los datos de la European Quality of Life Survey de 2003. Si bien es verdad que a mayor edad menor es el porcentaje de jóvenes dependientes, en el caso de los países del sur de Europa el porcentaje es más elevado que para los jóvenes del resto de los países europeos en todos los grupos de edad. Por el contrario, la opción de vivir en solitario es una elección minoritaria entre los jóvenes de la Europa del sur, mientras que en países como Dinamarca, Suecia o Alemania se trata de una estrategia muy extendida entre los jóvenes. De hecho, el 37% de los suecos y el 33% de los alemanes se inclinan por esta opción de convivencia frente a tan sólo el 5% de los españoles o el 8,5% de los italianos. Se observan ciertas diferencias por género, ya que los datos indican que en los países del sur de Europa las mujeres jóvenes abandonan antes el hogar familiar que los varones, tendencia que es mucho más acusada en los países del norte de Europa. En estos países, las generosas políticas familiares de conciliación de la vida familiar y laboral, así como las políticas laborales de integración de la mujer en el mercado laboral, han facilitado la independencia y autonomía de la mujer, mientras que en los países del sur de Europa el menor porcentaje de mujeres jóvenes que viven en el hogar familiar se puede deber a razones muy distintas, ya que se independizan para casarse o formar una familia, lo que sería una forma de prolongación del modelo de varón sustentador.

imagenAMC1

Un dato que sustenta esta hipótesis es el hecho de que las mujeres abandonan en mayor medida que los hombres el hogar familiar para formar una pareja o una familia en todos los países europeos, siendo más del doble este porcentaje para los países de Italia, España, Portugal y Grecia. En cualquier caso, estos datos nos permiten constatar el hecho ya mencionado anteriormente de que la edad de emancipación de los jóvenes es bastante más temprana en los países del norte de Europa que en el sur. Tanto es así que a los veintinueve años el 90% de las mujeres y el 73% de los hombres daneses han abandonado el hogar familiar para formar una pareja, mientras que tan sólo lo han hecho con este fin el 12% de los hombres y el 24% de las mujeres jóvenes en España.

imagenAMC2

En lo que se refiere al caso específico español, los datos existentes confirman la tendencia indicada por otras fuentes estadísticas internacionales. En 2004, el 68,1% de los jóvenes vivía en casa de sus padres frente a tan sólo el 18% que estaba casado o viviendo en pareja. Si bien es verdad que a mayor edad menor es el porcentaje de jóvenes residiendo en casa de sus padres, aún así sigue siendo muy elevado el porcentaje de jóvenes de veinticinco a veintinueve años residiendo en casa de sus padres (47,3%).

imagenAMG1

Otro dato que se refleja la dependencia familiar de los jóvenes en Europa del sur se refiere al número de jóvenes que residen en casa de sus padres viviendo en pareja, y estando divorciados/separados después de haber pasado por una ruptura familiar. En los países del sur de Europa el 25% de los jóvenes residen con su pareja en el hogar de los padres, de los cuales el 13% están casados, mientras que esta forma de residencia es poco habitual entre los países del norte de Europa (tan sólo el 4% de los jóvenes). Lo mismo se puede decir con respecto a los divorciados y separados, que en un porcentaje muy elevado regresan al hogar familiar después de una ruptura familiar en los países del sur de Europa. Por lo tanto, estos datos constatan el hecho de que el contexto familiar sigue siendo un referente fundamental en la vida de los jóvenes, incluso cuando estos han formado una pareja.

imagenAMC3

En el caso concreto de España hay que resaltar el hecho de que, a pesar de que la dependencia familiar de los jóvenes sigue siendo una característica propia de las transiciones de los jóvenes, sin embargo en los últimos años se ha observado un relativo incremento en las tasas de autonomía y principalidad de los jóvenes. Ésto puede estar indicando un cambio de tendencia generalizado o simplemente una mejora de las condiciones estructurales en cuanto al empleo y los salarios, lo que pudiera haber posibilitado que mayor número de jóvenes hayan optado por la independencia familiar. Los datos permiten constatar por tanto que la tendencia de años anteriores se ha empezado a estabilizar e incluso a invertir desde 1996. Entre algunos investigadores se advierte de que se trata de una tendencia estructural que ejemplifica un nuevo estilo de vida de los jóvenes y de sus familias en España (Requena, 2006). Sin embargo, ese cambio de tendencia puede estar evidenciando la implementación de una lógica no lineal en las transiciones de los jóvenes como respuesta a los crecientes riesgos que se ciernen sobre el mercado laboral y la situación económica, lo que estaría haciendo cambiar las percepciones subjetivas de los jóvenes ante el empleo, la formación y la independencia o autonomía familiar. Es decir, la prolongación de la dependencia familiar ya no se entendería como una etapa de "espera" ante la posible mejora de la situación laboral y económica, como en el pasado, sino como una "trayectoria fallida" ante un entorno en el que el riesgo, la precariedad y la incertidumbre se han convertido en constantes.

2. Independencia económica

La independencia familiar suele estar casi siempre asociada con la independencia económica, aunque podemos encontrar casos en los que se produce la independencia familiar con la dependencia económica familiar. Nos encontramos pues con diferentes formas de autonomía económica. La independencia económica relativa se obtiene a través de las ayudas públicas (de estudio, vivienda, etc.) y a través de la familia, y, por otro lado, la independencia económica total se obtiene a través del empleo. El análisis referido a la edad y a la forma de conseguir la independencia económica es más difícil de medir ya que existen múltiples fuentes de obtención de ingresos. Según el Informe de Juventud de 2004, en España tan sólo el 24% de los jóvenes tienen autonomía completa, es decir, viven exclusivamente de sus propios ingresos, mientras que el 21% vive parcialmente de recursos propios con ayuda de la familia y de la pareja. La gran mayoría de los jóvenes (el 69%) son dependientes y viven de los recursos de otros. Si bien es verdad que se ha producido un ligero incremento en la emancipación económica de los jóvenes desde 1984, esta se debe fundamentalmente al cambio experimentado en la estructura de edad y no a un cambio de tendencia. Si estos datos los vinculamos con los referidos a la independencia familiar, podemos afirmar que en España se mantiene la tendencia de la dependencia económica y familiar de los jóvenes, frente a la temprana adquisición de la autonomía familiar y económica de los jóvenes del norte Europa.


Notas:

Número de páginas: 5