TAMAÑO LETRA
Centroamérica es una región altamente vulnerable en la actualidad. A lo largo de los siglos, incluso mucho antes de la colonización, sus tierras han sufrido no sólo las inclemencias climáticas y geológicas, sino también conflictos y guerras civiles que han abierto amplias brechas entre sus poblaciones. Hoy en día, existen diferencias en el grado de desarrollo humano de los distintos países que conforman la región; diferencias internas entre la población rural y la población urbana; amplias brechas entre grupos sociales: ricos y pobres, hombres y mujeres, indígenas, afrodescendientes, etc. Y todas estas desigualdades generan una amplia pobreza y excluyen a las mayorías del acceso a los bienes básicos.
En los últimos veinte años Centroamérica ha pasado de regímenes dictatoriales a regímenes democráticos, todavía en proceso de consolidación y caracterizados en algunos casos por una gran debilidad institucional. Los conflictos internos en la región, y la aplicación de las políticas neoliberales del denominado "Consenso de Washington" dieron paso a un modelo de desarrollo que, si bien permitió recuperar tasas positivas de crecimiento y restableció los equilibrios macroeconómicos, ha polarizado a las sociedades y ha impedido llevar a cabo las política necesarias para hacer frente a la pobreza y a la desigualdad. La región centroamericana ha recibido un especial seguimiento de las distintas agencias de Naciones Unidas, así como de las organizaciones no gubernamentales de desarrollo. Existe un cierto consenso sobre la necesidad de trabajar junto a los estados para constituir una región de paz, libertad, democracia y desarrollo, que se sustente en el respeto, la tutela y la promoción de los derechos humanos.
En este contexto, es especialmente relevante la publicación de dos informes sobre la violencia en la región. Por una parte, el informe de la Oficina para la Droga y el Delito de Naciones Unidas (ONUDD), que aborda las causas del incremento del crimen y la violencia en Centroamérica; y por otro lado, el informe anual de la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo (SIDA, por sus siglas en inglés), que ofrece, entre otras cuestiones, una visión global de los progresos realizados desde la cooperación al desarrollo en el ámbito económico y social desde una perspectiva regional.
El informe de la ONUDD plantea la pregunta de por qué Centroamérica es vulnerable al crimen. En primer lugar, la región se encuentra, dada su ubicación geográfica, en una "encrucijada". Su situación entre los países productores de drogas y los consumidores -convirtiéndose en la zona de tránsito por la que circula el 88% de la cocaína que se destina a los Estados Unidos- no le beneficia puesto que ha facilitado la aparición de un gran negocio en torno al tráfico de drogas y el lavado de dinero, fomentando a su vez la corrupción.
En segundo lugar, el informe establece vínculos entre la exclusión y la delincuencia, y afirma que la desigual distribución de la riqueza en Centroamérica es, junto a la pobreza extrema, la principal causa de los altos niveles de violencia. A ello se le añade otro importante componente: el alto grado de desempleo, sobre todo entre jóvenes de las zonas urbanas, se relaciona con la alta tasa de delitos callejeros perpetrados en su mayoría por hombres jóvenes cuyas edades oscilan entre los 15 y los 24 años.
Es especialmente relevante la mención a la limitada capacidad de la justicia penal en la región. Centroamérica vive en un clima de impunidad por la falta de recursos destinados en la mejora de los sistemas judiciales, las condiciones de las cárceles y el sistema policial corrupto que no goza de la confianza de la ciudadanía. El informe ofrece diversos casos de estudios, encuestas y datos estadísticos que ilustran cómo la creciente violencia en la región supone una amenaza a la gobernabilidad de la región.
Centroamérica ha sido fuertemente azotada durante el siglo XX por guerras civiles de larga duración: Guatemala (1960-1996), El Salvador (1980-1992), o Nicaragua (1972- 1991). A pesar de haberse superado el conflicto, éste ha dejado secuelas importantes. La población ha quedado marcada por un verdadero trauma psicosocial y ha generado una cultura de la violencia que se manifiesta en el ámbito doméstico y social y que ha supuesto el incremento de los delitos y la criminalidad. El Estado ha perdido legitimidad al no ser capaz de ofrecer una respuesta adecuada a esta situación y las armas circulan sin ningún tipo de regulación. Asimismo, la ineficacia de la policía y su participación en operaciones conjuntas con los militares son algunos de los problemas de seguridad a los que se enfrenta la región.
El informe de ONUDD también muestra cómo una de las consecuencias de la guerra, unido a la falta de expectativas económicas, fue el desplazamiento de un importante número de población a otros países, como Estados Unidos, donde se agruparon en barrios marginales de las grandes ciudades. De esta manera, con el sentido de organizarse en comunidades, nacieron las maras o pandillas juveniles. La deportación de muchos de sus miembros a sus países de origen, propició el surgimiento de estas pandillas en Centroamérica; en la actualidad, se calcula que existen unos 70.000 miembros en los siete países que conforman la región, siendo los más afectados Honduras, El Salvador y Guatemala [1]. Aún así, el texto también señala cómo "la violencia juvenil es un hecho real que exige atención, pero constituye un síntoma y no una causa del problema subyacente de violencia y droga". Pero, en este sentido, difiere la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo, que vincula, en su informe anual, a las maras con los altos niveles de homicidios y las califica como bandas callejeras organizadas y extremamente violentas.
Centroamérica, pues, se ve afectada por altos índices de criminalidad destacando el tráfico de drogas, los secuestros, el lavado de dinero, el tráfico de armas de fuego, entre otros. En este marco, cabe subrayar que son las muertes intencionales y violentas de mujeres, por el hecho de ser mujeres, las que están adquiriendo mayores dimensiones cada día en las sociedades centroamericanas. El problema conocido como "feminicidio" está afectando a los países centroamericanos sin que se esté desplegando una acción organizada eficiente para detener su escalada.
De esta manera, se confirma que el crimen y la violencia es verdaderamente un problema para la región y que conlleva una serie de consecuencias, puesto que destruye el capital social y humano, debilita al gobierno, e influye negativamente en el desarrollo de los negocios.
La situación económica de la región es ilustrado, en este sentido, por el informe de la Agencia Sueca de Cooperación Internacional (SIDA), que analiza, en primer lugar la tasa de crecimiento del Producto Interior Bruto en los países gracias a las remesas, y en segundo lugar, de manera más pormenorizada, la firma con Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio para la República Dominicana y Centroamérica (CAFTA, por sus siglas en inglés), destacando las consecuencias negativas para todas las partes, sobre todo en el sector textil. De la misma forma, se estudian las posibilidades para alcanzar un acuerdo de asociación con la Unión Europea, cuestión poco probable dada la disminución en los últimos años del interés político de Europa hacia la región. Partiendo de esta introducción, SIDA realiza una presentación exhaustiva de sus principales programas temáticos regionales. Se ofrece información acerca de las contrapartes y de los proyectos financiados por la agencia sueca, lo que puede ser de gran utilidad para otras agencias de desarrollo u organizaciones de la sociedad civil. La ONUDD, por su parte, elabora un importante diagnóstico acerca de la situación del crimen en Centroamérica, aunque se echa en falta la aportación de medidas concretas para acabar con ello.
Ambos textos se complementan y nos permiten concluir que va a ser necesario un compromiso por parte de la comunidad internacional para acompañar a los países centroamericanos en la lucha contra el problema de la violencia.
Notas:
- [1]. Cabe resaltar la distinción que SIDA realizaal hablar en su informe de "dos Centroaméricas", una constituida por Guatemala, Honduras y El Salvador, países claramente violentos y peligrosos, frente a Nicaragua, Costa Rica y Panamá.


Imprimir
Descargar PDF