Pensamiento Iberoamericano
Número 1

La calidad de las relaciones sociales en las grandes ciudades de América Latina: viejos y nuevos determinantes

Rubén Kaztman

Universidad Católica de Uruguay

Número de páginas: 5

BUSCAR



TAMAÑO LETRA



En la gran mayoría de las grandes ciudades, los hogares con características socioeconómicas, étnicas, raciales, o nacionales similares se aglomeran en determinados vecindarios. La estructura productiva urbana, las políticas de ordenamiento territorial y vivienda y las matrices socioculturales nacionales afectan la intensidad con que se manifiesta esa tendencia.

Entre "los de arriba", la búsqueda de confort, status y seguridad puede promover la convivencia entre pares en zonas exclusivas. Fuertes climas de inseguridad favorecen la proliferación de barrios cerrados, cuyo crecimiento es evidente en muchas de las grandes ciudades de la región.

Además de las diferencias en la capacidad de consumo, como se infiere de los ejemplos siguientes abundan entre "los de abajo" las circunstancias que favorecen un relativo aislamiento espacial con otras clases. En ciudades marcadas por las diferencias de clase, la población de menores recursos suele preferir espacios en los que el despliegue abierto de sus hábitos y costumbres nos los expone a la estigmatización y a miradas devaluadoras de otras clases, y donde les resulta más fácil expresar su espontaneidad y mostrarse ante sus iguales como ingeniosos, atractivos y divertidos (Charlesworth, 2000). También es frecuente que las minorías étnicas, raciales, o de inmigrantes muestren preferencia por residir en las zonas donde viven sus pares, atraídos por la fluidez de la sociabilidad, por la comunidad de tradiciones culturales y estilos de vida, y por la posibilidad de integrarse a redes que funcionan como fuentes importantes de capital social para su inserción en el mercado laboral. Una tercera motivación es la de estar próximo a los lugares de trabajo y la de ser vecino de sus compañeros de faenas. Este ha sido el caso de los barrios obreros, sobre los que volveremos más adelante.

Pero también el aislamiento de los pobres urbanos del resto de la ciudad se asocia crecientemente a fenómenos de exclusión social, cuya expresión arquetípica son los guetos urbanos.

La globalización trajo novedades en este campo. La confluencia de la elevación de los umbrales de calificación para el acceso a las ocupaciones estables y protegidas y la liberalización del mercado inmobiliario produjo ganadores y perdedores. Los trabajadores con calificación insuficiente y/o especializaciones obsoletas, se enfrentaron con problemas para pagar sus alquileres, para conseguir avales para los contratos de arrendamiento o para obtener créditos para la adquisición de vivienda, lo que en algunos casos se agravó con el repliegue de la intervención del Estado en el mercado habitacional. Estas circunstancias favorecieron migraciones intraurbanas hacia barrios donde el suelo era más barato o en los cuales existía la posibilidad de ocupación de terrenos. De este modo, las diferentes trayectorias de ganadores y perdedores alimentaron las brechas en la calidad y en la estabilidad de los empleos, pero también acentuaron el aislamiento físico entre las clases urbanas (Kaztman y Retamoso, 2005) [10]

Cabe subrayar entonces que nuestro interés no se dirige a cualquier tipo de segregación residencial, sino a aquel cuya dinámica refleja, por un lado, las características de los ganadores y perdedores con las nuevas modalidades de acumulación y por otro, los cambios que ello trae aparejado en la calidad de las relaciones entre ellos.

1. Los barrios de la nueva pobreza

Para describir las características de los barrios de la nueva pobreza es conveniente comenzar distinguiéndolos de al menos otros dos tipos de vecindarios pobres urbanos: la de los inmigrantes que llegan a las ciudades provenientes de otras zonas del país y la de los barrios obreros.

a) Barrios de inmigrantes recientes

Con posterioridad a la segunda guerra mundial, el crecimiento de estos barrios se alimentó de población de origen rural o de poblados pequeños que en su gran mayoría se estableció en las periferias de las grandes ciudades. Hay varios aspectos de la composición de esos barrios que los diferencian de la de los pobres en los actuales guetos urbanos de la región. Primero, tanto por su menor costo como por la oportunidad de estar cerca de familiares o amigos ya establecidos en esas zonas, muchos de los inmigrantes eligieron voluntariamente residir en las riberas de las ciudades. Segundo, la mayoría fue atraída por la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida, entre otras cosas, por el acceso a servicios inexistentes en el lugar de origen. Tercero, la coetanidad de procesos de industrialización y urbanización favorecieron el desarrollo de expectativas razonables de mejoramiento sostenido. En suma, la comparación del presente con el pasado daba pie para generar un clima de optimismo y confianza en el progreso entre los inmigrantes. Tanto para los propios actores como para la mayoría de los analistas de estos procesos, el pasaje por los cordones urbanos fue percibido básicamente como una etapa intermedia en el proceso de asimilación a las ciudades [11] .

b) Barrios obreros tradicionales

Esta categoría se refiere a vecindarios en los cuales una importante porción de los residentes comparten experiencias de trabajo en establecimientos industriales, mineros, en firmas vinculadas al transporte, etc. Muchas ciudades en América Latina han experimentado la formación de barrios con esa configuración alrededor de astilleros, frigoríficos, fábricas, talleres de ferrocarriles, etc. Una características distintiva de estos barrios era una conciencia de clase que enraizada en la experiencia de trabajo se robustecía con la sociabilidad del vecindario [12].

A esa robustez contribuían varios factores. Primero, la estabilidad de la inserción en un mismo ámbito de trabajo y el tamaño de los establecimientos [13]. Segundo, la vigencia de utopías que resaltaban la importancia del trabajo en la construcción de una nueva sociedad, más rica, más equitativa y más integrada. Tercero, la experiencia de conquistas laborales y sociales mediante el esfuerzo colectivo. Cuarto, la pertenencia a organizaciones laborales importantes y fuertes y quinto, la esperanza en un progreso motorizado por la dinámica industrial. Las actitudes y valores que emergían de la experiencia laboral aportaron a la formación de los patrones que regulaban la convivencia en los barrios obreros, a la vez que la sociabilidad vecinal y la participación en las instituciones comunales realimentaban esas actitudes y esos valores.

c) Los barrios de la nueva pobreza

Estos barrios son producto de procesos de segregación residencial que en América Latina operan fundamentalmente a partir de los ochenta. El contexto de la ciudad muestra importantes diferencias con aquellos que caracterizaron la constitución de los dos tipos antes mencionados. Lo que prima en ese contexto son experiencias de desindustrialización y de achicamiento del Estado -dos de las fuentes más importantes de empleo urbano no precario-, de acelerada disminución de las oportunidades laborales para trabajadores no calificados o con especializaciones obsoletas, y de una rápida elevación de los umbrales de calificación requeridos para la incorporación al mercado. En, vez de la atracción de la ciudad, lo que prima es la expulsión hacia la periferia. En vez de hogares estimulados por las nuevas oportunidades de trabajo y progreso, crece la población desalentada y con pocas esperanzas de inserción estable en la estructura productiva. A diferencia de los inmigrantes que contrastaban favorablemente su situación presente con la pasada, muchos de los actuales pobres urbanos obtienen resultados negativos de esa comparación, particularmente en las ciudades que experimentaron una industrialización temprana. Es allí donde se observa una mayor resistencia de los pobres a la desafiliación social, a renunciar al ejercicio pleno de derechos sociales ya conquistados y a la participación en los estilos de vida predominantes en la ciudad.

Aún a riesgo de simplificar gruesamente estos procesos, mi impresión es que la concentración espacial históricamente inédita de personas con aspiraciones propias de la vida urbana, pero con graves privaciones materiales y escasas esperanzas de alcanzar logros significativos mediante el trabajo, favorece la germinación de los elementos más disruptivos de la pobreza. Los hogares que cuentan con recursos para alejarse de esos vecindarios lo harán, por lo que la interacción estará crecientemente limitada a vecinos cuyas habilidades, hábitos y estilos de vida están más asociados al fracaso que al éxito, y cuyas redes se mostrarán ineficaces para proporcionar contactos o información relevante sobre empleos y oportunidades de capacitación. La misma inestabilidad laboral y de ingresos dificulta la creación y mantenimiento de instituciones locales que puedan ejercer ciertos controles informales básicos. Los niños y jóvenes carecen de exposición y de contactos con modelos de rol, esto es, con personas que se mueven bien en los circuitos sociales y económicos principales de la ciudad.

Un rasgo explosivo de esta situación es que paralelo al avance de los procesos de debilitamiento de los vínculos con el mercado de trabajo, de las segmentaciones en los servicios y segregaciones en el espacio, las fuentes de producción y reproducción de aspiraciones no han dejado de funcionar. Crece la cobertura de la educación y de los medios de comunicación, mientras la globalización expone a las grandes mayorías a discursos que subrayan la legitimidad del acceso a derechos sociales cuyo ejercicio efectivo la experiencia cotidiana se encarga de negar. Todo ello transforma a los barrios de la nueva pobreza urbana en focos territoriales de anomia, cuya presencia contribuye fuertemente a la erosión de la calidad de las relaciones sociales en las ciudades.

d) Retroalimentaciones

El establecimiento de barrios con las características recién señaladas activa mecanismos de reproducción ampliada del aislamiento social. Basta mencionar tres bien conocidos: I) Sus habitantes, especialmente los jóvenes, suelen ser víctimas de la llamada "discriminación estadística", por la cual algunos empleadores rechazan sus postulaciones de trabajo cuando conocen su lugar de residencia; II) los hogares pueden desertan a otros barrios, lo que priva al vecindario de potenciales modelos de rol, de personas que tienen "voz", que pueden oficiar de transmisores de los patrones normativos de la sociedad global y que pueden proporcionar contactos e informaciones útiles para la obtención de empleos y/o acceso a servicios y III) los de afuera evitan esos vecindarios, lo que reduce la frecuencia de contactos con amistades y familiares que viven en otras áreas de la ciudad (Zaffaroni, C. 1999).

Las subculturas de los barrios de la nueva pobreza urbana condensan una acumulación de respuestas a una serie de experiencias colectivas cuyo núcleo es el reconocimiento de penurias compartidas, de las barreras a la inclusión social y de la necesidad de encontrar bases comunes para construir o reconstituir autoestimas severamente dañadas por la experiencia de exclusión. Para muchos el trabajo ha dejado de ser el referente central para la organización de la vida cotidiana, para la incorporación de disciplinas y regularidades y para la articulación de expectativas y escalonamiento de metas. A la vez, el progresivo aislamiento hace más difusas las señales (cuando las hay) que desde la sociedad global plantean caminos accesibles a personas de baja calificación para alcanzar condiciones dignas de vida. Todo ello aumenta la permeabilidad de los pobres urbanos a estructuras ilegítimas de oportunidades de acceso a las esquivas metas de consumo, mientras que el aislamiento social inhibe la eficacia de intervenciones dirigidas a contrarrestar esas predisposiciones invocando las normas y valores modales de la sociedad.

imagenult

e) ¿Y las clases medias y altas?

Los estratos urbanos de mayor nivel socioeconómico siempre se distinguieron por su capacidad para preservar la legitimidad de sus pretensiones de superioridad social mediante el control de los códigos de acceso a nichos exclusivos de productos de consumo material o inmaterial. Su aptitud para diferenciar y apreciar objetos de acceso limitado (pinturas, libros, música, quesos, vinos, lugares de veraneo, etc.) es autoevaluada como un reflejo de refinamientos intelectuales, sutilezas y sensibilidades que se desarrollan en grupos cerrados y que fuera de ellos se adquieren difícilmente. Para mantener las distancias sociales estos grupos se ven obligados a una búsqueda constante de nuevos nichos de exclusividad. Estos intentos de distanciamiento social se ven reforzados por el hecho que en la actualidad, las desigualdades en la distribución del ingreso se acompañan más y más de una ampliación de la oferta de servicios privados así como de un aumento de los diferenciales de calidad entre éstos y los públicos. Ello implica una creciente deserción de "los de arriba" -la "salida" de Hirschman- de los servicios y espacios públicos y una acentuación de su agregación geográfica en el espacio urbano. Filgueira (2006) afirma al respecto "Así, a lo que crecientemente asistimos es a un círculo vicioso en donde los sectores menos pudientes quedan entrampados en bienes públicos de decreciente calidad, al tiempo que surgen una multiplicidad de opciones estratificadas para los otros consumidores." Guillermo O´Donnell (1999) también ha señalado como alternativa plausible una "salida" completa de los bienes públicos. "Muchos ricos optan por la salida: viviendo en guetos fortificados, enviando a sus hijos a escuelas protegidas en que sólo van a conocer niños como ellos, mudando sus oficinas fuera del centro u otras áreas peligrosas, desconfiando de la policía con frecuencia corrupta e ineficiente y contratando guardias privados, y construyendo en una sociedad transnacional más que en la sociedad nacional, el marco de referencia por excelencia de sus actividades"


Notas:

  • [10]. La medida en que las desigualdades de empleoe ingresos se reflejaron en el territorio urbano no fue uniforme en los países de la región. Las ciudades que no fueron marcadas por la experiencia de industrialización siempre mostraron altos niveles de segregación espacial. Como además esas ciudades exhibían una proporción pequeña de clases medias bajas, la magnitud de la migración intraurbana generada por las nuevas condiciones de trabajo no llegó a alterar las dimensiones de la segregación espacial yaexistente.
  • [11]. Sin duda esta rápida caracterización no hace justicia a la variedad de situaciones asociadas a los asentamientos urbanos de migrantes rurales en los distintos países de la región. A fines de la década de 1960 hubo una extensa y rica discusión sobre estos temas en la que participaron, entre otros, Roger Vekemans, José Nun, Fernando Enrique Cardoso, Aníbal Quijano y Gino Germani. Un buen resumen de la polémica generada en torno a la naturaleza de esos fenómenos desde distintas perspectivas se encuentra en un número totalmente dedicado al tema de la marginalidad urbana de la Revista Latinoamericana de Sociología, 1969, Vol. No.2 Resulta interesante observar que esta situación no es muy diferente a la que surge de los análisis de los procesos de traslados masivos de población rural a las ciudades de Estados Unidos en los años veinte (tendencias similares también se mencionan con respecto a la historia de los países europeos después de la segunda guerra. Ver Esping-Andersen, 1999). Algunos estudios ya argumentaban que los problemas sociales que afectaban a aquellos que se instalaban en los barrios mas pobres de la ciudad obedecían a circunstancias temporales que se irían desvaneciendo en el camino al progreso (Park, 1926). Pero aún las descripciones de las situaciones de los guetos urbanos altamente segregados en los años cincuenta en Estados Unidos difieren radicalmente de las actuales en el sentido que una gran mayoría de la mano de obra no calificada tenía trabajo y este constituíauna experiencia central en sus vidas. La segregación residencial actual, en cambio, se presenta en un contexto de una fuerte declinación de las oportunidades ocupacionales para los trabajadores no calificados y de sus remuneraciones relativas (Ver Wilson, 1997).
  • [12]. Un estudio realizado en Chile alrededor de 1960 permite examinar algunas de las formas en que las características del mundo laboral y de la
  • [13]. En su investigación sobre la International Typographical Union, Lipset, S.M., Trow, M y Coleman, J. (1962), encuentran que el tamaño de los establecimientos tiene que ver con la generación de relaciones de amistad, las que a su vez comprometen un rango amplio de valores, actitudes y actividades fuera del contexto donde se originó la interacción.
Número de páginas: 5