Pensamiento Iberoamericano
Número 1

Cohesión social: una visión desde América Latina

Eugenio Tironi y Bernardo Sorj

Universidad Católica de Chile - Centro Edelstein de Investigaciones Sociales

Número de páginas: 4

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Los grados de desigualdad y movilidad social son básicos para comprender el fenómeno de la cohesión social. Existe amplia evidencia empírica sobre los altos niveles de desigualdad de América Latina en comparación con otras sociedades del mundo. Esto se expresa en múltiples dimensiones: ingresos, incorporación al mercado laboral, acceso a la educación, salud y otros bienes y servicios públicos, acceso a la tierra y otros activos productivos, funcionamiento de los mercados de créditos y laborales formales, participación e influencia política. Los efectos disruptivos de la desigualdad sobre el orden social y el bienestar de las personas son conocidos [30]; pero altos niveles de desigualdad pueden no tener efecto des-cohesionador, por ejemplo, si están acompañados de altas expectativas de movilidad social ascendente sostenidas tanto en procesos objetivos como en percepciones -como se da, por ejemplo, en el caso estadounidense-. Por lo mismo es necesario pasar desde la medición transversal sobre el estado de las diferencias entre diversos agregados sociales, al estudio longitudinal de las trayectorias individuales de las personas u hogares en el tiempo respecto de su bienestar y nivel de desarrollo; y estudiar también sus percepciones en relación a sus patrones de movilidad pasada y sus expectativas en relación a su movilidad futura [31]. El estudio de los componentes objetivos y subjetivos de la movilidad social es lo que permite conectar la desigualdad con la cohesión social.

Para comprender el fenómeno de la cohesión social hay que ir más allá de los mecanismos institucionales. Los análisis orientados por la oposición incluidos/excluidos induce a considerar los mecanismos institucionales (como empleo, educación y políticas sociales), y en algunos casos la familia y la etnia, como los factores básicos (cuando no únicos) de cohesión, dejando de lado otras formas asociativas dentro de las cuales los individuos encuentran solidaridad y sentido para sus vidas. Junto con analizar esos mecanismos institucionales, es preciso identificar las dinámicas de los tradicionales universos de sentido y pertenencia, como las religiones, el partido político, el sindicato, el barrio, así como de diversos grupos de afinidad que surgen en la actualidad en torno a la música, el deporte, el consumo de drogas, las pandillas, Internet, la emigración, etc. Estas formas asociativas, algunas de las cuales funcionan al margen de (o no directamente subordinados a) las grandes instituciones socializadoras y las políticas culturales tradicionales, son mediadores claves en las relaciones entre el individuo, el mercado y el Estado, y por lo mismo potentes generadores de cohesión social.

La cohesión social en los tiempos modernos no puede ser disociada del cambio y del conflicto social. Las sociedades modernas están en mutación constante, generando procesos de desintegración de las formas de sociabilidad establecidas, abriendo paso al mismo tiempo a nuevos mecanismos de integración, donde la participación y demandas de los ciudadanos juega un papel central. En las democracias más establecidas, como las europeas o la estadounidense, la legitimidad del conflicto social y la existencia de canales para la resolución demandas es considerado un acquis. Este no es el caso en América Latina, donde los sistemas políticos presentan enormes limitaciones y terminan fácilmente vehiculizando soluciones autoritarias. En el caso latinoamericano, por lo tanto, hay que prestar especial atención a los procesos de cambio y a los mecanismos de expresión y resolución del conflicto social.

La cohesión social depende críticamente del grado de legitimidad política del orden social. Un alto grado de legitimidad de las diferencias sociales y de los mecanismos de distribución y asignación de los recursos materiales y simbólicos puede mitigar el potencial crítico de tales diferencias o de un patrón cerrado de movilidad social. Desde un punto de vista democrático, indicadores de esta legitimidad son la confianza en las instituciones o el grado de participación democrática en sus dos sentidos: como concurrencia, es decir la participación en el proceso de toma de decisiones, bajo la premisa que los intereses de cada uno se contabilizan al tiempo de adoptar la decisión de que se trate; y la participación como diálogo o como deliberación, lo que implica aportar un punto de vista basado en creencias y argumentos en el proceso previo a forjar una decisión [32]. Pero ojo: la legitimación política de un determinado patrón de cohesión social no implica necesariamente la existencia de un régimen democrático -como lo prueba elocuentemente la experiencia de la Alemania nazi-. Democracia o rule of law, y cohesión social, son fenómenos diferentes.

En democracia, la cohesión social está condicionada por los mecanismos de movilización simbólica y política de los ciudadanos, los cuales establecen las condiciones de posibilidad de las políticas públicas. Una visión de la cohesión social estrechamente focalizada en las políticas públicas, sin una comprensión de los grupos sociales a los cuales se dirigen, corre el riesgo de olvidar que las sociedades democráticas modernas se mueven por visiones o proyectos de sociedad con las cuales la mayoría de los ciudadanos logra identificarse, y gracias a ellas sentir que la democracia es un valor central para sus vidas. Si bien la pobreza, la desigualdad, la falta de movilidad, la inseguridad, son un sustrato fundamental a partir de las cuales se construyen las dinámicas políticas, lo que en última instancia destruye la cohesión social en democracia son ideologías, movimientos o líderes políticos que movilizan y polarizan la imaginación y el debate público, conduciendo al desplome de las instituciones democráticas y del orden social. De aquí la necesidad de incorporar a la reflexión sobre la cohesión social el análisis de los modelos y discursos políticos.

La velocidad de los cambios a los que ha sido sometida una sociedad tiene efectos relevantes para la cohesión social. En el caso de América Latina, por ejemplo, es plausible la hipótesis que su tipo de cohesión social predominante puede verse amenazada por la reducción de la tolerancia a la desigualdad o por un desbordamiento de las expectativas de movilidad social por efecto de la escolarización, más que por una reducción en las oportunidades objetivas de acceso a los recursos materiales y simbólicos. Es particularmente relevante observar lo que ocurre en las elites políticas, económicas, religiosas, educativas, intelectuales, pues es sabido que éstas juegan un rol fundamental en la definición de los umbrales de tolerancia de las sociedades hacia el tipo de orden que las organiza.

La cohesión social no se quiebra como efecto mecánico de la "explosión de expectativas". El desbordamiento de expectativas no implica necesariamente una crisis del orden social. Tampoco se traduce necesariamente en un aumento de las demandas al sistema político: si así fuese, considerando los índices de desigualdad y pobreza en América Latina, sus sistemas democráticos ya habrían sido ampliamente superados. Como lo sugiere una numerosa literatura al respecto, es preciso observar las diversas formas como se canalizan, traducen o reconvierten las inquietudes y expectativas individuales en universos de sentido construidos al margen del sistema político (con su consecuencia en el surgimiento de la apatía política), de la legalidad (con la irrupción de la criminalidad) o incluso fuera de las sociedades nacionales (vía emigración). La famosa tesis de Huntington de que las democracias en los países en desarrollo son desbordadas por el exceso de demandas sociales, sólo se aplica en los casos en que estas demandas encuentran canales político-ideológicos capaces de presionar y poner en jaque al sistema político y, de ahí, el orden social en su conjunto [33].

Las crisis de la cohesión social son multicausales. Una crisis de legitimidad puede provocarse por cambios incrementos de los niveles de desigualdad objetivos, por un bloqueo de los mecanismos de movilidad social, por una reducción en los niveles de tolerancia subjetiva a la desigualdad, por una frustración de las expectativas de movilidad social, o simplemente por efecto de la perdida de confianza (natural o inducida por ciertas elites) en las instituciones.

El estudio de las percepciones subjetivas de la población es indispensable para la comprensión del fenómeno de la cohesión social. Como puntualiza CEPAL, la cohesión social se define dialécticamente, y en uno de sus polos están "las respuestas, percepciones y disposiciones de la ciudadanía" [34]. Esto vuelve necesario conocer, mediante encuestas y otros instrumentos semejantes, las percepciones subjetivas de la población respecto a dimensiones tales como: la legitimidad de las diferencias socio-económicas; las perspectivas percibidas de movilidad intra e inter-generacional; los niveles de polarización étnica, religiosa, social, territorial y política; los sentimientos de alienación y/o pertenencia y de discriminación; los grados de temor, inseguridad y vulnerabilidad, y su origen; los niveles de confianza en redes familiares e instituciones estatales; el sentimiento de pertenencia nacional; la legitimidad otorgada al régimen político, entre muchos otros factores que inciden críticamente sobre la cohesión social

La cohesión social se puede analizar al menos en tres escalas: macro, meso y micro. La macro-escala es aquella del imaginario simbólico de una nación: el grado de identificación que permite a cada individuo sentirse parte de un nosotros; de un mundo común ante el cual todos, más allá de sus diferencias, se pueden referir; aquello que induce a los miembros de una comunidad a sacrificar algunos derechos individuales en aras de ser admitido en una comunidad mayor. La meso-escala es aquella que toma aquellos imaginarios y los traduce estratégicamente en políticas e instituciones capaces de satisfacer las necesidades de los ciudadanos y de formalizar -al mismo tiempo- los valores que rigen a una comunidad y sus formas de asociatividad. En último lugar, la microescala son las prácticas sociales de los individuos y sus estrategias de construcción de identidades, sentidos y lazos sociales.

Estos son algunos lineamientos que podrían enriquecer una agenda de investigación que ya está en marcha en América Latina, y cuyos resultados podrían aportar a dar inteligibilidad a loscambios que experimenta la región, así como una orientación estratégica a las políticas públicas que apuntan a su desarrollo en democracia.


Notas:

  • [30]. Wilkinson, Richard G. (2005), The Impact of Inequality. How to make sick societies healthier. New York: The New Press.
  • [31]. Ver al respecto Graham y Pettinato, op. cit. También Birdsall, Nancy and Graham, Carol (2000). New Markets, New Opportunities?. Economic and Social Mobility in a Changing World. Washington, Brookings Institution Press.
  • [32]. Peña González, op. cit.
  • [33]. Huntington, Samuel P. (1986), Political order inchanging societies, New Haven: Yale University Press.
  • [34]. CEPAL (2007), op. cit
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