Pensamiento Iberoamericano
Número 1

Cohesión social: una visión desde América Latina

Eugenio Tironi y Bernardo Sorj

Universidad Católica de Chile - Centro Edelstein de Investigaciones Sociales

Número de páginas: 4

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Algo semejante ocurre con la educación. Como lo recuerda Carlos Peña, "mediante la educación las sociedades reproducen y configuran lo que pudiéramos llamar su conciencia moral, un puñado de valores y de principios que configuran su identidad. Esta función de la educación se acentuó especialmente en el período de formación de los estados nacionales" [21]. Durante el siglo XIX y parte importante del XX, las élites latinoamericanas "intentaron, mediante la escuela, generalizar códigos comunicativos, valores, hábitos y una memoria común que dieran forma a una comunidad política relativamente homogénea: la Nación". En los proyectos republicanos, la escuela fue "un instrumento de homogenización cultural"; y por sí misma ella se constituyó en un espacio imaginario en el que los alumnos, al igual que los ciudadanos, recibían un trato igualitario, con independencia de sus orígenes familiares o sociales [22]. Esta función se encuentra en crisis por una serie de factores, donde sobresalen las transformaciones en los principios de autoridad, los nuevos sistemas de comunicación e información y, sobretodo, los cambios experimentados en el campo de la educación [23]. Junto con su masificación, el foco de la educación escolar en Latinoamérica se ha desplazado desde la formación de capital social a la formación de capital humano para cumplir conlas expectativas individuales de movilidad social. A esto se suma que el sistema escolar tampoco sabe cuál de los diferentes relatos disponibles en el actual paisaje ideológico-si los más vinculados al interés individual, los más vinculados al Estado o los más vinculados a una comunidad determinada- son los adecuados a la hora de justificar y desarrollar su acción.

La implementación de políticas públicas que fomentan arreglos institucionales más descentralizados probablemente lleva a un sistema educacional con resultados menos cohesivos. Adicionalmente, si se analizan las reformas curriculares de los noventa en varios países de la región, se observará un debilitamiento del rol de la escuela como formadora de la identidad nacional, la cual es desplazada por el rol de formación de capital humano en función de satisfacer crecientes expectativas de movilidad social individuales. Los currículos, en efecto, enfatizan la formación instrumental y de competencias, dejando en un segundo plano la llamada formación "moral" o "republicana"; esto es, ciertos valores y disposiciones constructivas respecto al orden socio-político y socioeconómico. Ahora bien, si no hay una construcción cultural de la nación en el sistema escolar, en su sentido más profundo de comunidad de origen y destino, se corre el riesgo de multiplicar vía la escuela las tendencias disolventes de "lo común", ya presentes tanto en la lógica del mercado como en el clima cultural valorizador de la diversidad [24]. A todo esto se suma que las capacidades de socialización y de formación de la escuela están siendo erosionadas por las transformaciones de la familia, por un lado, y por el impacto de la TV y de las tecnologías de la información y el conocimiento (TIC), que abren las puertas a una cultura digital al interior de la cual la autoridad del profesor (y con ello la de la escuela) resulta severamente debilitada.

En el plano político, y tal como lo reporta el informe del PNUD del 2004, "La Democracia en América Latina", en muchos países de la región se observa una escasa capacidad del Estado democrático para hacer operar el Estado de Derecho e, incluso, para asegurar el control y dominio del territorio donde reinan otros tipos de legalidad dictadas por el narcotráfico, el caciquismo, las bandas, la corrupción o el clientelismo [25]. Aún en países donde el sistema legal tiene alcance nacional, este es aplicado con sesgos discriminatorios contra minorías étnicas, o mayorías tales como mujeres y pobres. En América Latina, junto a la pobreza económica existe una pobreza legal, que se relaciona con la negación de derechos civiles a los grupos más desfavorecidos, tales como protección contra la violencia o el acceso igualitario a las agencias de gobierno y a la justicia. Lo que hay, en suma, es una severa desigualdad de derechos y de garantías por parte del Estado.

A todo lo señalado antes se suma otro fenómeno que puede ser grave para la cohesión social: lo que Carlos Peña llama la pérdida de la dimensión deliberativa de la democracia, de manera que la política queda reducida, de una parte, a la astucia para conseguir la adhesión de los votantes (tarea que está a cargo de los políticos profesionales), y de otra a la pericia del policy maker [26]. Esto transforma la participación ciudadana en un mero ejercicio de agregación de preferencias, y reduce el papel de los partidos políticos al de simples agencias seleccionadoras de candidatos, despojándoles de su rol tradicional como agentes de una democracia deliberativa capaz de nutrir la cohesión social. Esto mismo ha promovido, también, el desplazamiento de la política por la public policy, concebida como actividad técnica exclusiva de expertos. Esto ha conducido a que las políticas públicas y hasta los programas sociales sean diseñados únicamente en función de su eficacia en asistir a grupos desfavorecidos o vulnerables, dejando de lado el hecho que ellos son también un "cemento" social"; que pueden ser "pegajosos", en tanto cohesionan a los miembros de una comunidad con aquellas visiones, símbolos e instituciones más generales que la sostienen. Probablemente como reacción ante el clientelismo populista, que hizo de esta dimensión "pegajosa" el objetivo último de las políticas públicas, lo cierto es que ahora se ha llegado al extremo opuesto: a una lógica tecnocrática indiferente a la forma como ellas se materializan - a lo que el Presidente Cardoso llamara el "como fare"- e insensible a la opinión de los grupos beneficiados [27].

En la totalidad de los países de América Latina se ha verificado en los últimos años un impresionante incremento en las tasas de escolaridad, lo cual podría contribuir a reducir los niveles de tolerancia al patrón histórico de desigualdad en la distribución del bienestar, de los derechos, del poder político y del reconocimiento. Se ha producido, así mismo, una ampliación del campo de la acción individual ante el debilitamiento de las normas, valores y lazos colectivos, en un contexto en que lo social ha sido cada vez más penetrado por el mercado. En muchos países las instituciones públicas y el sistema político son impotentes para asumir el papel de sustentación del pacto social entre ciudadanos libres e iguales, a través de la imposición de la ley y de la protección social. El resultado de esta amalgama de factores podría conducir a la erosión de aquellas condiciones básicas en que descansaba la cohesión social en Latinoamérica, lo cual plantea serias interrogantes para el futuro.

IV. Lineamientos para una agenda de investigación. Conclusión

A efectos de contar con una definición amplia de la cohesión social que facilite el diseño de una agenda de investigación sobre la misma en América Latina, ella puede ser definida provisoriamente como la capacidad dinámica de una sociedad democrática para absorber el cambio y el conflicto social mediante una estructura legitima de distribución de sus recursos materiales y simbólicos, tanto a nivel socio-económico (bienestar), socio-político (derechos) y sociocultural (reconocimiento), a través de la acción combinada de mecanismos de asignación como el Estado, el mercado, la familia, la sociedad civil y las redes comunitarias.

De tal definición se deriva que la cohesión social es un fenómeno multidimensional, y su comprensión requiere necesariamente una aproximación multidisciplinaria, pues involucra indicadores sociales, políticos, económicos y culturales. Dicho lo anterior, se pueden adelantar los siguientes lineamientos para la confección de una agenda de investigación sobre cohesión social en Latinoamérica [28].

La cohesión social es un fenómeno histórico y dinámico que responde siempre a un propósito normativo contingente. Toda sociedad genera alguna forma de cohesión. Los mecanismos para alcanzarla cambian de acuerdo con la historia. La evolución de la humanidad ha conocido diversas formas y mecanismos de organización y estabilidad social estables en largos períodos de tiempo. Dicho de otro modo no existe una teoría universal sobre cohesión social aplicable a cualquier realidad social en cualquier momento del tiempo y en función de cualquier agenda normativa. Por lo mismo, lo que interesa analizar es la mayor o menor cohesión social de una sociedad en función de determinados objetivos. En este caso lo que interesa es desarrollar un concepto y un programa de cohesión social (I) apropiado a la evolución histórica y estado actual de las sociedades de América Latina, (II) que dote a los individuos de capacidades para operar como agentes autónomos, con un sistema de prestaciones mínimas de carácter universalista y no contributivo respecto a ciertos bienes primarios, y (III) que fortalezca los valores y practicas democráticas como forma de resolver conflictos sociales y avanzar en el bien común.

No hay un "modelo único" de cohesión social: cada sociedad construye un modelo asociado a sus circunstancias históricas específicas. No hay un modelo "bueno" o adecuado, y otro "malo" o inadecuado de cohesión social. Un ejemplo claro de lo anterior es el contraste entre dos modelos: el estadounidense, cuyo eje central de integración social es el mercado y la movilidad social a través de éste (el "sueño americano"), y el modelo europeo-continental que se articula sobre la base de un Estado de Bienestar con un fuerte componente redistributivo, y la garantía de derechos sociales universales. Miradas las cosas desde América Latina, es natural la comparación con esos dos modelos, generalmente estilizados y un poco idealizados; pero hay que ser cuidadosos en que tal comparación no se transforme en una explicación por carencias; es decir, que todo se explicaría porque le "faltarían" tales o cuales atributos del modelo europeo o estadounidense. De lo que se trata no es evaluar cuan lejos o cuan cerca está esta región de esos modelos paradigmáticos, sino cuál es el "modelo" apropiado para afianzar su cohesión social a partir de su inconfundible trayectoria histórica.

La cohesión social resulta de una peculiar articulación entre el rol del Estado, del mercado, de las familias, de la sociedad civil y de las relaciones comunitarias. El peso relativo, las características propias y las dinámicas de interacción de estos agentes, instituciones o espacios sociales, configuran diferentes modelos, mecanismos y resultados en la asignación y distribución de los recursos materiales y simbólicos. Esto refuerza el carácter relativo del concepto de cohesión social, pues cada sociedad enfatiza, en cada momento histórico, diferentes dimensiones. Respecto a Latinoamérica, una hipótesis a explorar sería que, desde una perspectiva histórica, la cohesión social ha descansado primordialmente en las relaciones comunitarias y su sustrato cultural. A diferencia de Europa en América Latina no es el Estado el principal baluarte de la confianza en el orden social; pero el orden tampoco se asegura reflexivamente desde lo que se llama "sociedad civil" (o economía o propiedad), en el sentido estadounidense.

La oposición analítica a la cohesión social es la desintegración social o la anomia, no la exclusión social. En el sentido clásico de Durkheim, la anomia resulta de una sociedad incapaz de ofrecer a los individuos un marco normativo externo que ponga limite a sus deseos y pasiones, los lleve a sentirse partes de un todo, y conforme al cual puedan organizar rutinariamente sus vidas [29]. La anomia y la desintegración -así como su antítesis, la cohesión- son fenómenos sistémicos que involucran a la sociedad como un todo. Esto es diferentes a la inclusión social -y su opuesto: la exclusión-, con el cual muchas veces se confunde la cohesión social. La inclusión o exclusión se refieren a un asunto más limitado, como es el acceso relativo de ciertos grupos a los recursos sociales y/o al bienestar que resulta de ellos, así como a las percepciones que tienen los individuos o grupos, a partir de lo anterior, de su posición relativa dentro del ordenamiento social.


Notas:

  • [21]. Carlos Peña González, (2006). "Notas sobre algunos problemas de la cohesión social (Borrador)". CIEPLAN, Documento de trabajo elaborado en e
  • [22]. Schnapper, Dominique (2001), La Comunidad de los Ciudadanos, Acerca de la Idea Moderna de Nación, Madrid: Alianza Editorial.
  • [23]. Lo que viene está basado en Cox, Cristián. (2007). "Educación y Cohesión Social, Conceptos e ideas iniciales de un proyecto". CIEPLAN, Documento de trabajo elaborado en el marco de Nacsal.
  • [24]. Ver Cox, C., Lira, R., Gazmuri, R. (2007). "Currículos escolares y sus orientaciones sobre historia, sociedad y política: significados para la cohesión
  • [25]. PNUD (2004), La Democracia en América Latina. Hacia una Democracia de ciudadanas y ciudadanos. Buenos Aires: Alfaguara.
  • [26]. Peña González, Carlos, op. cit.
  • [27]. Intervención del Presidente F. H. Cardoso en Seminario Internacional CIEPLAN e iFHC, "¿Misión Imposible?, Crecimiento Económico y Cohesión Social en América Latina". Miércoles 26 de julio de 2006. Casa Piedra, Santiago, Chile.
  • [28]. Estos lineamientos, de hecho, son los que han guiado el trabajo de los diferentes investigadores que han contribuido al proyecto Nueva Agenda de Cohesión Social en América Latina (Nacsal), dirigido por CIEPLAN (Chile) y el iFHC (Brasil).
  • [29]. Durkheim, Emile (1983), Le Suicide. Paris: Presse Universitaire de France. También Steven Lukes (1973), Emile Durkheim. His Life and Work: A Historical and Critical Study. Great Britain: Pinguin Books.
Número de páginas: 4