Pensamiento Iberoamericano
Número 1

Cohesión social: una visión desde América Latina

Eugenio Tironi y Bernardo Sorj

Universidad Católica de Chile - Centro Edelstein de Investigaciones Sociales

Número de páginas: 4

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Lo anterior conduce a descartar la simple adaptación a la situación de América Latina del concepto de cohesión social y las herramientas para alcanzarlo elaborado por la UE. La tarea es más bien tomar sus aportes en función de construir un concepto que pueda incorporar las formas históricas que la cohesión social ha tomado en esta región.

II. La cohesión social en América Latina:

una mirada comparada

Una breve reflexión sobre América Latina desde una perspectiva comparada permite de inmediato iluminar las diferencias de esta región con Europa, así como con Estados Unidos, en lo que respecta a su "modelo" de cohesión social.

Grosso Modo existen dos puntos de vista para abordar el asunto de la cohesión social [11]: aquel según el cual ésta es un acontecimiento extremadamente improbable, que requiere por lo tanto ser construido y preservado minuciosamente; y aquel que, al revés, estima que la cohesión social es algo extremadamente realizable, y lo improbable es que las sociedades se desorganicen hasta el extremo de perder sus estructuras básicas de integración y solidaridad. La primera -como se sugirió antes- es la visión europea; la segunda la estadounidense [12].

A lo largo de su historia las sociedades civiles europeas, en numerosas ocasiones, han revelado su incapacidad para procurarse a sí mismas los fundamentos de su propia cohesión, los que debieron ser asegurados por el Estado. El presupuesto de la modernidad europea es, pues, que la cohesión social sólo se vuelve probable a través del Estado. En el caso estadounidense lo que prevalece es el mito de la creación de una sociedad nueva, basada en hombres iguales, libres e independientes, que tienen ante sí un territorio, extenso, rico e inexplorado, donde la cohesión social reposa naturalmente en la sociedad civil, el mercado y las asociaciones, con un Estado que cumple con velar por el orden y con aplicar las decisiones de la comunidad. El mercado se yergue como el principal mecanismo de distribución del bienestar y el reconocimiento, sobre la base de la promesa de movilidad social vinculada al mérito y al esfuerzo en un contexto de igualdad de oportunidades altamente idealizado (el "sueño americano"). Las circunstancias excepcionales en que la cohesión social se puede perder tienen que ver, primordialmente, con los conflictos raciales.

El presupuesto europeo de la improbabilidad de la cohesión social es menos visible en América Latina. Aunque la violencia ha estado presente a lo largo de toda su historia -hasta la actualidad-, no comparte con el viejo continente la experiencia de quiebres dramáticos y agonísticos del orden social. Ha habido y siguen habiendo diferencias y conflictos, desde luego; pero la cuestión relevante es si tales diferencias, como ha sucedido en la historia europea en forma recurrente, adquieren magnitudes críticas, lo que no ha sido la regla en Latinoamérica.

En gran parte de América Latina la diferenciación étnica fue neutralizada, con mayor o menor intensidad, por el mestizaje. La diferenciación religiosa fue prontamente superada por el modelo de evangelización latinoamericano, después de la discusión acerca del estatuto del alma indígena. La más reciente fractura de la unidad religiosa, con la emergencia del pentecontalismo desde mediados del siglo XX, no ha tenido un carácter traumático. La diferenciación política ha sido mitigada por un modelo de autoridad que sigue la tradición paternalista del patronazgo, el caciquismo y el populismo,que son todas formas de autoridad que se legitiman en el intercambio de favores y en la lealtad. Latinoamérica es un continente que -como siempre recuerda Alain Touraine- no ha tenido revoluciones políticas (salvo quizás la revolución mexicana), ni un radicalismo político de larga duración con sustento popular [13]. Lo que ha tenido son guerrillas armadas, que se asocian a la debilidad del Estado para integrar a las poblaciones rurales a los beneficios del desarrollo y para ejercer su dominio sobre el territorio, y violación a los derechos humanos por parte de los propios Estados contra sus ciudadanos -lo cual no contribuyó a legitimar el orden institucional, sino todo lo contrario.

En América Latina la experiencia del hambre no ha tenido tampoco el dramatismo que tuvo en la historia europea en los períodos de guerra, aunque en ciertas regiones, como el nordeste brasilero, lo fue hasta hace pocas décadas. Al igual que en los Estados Unidos, esto fue posible en gran medida por su baja densidad poblacional, especialmente en el mundo agrario. La entrada de los pobres en la ciudad fue sostenida por las políticas de subsidios del populismo, especialmente las políticas de control de precios. Ambos modelos -patronazgo en el campo y populismo en la ciudad- estaban basados en la lógica de la reciprocidad de favores y gasto a cambio de lealtades. Si bien esta lógica aplacó el problema del hambre extrema, por cierto tuvo otros efectos: entre otros, ineficiencia económica, déficit fiscal, inflación, atraso en la constitución de los mercados y corrupción.

Hay otras diferencias que pueden adquirir magnitudes críticas, como las diferencias entre naciones. El ejemplo paradigmático es la hecatombe del sistema de estados nacionales europeos en el siglo XX. En este plano las diferencias con América Latina son evidentes: con algunas leves y no comparables excepciones (Paraguay, Chile y Bolivia), la belicosidad entre Naciones y la pugna por cambios en las fronteras nacionales han sido escasas si se compara con cualquier otro continente [14].

Lo anterior lleva a pensar que, en la mayoría de la región latinoamericana, históricamente la cohesión social ha sido un hecho probable y estable en el tiempo. Pero con la excepción de algunos países del Cono Sur, difícilmente puede considerarse al Estado como el principal agente de la cohesión social, a diferencia de lo que ocurre en Europa. No obstante, aquí el orden tampoco se asegura reflexivamente desde la denominada "sociedad civil" en el sentido de los Estados Unidos, con la centralidad que éste le otorga a la propiedad, la ética individual, las asociaciones, y sobretodo al mercado. El punto de partida de América Latina es diferente. Una hipótesis a investigar sería que, en su caso, la cohesión social se ha sustentado básicamente en el plano de la cultura y la reciprocidad, con elementos como la comunidad, el mestizaje, la religiosidad, las relaciones familiares, el patronazgo, el caciquismo, el populismo, entre otros. Sin sustituirlos, estos elementos ocupan un lugar más central que el Estado, la sociedad civil o el mercado, al menos si se le compara con las trayectorias de Europa o los Estados Unidos.

Si se observa el papel del Estado en América Latina, se verá que éste no ejerce siquiera su dominio sobre partes importantes del territorio, incluyendo áreas de las grandes metrópolis donde sus agentes no pueden ingresar. No consigue tampoco implementar efectivamente el sistema legal y, en muchos casos, no es capaz de garantizar la demanda básica que los ciudadanos hacen al Estado: asegurar su seguridad personal; al punto que la inseguridad se ha transformado en casi todos los países en la principal preocupación de la población. En cuanto al mercado, éste juega un rol relevante en la creación de la cohesión social en América Latina; pero está lejos de ocupar el papel que ejerce en los Estados Unidos. Los elevados niveles de pobreza, las grandes diferencias en la distribución del ingreso, la poca movilidad social y el escaso acceso a la propiedad, tienden a imputársele a la acción del mercado; al tiempo que los valores asociados al mismo (competición, ambición, individualismo) generan fuertes resistencias de tipo cultural en sociedades que -como se dijo-descansan fuertemente en vínculos comunitarios de lealtad y reciprocidad. A esto hay que sumar que existe un importante porcentaje de la población cuya experiencia de mercado se desenvuelve en el mundo informal, sin acceso a leyes sociales ni protección a los riesgos de ningún tipo. Respecto al mundo de las asociaciones voluntarias, éste no juega tampoco un rol importante en América Latina, aunque crecientemente se están articulando movimientos desde la sociedad civil, en particular en la defensa de los derechos humanos, étnicos y ambientales.

III. ¿Qué está ocurriendo con la cohesión social en América Latina?

Algunas hipótesis

Si la cohesión en América Latina depende primordialmente de los vínculos sociales que tienen como soporte la cultura, entonces es fundamental observar qué está pasando con ellos como efecto de tendencias tales como la urbanización, la extensión de las relaciones de mercado, los cambios en el rol de la política y del Estado, la inserción de las economías en los procesos de globalización, la masificación de los medios de comunicación, las mutaciones en la familia y en el rol de la mujer, la transformación de la auto-representación de los grupos étnicos, la aceleración y diversificación de los flujos migratorios, entre otros.

América Latina se caracteriza por presentar altos niveles de desigualdad [15]. Ésta no sólo se expresa en los ingresos y el bienestar, sino también en la capacidad de su población para absorber o mitigar los riesgos y shocks externos(desempleo, enfermedad, retiro, etc.). No obstante lo anterior, lo que se observa es un cierto grado de tolerancia respecto a esta situación, lo que probablemente esté asociado a las elevadas expectativas de movilidad social que prevalecen en casi todos los países de la región [16]. En efecto, los estudios recientes de movilidad ocupacional y de ingresos a nivel intra e inter generacional revelan que las sociedades latinoamericanas están lejos de ser inmóviles: ellas muestran altos niveles de movilidad, aunque ésta se concentra preferentemente al interior de los grupos medios [17].

Como observa Patricio Meller, los patrones y expectativas de movilidad social en América Latina se explican fundamentalmente por el funcionamiento del mercado del trabajo y la educación [18]. De ahí que los problemas observados en los mercados laborales latinoamericanos son preocupantes: la mayoría de los trabajadores gana salarios bajos, los diferenciales de remuneraciones entre mano de obra calificada y no calificada son muy elevados y cada vez mayores, la probabilidad de pérdida del empleo es alta y sólo unos pocos trabajadores tienen mecanismos de seguros contra este riesgo. En cuanto a la educación, las familias de menores ingresos se resignan a que la actual generación no podrá cambiar sustancialmente su situación actual, pero esperan que la siguiente podrá lograrlo mediante una educación que les permitirán obtener mejores puestos de trabajo, mayores ingresos y más elevados niveles de consumo. En la medida que estas mayores expectativas se vean frustradas por el tipo de empleos que obtienen los jóvenes de los quintiles de menores ingresos, que cuentan ya con niveles educacionales mucho mayores que sus padres, puede producirse una significativa reducción del nivel de tolerancia respecto del statu-quo.

Las sociedades latinoamericanas son hoy predominantemente urbanas. De las 20 ciudades con más de 12 millones de habitantes en el planeta, cuatro están en Latinoamérica: Ciudad de México, Sao Paulo, Buenos Aires y Río de Janeiro [19]. Pero las ciudades de la región han crecido a ritmos muy desiguales. Lo que se ha creado es lo que algunos han llamado la ciudad dual: una cosmopolita, instruida y de clase media, y otra marginalizada, empobrecida y desencantada. Al igual que en Europa y los Estados Unidos, desde los años 50 y 60 en los países más desarrollados de América Latina la "cuestión social" se intentó mitigar a través del "soluciones urbanas". El resultado son extensas urbanizaciones creadas por el Estado, habitadas exclusivamente por las capas más empobrecidas, sin vida social, cultural ni económica propia, desconectadas de toda dinámica urbana, con elevados niveles de violencia y criminalidad y, en muchos casos, dominadas por el narcotráfico.

En América Latina, las redes familísticas han jugado históricamente un rol fundamental en la cohesión social, frente a Estados, mercados y sociedades civiles débiles. Diversos procesos en curso, en el marco de la llamada modernización e individuación, han conducido a grandes cambios en los hogares y familias en la región [20]. La estructura de los hogares se ha transformado, con aumentos en los hogares unipersonales y aquellos con jefatura femenina. Se ha debilitado la familia extensa, pero también el modelo de familia nuclear con hombre proveedor, que hoy representa apenas el 36% del total. La reducción de la fecundidad y los cambios en las relaciones de género y la auto-percepción de la mujer ha originado una caída en el tamaño promedio de los hogares, lo que permitió aumentar la participación laboral de la mujer e incrementar los ingresos monetarios de los hogares. La migración internacional también ha modificado la composición de los ingresos familiares por efecto de las remesas, y el papel mismo de las redes familiares en la provisión de bienestar. Hay un aumento en uniones consensuales y nacimientos fuera del matrimonio, así como un incremento en las separaciones y divorcios, con las dificultades subsiguientes para la sustentabilidad económica de las familias mono-parentales y el desarrollo de los niños. Al mismo tiempo el aumento de la expectativa de vida plantea mayores necesidades en materia de financiamiento y cuidado de los ancianos. Estas transformaciones de la familia hacen que quizás no pueda seguir ejerciendo el rol que ejerció históricamente en la creación de la cohesión social en las sociedades latinoamericanas; lo que coincide, sin embargo, con una inflación de expectativas sobre la misma ante los déficits que muestran otros soportes, como el Estado, el mercado y la sociedad civil en general.


Notas:

  • [11]. Lo que viene a continuación está extraído de Valenzuela, Eduardo. "Notas sobre fundamentoshistóricos de la cohesión social en América Latina", CIEPLAN, Documento de trabajo elaborado en el marco de Nacsal. Octubre 2006, CIEPLAN, Santiago de Chile. Ver también Cousiño, Carlos y Valenzuela, Eduardo (1994). Politización y Monetarización en América Latina. Santiago de Chile: Cuadernos del Instituto de Sociología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
  • [12]. La literatura acerca de las diferencias entre las sociedades europeas y la norteamericana es extraordinariamente rica y abundante. Como
  • [13]. Ver Touraine, Alain (1988). La Parole et le Sang. Politique et Societé en Amérique Latine. Paris. Éditions Odile Jacob. También Portes, Alejandro y Hoffman, Nelly (2003). "Las estructuras de clase en América Latina: composición y cambios durante la época neoliberal", Serie Políticas Sociales Nº68. División de Desarrollo Social. CEPAL.
  • [14]. Zenteno, M. (1997). "Blood and Debt: War and Taxation in Nineteenth-Century Latin America". American Journal of Sociology. Volume 102 Number 6 (May 1997): pag. 1565-1605.
  • [15]. Ver CEPAL, 2007, Capítulo III. También Gasparini, L., Haimovich, F., Pacheco, A. (2006), "Mercados Laborales y Cohesión Social en América Latina". Trabajo realizado en el CEDLAS para el proyecto Nacsal.
  • [16]. Graham Carol, y Stefano Pettinato (1999), "Assessing Hardship and Happiness: Trends in Mobility and expectations in the new Market Economies". Center on Social and Economic Dynamics, Working Paper No. 7.
  • [17]. Ver en Pérez Bannen, Sebastián. (2007). "Apuntes de movilidad y cohesión social en América Latina". CIEPLAN, Documento de trabajo elaborado el marco de Nacsal.
  • [18]. Meller, Patricio (2007). "Mercado del Trabajo y Cohesión Social", CIEPLAN, Documento de trabajo elaborado en el marco de Nacsal.
  • [19]. Tironi, Eugenio y Manuel Tironi (2006). "Cohesión social y cuestión urbana. La experiencia europea y una agenda de reflexión para América Latina", Santiago de Chile: Documento CIEPLAN no publicado.
  • [20]. Lo que viene a continuación se basa en aportes de Larrañaga, Osvaldo (2007)."Familia y Cohesión Social en la actual América Latina", Documento de trabajo elaborado el marco de Nacsal. Ver García B y O Rojas: "Recent transformationsin Latin American families: a sociodemographic perspective", El Colegio de México, sin fecha.; Arriagada, Irma. 2002. "Cambios y desigualdad en las familia latinoamericanas". Santiago: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), División de Desarrollo Social. Todas las tendencias que a continuación se exponen admiten diferencias según estrato
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