Migración y desarrollo en América Latina: ¿Círculo vicioso o círculo virtuoso?
Erika Ruíz Sandoval
Instituto Tecnológico Autónomo de México* (ITAM), México D.F.
TAMAÑO LETRA
El problema radica ahora en cómo dar el "salto de la muerte", es decir cómo pasar de lo que hasta ahora es más un espejismo alimentado por el entusiasmo inicial de los migrantes que sienten que así hacen algo por su comunidad a canalizar estos fondos hacia actividades e inversiones productivas. En cuanto se introduce la lógica del lucro, las reglas del juego son otras; ya no es donación sino inversión en busca de retorno. En ese sentido, cabe preguntarse si éstos son los instrumentos adecuados para pasar de la donación solidaria a la inversión productiva transnacional o si hay que diseñar otros y a cargo de quién -instituciones internacionales, instancias gubernamentales, organismos privados.
Hay otras iniciativas que van más allá de la cofinanciación y entran en el campo del codesarrollo. Aquí ya no se trata sólo de involucrar a los migrantes con las causas de su país de origen, sino de hacer copartícipes del desarrollo a países de expulsión y países de acogida, en una lógica de responsabilidad compartida, sin dejar de lado, por supuesto, al migrante.
Sin duda, esto es más difícil de lograr, aunque se han llevado a cabo algunos esfuerzos con visos de éxito para el caso de otras migraciones como las africanas en Europa y también en el área de la bancarización y abaratamiento de los costes de transferencia de remesas. En todo caso, medidas de esta naturaleza deberían incluir iniciativas para restaurar la circularidad del flujo, es decir permitir y dar apoyo al migrante que desea regresar; brindar formación especializada al migrante, con el fin de que ésta lo convierta en un agente de desarrollo una vez que regrese a su país; y también contribuir económicamente para que el migrante que regresa tenga capital semilla para iniciar una nueva etapa en su vida productiva (Atienza Azcona, 2006). Estas iniciativas parten, sin duda, de una visión positiva de la contribución de la migración para el desarrollo y que considera que el migrante adquiere experiencia y conocimientos en el país de acogida que pueden servir a la causa de su país de origen.
Obviamente está también el codesarrollo pensado de la manera más amplia e integral posible (Alonso, 2006), en donde hay que diseñar estrategias, políticas e instrumentos para maximizar los efectos positivos sobre el desarrollo de la experiencia migratoria, tomando en consideración a todos los actores involucrados y ámbitos de acción. Aquí se trataría de ir más allá de lo que es exclusivamente "migratorio" y que rebasan la relación entre país de origen y país de acogida.
Sin embargo, las limitaciones para cualquiera de estas medidas son muchas, partiendo de la falta de asunción de la responsabilidad por parte de países de expulsión y de acogida, la cual nace de la lectura errónea del fenómeno migratorio. Asimismo, influyen también factores como la diversidad en las experiencias migratorias (tiempos de estancia, por ejemplo); la densidad de las redes sociales (necesaria para promover proyectos colectivos); la capacidades de los migrantes para fungir como agentes de desarrollo (en el Programa 3x1, por ejemplo, se ha visto que tienden a elegir proyectos sin ninguna repercusión en el desarrollo de su comunidad, como el embellecimiento de templos o la construcción de lienzos charros); y la disponibilidad en términos de recursos financieros y humanos de los agentes gubernamentales para participar en este tipo de iniciativa, entre otros.
Fuga de cerebros: lo que se gana y lo que se pierde
Entre las principales desventajas del fenómeno migratorio para los países que expulsan población está la llamada "fuga de cerebros", es decir la pérdida de capital humano en el cual el Estado en cuestión invirtió sus de por sí escasos recursos sólo para que sea el país de acogida el que coseche lo sembrado. Como otras regiones en desarrollo, América Latina lleva décadas perdiendo población calificada [25], aunque sin duda ésta no constituye el grueso de los flujos migratorios. Sin embargo, cuando doctores, enfermeras y otros tipos de mano de obra calificada dejan los países del Caribe, por ejemplo, esto implica un fuerte golpe al proceso de desarrollo en su talón de Aquiles (Solimano, 2006). La falta de trabajadores calificados es un obstáculo más serio para la reducción de la pobreza que cualquier falta de fondos, pues tiene implicaciones para el largo plazo.
Sin embargo, a pesar de los costes de la migración, las cifras muestran que las ganancias en materia de desarrollo que este fenómeno produce son superiores, por mucho, al problema de la fuga de cerebros. Para los migrantes mismos, el billete al mundo desarrollado es el camino más rápido para salir de la pobreza: un trabajador que se muda de San Salvador a Phoenix puede multiplicar su ingreso sin alterar el tipo de trabajo que realiza o sin que mejore sus habilidades (Mallaby, 2006) [26].
Y este proceso beneficia también a los países en desarrollo. Los migrantes envían remesas a casa, que exceden los flujos de ayuda oficial al desarrollo, e incluso los de inversión extranjera directa, en el caso de América Latina, y son probablemente más efectivas, ya que los migrantes se aseguran de que el dinero que ganan con su arduo trabajo se use de manera productiva por parte de sus familiares o amigos. Después de algunos años, los migrantes pueden regresar a casa armados con ahorros y nuevas ideas. En ese sentido, lo que al principio fue fuga de cerebros se transforma, con el tiempo y el retorno del migrante, en una ganancia de cerebros. Sin embargo, para que esto funcione es indispensable contar con iniciativas que permitan mantener el vínculo entre el país de origen y sus migrantes y, más importante aún, que incentiven su retorno.
Impactos políticos y sociales de la migración en América Latina
Las variables no económicas de la migración también son importantes. Para muchos latinoamericanos, la migración se ha convertido en un rito de pasaje y en una suerte de futuro predeterminado para muchos jóvenes de la región, porque, en muchos casos, es la única vía de movilidad social. En países de alta intensidad migratoria, como México, Guatemala o El Salvador, incluso puede hablarse ya de una "cultura de la migración" o de que la migración empieza a ser parte de la cultura local.
En términos políticos, la migración está teniendo consecuencias importantes en todos los niveles de gobierno, especialmente en aquellos países en donde se permite el voto en el extranjero, como República Dominicana o México, pues no sólo se otorga el derecho a decidir sobre la política interna a quienes ya no residen en el país, sino que también se les permite la participación activa como candidatos para puestos de elección popular. Esto se traduce en un soplo de aire nuevo y de nuevas maneras de hacer política importadas por estos migrantes que regresan a su país de origen.
También en el rubro de los efectos políticos de la migración, cabe destacar el papel de las diásporas. Cuando el número de migrantes no era tan significativo, los países de origen de América Latina no se preocupaban por mantener los vínculos con sus nacionales en el extranjero. Es más: se les descontaba de inmediato de toda idea de país presente y futura, como parte del fenómeno de la "válvula de escape". Sin embargo, por un lado la presión de los números y, por otro, la calidad de los migrantes (particularmente los profesionales) han hecho que los países de origen se interesen por mantener el contacto e incentivar la participación de sus diásporas en el desarrollo de su país.
Políticamente, esto se ha traducido en iniciativas electoreras, como convertir a los migrantes en "héroes" -éste es el caso de México durante el gobierno de Vicente Fox-, sobre todo por los aportes que éstos hacen, o pueden hacer, al desarrollo de su país (Tuirán, 2006). También ha significado la reconfiguración del concepto de nación, para hablar de "nación ampliada" e incluso de "nación transfronteriza".
Sin embargo, cabe destacar el papel de la diáspora como interlocutora política entre el país de origen y el de acogida. Así, varios gobiernos latinoamericanos han hecho esfuerzos importantes por mostrar su preocupación por la situación de sus nacionales en el exterior, con el fin de acercarse a ellos y, con el tiempo, convertirlos en aliados potenciales en materia de política exterior. Pero este acercamiento también se ha traducido en cambios institucionales significativos que van desde el aumento en el número de consulados latinoamericanos en Estados Unidos y España, principales destinos de los migrantes de la región, hasta la creación de dependencias gubernamentales dedicadas exclusivamente a la vinculación con los nacionales del exterior.
Con respecto a los impactos sociales, éstos son muchos y muy diversos. Baste señalar aquí dos, uno que tiene que ver con las consecuencias de la migración para quienes se quedan en las comunidades de origen y otro que tiene que ver con las consecuencias de la migración femenina.
La investigación está muy rezagada con respecto a los efectos de la migración sobre quienes se quedan en las comunidades de origen, particularmente mujeres y niños, aunque, dada la "feminización" del fenómeno, hay que considerar también a los hombres que se quedan solos. Los efectos son de todo tipo: económicos, sociales, políticos y hasta sicológicos. Las mujeres y niños que se quedan en las comunidades de origen padecen altos niveles de estrés, ansiedad y depresión, lo cual empieza a convertirse en un problema importante de salud pública. Por otra parte, la migración femenina entraña también la posibilidad de abrir nuevos espacios para la mujer dentro de la familia y de la sociedad en general. Gradualmente, América Latina está transitando de un modelo de división sexual del trabajo a otro, en el que el rol de la mujer es cada vez más potente.
El diálogo de sordos entre los países de origen y los países de acogida
La cooperación internacional entre países de expulsión y países de acogida de flujos migratorios es fundamental para transformar lo que ahora es un círculo vicioso en un círculo virtuoso de desarrollo. Tanto Estados Unidos cuanto la Unión Europea están enfrascados en intensos debates sobre fortalecimiento de las fronteras externas, sanciones a empleadores que contraten mano de obra migrante indocumentada y demás, pero poco aparece en estos intercambios el tema del desarrollo.
Según el Center for Global Development, en la voz de Lant Pritchett, "si los países ricos permitieran una inmigración extra equivalente al 3 por ciento de su fuerza laboral, los ciudadanos de los países pobres ganarían aproximadamente 300 mil millones de dólares al año. Eso es tres veces más que las ganancias directas de abolir todas las barreras comerciales restantes, cuatro veces más que la ayuda oficial al desarrollo que otorgan los gobiernos y 100 veces más que el valor del alivio de la deuda." (cit. en Mallaby, 2006).
Por ahora, el envío de remesas se ha vuelto un rasgo permanente de la relación entre Estados Unidos y América Latina y son muchos los países de la región que dependen de los flujos que envían los migrantes. Asimismo, las remesas han abierto la puerta a un nuevo mercado y a nuevos enfoques en el ámbito de la cooperación, y han fortalecido, aún más si cabe, los vínculos que existen entre Estados Unidos y América Latina.
A pesar de lo anterior, el tema migratorio sigue sin ser sujeto de acuerdos formales entre Estados Unidos y sus socios latinoamericanos. Para Estados Unidos, y más durante el gobierno de Bush tras el 11-S, el tema migratorio sigue siendo uno de carácter interno -e, incluso, electoral- y, por tanto, no es parte realmente de la agenda de sus relaciones exteriores ni a nivel hemisférico ni a nivel bilateral o al menos se le da un trato sui generis. Esto no es así en lo que respecta al tema de las remesas, con respecto al cual se han acordado e implementado estrategias conjuntas tanto a nivel hemisférico cuanto bilateral, particularmente en lo relativo al abatimiento de los costes de transacción.
En las relaciones UE-América Latina, la migración de latinoamericanos hacia los Estados miembros es quizá uno de los principales problemas trasnacionales que merecen la atención de ambas regiones y está vinculado, directa o indirectamente, a los problemas principales de la región latinoamericana: la pobreza y la desigualdad en la distribución del ingreso. No obstante, la migración es un tema de reciente y tímida aparición en la agenda birregional.
Notas:
- [25]. Según datos de CELADE, en 2000 había más de un millón de profesionales, técnicos y afines latinoamericanos fuera de su país de origen, de los cuales menos de un cuarto permanece en la región (CELADE/CEPAL, 2006:11).
- [26]. Quizá también habría que incluir aquí a las todavía contadas historias de éxito que alcanzan a salir a la luz pública, como la de Alejandro Silva, "el rey del chicharrón", es decir el mayor productor de chicharrón de cerdo en el mundo; la de Fabián Núñez, presidente de la Asamblea estatal de California (el segundo funcionario electo del mayor randgo en el estado); o la de Hinojosa-Quiñones, un migrante que llegó a los 19 años a California sin hablar inglés y, sin embargo, terminó sus estudios para médico-cirujano en la Universidad de Harvard y hoy dirige la unidad de cirugía cerebral del hospital número uno en investigación en Estados Unidos. En todos estos casos, de no haber emigrado de sus lugares de origen, seguramente no habrían alcanzado el éxito profesional que hoy les caracteriza. No obstante, éstas son excepciones a la norma, la cual generalmente hace que la migración calificada latinoamericana ocupe empleos que no van acorde con su formación, incluidos los de servicio doméstico.


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