Pensamiento Iberoamericano
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Migración y desarrollo en América Latina: ¿Círculo vicioso o círculo virtuoso?

Erika Ruíz Sandoval

Instituto Tecnológico Autónomo de México* (ITAM), México D.F.

Número de páginas: 6

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¿Quiénes emigran y cuántos son?

El número de migrantes latinoamericanos y caribeños ronda los 25 millones de personas según cifras de 2005, es decir un 13% de los migrantes internacionales en el mundo. De éstos, poco más de 9 millones son de origen mexicano (43% del total regional) y más de un millón de personas provienen de Centroamérica, el Caribe y Colombia. En consecuencia, puede decirse que la incidencia relativa de la migración sobre las poblaciones de origen oscila entre más del 20% (para el caso del Caribe) y el 8-15% (para países como Cuba, El Salvador, México, Nicaragua, República Dominicana y Uruguay) [20].

En cuanto a su perfil demográfico, el migrante latinoamericano promedio tiende a ser cada vez más una mujer, pobre, que tiene entre 20 y 30 años de edad. Más mujeres emigran de las comunidades urbanas que de las rurales. Esto tiene que ver, en parte, con el nivel de escolaridad, pues sin duda hay una relación entre nivel de educación formal y migración.

Aunque pobre, el migrante no tiende a ser el más pobre de su comunidad, ya que migrar implica tener recursos para pagar al "coyote" o al "pollero" o, en el caso de los que van a Europa, para pagar el billete de avión. Los recursos también son necesarios para dejar a la familia en condiciones que le permitan subsistir mientras el migrante consigue empleo, y el migrante mismo necesita estos recursos para establecerse.

A pesar de lo anterior, el perfil del migrante latinoamericano empieza a cambiar. Si bien puede decirse que hasta ahora no han migrado los más pobres de la región, ahora hay que empezar a considerar que este segmento de la población también emigra, simplemente porque los otros ya emigraron. Así, los más pobres empiezan a ser parte de los flujos migratorios y emigran sin redes sociales, sin recursos y arriesgándolo todo. Éstos son los que no saben cómo cruzar hacia Estados Unidos o que no tienen idea de lo que les espera en Europa. En ese sentido, puede decirse que se empieza a transitar hacia una suerte de "darwinismo migratorio".

¿A dónde van?

El destino tradicional y natural de la migración internacional latinoamericana es Estados Unidos [21]. Éste sigue siendo el caso a pesar del aumento y endurecimiento de las medidas de control fronterizo implementadas desde la década pasada y reforzadas tras los atentados del 11-S. Las reformas económicas basadas en el Consenso de Washington llevadas a cabo en América Latina durante los años ochenta y noventa no sólo no han detenido el flujo de migrantes hacia Estados Unidos -el caso de México tras la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) puede considerarse paradigmático en este sentido-, sino que quizá sean la causa misma de ese incremento en los flujos.

Dado el volumen y persistencia de los flujos provenientes de América Latina y el Caribe, sobre todo a partir de los años ochenta, el número de personas de origen latinoamericano -ciudadanos o no- que forman parte ya del panorama estadounidense es muy significativo (O'Neil et al., 2005). Los llamados "latinos" o "hispanos" son ya la primera minoría en Estados Unidos y paulatinamente adquieren más poder político y económico, lo que sin duda tiene -y tendrá- un enorme impacto en lo que el gobierno estadounidense puede hacer en el ámbito de su política migratoria, la cual necesita urgentemente una reforma que le permita enfrentar las realidades del fenómeno de manera más adecuada. De igual forma, esto tiene un impacto en el espectro más amplio de las relaciones exteriores de Estados Unidos con sus vecinos del sur y constituye un conjunto de redes sociales que seguirán incentivando la migración, al menos en el mediano plazo.

En el caso de la migración latinoamericana que se dirige a Europa, estos flujos están motivados por dos razones fundamentales: Al igual que en el caso de la migración con destino a Estados Unidos, la primera tiene que ver con el deterioro progresivo de las condiciones políticas, económicas y sociales -donde debe incluirse el aumento en los niveles de criminalidad y violencia- en los países de origen de la mayoría de estos migrantes, aunado a la falta de medidas paliativas o compensatorias que permitirían que enfrentaran la tempestad en su propio país. En segundo lugar, hay que mencionar el endurecimiento de la política migratoria estadounidense después del 11-S (Ruiz Sandoval, 2006b). Aunque menos densas, las redes sociales que facilitan la migración de latinoamericanos son cada vez más importantes en países europeos como España, donde el número de ecuatorianos, colombianos, bolivianos, peruanos y dominicanos establecidos, por ejemplo, permite prever la llegada de más migrantes de esas mismas nacionalidades en el corto y mediano plazos, por lo menos [22].

La migración: dos caras de la misma moneda

En este apartado se busca hacer un balance entre los rasgos positivos y negativos de la migración y su relación con el desarrollo, partiendo de tres rasgos esenciales de la migración de latinoamericanos hacia Estados Unidos y Europa. Éstos son las remesas y los proyectos de codesarrollo, la fuga de cerebros y, por último, las transformaciones sociales y políticas que están dando origen a nuevas configuraciones en los países de América Latina.

Las remesas: ¿panacea o paliativo?

Si bien ciertas estrategias de desarrollo -o falta de ellas- pueden ser detonantes de la migración, la migración en sí misma puede facilitar cambios profundos en la economía y la sociedad que pueden considerarse en la categoría de "desarrollo" (Skeldon, 2004). La migración permite la transferencia de bienes e ideas de los países de acogida a los de origen, y quizá el vínculo más claro entre migración y desarrollo sea el envío de remesas.

Dado el crecimiento de la migración internacional, los flujos de remesas [23] a nivel mundial alcanzaron niveles récord en 2005, ubicándose por encima de los 180 mil millones de dólares, de los cuales 54 mil millones de dólares llegaron a América Latina y el Caribe (aproximadamente el 30% del total mundial) procedentes de Estados Unidos y Europa -principalmente España-, principales destinos de los migrantes latinoamericanos (Terry, 2005: 1; Terry, 2006).

Cada vez más, las agendas políticas y de investigación se están concentrando en las remesas y su potencial; es como si, de repente, el mundo hubiera "descubierto" estas transferencias (Brown, 2006; Canales, 2006; Haas, 2005; Ruiz Sandoval y Bacaria Colom, 2006; Terry, 2006). Aunque las remesas son parte integral del fenómeno migratorio y la perspectiva de contar con esos fondos, una razón de peso para emigrar, la facilitación de las transferencias de dinero gracias a desarrollos como la globalización de las comunicaciones, por ejemplo, las ha hecho más visibles y sus efectos más inmediatos. Por tanto, las remesas, que de hecho son "el reflejo financiero de un problema más profundo" (Bacaria, 1998: 11, cit. en Ruiz Sandoval y Bacaria Colom, 2006), están empezando a aparecer como la gran solución para los problemas del desarrollo de los países expulsores.

En ningún otro lugar es esto más evidente que en América Latina y el Caribe, donde las remesas han crecido de manera espectacular en los últimos años, y en consecuencia, son muchos los actores que plantean iniciativas varias para utilizarlas en pro del desarrollo regional. En palabras de un joven sociólogo salvadoreño, "la migración y las remesas son el verdadero programa de ajuste económico para los pobres en nuestro país" (Portes, 2004: 12). Sin embargo, debe subrayarse que, como demuestran distintos estudios, las remesas no son la panacea para el desarrollo de los países de origen, incluso si se consideran como una fuente de capital predecible, que puede ser inmune a las crisis (Canales, 2006; Haas, 2005).

Estos recursos tienden a utilizarse para cubrir necesidades básicas, es decir que se dedican casi exclusivamente al consumo, y rara vez se invierten en proyectos productivos. Por eso, por sí mismas no pueden considerarse la panacea para garantizar el desarrollo de los países latinoamericanos en el largo plazo, pues no pueden resolver los problemas de fondo que motivan la migración, aunque, paradójicamente, dado que son un negocio atractivo, están empezando a resolver problemas como el acceso al crédito de los estratos bajos de las sociedades latinoamericanas (en muchos países sirven como garantía) y también contribuyen a completar la bancarización de la población, paso fundamental para completar el paso a la economía moderna.

Sin embargo, las remesas son apenas instrumentos paliativos, particularmente si no van acompañadas de políticas -tanto en el país de origen del migrante cuanto en el de acogida- que faciliten y abaraten su envío, y potencien su impacto en la comunidad receptora. Para algunos, incluso, pueden tener efectos distorsionadores y agravar tanto las condiciones de desigualdad cuanto la dependencia económica de los flujos provenientes del extranjero de los Estados que las reciben.

Hasta hace muy poco, se consideraba que los beneficios derivados de estos flujos de recursos eran superiores a cualquier aspecto negativo potencial o real de los mismos para las economías latinoamericanas y del Caribe. Sin embargo, en su informe más reciente -Close to Home: The Development Impact of Remittances in Latin America- el Banco Mundial advierte que quizá se han sobreestimado los beneficios y no se han considerado los costos que tienen las remesas para las economías de la región (Fajnzylber y López, 2006).

Si bien las remesas tienen un impacto positivo en la reducción de la pobreza y la desigualdad, éste es generalmente modesto. Trabajos de campo han demostrado que incluso pueden acentuar la desigualdad en comunidades donde algunos reciben remesas y otros no, desigualdad que se materializa desde en la calidad de la vivienda hasta en los patrones de consumo. En materia de inversión y crecimiento, los efectos de las remesas son positivos, pero de ninguna manera podrían considerarse la solución para los países de la región (Canales, 2006). En el nivel micro hay que considerar que la recepción regular de remesas es un desincentivo tanto para la búsqueda de empleo -o de empleo en condiciones- cuanto para la inversión. En encuestas realizadas en comunidades de alta migración en México, se ha descubierto que los familiares y amigos que reciben regularmente remesas del exterior optan por no trabajar, pues no tienen incentivos para hacerlo. Incluso, llega a hablarse ya de una "adicción" a las remesas, tanto a nivel personal, cuanto estatal.

En suma, las remesas no son una panacea, y mucho menos el sustituto para verdaderas políticas de desarrollo. Aunque las remesas fomentan el consumo, no hay evidencia de que contribuyan al crecimiento sostenido. Por el contrario, la entrada masiva de dinero proveniente del extranjero tiene importantes efectos distorsionadores sobre las economías locales y puede disminuir las perspectivas de ganancias en el largo plazo. La inundación de flujos provenientes del exterior puede elevar el valor de las monedas locales, haciendo más difícil que los exportadores puedan competir en los mercados internacionales, pues el precio efectivo de sus bienes sube. Mientras tanto, aproximadamente el 85 por ciento del dinero se utiliza para pagar los gastos cotidianos de aquellos familiares y amigos que se quedan en las comunidades de origen, lo que deja poco para el ahorro y la inversión. Los migrantes mismos con el tiempo regresan para jubilarse en sus países de origen, pero no para ayudar a construir sus economías.

Cofinanciación y codesarrollo

Ante la insuficiencia de otras fuentes de financiamiento -públicas y privadas- las remesas se han convertido en el sustituto de éstas, particularmente en aquellos proyectos que utilizan las remesas familiares o colectivas, como el Programa 3x1 en México o el Unidos por Solidaridad, en El Salvador. Ninguno de estos programas ha estado en vigor el tiempo suficiente como para poder evaluarlos a cabalidad. Sin embargo, ya pueden extraerse algunas lecciones.

En términos de impacto, el principal aporte del Programa 3x1, por ejemplo, no puede medirse por montos de inversión (no rebasa el 1% de las remesas familiares recibidas) ni el número de obras de infraestructura, sino que debe hacerse con base en su importancia para posibilitar y fomentar nuevas formas de cooperación y organización transnacional de los migrantes, quienes son los primeros interesados en realizar proyectos que redunden en la mejora en el nivel de vida de la población y afecten positivamente el desarrollo local (García Zamora, 2006) [24]. Así, el aporte de las remesas colectivas tiene que ver con cohesionar a las comunidades de origen con las de destino; crear nuevas instancias de interlocución con los tres niveles de gobierno; y financiar obras sociales en regiones que estaban excluidas de la inversión pública. En ese sentido, es cierto el dicho de que "dinero llama dinero".


Notas:

  • [20]. Cifras de CELADE/CEPAL 2006.
  • [21]. De todos los inmigrantes en Estados Unidos, casi el 60% es de origen latinoamericano o caribeño. Los mexicanos equivalen a casi el 50%.
  • [22]. Se calcula que en España hay ya aproximadamente dos millones de personas de origen latinoamericano, con o sin documentos, es decir 38.6% del total de extranjeros empadronados.
  • [23]. Por "remesas" debe entenderse el dinero que envían los migrantes a sus familiares en sus países de origen. Aquí no se consideran las remesas en especie, y cuando se hace referencia a "transferencias" esto debe interpretarse como sinónimo de remesas y no como los bienes y/o fondos con los que llega el migrante al país de acogida.
  • [24]. También habría que incluir intangibles como la mejora en los procesos de rendición de cuentas por parte de todos los niveles de gobierno que participan en estas iniciativas, mejora que se deriva de que, por un lado los migrantes lo exigen, pues así lo han visto en el país de acogida, y, por otro, es el propio gobierno el que quiere asegurar que el flujo de estos recursos no cese y, por tanto, se esmera en la atención a los migrantes.
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