Migración y desarrollo en América Latina: ¿Círculo vicioso o círculo virtuoso?
Erika Ruíz Sandoval
Instituto Tecnológico Autónomo de México* (ITAM), México D.F.
TAMAÑO LETRA
Un cuarto factor básico sobre la migración internacional que sorprende a mucha gente es que los migrantes que entran a un país desarrollado por primera vez generalmente no pretenden establecerse ahí permanentemente. Las intenciones de establecerse reflejan motivaciones subyacentes para migrar. La motivación que la mayoría de la gente imagina cuando piensa en los migrantes es su deseo de maximizar sus ganancias, lo que ciertamente incluye la reubicación permanente. Sin embargo, en la realidad, la mayoría de las decisiones migratorias está motivada por un deseo de superar las fallas en los mercados de capital, crédito y seguros de sus lugares de origen. Por tanto, la gente emigra para resolver los problemas económicos en casa. Buscan trabajar en el exterior de manera temporal para generar ganancias que puedan repatriar para diversificar los riesgos, acumular efectivo y financiar la producción y el consumo locales [11].
Reconocer la diversidad de las motivaciones de los migrantes lleva a otra observación esencial: que la migración internacional frecuentemente está menos influenciada por las condiciones en los mercados laborales que por aquéllas presentes en otro tipo de mercados. Hasta ahora, las políticas migratorias han asumido implícitamente que los migrantes van a los países desarrollados para maximizar sus ganancias y por eso las políticas han buscado influir en las condiciones de los mercados laborales. No obstante, si los migrantes se están mudando para auto asegurarse ante la falta de redes de protección social o de seguro de desempleo, adquirir capital ante la falta de créditos, o satisfacer personalmente sus necesidades de consumo, entonces reducir los sueldos esperados puede no eliminar o siquiera reducir el ímpetu migratorio.
La preponderancia de la evidencia recogida en todo el mundo sugiere que la diferencia en los salarios, el factor explicativo por excelencia de la economía neoclásica, justifica parte de la variación histórica y temporal de la migración internacional, pero las fallas de los mercados de capital, crédito, futuros y seguros -factores clave de las hipótesis de la nueva economía de la migración laboral- crean motivaciones incluso más poderosas para decidir emigrar. En la teoría, la diferencia en los salarios no es ni necesaria ni suficiente para que ocurra la migración internacional. Aun con sueldos iguales en todos los mercados laborales, la gente puede tener un incentivo para migrar si otros mercados distintos al laboral son ineficientes o están subdesarrollados.
En la práctica, no obstante, el movimiento internacional de personas a gran escala raramente se observa en ausencia de una brecha salarial; pero la existencia de una diferencia en los salarios de todas formas no garantiza el movimiento internacional, ni su ausencia lo evita. En ese sentido, podría tenerse mayor impacto en las decisiones migratorias si se influye en otros mercados -de créditos al consumo y la producción, por ejemplo-, por medio de programas diseñados para mejorar su desempeño y cobertura en los países expulsores, algo que, incluso, puede ser más "sencillo" que producir los millones de empleos que anualmente se necesitarían en países latinoamericanos como México para reducir los flujos migratorios que en este caso ya alcanzan el medio millón de personas anualmente.
Sin importar cuáles sean las intenciones originales de los migrantes, una sexta observación fundamental es que conforme los migrantes internacionales acumulan experiencia en el exterior, sus motivaciones cambian, generalmente en formas que promueven viajes adicionales de mayor duración, lo que hace más probable su establecimiento permanente en el país de acogida con el tiempo. Aunque la mayoría de los migrantes empieza teniendo en mente las ganancias que puede obtener, la experiencia migratoria cambia sus perspectivas originales. Vivir y trabajar en una economía post industrial avanzada los expone a una cultura de consumo que les inculca nuevos gustos y motivaciones que no podrán satisfacer por medio de las actividades económicas que realizaban en su lugar de origen. Conforme los migrantes pasan más tiempo en el exterior, adquieren vínculos sociales y económicos en el país de acogida y empiezan a solicitar la entrada de otros miembros de su familia. Con el tiempo, y con medidas como la reunificación familiar, los migrantes temporales se pueden convertir en residentes permanentes.
En este mismo sentido también hay que considerar que, conforme se dificultan las condiciones de entrada por medio de mayor vigilancia fronteriza, por ejemplo, los migrantes tenderán a establecerse permanentemente en el país de acogida ante el miedo de no poder volver a entrar si regresan temporalmente a sus lugares de origen. Esto es lo que se conoce como "circularidad de flujo" y generalmente se relaciona con actividades de temporada como la agricultura. Las restricciones transforman al flujo en elíptico en vez de circular hasta el punto en el que se vuelve unidireccional y todo migrante que entra lo hace para quedarse.
El séptimo hecho básico sobre la migración internacional es que tiende a construir su propia infraestructura de apoyo con el tiempo. Como resultado, los flujos migratorios adquieren una fuerte inercia interna que los hace resistentes a la manipulación de las políticas públicas. Como han descubierto los políticos en país tras país, y muy a su pesar, la migración es mucho más fácil de iniciar que de detener. El mecanismo más importante que sostiene a la migración internacional es la expansión de las redes de migrantes, lo que ocurre automáticamente cuando un miembro de cualquier estructura social migra a un país de mayores salarios. La migración transforma los vínculos ordinarios tales como la familia o la amistad en una fuente potencial de capital social que los migrantes potenciales pueden usar para obtener acceso a un trabajo bien pagado en el exterior.
Finalmente, a pesar de las fuertes tendencias hacia la auto perpetuación y el establecimiento definitivo, los flujos migratorios no duran para siempre -tienen una vida natural que puede ser más larga o más corta, pero necesariamente tienen una duración limitada. Durante las fases iniciales de la migración de cualquier país expulsor, los efectos de la expansión y las fallas del mercado, las redes sociales y la causalidad acumulativa dominan en la explicación de los flujos, pero conforme el nivel de migración alcanza niveles más altos y los costes y riesgos del movimiento internacional disminuyen, la migración está cada vez más determinada por las diferencias en los salarios internacionales (economía neoclásica) y la demanda de mano de obra (teoría del mercado laboral segmentado). Una vez que tiene lugar el crecimiento económico en las regiones expulsoras, la brecha salarial internacional gradualmente disminuye, aparecen mercados adecuados de capital, crédito, seguros y futuros y, progresivamente, se reducen los incentivos para emigrar. Si estas tendencias continúan, el país finalmente se integra en la economía internacional como una sociedad capitalista desarrollada y a partir de entonces sufre una transición migratoria: la emigración progresivamente cesa y el país se convierte en un importador neto de mano de obra. Esta transición migratoria sigue una trayectoria característica, lo que gráficamente se convierte en una curva en forma de "U" invertida, es decir la llamada "joroba migratoria". Históricamente, esta transición tomaba ocho o nueve décadas, pero la evidencia reciente muestra que el proceso lleva ahora apenas tres o cuatro décadas.
Como se ha visto, los hallazgos científicos no apoyan la idea de que la migración es producto del subdesarrollo, sino que, por el contrario, sugieren que conforme un país se desarrolla, al menos inicialmente, hay que esperar niveles cada vez mayores de expulsión de población. Ésta es una parte integral del desarrollo bajo el modelo dominante actual de libre mercado y sistemas políticos basados en la democracia liberal. En consecuencia, hay que cuestionar los marcos conceptuales básicos con los que tradicionalmente se ha pensado en la migración y en sus vínculos axiomáticos tanto con el desarrollo cuanto con la desigualdad (Phillips, 2006). Así pues, puede decirse gradualmente se está conformando una nueva economía política de la migración a escala mundial.
La realidad migratoria en América Latina
A grandes rasgos, durante la última década y media, la mayoría de los países latinoamericanos llevó a cabo cambios importantes al modelo económico que habían seguido desde la década de 1940, basado en la industrialización por sustitución de importaciones. Estos cambios estuvieron motivados por las repetidas crisis -particularmente la de la deuda- experimentadas en los países de la región durante los años ochenta. Más allá de las razones propias, también es cierto que, en comparación con otras regiones, en particular Asia del este, América Latina no había enfrentado los choques externos adecuadamente, fueran éstos los petroleros o los producidos por las alzas en las tasas de interés de los años setenta y ochenta, y había experimentado menor crecimiento y desarrollo en el largo plazo.
La ola de liberalización en materia comercial y de inversión, así como la privatización de empresas estatales, llevaron a insertar a la región de lleno en la globalización y a vincularla con otros países y regiones. La mayoría de los países latinoamericanos ha conseguido mejoras significativas, tal y como lo revelan los grandes agregados macroeconómicos. No obstante, en general, los resultados de las reformas en la mayoría de los países dejan mucho que desear, particularmente si se les compara con las ambiciosas expectativas que se generaron antes de su implementación. Así, el crecimiento del PIB per cápita, aunque mejor si se le compara con las cifras de los años ochenta, ha sido modesto, sobre todo en términos comparativos con Asia del este [12].
Condiciones macroeconómicas de la región
Las perspectivas de crecimiento económico en América Latina son alentadoras. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), se espera que el crecimiento en 2006 sea de 5% y que el PIB per cápita aumente en 3.5 puntos porcentuales. Las predicciones para 2007 también son halagüeñas, pues se espera que el crecimiento regional alcance el 4.5% [13].
Sin embargo, esta recuperación tiene más que ver con un ambiente internacional favorable que con razones internas [14]. Pero, más importante aún, cabe subrayar que para el caso latinoamericano las cifras agregadas no siempre revelan la realidad de la región, particularmente en aquello que tiene que ver con el bienestar de la población. En ese sentido, hay que tomar en consideración otros rasgos estructurales de las economías latinoamericanas que permiten decir que el desarrollo de la región es desigual y que aún quedan muchas cosas por resolver. Los dos retos más importantes son, quizá, la pobreza y la desigualdad (Serra, 2006) [15].
Sin embargo, para el tema de estas reflexiones, es importante subrayar otros factores que se derivan o asocian con estos dos grandes problemas. En primer lugar, hay que decir que los trabajos en América Latina tienden a ser precarios y los mercados laborales son bastante inflexibles [16]. Las actividades agrícolas no productivas y el sector informal urbano absorben más de la mitad de la fuerza laboral de la región (Ruiz Sandoval, 2006a). Esta precariedad en el empleo latinoamericano es un factor importante de expulsión [17]. De igual forma, aunque América Latina es cada vez más urbana, aquellos que emigran del campo a la ciudad y no encuentran allí las condiciones para garantizar su supervivencia pueden decidir convertirse en migrantes internacionales.
En segundo lugar, el tema de la desigualdad en la distribución del ingreso en América Latina es también un factor a considerar cuando se habla de migración y desarrollo, particularmente porque el crecimiento económico tarda en reflejarse, o simplemente no lo hace nunca, en el bolsillo de la población [18]. A la desigualdad hay que agregar otros problemas como la corrupción o la falta de intervención estatal para mitigar los efectos negativos del mercado. Si a esto se suman otras tendencias como el retorno del populismo, la polarización política, la fragilidad de las democracias y las instituciones, e incluso factores sicológicos que revelan la frustración generalizada de los latinoamericanos con sus modelos políticos, económicos y sociales, es fácil entender por qué América Latina experimenta una hemorragia poblacional y también por qué puede predecirse que la expulsión de población no disminuirá pronto [19].
Notas:
- [11]. La mayor parte de los migrantes latinoamericanos supera las fallas en el mercado hipotecario, por ejemplo, haciendo uso de los ahorros conseguidos en Europa o Estados Unidos para financiar la construcción o compra de vivienda en sus países de origen.
- [12]. A decir de Ferranti y Ody (2006), según cifras de la OCDE para 2001, una simple comparación muestra que el crecimiento promedio del PIB per cápita de la región pasó del 0.7 por ciento durante el periodo 1973-90 al 1.4 por ciento durante los años noventa. Urquidi (2005) llega a conclusiones aún más desalentadoras: tras analizar las políticas de desarrollo latinoamericanas entre 1930 y 2005, en la región no se puede hablar sólo de "década perdida", como suele hacerse con respecto a los años ochenta, sino que hay que asumir que América Latina perdió por completo el siglo XX en materia de crecimiento y desarrollo económicos. Véanse, particularmente, pp. 506 - 516.
- [13]. Datos de Machinea (2006).
- [14]. Por ejemplo, no debe soslayarse la importancia de la "ficción petrolera" que están viviendo países como Colombia, Ecuador, México, Venezuela e, incluso, Trinidad y Tobago, y que está detrás del aumento en el consumo interno de estos países.
- [15]. El crecimiento económico ha contribuido a reducir los niveles de pobreza. Sin embargo, aún hay 205 millones de pobres en la región (40%). Por otra parte, en el tema de la desigualdad, América Latina es la región con mayor inequidad, sólo por debajo del África Subsahariana (Serra, 2006:2). En promedio, durante los años noventa el 10% más rico de la población recibió aproximadamente 48% del ingreso total en América Latina, mientras que el 10% más pobre sólo obtuvo el 1.6% (Ferranti y Ody, 2006:6).
- [16]. Asimismo, el precio del trabajo no calificado en la región es alto en comparación con el de Asia, su principal competidora en la producción de manufacturas (Cachón, 2004).
- [17]. Al revisar las historias de vida de los migrantes latinoamericanos, puede comprobarse que la mayoría no estaba desempleada, sino que tenía un trabajo precario. En ese sentido, la migración no está motivada por la falta de empleo, sino por su calidad. Asimismo, cabe destacar que la pertenencia al sector informal de la economía implica también la falta de acceso a los mercados formales de crédito o a los servicios estatales de salud, por ejemplo, lo cual también contribuye a la decisión de migrar. En ese sentido, puede decirse que en América Latina hay un "Estado de bienestar trunco" (Ferranti, 2004: 14, cit. en Ferranti y Ody, 2006:9), caracterizado por cobertura limitada de los programas públicos y la debilidad de las redes de protección social, y atribuible a problemas de recaudación y a la falta de políticas redistributivas.
- [18]. Aunque hay programas como el Oportunidades de México y otros similares implementados en Colombia, Brasil, Honduras y Chile, que han mostrado ser exitosos en la reducción de la pobreza y proclaman contribuir a la formación de capital humano, lo cual al menos en teoría llevaría a disminuir tanto la pobreza cuanto la desigualdad en la región, éstos siguen consistiendo en la transferencia de cantidades reducidas de recursos a familias pobres, siempre y cuando éstas cumplan con condiciones como mantener a los niños escolarizados y, en algunos casos, también asistir a las clínicas de salud. Sin embargo, al menos según lo observado en el caso mexicano, muchas veces sus recursos sirven para financiar la migración. Muchas familias deciden dejar a los hijos en el país de origen simplemente para que sigan cobrando las ayudas educativas que proporcionan estos programas y que permiten que los padres busquen otras oportunidades en los países de acogida.
- [19]. El caso boliviano se está convirtiendo en uno paradigmático. Diariamente llegan al menos 500 bolivianos a Madrid para quedarse en España como indocumentados. Otros tantos intentan establecerse en Argentina o en Estados Unidos. Las cifras implican que esta tendencia se traduce ya en que un tercio de la población de Bolivia reside en el extranjero. En los últimos meses, el desencanto con Evo Morales ha incentivado la migración. Véase Ibarz, 2006.


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